Teología sin censura

El infierno

12.08.17 | 12:30. Archivado en Sin censura, Teología

Recientemente he publicado, en esta misma página, una memoria muy resumida de la excelente Semana Bíblica sobre el tema de "La Muerte", que han explicado los profesores Alberto Maggi y Ricardo Pérez Márquez, del "Centro Studi Biblici G. Vannucci", de Montefano (Italia). En este Encuentro, yo intervine para exponer (de forma resumida) dos temas necesariamente relacionados (para los creyentes) con la muerte: el pecado y el infierno.

Confieso que me ha impresionado la reacción de muchos lectores de Religión Digital. No por la violencia y la agresividad de algunos de tales lectores, en sus comentarios, sino por la ignorancia que dejan patente en lo que dicen. Cuando una persona no tiene más respuesta que el insulto, para expresar su desacuerdo, es que carece de argumentos para rebatir lo que piensa que debe rechazar.

Pero vamos al asunto que interesa. Ante todo, el "infierno". En la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, no está definida, como dogma de fe, la existencia del infierno.

Lo que el Magisterio papal ha enseñado es que "quienes se van de este mundo en pecado mortal" se condenan (Denz.-Hün., 1002, 1306). Pero lo que no está definido en ninguna parte es que alguien haya muerto en pecado mortal. Ni de Judas se puede afirmar tal cosa. Porque trasciende este mundo. Y jamás ha estado, ni podrá estar a nuestro alcance. Por tanto, aunque en algunos documentos eclesiásticos aparezca la palabra "infierno", semejante término no pasa de ser una mera hipótesis, que nadie ha dicho que exista realmente.

Además -y esto es lo más elocuente- si el infierno existiera, solamente Dios lo podría haber hecho; y solamente Dios lo podría mantener. Pero realmente ¿es eso posible? El infierno, por definición, es un castigo. Y un castigo eterno. Ahora bien, un castigo -sea el que sea- se puede programar y realizar como medio o como fin. Como "medio", lo hacemos constantemente: se castiga para educar, para corregir, para evitar que un delincuente siga delinquiendo, etc. Pero, si el castigo es "eterno", en ese caso (único), no puede ser medio para nada. O sea, no tiene (ni puede tener) otra finalidad que hacer sufrir.

Pero en este supuesto, ¿se puede compaginar la bondad absoluta de Dios con la maldad absoluta que lleva en sí mismo el hecho de hacer sufrir sin otra posible finalidad que hacer sufrir?

Todo esto supuesto, no hay que calentarse mucho la cabeza para llegar a una conclusión: o creemos en Dios o creemos en el infierno. Armonizar ambas creencias, ocultando lo que interesa para "que cuelen", y sobre todo para meter miedo a los indefensos oyentes de tantos apasionados sermones de iglesia, eso es usar (y abusar) de Dios, para conseguir lo que a nosotros nos conviene.

Es verdad que, al negar la existencia del infierno, dejamos al descubierto el problema de la justicia divina. La justicia de la que echamos mano para explicarnos la solución última que tendrá la incontable cantidad de maldades que vemos y sufrimos en este mundo. Pero lo que, en este caso, tenemos que preguntarnos es, si no ocurre, más bien, que le cargamos a Dios que sea él quien haga la justicia que nosotros no tenemos ni la libertad ni el coraje de hacer.

Además, no es lo mismo el "delito" que el "pecado". Quienes, según sus creencias, se vean a sí mismos como pecadores, se las tendrán que ver con Dios. Pero, si somos honestos y coherentes, tendremos que aceptar que este mundo está tan destrozado y es causa de tanto sufrimiento porque somos nosotros los que permitimos y aceptamos que las leyes, la justicia y el derecho, no existan, en unos casos; no se apliquen, en otros, de manera que los incipientes e incompletos Derechos Humanos, que hemos llegado a redactar, en los asuntos de más graves consecuencias, se queden en meros enunciados que jamás se aplican en defensa de quienes tienen que soportar lo más duro de la vida.

¿Y le vamos a exigir a Dios que nos saque las castañas de fuego? ¿Para eso nos va a servir la religión? ¿Para exigirle a Dios que resuelva lo que nosotros tendríamos que resolver? Si este mundo está tan roto como está, no es porque Dios lo ha hecho así. Lo hemos hecho nosotros. Y a nosotros nos corresponde humanizarlo y hacerlo más habitable.


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Comentarios
  • Comentario por Antonio Manuel 20.08.17 | 01:31

    El comentario Antonio Manuel 20/08/2017 | 01:03
    Fue copiado aquí por un "fantasma" noctámbulo que "pitorrea" mi nombre.
    Este "post" se corresponde al blog de Jairo del Agua, en el que yo hice este comentario, en relación con el artículo "Pecar en verano".

