Teología sin censura

¿Qué futuro le espera a la Iglesia?

03.12.18 | 18:22. Archivado en Compañía

Mucha gente tiene la impresión de que la Iglesia se está debilitando. Lentamente, pero inexorablemente, pierde presencia y capacidad de influir en la opinión pública, en la mentalidad y en la conducta de la ciudadanía. Esto es lo que piensan muchas personas. Pero, ¿es realmente así?

Hay hechos evidentes, que son indefectiblemente así. Demasiadas iglesias se van quedando casi vacías, la opinión de los obispos y los curas le importa cada día menos a la gente, cuando se habla de la religión y sus gentes es para ponerlos de vuelta y media, de forma imparable disminuyen los curas, los frailes, las monjas. Los conventos se convierten en hoteles, residencias, edificios par asuntos de la administración pública. Lo civil invade lo religioso. Lo laico se apodera de lo sagrado.

Así las cosas, la Iglesia se empeña en que la gente tiene que cambiar. Pero la gente no cambia. Lo que hace la gente es que se aleja. Porque quien tiene que cambiar es la Iglesia. A grandes sectores de la sociedad le importa un bledo lo que piensen o digan los curas. A no ser que digan o hagan cosas que extrañan, sorprenden o escandalizan. Entonces sí. Unos se indignan. Otros se ríen. Y no faltan quienes ponen el grito en el cielo pidiendo que le corten a la Iglesia el grifo de los privilegios económicos, legales o políticos.

Es una pena. Porque, hablando de religión, de clérigos y de Iglesia, abundan indeciblemente más los que murmuran y protestan, que quienes reconocen y comentan el bien inmenso que hacen los muchos clérigos, monjas y voluntarios que se pasan años y más años, en sitios perdidos, con los últimos de este mundo, con escasos medios y entre mil dificultades, sin que nadie lo sepa y tantas veces hasta jugándose la vida. Pero de esto, se habla poco, se elogia menos y se les ayuda lo indispensable. Y tantas veces, ni eso.

La Iglesia necesita cambiar. Pronto y muy a fondo. Cambiar, ¿en qué? Ante todo, en la autosuficiencia y seguridad que tiene en sí misma. ¿Qué significa esto?

Dos grandes acontecimientos, como es bien sabido, determinaron y marcaron la modernidad: la Reforma (s. XVI) y la Ilustración (ss. XVII-XVIII). En la Reforma, hay que destacar – entre otras cosas – la insistencia de Lutero en la vuelta de la Iglesia al Evangelio. Hans Küng lo ha formulado con precisión: “distanciamiento del excesivamente humano eclesiocentrismo de la Iglesia del poder y regreso al cristocentrismo del Evangelio”. Estamos hartos de normas, mandatos y prohibiciones, al tiempo que echamos de menos la ejemplaridad del Evangelio en una Iglesia y su clero que tiene tantas cosas que ocultar.

Por lo que se refiere a la Ilustración, el principio según el cual la ciencia es la primera gran potencia que rige y delimita la estructura del pensamiento, tal principio se constituyó en el criterio determinante de la primera modernidad. En esta nueva forma de pensar y de buscar lo que constituye la realidad, se destacan los primeros “creadores” de la mencionada modernidad: Galileo, Descartes, Pascal, Spinoza, Leibniz, Locke, Newton… A partir de ellos, la razón del hombre se convirtió en el árbitro de las cuestiones que constituyen y delimitan la realidad.

Ante este nuevo paradigma, rector del pensamiento, la reacción de la autoridad eclesiástica fue la resistencia, el rechazo y la condena. La investigación, el saber y la ciencia siguieron su camino, su progreso creciente y acelerado. Por el contrario, la Iglesia se quedó estancada y atascada en su teología medieval. Y con la teología, en su liturgia, su derecho, sus normas de conducta y su sistema organizativo en general.

¿Puede así la Iglesia estar al día y responder a las preguntas y necesidades que vive nuestro mundo, nuestra cultura y nuestra sociedad en general? Solamente el día que la Iglesia acepte estar en su sitio y pueda responder a lo que la gente realmente necesita, sólo ese día, la Iglesia caminará segura hacia el futuro que le espera.


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Comentarios
  • Comentario por GIORDANO BRUNO 14.12.18 | 19:32

    ¿Que no?. Es bastante que el sol nos de luz y calor. Es bastante que la lluvia no distinga entre ricos y pobres. Es bastante que haya un planeta donde hay una tierra que estando llena de semillas hayan nacido tantas flores grandes y pequeñas, tantos árboles que nos dan sombra y frutos sin cuento. Es bastante que todas esas semillas estuvieran ahí y "supieran" de sus hojas de sus flores y distintos frutos, tan innumerables, variados, de sabor y de colores......Es bastante que las nieves coronen las cumbres de unas montañas que estaban ahí, donde el calor las derrite y surgen torrentes y ríos que como espejos reflejan el azul de los cielos y sus nubes teñidas por la luz de las horas de los días.Es bastante que los amaneceres y atardeceres nos llamen al descanso o a iniciar las tareas. Es bastante que los pájaros canten en las primaveras y nos lo regalen gratis. ¡¡¡Que pena que nada de eso sea algo mas irrazonable y necesite eso que llama fe. ¡¡¡Cuanta ceguera!!!

