Teología sin censura

La religión contra el Evangelio

22.10.17 | 08:33. Archivado en Sin censura, Teología, Francisco


Es curioso (y llama la atención) el hecho de que la palabra “religión” (thrêskeia), en su significado obvio de “servicio sagrado a Dios”, no se menciona en el Nuevo Testamento. La palabra “religión” aparece en la carta de Santiago (1, 26-27), pero para decir que “religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción”.

Como se ha dicho muy bien, el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial (W. Radl: Dic. Exeg. NT, vol. I, 1898). Por lo tanto, para el NT, la “religión” como culto sagrado, liturgia, ritual o conjunto de observancias o dogmas, no existe ni tiene presencia o razón de ser. Es un asunto del que no se habla. Ni se menciona una sola vez en todo el NT.

Pero no es esto lo más fuerte. Lo más grave y más decisivo, en este asunto tan fundamental, es que, si leemos y analizamos los evangelios con detención y atención, lo que en ellos encontramos es algo que, no sólo nos sorprende, sino que sobre todo nos desconcierta. Se trata del desconcierto, que nos produce, el hecho de que el conjunto de relatos sobre la vida y enseñanza de Jesús, que nos transmiten los evangelios, deja patente que la religión, como conjunto de leyes y rituales, templos, altares y sacerdotes, no soporta al Evangelio y, por eso mismo, es incompatible con el Evangelio.

Si algo hay claro – y repetido tantas veces en los evangelios – es que los “hombres de la religión” no aguantaron el Evangelio de Jesús. Y no lo aguantaron porque los hombres de la religión vieron, en el Evangelio de Jesús, un peligro, una amenaza de vida o muerte.

Como quedó patente en el Consejo Supremo (Sanedrín) cuando los dirigentes religiosos vieron que el proyecto de Jesús se centra en la defensa de la vida, como se vio evidente cuando Jesús le devolvió la vida a Lázaro (no es que lo “resucitó” para la “otra vida”, sino que le hizo recuperar “esta vida”). Mientras que el proyecto de los hombres de la religión es defender y mantener su templo, sus ritos y normas, sus dignidades y privilegios, sus poderes sobre el pueblo (Jn 11, 47-53).

Esto explica por qué Jesús antepuso siempre la curación de enfermos, la cercanía a los pobres, a los pequeños, a los pecadores y a toda clase de personas despreciadas y rechazadas por los dirigentes religiosos. Todo esto es lo que privilegió Jesús incluso quebrantando las normas de la religión, enfrentándose a sus sacerdotes y actuando con violencia contra quienes utilizaban el templo como negocio, hasta convertirlo en una “cueva de bandidos”.

Como es lógico, esta secuencia prolongada de enfrentamientos acabó como era previsible e inevitable, en aquella sociedad: la religión mató a Jesús. ¿Se puede decir más claro que la religión es incompatible con el Evangelio?

Pero, si esto es así, ¿cómo se explica que, en este momento y durante tantos siglos, la religión haya estado y esté más presente que el Evangelio en la Iglesia y en la sociedad?

La respuesta se comprende en seguida: la religión da poder, importancia, fama, en tanto que el Evangelio se vive desde la debilidad, lo marginal y lo excluido. Por eso la religión te hace vivir en la seguridad, mientras que el Evangelio (vivido de verdad) te obliga a vivir en la inseguridad.

Todo esto se fue haciendo vida en la Iglesia. Y por eso, en ella, se fue debilitando el Evangelio y se fue potenciando la religión. Ya en el s. III, el “clero” se separó y se sobrepuso a los “laicos”. Y en el s. IV, con la “presunta” conversión de Constantino, la Iglesia recibió privilegios. Y a partir de Teodosio, en el 381, además de privilegios, también dinero. Los ricos comenzaron a entrar en la Iglesia en cantidades siempre crecientes, a menudo para cumplir con funciones de liderazgo en calidad de obispos y de escritores cristianos (“Padres de la Iglesia” y Teólogos). La Iglesia se organizó y se gestionó a partir de ricos y poderosos (Peter Brown, “Por el ojo de una aguja”, pg. 1034).

Así, Europa quedó marcada por la “religión cristiana”, pero muy alejada del “Evangelio de Jesús”.

Por más extraño que parezca, ahora mismo estamos viviendo una oportunidad inesperada. La religión se difumina y se hunde. Es verdad que hay casos en los que la “política”, el “nacionalismo”, la “riqueza” pretenden suplir el vacío que deja la ausencia de religión (cf. Juan A. Estrada).