  • Comentario por Antonio Manuel 20.08.17 | 01:03

    Este post me ha llenado de esperanza. No hay reproches, no hay culpables, hay enseñanza. Me queda grabada esta frase..."hijo mío, que pecar es ofender al hombre a quien Él ama"...
    Un embarazo no querido, que situación tan difícil... especialmente cuando pongo mi esperanza en tener resueltos los problemas materiales presentes y de futuro. Un hijo, un nieto es la bendición más grande en el amor humano, el centro de los desvelos y el acicate más firme para no decaer, y el futuro es él. Que gran bien pueden hacerle los abuelos a su hija, esa nueva madre para fortalecerse mútuamente con la alegría de un nuevo ser que escribirá un nuevo capítulo en esa familia, ¡ Que bueno sería que el padre del niño también se sumara!.
    Repito mi agradecimiento por este "post"

  • Comentario por Antonio Manuel 19.08.17 | 20:54

    El Evangelio no es un objeto de juego. El simbolismo de las parábolas está más allá de las formas que se expresan. La literalidad no condiciona el mensaje real que contiene, y Dios dice que hay que ganarse la salvación, lo contrario sería "algo" que no colmaría nuestra felicidad.

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 23:05

    Mucho me temo que nuestra negativa a deshacernos del infierno esconde en el fondo el miedo a afrontar otra cuestión. Si todos y todas somos salvos por la misericordia de Dios, ¿por qué murió Jesús si no fue como sacrificio por el perdón de nuestros pecados? La muerte, la vida y la resurrección de Jesús son inseparables. No se puede entender una, prescindiendo de las otras dos. Tan importante como la pregunta sobre las razones por las que murió Jesús es otra a la que se presta menos atención: ¿por qué vivió? Jesús vivió para decir a los desposeídos, a los marginados y a los excluidos que ellos y ellas no solo están, sino que son el centro del corazón del Abba y que si encarnamos este mensaje hasta sus últimas consecuencias, viviremos nuestra vida siendo uno con el Padre como lo fue el mismo Jesús. Ese mensaje es profundamente esperanzador, transformativo y liberador. Más que la creencia de que la sangre de un hijo inocente sacia la sed de un padre compasivo.

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 20:20

    Ahí nos jugamos el Evangelio, la buena noticia de Jesús de Nazaret.

    Abrazos.

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 20:18

    ...el último versículo de la parábola, Antonio Manuel (“Y a ese criado inútil arrojadlo fuera, a la oscuridad. Allí llorará y le rechinarán los dientes” (Mt. 25, 30) e interpretas que hay quienes merecen condenación eterna, desvirtúas el sentido del relato. Más aún, si haces una interpretación literal de esa parábola, debes hacerla también de su relato espejo que está en Lc. 19, 11-27: la párabola del dinero. Su final dice así: “y en cuanto a mis enemigos, a esos que no querían tenerme por rey , traedlos acá y matadlos en mi presencia”. ¿También crees que de Dios merecemos la ejecución y la muerte si no lo aceptamos por Rey y Señor?. Condenación o muerte desde Dios, ¿dónde quedan entonces las parábolas del Padre Bueno, del Buen Pastor y de la mujer y la moneda? Las interpretaciones literales y acríticas solo conducen al fundamentalismo y en los tiempos que corren urge conducirnos en el sentido contrario: abriendo vías de diálogo, de encuentro y de concordia...

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 20:17

    ...las parábolas de Jesús probablemente se fueron transmitiendo de forma oral durante las primeras décadas hasta su redacción definitiva. Y en esa transmisión es muy posible que se incluyeran ideas y elementos que originariamente no fueron acuñados por Jesús. En ese sentido, se debe actuar con la misma cautela: la lectura de las parábolas deben conducirnos a apropiarnos solo de su sentido genuino, dejando a un lado los elementos que nos alejen de la idea principal. Tanto por la posibilidad de las añadiduras, como por la narratividad de las parábolas, no se puede hacer una lectura literal de estos textos. La parábola de los talentos nos enseña qué se espera de nosotros y de nosotras: que con independencia de lo recibido, vivamos desde la donación y la entrega, poniendo en circulación todo lo que somos para el provecho de quienes están a nuestro alcance. Si te quedas con...

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 20:14

    Y eso puede ser difícil cuando han transcurrido demasiados siglos desde la elaboración del relato o cuando la producción de la parábola y su recepción se desarrollan en culturas diferentes. Por ejemplo, en el caso de la parábola del Padre Bueno de lo que nos habla en su fondo es de que el Dios de Jesús de Nazaret era inmensamente compasivo. Su amor hacia sus criaturas no se debía a la bondad o mezquindad de estas. Dios, Abba, ama a cada criatura solo porque él es bueno. Se ha querido ver tras esta parábola que el arrepentimiento de las culpas antecede al perdón de Dios o que la inmensidad de su amor se traduce en el respeto de la libertad de sus hijos. Esas conclusiones están muy por encima del sentido parábola y entrarían en contradicción con otras dos parábolas: el buen pastor (Lc. 15, 1-7) y la mujer y la moneda (Lc. 15, 8-10). La segunda precaución que debemos tener en cuenta es que...

