Teología sin censura

Los tres mandatos de Jesús: ¿Somos anticristianos?

29.03.18 | 08:38. Archivado en Moral

El “jueves santo” de cada año, los cristianos recordamos (o tendríamos que recordar) los tres mandatos que Jesús nos dejó a quienes decimos - o pensamos - que creemos en Cristo y, por tanto, somos cristianos.

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¿Religión o Evangelio?

23.03.18 | 18:10. Archivado en Iglesia española

He oído decir que las autoridades de la Iglesia española andan gestionando imponer, en los planes de estudio, la clase de Religión como asignatura obligatoria. Yo me pregunto por qué no gestionan, más bien, que se imponga como asignatura la clase de Evangelio.

Digo esto porque, ante todo, con la Religión, tal como la ve y la vive la mayoría de la gente, creo que no vamos a ninguna parte. Además, se sabe (con bastante seguridad) que la casi totalidad de los estudiantes, cuando llegan a los 12 o 13 años, cortan con el tema de Dios y de la Religión. De forma que, aunque sigan asistiendo a las clases de la asignatura de Religión, la pura verdad es que no asimilan sus contenidos. No porque los profesores sean incompetentes o los libros de texto estén mal redactados. El problema está en que los contenidos de esos libros dejan de interesar a los adolescentes y a los jóvenes en su inmensa mayoría.

¿Cómo es posible que nuestros obispos no se hayan enterado todavía de esto? Y si se han enterado, ¿Por qué se aferran a seguir, erre que erre, repitiendo el fracaso, año tras año, como si con la clase de Religión obligatoria, las nuevas generaciones fueran más creyentes y más practicantes? ¿Será que así se quedan más tranquilos nuestros prelados, pensando ellos que están cumpliendo con su deber? ¿No habría que buscarle a todo este asunto otra solución?

Mi propuesta no es cambiarle el nombre a la asignatura. Eso sería un simplismo demasiado ingenuo. Y sobre todo, lo que intento proponer aquí es que el problema es mucho más profundo. Intentaré explicarlo.

Voy directamente al fondo del asunto. Jesús no fundó una Religión. ¿Cómo iba a fundar una Religión un individuo que fue odiado, perseguido y asesinado por la Religión; y rechazado como un delincuente por los “maestros” y “sumos sacerdotes” de la Religión? Y conste que, en la cultura del Imperio, cuando se hablaba de Religión, lo que menos importaba eran los “dioses” en los que se creía o los ritos con que se adoraban. En Atenas, le habían puesto, en la calle, un altar incluso al “dios desconocido” (Hech 17, 23). Porque, em el mundo romano del siglo I, a nadie se le ocurría pensar que la religión y la política estuvieran separadas (W. Carter). Con tal – claro está – que la Religión estuviera al servicio de la política (Rom 13, 1-2; Josefo, Ant. 20, 251).

Esto supuesto, la pregunta capital es la siguiente: ¿qué peligro o qué amenaza vio la Religión (y los políticos) en las enseñanzas y la conducta de Jesús? La respuesta es muy sencilla: Jesús antepuso la salud y la vida de la gente al sometimiento a la Religión. En esto radica toda la conflictividad de Jesús con los dirigentes religiosos. Hasta que por eso acabó colgado en una cruz, entre dos “lestaí” (dos “subversivos”) (Mc 15, 27 par; cf. H.-W. Kuhn: TRE 19,717).

Ahora bien, si efectivamente las cosas fueron así, ¿dónde y en qué puso Jesús el tema central del Evangelio? No lo puso en la Fe. Lo puso en el Seguimiento. En efecto, cuando Jesús llamó a sus discípulos y apóstoles, a ninguno le preguntó: “¿Crees en mí?”. Como a ninguno le dijo: “Cree en mí”. La propuesta y la exigencia de Jesús se resumió en una sola palabra: “Sígueme”. Así, desde la llamada a los discípulos del Bautista (Jn 1, 43), hasta la última palabra que Jesús le dijo a Pedro. ”Tú sígueme a mí” (sú moi akoloúthei) (Jn 21, 22). Lo mismo que les dijo a los pescadores del lago (Mc 1, 16-20 par), a Leví el publicano (Mateo) (Mc 2, 14 par) y al joven rico (Mc 10, 21 par).

Esta llamada es un enigma y un misterio. Jesús no explica ni por qué llama, ni para qué llama. Ni presenta un programa de vida, ni un objetivo, ni un ideal. Nada en absoluto. Eso sí: cuando pone condiciones, es tajante: no tolera dinero (Mc 10, 21 par), ni tener un rincón donde meterse, como lo tienen las alimañas del campo, ni enterrar al propio padre (Mt 8, 18-22), ni despedirse de la propia familia (Lc 9, 61-62). A sabiendas de que el seguimiento de Jesús lleva consigo “cargar con una cruz” y hacer propio el destino del mismo Jesús (Mt 16 24 par). Es que “la llamada es Jesús mismo” (D. Bonhoeffer, Nachfolge, München 1982, 28).