Pero es más fuerte y determinante el anhelo, el deseo de recuperar los valores que aporta el Evangelio: que haya vida, humanidad, felicidad para todos. Ni la política, ni la tecnología, ni la religión responden a este anhelo mundial, a este grito de la tierra, que cada día se hace más fuerte y más insistente. Es la voz del Papa Francisco, el gran líder mundial que ha surgido inesperadamente, tanto más patente cuanto más odiado por tantos clérigos (y sus monaguillos), que, lo mismo que los fariseos antiguos, no soportan el Evangelio. A ellos, les va muy bien con la religión.


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Comentarios
  • Comentario por artemon 24.11.17 | 17:12

    Excelente analisis

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:51

    El verdadero y auténtico católico es el que ama la
    verdad de Dios y a la Iglesia, cuerpo de Cristo; aquel
    que no antepone nada a la religión divina y a la fe
    católica: ni la autoridad de un hombre, ni el amor,
    ni el genio, ni la elocuencia, ni la filosofía; sino que
    despreciando todas estas cosas y permaneciendo
    sólidamente firme en la fe, está dispuesto a admitir
    y a creer solamente lo que la Iglesia siempre y
    universalmente ha creído. Sabe que toda doctrina
    nueva y nunca antes oída, insinuada por una sola
    persona, fuera o contra la doctrina común de
    los fieles, no tiene nada que ver con la religión,
    sino que más bien constituye una tentación. (San
    Vicente de Lerins. Conmonitorio, El verdadero católico
    y el hereje, n. 20)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:48

    La institución de la naciente Iglesia universal
    tomó origen del ministerio del Beato Pedro, en
    el cual hay su dirección y su culmen. En efecto,
    de su manantial fluyó, a medida que crecía el
    cultivo de la religión, la disciplina eclesiástica en
    todas las Iglesias. Las disposiciones del Concilio de
    Nicea no testimonian otra cosa: hasta tal punto
    que no se osó establecer a nadie por encima de
    él, constatando que no se puede poner a nadie
    por encima de su servicio; se sabía además que
    todo le había sido concedido por la palabra del
    Señor. Es cierto que esta iglesia romana es para las
    iglesias esparcidas por todo el orbe como la cabeza
    de sus miembros. (Denzinger-Hünermann 233.
    Bonifacio I, Carta Institutio a los obispos de Tesalia,
    11 de marzo de 422)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:47

    Ya en los tiempos apostólicos había habido
    hombres perversos que, por interés y ambición,
    turbaban y corrompían en el pueblo la pureza de
    la fe con abominables errores. Opusiéronse a ellos
    los Apóstoles con la predicación, con los escritos y
    con las infalibles sentencias del primer Concilio
    que celebraron en Jerusalén.
    Desde entonces acá, no ha cesado el espíritu de
    las tinieblas en sus ponzoñosos ataques contra la
    Iglesia y las divinas verdades de que es depositaria
    indefectible; y suscitando constantemente nuevas
    herejías, ha ido atentando uno tras otro contra
    todos los dogmas de la cristiana religión. (Catecismo
    Mayor de San Pío X, n. 3126-3127)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:45

    Y si alguno de
    recta intención, compara esta misma época en
    que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia
    de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos
    en los que la Iglesia era respetada como madre,
    se quedará convencido de que esta época, llena
    de perturbación y ruinas, corre en derechura al
    precipicio; y que al contrario, los tiempos en que
    más han florecido las mejores instituciones, la
    tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas,
    han sido aquellos más sumisos al gobierno de
    la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus
    leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n.
    3, 21 de abril de 1878)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:42

    Que la religión
    de las almas imite el modo de desarrollarse los
    cuerpos, cuyos elementos, aunque con el paso de los
    años se desenvuelven y crecen, sin embargo permanecen
    siendo siempre ellos mismos. […] Estas mismas
    leyes de crecimiento debe seguir el dogma
    cristiano, de modo que con el paso de los años
    se vaya consolidando, se vaya desarrollando en el
    tiempo, se vaya haciendo más majestuoso con la
    edad, pero de tal manera que siga siempre incorrupto
    e incontaminado, íntegro y perfecto en todas
    sus partes y, por así decir, en todos sus miembros
    y sentidos, sin admitir ninguna alteración, ninguna
    pérdida de sus propiedades, ninguna variación en lo
    que está definido. (San Vicente de Lerins. Conmonitorio,
    El progreso del dogma y sus condiciones, n. 23)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:40

    Pues los
    hombres, a quien la verdad había libertado debían
    ser conservados por la verdad; ni hubieran durado
    por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas,
    por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo
    Nuestro Señor no hubiese constituido un Magisterio
    perenne para instruir los entendimientos en la
    fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de
    su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte
    cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y
    fue su principal deseo enseñar la religión y luchar
    perpetuamente con los errores. (León XIII. Encíclica
    Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879)