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 20:03

    Hace un par de días, Antonio Manuel, me hacías referencia en uno de tus comentarios a la parábola de los talentos. No te comprendí en ese momento. La parábola de los talentos nada nos dice sobre la justicia de Dios, del Padre Bueno, y ese era el tema que se venía tratando. Hay dos precauciones que se deben tomar cuando nos acercamos al texto de una parábola. Las parábolas son relatos metafóricos que introducen de forma sencilla en una idea de una forma viva y visual mediante el recurso frecuente de acontecimientos o personajes cotidianos para el público al que se dirige. Por ese motivo, los adornos narrativos que componen las parábolas pueden conducirnos erróneamente a extraer conclusiones que van más allá de lo que el relato transmite. Es decir, la primera precaución es asumir que de las parábolas solo se puede aprender el mensaje que ha dado sentido a la construcción del relato....

  • Comentario por Antonio Manuel 18.08.17 | 19:26

    Dios lo llena todo, así lo creo, pero yo no no me considero capaz de intiuir como lo hace. Creo que para nosotros, humanos, no es posible lmaginarlo.

  • Comentario por Oliva 18.08.17 | 12:59

    Aplaudo de corazón la sincera valentía de Cristian y la contundencia y claridad de Ramón. Gracias, amigos.

    Luego escribo con más detenimiento. Un abrazo a todos y a todas.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 18.08.17 | 10:47

    ... al tener que contar con una multitud de ofensores que lo insultarían durante toda la eternidad. Para semejante viaje no necesitaba alforjas. Se suele decir que la magnitud de un pecado se mide por la dignidad del ofendido, pero eso no es cierto: la calificación de una acción ha de hacerse en función de quien la hace, no de quien la recibe. Ahora bien, los hombres somos muy veletas y la mayor parte de nuestro tiempo ni siquiera sabemos lo que hacemos o por qué lo hacemos.
    Por lo demás, que Dios un día sea todo en todos y que a todos nos revele su gloria no significa carta franca para hacer de esta vida una continua orgía, como muchos argumentan. Saber que Dios nos llenará de su gloria sirve solo para llevar un tipo de vida que nos adelante esa gloria llenando nuestra vida presente. Si alguien dice que cree y no es rabiosamente feliz en esta vida, por complicada y dolorida que resulte, y está dispuesto a dar todo de sí, es un mentiroso. Más claro, el agua clara.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 18.08.17 | 10:40

    Lamento seriamente que mis comentarios anteriores sirvan de muy poco, si es que sirven de algo. Me he guiado solo por lógica, por sentido común y por darle prioridad al Evangelio.
    Si lo del Infierno, sea como lugar o como estado de "espaldas a Dios", es inconcebible, porque nada hay que no esté lleno de Dios ni nada que pueda existir a sus espaldas, lo de un supuesto "infierno vacío" riza el rizo.
    Lo del "pecado mortal", ¡menuda herramienta para doblegar voluntades! El concepto de pecado se define por "ofensa a Dios". Ahora bien, pecar contra Dios exigiría, primero, conocer a Dios y, segundo, de conocerlo, nos derritiríamos de amor por Él. En lo que llamamos pecado no es Dios el ofendido sino nosotros mismos o nuestro prójimo, damnificados por una opción (nuestra libertad) deficiente al elegir un bien equivocado. El "pecado mortal", de morir en él, sería un billete directo al Infierno como ofensa definitiva e irreversible a Dios. Dios se habría lucido en su obra....

  • Comentario por Cristian 18.08.17 | 07:57

    (Perdonen mi segundo comentario, ya que el primero contenía algunos errores de dedo a causa de mi celular)
    Saludos.

  • Comentario por Cristian 18.08.17 | 07:55

    Sr. Castillo nadie lo acusa de hereje, (yo si me considero un hereje), pero usted sabe que aunque la Iglesia no puede decir quien murió en pecado mortal, todos los que mueren en pecado mortal se condenan (terminan en el infierno según la Iglesia Latina).
    Yo sinceramente no creo en varias dogmas de la Iglesia Occidental como la existencia de un infierno eterno, la infabilidad papal, muchas apariciones de la Virgen María (Fatima por ejemplo), la transubstanciación, el etc.
    Pero no trataría de tomar ambigüedades que existen en sus cánones para que encajen en la mentalidad de mis seguidores simplemente porque no estoy de acuerdo con ellas.
    Esto solo es una opinión Sr. Castillo, he disfrutado de sus trabajos algunas veces, y otras he estado en desacuerdo (cuestiones teológicas y filosóficas mías), pero creo que más que un ensayo sobre cuestiones dogmáticas, encaja más como una reflexión teológica suya.
    (Perdonen mi segundo comentario, ya que el primero contenía algun...