¿No es todo esto una locura y un sinsentido? Sí lo es. Porque se trata de la locura y el sinsentido del que carece de lo que más apreciamos en la vida, la propia seguridad. Que la ponemos en Jesús. Lo que, en definitiva, representa que el centro del cristianismo no está ni en la Religión, ni en la Fe. Todo radica en la ética, en la conducta del que existe para los demás. Y en la medida en que puede ser el ciudadano cabal.

Es algo que no da de sí la condición humana. Lo dijo con claridad el talento de Kant: “La praxis ha de ser tal que no se pueda pensar que no existe un más allá” (Gesammelte Schriften VII, 40). Sólo una espiritualidad, que, en definitiva, remite al Trascendente, da razón de semejante conducta. Pero insisto, ante una conducta así, hablamos del Trascendente. Si nos quedamos en la inmanencia, en nuestra limitada condición humana, nos damos de cara con la deshumanización que nos caracteriza.

¿Religión o Evangelio? Si la Iglesia, en lugar de interesarse tanto por educar a los niños y jóvenes como “religiosos”, los educara como “personas honradas”, sin fisura y a carta cabal, tendríamos un país con menos “profesionales de la Religión”, pero repleto de “ciudadanos honrados”. Con más honradez y menos corrupción.


El poder del Papa

14.03.18 | 17:37. Archivado en Francisco

Con motivo del 5º aniversario de la elección del P. Jorge Mario Bergoglio para el papado, numerosos periodistas y escritores han expresado sus puntos de vista sobre el papa Francisco y su forma de ejercer el poder y la autoridad en la Iglesia. Como es lógico, en el reducido espacio de una “entrada” en el blog, no es posible decir todo lo que habría explicar sobre un asunto, como éste, que resulta demasiado complejo y nada fácil de exponer. Por eso, me limitaré a lo que me parece más fundamental.

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El poder del Papa

14.03.18 | 17:33. Archivado en Francisco

Con motivo del 5º aniversario de la elección del P. Jorge Mario Bergoglio para el papado, numerosos periodistas y escritores han expresado sus puntos de vista sobre el papa Francisco y su forma de ejercer el poder y la autoridad en la Iglesia. Como es lógico, en el reducido espacio de una “entrada” en el blog, no es posible decir todo lo que habría explicar sobre un asunto, como éste, que resulta demasiado complejo y nada fácil de exponer. Por eso, me limitaré a lo que me parece más fundamental.

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Una Iglesia, ¿para qué?

05.03.18 | 16:04. Archivado en Iglesia católica, Vaticano

El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Luis F. Ladaria, ha publicado (hace pocos días: 22. II. 18) un documento importante sobre el tema capital de la “salvación”. Un documento, por tanto, que intenta dejar claros “algunos aspectos de la salvación cristiana”. En definitiva, se trata de una carta, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica, para responder a esta pregunta elemental: ¿de qué nos salva el cristianismo? Lo que, en definitiva, equivale a preguntar: ¿para qué nos sirve y qué aporta la Iglesia a este mundo convulso en que vivimos?

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El paradigma de Jesús y nuestros paradigmas

02.03.18 | 09:33. Archivado en Teología

La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) nos enseña, entre otras cosas, lo inquietante y peligroso que es el “pecado de omisión”. Es el pecado que consiste en dejar las cosas como están. Porque “el mundo es como es”. O también, “las cosas son como son”. Y yo no puedo cambiar ni el mundo ni las cosas. De ahí que el interés, o el proyecto de la vida, lo centra cada cual “en sí mismo”. Cosa que se puede hacer por el egoísmo burdo del que se dedica a pasar la vida lo mejor que puede, como fue el caso del rico epulón, que se dedicaba a banquetear cada día y a vestirse con el lujo más refinado. O también se puede hacer – lo de centrar la vida en sí mismo – por un motivo religioso. Porque el sujeto ya ha encontrado a Dios y se ha relacionado con Dios.

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El paradigma de Jesús y nuestros paradigmas

02.03.18 | 09:29. Archivado en Teología

La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) nos enseña, entre otras cosas, lo inquietante y peligroso que es el “pecado de omisión”. Es el pecado que consiste en dejar las cosas como están. Porque “el mundo es como es”. O también, “las cosas son como son”. Y yo no puedo cambiar ni el mundo ni las cosas. De ahí que el interés, o el proyecto de la vida, lo centra cada cual “en sí mismo”. Cosa que se puede hacer por el egoísmo burdo del que se dedica a pasar la vida lo mejor que puede, como fue el caso del rico epulón, que se dedicaba a banquetear cada día y a vestirse con el lujo más refinado. O también se puede hacer – lo de centrar la vida en sí mismo – por un motivo religioso. Porque el sujeto ya ha encontrado a Dios y se ha relacionado con Dios.

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Martes, 23 de octubre

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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