  • Comentario por Antonio Manuel 10.12.18 | 18:03

    Ya la inmensidad de la duda, lo demuestra todo. La dualidad "creer" - "no creer" es el eje del "libre albedrío". La razón, en Tomás, se "adelanta" a la "mano en la llaga", y solo la respuesta del tacto como sentido descubre la Verdad.
    La razón nunca descubrirá a Dios ni a realidad alguna. La experiencia de Dios se explica a través de lo sensorial: Tacto, vista, oído, sentimiento. Creer que la razón, por más que se intente, lo explique, nos conduce a lo inevitable, jamás será capaz de explicarlo.

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 09.12.18 | 13:12

    Parece poco "no mentir", pero es, a mi modo de ver las cosas, como la piedra angular de todo lo divino y humano.Sobre esa piedra, sí que se puede construir: cualquier edificio, un juicio, una explicación.¿Una fe?. Aquí sí que me echo para atrás. Por una fe se puede odiar y matar a otro ser humano?. Lo sabemos de sobra: SÍ. Y eso no nos lo dice la fe, nos lo dice la razón. Y la razón es algo con lo que todos los seres humanos (salvo patologías) nos hallamos cuando hemos madurado lo suficiente. Viene de fabricación. Y la razón también nos dice que puede haber algo en la fe que no es inmune a la mentira, algo en lo que hemos convenido que detenta ese Dios en el que podíamos creer. Vale por tanto decir, que un Dios que no miente es fiable.Pero además, un Dios que no odia ni mata ni miente es fiable.Razonablemente fiable. Por tanto, la razón no está contra esa fe razonable, partiendo sólo de esas facultades innatas de todo ser humano sin romper las leyes de la naturaleza.

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 09.12.18 | 12:33

    Cuando habla alguien de Dios, se supone que ese alguien cree en Dios. ¿Pero sabe acaso quien es Dios?. ¿Lo sabemos cuando decimos que creemos en Dios?. Lo curioso del caso es que sin haberle visto nunca, muchos dicen creer en Dios. Y la fe se basa precisamente en creer lo que no vemos. ¿Acaso es más de fiar lo que no vemos, que lo que vemos?. No parece muy de fiar. ¿los ojos nos engañan?. Y los demás sentidos también?.¿Por qué pensamos que lo racional es comprobar que el conocimiento que nos proporcionan los sentidos es real?. Sometido este conocimiento a la prueba de los sentidos, podemos llegar a la conclusión de que Dios no existe. Pero si, a pesar de la negación de los sentidos, seguimos pensando que Dios existe, tenemos que no es racional pensar así. Y la pregunta siguiente es: ¿que es para tí Dios?. Y llegamos al camino de la analogía.La perfeccíón, pero desde la base de lo humano.¿No es, quizá mas útil decir lo que Dios no es.?. Por ejemplo: Dios no miente.

  • Comentario por Antonio Manuel 07.12.18 | 11:30

    La utopías humanas se rompen y desaparecen; la única causa está en que sus actores son precisamente los humanos. En la humanidad existen muchas realidades contradictorias y enfrentadas. Cada una de estas realidades busca la desaparición de las otras, por esta circunstancia la beligerancia es permanente. Todo es más exacerbado cuando los humanos cierran su mente a la trascendencia, a Dios.

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 06.12.18 | 14:35

    Para la iglesia Institución nada ha cambiado. Atada y bien atada al PODER y al DINERO, tanto uno como otro siempre han estado en manos de la DERECHA, por tanto el porvenir de esa iglesia está asegurado. O algún iluso piensa que esa iglesia ha estado alguna vez interesada en las utopías, en los sueños de la izquierda y sus ideales. "No se engañe nadie no, pensando que ha de durar lo que espera, pues que todo ha de pasar por tal manera.... como decía el poeta." Y bien que lo sabe esa milenaria Institución. Dará los gritos y patrañas como es de esperar. Pero como el tero,q en un lado da los gritos y en otro pone los huevos. Maestra del tiempo, sabe manejarlo de tal modo que parezca una cosa y la predique, pero hará lo que más conviene a sus intereses. Individualmente hay muchos que luchan por esos ideales humanos, esas utopías, pero la misma Institución los apartará como a la peste. Siempre le han sido muy útiles para disfrazarse y enseñarlos como justificación de su miseria.

  • Comentario por Antonio Manuel 04.12.18 | 18:48

    El sacerdocio de lo ritual simbólico se interpreta de manera grotesca en este tiempo de la sociedad de la nueva ilustración: tecnicismo, relativismo y egocentrismo.
    La realidad de Dios se arrastra a esta interpretación que es favorecida por las nuevas sociedades que "todo lo pueden" y "todo lo explican" en términos tecnológicos: "Llegar a la Luna, fue la conquista del Cielo". Pero creer que "solo vale lo útil para ahora", exacerba el egoísmo, y el consumismo es la nueva lacra: Para unos que lo incrementan día a día y para otros que lo quieren conseguir como sea.
    Cuando estas sociedades envejezcan y todo se desmorone, volverán a mirar hacia aquella fe infantil que les hablaba de un dios; o tal vez, al total abandono encaminándose hacia un deseo eutanásico de liberación.

  • Comentario por Javier Guajardo 04.12.18 | 13:00

    Estimado amigo: Le recomiendo que lea a John S. Spong y en particular sus 12 Tesis. Un cariñoso saludo.

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