  • Comentario por Cristian 18.08.17 | 07:47

    Sr Castillo nadie lo acusa de hereje, (yo si me considero un hereje), pero usted sabe que aunque la Iglesia no puede decir quien murió en pecado mortal,pero todos los que mueren en pecado mortal se condenan (terminan en el infierno según la Iglesia Latina).
    Yo sinceramente no creo en varias dogmas de la Iglesia Occidental como la existencia de un infierno eterno, la infabilidad papal, muchas apariciones de la Virgen María (Fatima por ejemplo), la transubstanciación, el etc.
    Pero no trataría de tomar ambigüedades que existen en sus cánones para que encajen en la mentalidad de mis seguidores simplemente porque no estoy de acuerdo con ellas.
    Esto solo es una opinión Sr Castillo, he disfrutado de sus trabajos algunos veces, y otras he estado en desacuerdo (cuestiones teológicas y filosóficas mías) pero creo que más que un ensayo sobre cuestiones dogmáticas es más una reflexión teológica suya.
    Saludos.

  • Comentario por Antonio Manuel 18.08.17 | 00:23

    "...Pero la Iglesia nunca ha definido que alguien haya muerto en pecado mortal..."
    Ante esa afirmación, me asalta la duda, y mi pregunta es: ¿ el que no se haya definido, significa que todos se mueren en Gracia de Dios, y que el pecado mortal se extingue al morir, esto si el pecado mortal existe?.
    Dios nos dice que unos serán apartados de su presencia por no haber obrado en amor hacia los demás. En otros pasajes, también simboliza los sufrimientos de aquellos que no sean merecedores de alcanzar el Reino de Dios.
    ¿Puede un ser humano, en su racionalidad, definir el infierno, y por tanto esclarecer si existe o no?. Solo la Fe nos lo dice.

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 23:49

    Que me disculpe José María Castillo, pero he leído el comentario varias veces, así como este post y el anterior otras tantas y no veo parecido entre lo sostenido en los posts y el comentario publicado esta tarde. El comentario, además, contiene varias erratas que no acostumbro a ver en Castillo. Así que: o ha escrito el comentario deprisa y no ha quedado suficientemente claro o estoy cansada y no he sabido leerlo ni extraer su contenido. Quizás nos lo aclare más adelante.

    AntonioL, soy Oliva, no Olivia.

    Abrazos.

  • Comentario por antonioL 17.08.17 | 22:16

    Paradójicamente usted señala que la iglesia no ha definido quién ha muerto en pecado mortal, rechaza los textos del Nuevo testamento donde Jesús habla del Infierno o Gehena 8al menos eso deja implicitamente en su postura) pero a la vez caracteriza al infierno como un lugar de castigo, dicho caracterización es en esencia neotestamental.

    Yo por eso lo he argumentado desde una perspectiva filosofica de aproximación lógica y no definitoria. Incluso el Papa, ahora, San Juan Pablo II y el Magisterio cundo se refieren al infierno, lo hacen con relación a una toma de decisión consciente, entre aceptar a Dios o rechazarlo bajo la premisa de que se encuentra bajo pecado mortal. No ponen en duda el amor de Dios, sino la libertad humana, sino hay esa posibilidad de elección Dios no sería Dios. Hay científicos que han señalado que si incluso matemáticamente se pudiese demostrar la existencia de Dios, ellos preferirian no creer porque opaca su grandeza. Gracias por el tema.

  • Comentario por antonioL 17.08.17 | 22:07

    He concluido mis comentarios. Sólo para mencionar a Olivia que en parte comparto su idea, aunque se ha extendido a un tema que e hecho correr rios de tinta, como lo es el tema del Reino, no tengo nada que discutir al respecto, por ser coherente con el tema aquí expuesto.

    José M. Castillo que bueno que ha aclarado su intención, yo asumo mis palabras y menciono esto, no porque, dichas palabras que usted menciona las asuma propias o mías.

    Entiendo su texto esencialmente en dos sentidos 1) Que hay incompatibilidad entre Dios y el infierno por el hecho de que Dios no puede educar a su criatura por medio de un correctivo como el infierno. Y 2) Que está muy ligado a la anterior, hacernos responsables de nuestros actos para hacer más habitable este mundo. En ambos estoy de acuerdo. Pero carece de una perspectiva más profundo sobre lo que es el infierno en sí.

