Teología sin censura

En España se desprecia demasiado a Dios

05.10.17 | 10:37. Archivado en Política

En este país, tradicionalmente tan cristiano, en el que nos enorgullecemos (y con razón) de nuestras catedrales, nuestros monumentos religiosos, nuestra enorme riqueza artística, las tradiciones cristianas que han impregnado nuestra historia y nuestra cultura, etc, etc, en este país – digo – no habíamos visto tanto desprecio a Dios, a Jesucristo y a “lo divino” en general, como el que estamos viendo y viviendo en este tiempo convulso que tanto nos desconcierta.

¿Por qué digo esto? ¿No estoy escupiendo una exageración demasiado seria, tajante y grave, que ni es verdad, ni viene a cuento, ahora precisamente y cuando tantas cosas desagradables tenemos que oír y soportar?

Vamos a ver: si es que lo de Dios y lo de Cristo nos importa, porque somos cristianos, empezaremos – digo yo – por aceptar y creer lo que dicen los Santos Evangelios. Pues bien, en los cuatro Evangelios, se insiste en que Jesús pronunció repetidas veces esta sentencia: “Quien os escucha a vosotros, me escucha a mí; quien os rechaza a vosotros, me rechaza a mí; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” (Lc 10, 16; Mt 10, 40; Mc 9, 37; Mt 18, 5; Lc 9, 48; Jn 13, 20).

Lo decisivo aquí es caer en la cuenta de que, en última instancia, lo que se viene a decir en estos relatos evangélicos, es que Dios se ha identificado con cada ser humano. Aquí y en esto radica la originalidad del cristianismo. De tal manera que, cuando el Evangelio relata lo del juicio final, la sentencia definitiva (de premio o castigo) no se dictará por lo que le hicimos o dejamos de hacerle a Dios, sino por nuestro comportamiento precisamente con los más desgraciados o despreciables de este mundo: “Era extranjero y no me acogiste…, estaba en la cárcel y no fuiste a visitarme” (Mt 25, 43).

¿Será posible que un día tengamos que oír: “Fui catalán, gallego o andaluz, y me insultaste?”. Me da pena y vergüenza tener que sacar aquí esto ahora. Pero es que, si me lo callo, me siento cómplice del desprecio a Dios, que se respira, con frecuencia, en cada conversación, en cada grupo que se reúne, en la intimidad de muchos corazones (me sospecho).

Y si no tomamos esto en serio, ¿de qué nos sirve el cristianismo? ¿para qué queremos la Iglesia? ¿para ver si los obispos nos ayudan a salir del lío de odios, insultos y desprecios en que nos hemos metido? ¡Ya está bien, por favor! ¿Es que va a tener más importancia lo que ha dicho Piqué o lo que acaba de afirmar Alfonso Guerra, que lo que dijo Jesús, el Señor?


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Comentarios
  • Comentario por Oliva 09.10.17 | 19:51

    nos viene bien recordar que "bienaventurados los que promueven la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios". Y la paz se edifica no solo en las grandes gestas, sino también en la gestación diaria de un entorno en el que las relaciones humanas puedan desenvolverse libres de rabia, de dolor y de miedo.

    A la paz del Padre Bueno, hermanos y hermanas.

  • Comentario por Oliva 09.10.17 | 19:38

    es que entre Jesús y su Abba se produce una plena identificación. Es posible que el relato de la transfiguración recoja, precisamente, esta conmovedora experiencia pascual de los discípulos en la que comprenden que Jesús transparenta al Abba, que Jesús se transfigura a los ojos del corazón de sus amigos. Y a falta de creer en Jesús basta "creer en mis obras" (Jn 14, 11). Las obras de Jesús manifiestan el proceder del Abba, del Padre Bueno. Por encima de la solidez de sus creencias o de la fidelidad de su observancia religiosa, quien actúa como Jesús en lo más cotidiano de su vida, quien se identifica con los desfavorecidos, marginados, con los socialmente señalados, quien hace suya la suerte de los otros, se identifica con Jesús y también con Dios. Y sobre eso ya ha dicho José María: “Era extranjero y no me acogiste…, estaba en la cárcel y no fuiste a visitarme” (Mt 25, 43). Baste, también, recuperar las bienaventuranzas de Mateo, especialmente para estos días

  • Comentario por Oliva 09.10.17 | 19:12

    Gracias, José María, por esta entrada. Antonio Manuel y Roberto: avivar las candelas solo nos hace cómplices. No es el momento de la rabia, sino de la continencia, la prudencia y la autocrítica. Y quien no haya compartido una imagen, chiste, meme o noticia por Whatsapp, Twitter o Facebook; o quien no haya murmurado en corrillo con el vecino, la compañera de trabajo, la amiga o el hermano sobre los acontecimientos de la última semana, "que tire la primera piedra". Creo que no habrá un solo canto rodado que se levante del suelo. Mientras el monte arda, no hallaremos la salida, ni podremos reforestar la superficie arrasada. Necesitamos restablecer la convivencia, sanar las heridas, recuperar la confianza entre nosotros y fortalecer la concordia.
    Moisés, lo que dice José María está en consonancia con el Evangelio. "A Dios nadie lo ha visto nunca" (1 Jn,18). Sin embargo, Jesús responde a Felipe que "quien me ve a mí, ve al Padre" (Jn 14, 9). Lo que nos quiere decir este pasaje es qu...

  • Comentario por Roberto 09.10.17 | 11:45

    ¿Será posible que un día tengamos que oír: “Fui catalán, gallego o andaluz, y me insultaste?”. Si,fui español y también me insultaron....En el evangelio parece ser que prima más lo común(comunidad) que "lo mio" no? Pero no me atrevo a sacar conclusiones en nombre de mi fé en Jesús...pues interpretamos el Evangelio según nos conviene y lo estiramos como el chicle según las cirunstancias.

  • Comentario por Moisés 05.10.17 | 15:08

    Si lo que dijo Jesús, el Señor (me refiero al último párrafo en negrita del post) es lo que leemos en los Evangelios, no entiendo cómo poder relacionarlo con lo que dice don José María.

    Estirando, estirando...

  • Comentario por Antonio Manuel 05.10.17 | 12:57

    La "opinión publicada" (medios de comunicación) acaba distorsionando la Opinión Pública. Los líderes políticos "vierten" en la "opinión publicada" aquello que "va bien" a su estrategia de ganar posiciones en el electorado; buscan los extremos (radicales) ya que el "centro" es una masa informe que no tiene una sola voz y, además, no vende para un medio de comunicación. El "centro" no es beligerante pero es depositante de la neutralidad, de la prudencia, del análisis sosegado, de escuchar y tolerar la diversidad de opiniones y de respeto a los valores personales.
    Era sabido que las "revoluciones" nacen del sometimiento y miseria de los pueblos; pero ahora sabemos que la opulencia, la manipulación y la demagogia también provocan revoluciones. Los afanes de poder tienen en los nacionalismos excluyentes un caldo de cultivo muy nutritivo para sus ambiciones. Es aquí donde aparece con total magnitud la puesta en escena del chivo expiatorio -Estado- de todos los supuestos pecados polític...

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