  • Comentario por Milton 04.11.17 | 02:36

    Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto
    verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada
    de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no
    entre o de él salga perdido ha la esperanza de vida
    y de salvación. Menester es que nadie se engañe
    a si mismo con pertinaces discusiones, lo que
    aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si
    no se atiende con diligente cautela, se perderá y se
    extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n.
    17, 6 de enero de 1928)

  • Comentario por Cetimerien 01.11.17 | 13:02

    Osú, la vín!
    Olé José María Castillo, hombre de Dios, de estudios y de un profundísimo humanismo cristiano, toda su vida dedicada a la investigación, a la docencia y a la búsqueda del Dios auténtico: el de Jesús que nos muestra cómo es el Padre.
    Espero las entregas del blog como agua de mayo, porque todas exhalan un hondo conocimiento de contenidos y de compromiso. Además, su exposición es razonada y didáctica... lleva por el camino de lo intelectual a todo el que quiera entender.
    A veces me sorprenden algunos comentarios que se hacen a sus escritos en los que parece, que desde cierta ignorancia, se quieren buscar los tres pies al gato, es decir, ejercer una crítica ligera y un tanto anclada en cierto tipo de pensamiento poco flexible. Cada cual puede opinar lo que quiera, para eso están los comentarios...así yo me expreso y aprovecho para saludar a este magnífico teólogo que es José María Castillo y decirle GRACIAS, BUEN AMIGO.

  • Comentario por Fittipaldi 31.10.17 | 11:17

    Sr Antonio, qué texto tan acertado y valiente. Gracias. Y gracias por estar aquí, escribir y hablar con sinceridad de estos temas.
    Qué tenga muy buen día.

  • Comentario por Chelo felip 24.10.17 | 21:53

    Completamente de acuerdo, genial reflexión y muy valiente

  • Comentario por Antonio Manuel 23.10.17 | 11:15

    Señor Castillo, me identifico con su comentario (22.10.17 | 20:00), y también pido una iglesia de verdaderos pastores y no "hipócritas figurantes" a los que Jesús condena sin paliativos. El camino para esto es crear guías positivas de opinión y ofrecer propuestas de mejora; muchos en la iglesia, laicos, sacerdotes, obispos..., también las buscan, baste comparar, en nuestro país, la iglesia de los tiempos actuales con la existente hace 40 o 50 años.

  • Comentario por José M. Castillo 22.10.17 | 20:00

    Para Antonio Manuel:
    Estimado amigo, yo creo que Jesús es Dios, es el Hijo de Dios, es la "revelación de Dios" a los seres humanos. Y creo que la Iglesia debe tener obispos y los necesita. Para ser pastores de la comunidad cristiana. Así lo ha creído siempre la Iglesia. Y eso es lo que ha hecho posible que la Iglesia dure y se mantenga unida hasta el día de hoy. Con lo que no estoy de acuerdo es con el modo de elegir y nombrar a los obispos. Durante diez siglos, hasta el s. XI, los obispos se elegían y designaban de acuerdo con las comunidades a las que iban a gobernar. Y no estoy de acuerdo con la pompa, el boato, el poderío y el dinero que maneja la Iglesia. Jesús prohibió todo eso. ¿Es que vamos a creer más en el Derecho Canónico que en el Evangelio? Este es el gran problema que la Iglesia tiene que resolver. Pienso que el Papa Francisco es un hombre de Dios, que toma en serio el Evangelio. Con eso me identifico. Y eo es lo que quiero.

  • Comentario por Antonio Manuel 22.10.17 | 17:15

    Este texto puede tener valor para aquellos que no creen en Jesús como el mismo Dios venido a nosotros. El texto es coherente si la obra de Jesús fuera solo humana. El Papa Francisco, en lo que yo leo de sus palabras, se abraza a la obra de Jesús como Dios, y Dios de la misericordia. Las iglesias cristianas necesitan de "pastores" para que reunido "el rebaño" encuentren juntos el Camino.
    En el texto del "blogger", mas que reunir, desparrama.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 22.10.17 | 11:57

    Resumiendo, digamos que la Religión vive del Evangelio y que la de aquella es una vida opípara, justo la contraria que propugna este al enfrentarse con tanta fuerza a una vida de dominio para reivindicar otra de servicio. Muy atinado, Castillo. Gracias. Quien tenga oídos, que oiga. (Cuidado con las comas, que no deben lanzarse a voleo para que caigan donde les plazca).

Viernes, 24 de noviembre

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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