  • Comentario por José M. Castillo 17.08.17 | 20:24

    Por favor, a quienes me acusan de hereje o de oponerme a la doctrina de la Iglesia, que se fijen en lo que he escrito. Yo me limito a repetir lo que el Magisterio ha enseñado: No simplemente la existencia del infierno, sino que quienes mueren en pecador mortal, van al infierno. Pero la Iglesia nunca ha definido que alguien haya muerto en pecado mortal. ¿Quién puede saber eso? ¿Cómo se podría definir eso? Es más, se sabe que en el Concilio Vaticano II, un obispo pidió que el Concilio afirmara que, al menos una persona, ha muerto en pecado mortal. A lo que la Comisión Oficial respondió que basta con saber que los textos del NT, que hablan de la condenación, están redactados en futuro. Más que eso no se puede afirmar. No digan que yo he dicho lo que realmente no he dicho.

  • Comentario por Antonio Manuel 17.08.17 | 17:56

    "...La vida de Jesús fue la viva imagen de que ese Reinado era posible. Sanando a los enfermos, aliviando el sufrimiento, estando del lado de los oprimidos y marginados, compartiendo el pan y la mesa, amando a amigos, a enemigos y a extraños…" Así veo también yo el Reino de Dios. Sin embargo, también Dios en Jesús nos previene contra la hipocresía, el engaño, la soberbia... y realmente es muy llamativa la "Invectiva contra los escribas y fariseos, Mt. 23, 1-39".
    Estoy convencido de que Jesús cuando abandona su presencia material, sigue estando al lado de los que en Él creen. Según nuestra Fe, los Evangelios necesariamente hubieron de ser inspirados por Él. En veinte siglos que tienen de existencia, siguen manteniendo el mensaje fundamental de Dios en Jesús. Ningún contenido de los mismos, hasta donde yo alcanzo a conocer, ha sido tachado por ser sospechoso de ideología humana. Mi creencia es que el Evangelio dice lo que Dios quiere que se diga, para siempre. (Lc. 21, 29-33)

  • Comentario por Cristian 17.08.17 | 04:05

    Señor Castillo no se porque se esfuerza tanto por tratar de defender la no-existencia del infierno en la Iglesia Católica Occidental cuando esta es un dogma de Fe para ella.
    Sería mejor que se olvide de eso, en vez de tratar de pasarlo como una ambigüedad para que encaje en la Fe de personas que aún sienten pertenencia con la Iglesia Católica Occidental, o con la suya.
    Sería mejor que diga que esto forma parte de su opinión como Teólogo y nada más, al final usted disiente de muchos dogmas de la Iglesia Latina (La Trinidad, el papel de Pablo de Tarso en el Cristianismo Primitivo, etc.) por mencionar algunos ejemplos. así que es incoherente este ensayo suyo para que forme parte de la Feligresía Católica (en mi opinión).
    Yo también disiento de varios aspectos de la Iglesia Católica Occidental (odio llamarla Romana), pero tomar temas de ella que forman parte de su canon oficial y tratar de hacerlos pasar como ambigüedades, no lo haría.
    Saludos.

  • Comentario por antonioL 17.08.17 | 03:02

    Ramón la idea -y con esto concluyo, para no prolongarme más- de que el ser humano no puede aceptar el mal absoluto porque se destruye es erroneo, porque precisamente el infierno no significa lugar de ausencia o de la nada que es en sí contradictorio. No creo que ningún teólogo por brillante que sea como el aquinante pueda decir más al respecto, en realidad por lo que se defiende dicho dogma es porque siempre la Iglesia intento ser coherente con el mensaje biblico y tomarlo como "dato" revelado.

    Saludos

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:22

    y primero de su misericordia comprender los errores de mi vida…

    El amor a Dios, Padre-Madre Bueno, y consecuentemente a nuestros semejantes es un lazo más fuerte para vivir siendo donación y entrega como lo fue Jesús, que cualquier precepto, norma, dogma o temor infundado a la condenación y al infierno. De Dios sostenemos que es amor y el amor es una libertad sin fronteras.

    Ruego que disculpéis mi extensión, pero creo que así se comprenden mejor mis argumentos y se agiliza el debate.

    Un fuerte abrazo, hermanos (y hermanas silentes)

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:15

    a la luz del abrazo último y primero de su misericordia comprender los errores de mi vida. No quedaría de mi entonces sino el deseo de deponer mis armas, decir aquello de "perdóname padre, porque he pecado" y vencida toda resistencia y rendida ya por fin, abandonarme en el abrazo del Amado mientras me alcanza un eco profundo: “ya estás en casa, niña mía”. El hecho de ser Suyos y de ser salvos por la misericordia del Misterio no contraviene nuestra libertad. Dime, AntonioL, si estuvieras en una habitación a oscura y supieras que algunas baldosas del suelo se pueden desprender y caer al vacío, ¿elegirías tu camino con más seguridad y menor temor si supieras que un mal paso te puede arrojar al abismo o si, por el contrario, confiaras en que hay una firme red más abajo de tus pies que te sostendría si caes? Y sobre si esta salvación ofrece carta blanca para todo tipo de atrocidades, insisto: temería descansar en la presencia íntima del Misterio y a la luz del abrazo último...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:14

    En el segundo de los ejemplos, AntonioL, aunque nuestra vida sea una maldición para nuestro prójimo, no podemos deducir de ahí que la consecuencia tras la muerte sea el infierno. El infierno como castigo solo se sostiene si consideramos que nuestras obras son determinantes para nuestra salvación. En ese caso, a una vida errada le correspondería una condena eterna. Si la salvación depende en última instancia de la misericordia de Dios, el infierno es innecesario. Tú mantienes el infierno como la consecuencia de quien rechaza a Dios; es decir, la existencia del infierno es el máximo exponente del respeto de Dios a la libertad humana. Ramón te respondió que ante el Bien Supremo la libertad es pasión de amor, deseo de Él. En mi caso, le respondí a Antonio Manuel con un ejemplo figurado, imaginado, que viene a coincidir con la exposición de Ramón: si mi vida hubiese sido errática y una maldición para mis semejantes, temería descansar en la presencia íntima del Misterio y...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:13

    la solidaridad y la igualdad en acciones sociales en favor de la promoción de los derechos humanos, en condiciones de especial vulnerabilidad. […] Amando a sus semejantes, aman a Dios y participan desde su propia vida de la Vida plena, sin que les medie la muerte. Haciendo suyas las causas precarias de hombres y mujeres han hecho suya, sin saberlo, la causa de Dios. Estos hombres y mujeres también son para Jesús los “benditos de mi Padre”. Por eso te pregunta: ¿a qué llamas tú rechazar a Dios? Y te planteaba dos supuestos: 1) Aquellas personas que dicen rechazar a Dios (declaración verbal), pero que su vida refleja un amor entregado a sus semejantes. A quienes ellos rechazan no es a Dios, sino a un ídolo, a una imagen que nada tiene de parecido con el Abba de Jesús. 2) Aquellas otras personas cuyas vidas reflejan un desprecio absoluto hacia sus semejantes (posicionamiento existencial). En esencia Ramón y yo defendemos lo mismo...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:09

    a una vida que se hace plenitud en la entrega generosa y en la donación desprendida. Así es como hacemos posible el Reinado de Dios. Tú lo dices muy bien, AntonioL: nadie nos obliga a este compromiso con la vida y la Vida. Pero entrar en esa dinámica es tener “vida nueva”, “vida eterna”. La “vida eterna” no se refiere a que cumplir una serie de preceptos o a que amar a nuestros semejantes nos haga merecedores de una vida gozosa más allá de la existencia biológica, sino que desde aquí y ahora, amando, participamos ya de la vida de Dios. La presencia de Amor que es el Misterio, el Espíritu, o la gracia y nuestra libertad no mantienen entre sí una relación antagónica. El Espíritu, la gracia, no es coercitivo, sino expansivo. Es aliento o fuerza de vida que nos habita, nos sostiene y alienta a Vivir viviendo en comunidad. Por eso en uno de mis primeros comentarios, escribía: Quiero hacer un alegato en favor de aquellos hombres y mujeres de buena voluntad...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:07

    Por eso dice nuestra fe que Dios se encarnó en Jesús y para nosotros y nosotras hacernos semejantes al Abba es posible aunque no ascendiendo mediante un proceso de perfección y divinización, sino descendiendo, como hizo Jesús, hacia donde la vida es pan de cada día. El relato de la transfiguración es probablemente la narración de un relato Pascual. Para los discípulos y las discípulas de las primeras comunidades, la vida de Jesús, la buena noticia que fue para quienes se encontraron con él en los caminos y aldeas translucía a Dios. Recordar la vida de Jesús era evocar desde lo profundo: “este es mi hijo amado, escuchadle”. Junto a las primeras comunidades, podemos decir de Jesús no solo que es “el Camino, la Verdad y la Vida”, sino también que quien ve a Jesús, “ve al Padre”. Nosotros y nosotras hemos sido llamados a ser como fue la vida de Jesús, a ser pan partido y compartido y vino derramado,...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:06

    pero esa comprensión de ese concepto central en Jesús ha terminado por avivar todo debate sobre la salvación o condenación de los seres humanos. Así solo se ha logrado desvirtuar su sentido genuino. Ciertamente, el Reino de Dios es un interés capital del mensaje de Jesús, como refleja el programa de las Bienaventuranzas, pero el Reino de Dios no se refiere a una realidad que tiene lugar tras la muerte, ni a un futuro en un tiempo “suprahistórico” indeterminado e incierto. Su significado quizás responda mejor al concepto de Reinado de Dios; es decir, Dios reinando como Padre-Madre, como Abba, en medio de la vida, entre los hombres y las mujeres de cualquier tiempo. La vida de Jesús fue la viva imagen de que ese Reinado era posible. Sanando a los enfermos, aliviando el sufrimiento, estando del lado de los oprimidos y marginados, compartiendo el pan y la mesa, amando a amigos, a enemigos y a extraños… el Dios-Abba se hacía acontecimiento cotidiano...

  • Comentario por Oliva 17.08.17 | 02:05

    Disculpa AntonioL. Ayer solo podía responderte desde el móvil y quizás por ese motivo mi escritura fue torpe. Te agradezco tu respuesta honesta, honrada y respetuosa. Puedes tutearme. Es un hermoso Concilio Virtual el que hemos organizado, sí, gracias a José María por brindarnos la oportunidad. He leído tus comentarios con agrado desde el principio y te he respondido, aunque es posible que no te hayas dado cuenta. Efectivamente, es probable que las referencias escatológicas del N.T. no sean de Jesús sino de las primeras comunidades que creían que el regreso de su Maestro sería inminente. La parábola de los talentos, a la que se refería Antonio Manuel, está precisamente rodeada de narraciones que apuntan hacia esa línea escatológica. Mañana vuelvo sobre este punto. No sé de qué forma llegamos a relacionar el Reino de los Cielos y el Reino de Dios con la vida tras la muerte,...

  • Comentario por antonioL 16.08.17 | 21:27

    por algunas razones que he dado. Creo que en ese aspecto su postura y la de Ramón, al menos como o entiendo, es que el amor de Dios todo lo conquista y no hay forma de vencerlo o de desligarse de su presencia. Eso es cierto, pero sólo en parte, porque eso supone que de alguna forma nos tiene determinados, dicho argumento ya había sido propuesto por Giovanni papini en su libro el Infierno donde concluye que el amor de Dios es tan magnifico que el día del juicio (hay que decir que se entiende por ello) Dios se compadecería de todos y "cerraría" al infierno. Pero como se ha mencionado, eso no habré la posibilidad de que alguien por libertad rechace estar con Dios y se cierre a su amor. Eso es lo que se conoce como el Diablo, el demonio, etc.,

    Notese que yo no he hablado de la relación pecado e Infierno, pero ese aspecto también tiene que ser analizado.

  • Comentario por antonioL 16.08.17 | 21:16

    o al menos los argumentos.
    Mi crítica es sencilla a su posición sin demolerla o negarla, al contrario para complementarla o desarrollarla, e incluso si quiera superarla pero desde su concepción.

    Las evidencias o argumentos son dos 1) Jesús habla del tormento y del infierno, quiérase metaforica, literal o analógica, pero habla de ello. Al menos hay que partir de esa primicia para dar una explicación. La explicación liberal es muy simplista y erronea en varios aspectos, menciona que dichos aspectos no provienen de Jesús sino de los redactores del evangelio por su cultura apocaliptica- escatológica. Es decir el infierno es un mito en el buen sentido no de forma peyorativa, es un mito para explicar el porqué del mal en el mundo. esa es también la perspectiva de la tradición del Israel Biblico.

    2) Filosoficamente o teológicamente hablar del infierno como un "lugar" donde reciden todos los demonios y entes que han negado a Dios, no es incompatible con Dios...

  • Comentario por antonioL 16.08.17 | 21:08

    Agradesco Olivia que me haya leído, porque se que es un tema fundamental para el creyente e incluso el incredulo. Antes que nada, el tem a que propone el blogger (Castillo) es de agradecer, porque da línea para abrir un debate de manera abierta e informal. Pero teniendo en cuenta que mucho de los comentarios aquí vertidos rebasan por mucho la propuesta tan pobre de Castillo. Siendo él un teólogo con un gran historial de obras.

    Olivia, no entiendo en sí su planteamiento. No porque no lo exponga bien, sino porque no se de donde parte. Claro me queda que su idea de Dios es que su bondad todo lo supera y que hablar de un infierno es mancillar su trascendencia, ponerle un límite a su infinito amor de creación. En eso es irreprochable. Y yo podría estar de acuerdo y más que estar de acuerdo se vive y se comparte.

    El problema es que mi educación y entorno cultural me han hecho razonar las evidencias

  • Comentario por Antonio Manuel 16.08.17 | 12:15

    Yo cito las palabras de Jesús que, en mi opinión, tienen relación con el asunto que se trata. El mensaje de Jesús lo abarca todo y es eterno... "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Lc. 21, 29-33).
    Ocasionalmente, hago una incursión superficial en la filosofía en contraste con planteamientos de reputados pensadores y filósofos; y siempre invito, al menos esa es mi intención, a la reflexión personal. También he podido constatar que emitir un pensamiento crítico ante exposiciones que, en mi entender, tienen una gran carga de subjetividad, se interpreta como un "rechazo" sin fundamento.
    A veces la vehemencia me juega malas pasadas, pero nunca está en mi intención menospreciar o descalificar a nadie.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 16.08.17 | 11:12

    ... Repase por favor lo que he dicho sobre el pederasta asesino y el blasfemo. Y lo mismo cabe decir de todos y cada uno de los pecados que uno pueda incluir en un listado. El "pecador" (yo no emplearía ese término) lo es por "equivocación", por perseguir con su acción un bien que está fuera de lugar, inoportuno, perjudicial para él mismo y para la sociedad. El hombre busca siempre indefectiblemente el bien, su bien. Ya he dicho que para buscar "el mal" (que no es nada en sí sino un bien equivocado) habría que descoyuntar la naturaleza humana. Todas y cada una de las maldades se explican mucho mejor así como meras equivocaciones. Para ello no se necesitan Demonios ni batallas eternas y telúricas entre Dios y el Demonio. En Jesús, Dios se ha humanizado para enseñarnos a ser humanos (obras de misericordia, hijo pródigo, buen pastor, buen samaritano) y en cuanto al "más allá" todos seremos absoluta y totalmente "Suyos". El infierno es solo una explicación infantiloide del mal.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 16.08.17 | 11:03

    El debate me obliga a insistir en clarificar términos y funcionamientos.
    Antonio Manuel: si usted lo analiza fríamente, cuanto yo he dicho, observará que en nada lo descalifica a usted y que solo se ponen en solfa algunas actitudes y pensamientos. Contra usted, nada; contra lo que dice o cómo lo dice he dicho lo dicho.
    AntonioL, me maravilla la buena voluntad y la sencillez de sus argumentaciones. El "Mal" se nos ha explicado como un mito que facilita el camino para entender lo intendible, el comportamiento "malvado" de muchos hombres. Para ello nada más fácil que inventarse (mito) un Principio Absoluto del Mal en pugna permanente con el Principio Absoluto del Bien que es Dios y, así, tenemos el "Contradiós" que es el Demonio. Todo fácil y comprensible y, además, la cosa queda "bien atada", porque el que no está conmigo está contra mí.
    Pero ocurre que la acción humana funciona de otra manera y no se necesitan mitospara explicarse la "maldad" de los hombres....

  • Comentario por Oliva 16.08.17 | 01:02

    Pero ni la vida, ni la muerte, ni el pecado nos separan del Abba de Jesús. O como dice Ramón: "Dios no impone nada a nadie, solo crea, recrea y salva a todos" o también "es imposible zafarse de su presencia". Por otro lado, sobre la libertad y el infierno como condena y castigo creo que solo se está utilizando el recurso de la libertad para salvar el escollo de la misericordia de Dios, endosándole la responsabilidad de la condena al ser humano. Me explico: nuestra fe nos dice que la voluntad de Dios es estar del lado del oprimido y marginado. Y se sostiene, a su vez, que el ser humano es libre de elegir entre alinear su voluntad con la de Dios y se salvaría; o no hacerlo, y se condenaría. ¿Qué clase de libertad es esa? De estos argumentos no estamos diciendo que Dios es misericordioso porque respeta la libertad del ser humano. Solo estamos construyendo un dios cruel, ruin y mezquino. Del Misterio que es Absoluto-Bondad-Justicia-Misericordia solo podemos esperar la salvación.

  • Comentario por Oliva 16.08.17 | 00:39

    Dices, AntonioL: " Si se analiza lo que Jesús comenta sobre la condenación, no se refiere a que Dios castigue al malvado con los tormentos del infierno, sino se refiere a un tema de elección. Aceptación rechazo. Más no subordinación de la libertad". ¿Y qué es rechazar a Dios? ¿Posicionamiento existencial o declaración verbal? En el segundo de los supuestos puede suceder que nuestros actos hacia nuestros semejantes estén guiados por el amor, la compasión, la búsqueda de la justicia o la igualdad. En tal caso, nuestro rechazo no es a Dios, sino a un ídolo. El primer supuesto implica que nuestros actos denotan una agresión a la integridad de nuestros semejantes. Bien, incluso anclados en este supuesto no podemos deducir de ahí que su consecuencia sea la espera de un infierno tras la existencia biológica. Repito: El infierno solo es consecuencia lógica de la libertad de los seres humanos si estamos dando por supuesto que nuestras obras son determinantes en nuestra salvación...

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