Teología sin censura

La última bienaventuranza

11.08.17 | 11:44. Archivado en Sin censura, Teología

En la primera semana de agosto, se ha celebrado en Italia una importante Semana de Estudios Bíblicos sobre un tema que siempre tiene la máxima actualidad y que, sin embargo, no se suele analizar a fondo. Me refiero al tema de la muerte.

No la muerte de los demás, sobre todo si son víctimas de la violencia o la injusticia. En tal caso, el problema de la muerte se analiza como problema social, político o jurídico. Lo cual, sin duda alguna, es uno de los asuntos más urgentes y más graves que tenemos que afrontar en este momento. Esto es un hecho indiscutible.

Pero también es un hecho que la muerte personal -de la que nadie se escapa- es un tema que cada cual suele afrontar en su intimidad secreta, pero en la que poca gente piensa, compartiendo su pensamiento con otros, a no ser cuando vamos al médico, para un problema serio, o cuando tenemos que ir al cementerio para dar el pésame por la muerte de un pariente o un amigo.

La Semana a la que me refiero -y en la que he tenido la suerte de participar- ha sido organizada en el Centro de Estudios Bíblicos "G. Vannucci", con sede en Montefano (Maccerata), no lejos de Ancona. Asistencia más que plena, con gentes venidas de toda Italia, desde Sicilia a Trieste o Génova. Señal indiscutible de que el problema de la muerte nos preocupa a todos. ¿Qué ha dicho y qué dice la religión sobre este asunto?

El fundador y director del Centro de Estudios Bíblicos de Montefano, Alberto Maggi, ha estado (hace poco) a las puertas de la muerte durante meses. En él, la vida ha sido (y es) más fuerte que la muerte. Fruto de su experiencia única, el precioso libro L'ultima beatitutdine. La morte come pienezza di vita (Garzanti, Milano).

Sobre el contenido de este libro, con la valiosa ayuda del profesor del "Marianum", de Roma, el español (de Granada), Ricardo Pérez Márquez, quienes hemos tenido la suerte de poder asistir a la Semana, de estudio y reflexión sobre la muerte, hemos podido pensar a fondo en lo que ha sido y debe ser el hecho de "tener que morir". Y esto, tanto en la vida de la Iglesia, como sobre todo en la experiencia de cada uno de los creyentes en Jesús, el Señor.

Dado que yo me encontraba entre los asistentes, la amistad que me une a los profesores de la Semana Bíblica, Alberto y Ricardo, me puso en la grata obligación de exponer (brevemente) a los oyentes tres temas relacionados con la muerte: el pecado original, el pecado personal, el infierno.

Por desgracia, el uso pastoral que la Iglesia ha hecho (tantas veces) de la muerte, ha sido el abuso del miedo, que todos tenemos a morir, para obtener la sumisión de la gente a la normativa moral y sacramental que la ley eclesiástica impone a los fieles. No hace falta explicarlo. Todos lo hemos soportado y sufrido.

Cuando en realidad, como bien dice Alberto Maggi, la muerte es "la plenitud de la vida". No es el final. La "vida eterna", de la que tanto habla el Nuevo Testamento, la tenemos ya, en esta vida, según la asombrosa e insistente afirmación del cuarto evangelio. La muerte no puede ser el final. Es la última y la más grande de todas las "bienaventuranzas" que nos dejó el recuerdo genial de Jesús.

Y acabo resumiendo mi modesta aportación a la "Semana":

1) "Pecado original": no es pecado alguno, ni por semejante pecado entró la muerte en el mundo (Rm 5, 12). La religión no puede convertir un mito (Adán y Eva) en historia y menos aún en teología.

2) "Pecado personal": se ha explicado como "culpa", "mancha", "ofensa" (P. Ricoeur). Pero, ¿puede el ser humano, inmanente, ofender al Trascendente? "Sólo si actuamos contra nuestro propio bien" (Tomás de Aquino).

3) "Infierno": no existe. Ni está definido como dogma de fe. Además, ¿puede el absolutamente Bondadoso ser, a la vez, absolutamente castigador eternamente, o sea sin otra posible finalidad que hacer sufrir? Si creemos en el Infierno, no podemos creer en Dios.

La muerte da que pensar. Para el creyente, es una fuente inagotable de esperanza y felicidad, ya poseída y lograda.


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Comentarios
  • Comentario por Roberto Juan Zaniolo 21.08.17 | 21:12

    Todos bochos!
    Todos bochos!
    Jesús con sus 33 anios ha cambiado el mundo en un montón de cosas....
    Creer o no creer...
    Creemos en tantas cosas.... que quién sabe que verdad encierran...!
    Pero con sus 33 anios ha cambiado el mundo hasta en el calendario...
    Qué fuimos capaces nosotros de cambiar... solos... a los sesentaiseis??? (Los míos?)

    Siguiendo con esta discusión
    va a ser mejor que crea en el patrón que me paga el cuyo dios son sus perros
    porque está tan tan tan cercano a vuestros pensamientos
    y luego ama sus perros más que a su familia?
    Y no me detallo a explicar cómo se expresan en Italia estos tipos de personas...

    Y luego roba a sus obreros?
    Y predica más de un predicador de misión... pero al contrario?
    Y cada ocasión es buena para invehir contra la Iglesia, el Vaticano, los curas?


    Tal vez me fui del tema: LA MUERTE...
    tenía yo 16-17 anios quando escribí un ...

  • Comentario por fanny Josefina olivera Palacios 14.08.17 | 03:40

    lo puse anteriormente

  • Comentario por Antonio Manuel 12.08.17 | 20:07

    "La muerte da que pensar. Para el creyente, es una fuente inagotable de esperanza y felicidad, ya poseída y lograda."
    Desde luego, definiendo que el creyente es el que obra con amor al prójimo; entonces estarán incluidos en los "benditos de mi Padre..." como los llama Jesús.
    Pero, ¿y que pasa con los que no son creyentes? Entonces puede ser verdad que el que no cree en Dios, acepta el Infierno, pero será un infierno que no tiene relación con el no creer en Dios. Sin embargo los que creen en la existencia de Dios y no actúan como "benditos...", ¿cuál es su infierno?.

  • Comentario por antonioL 11.08.17 | 19:48

    Me sosrprende su posición sobre el pecado original y el infierno, es sin duda un teólogo antiteólogo. Pero no es para escandalizarse, hay muy buenos autores al respecto.

    Visto desde la antropología y la filosofía, no desde el dogma, podría decir incluso como supuesto que no soy creyente, pero haciendo uso del raciocinio, existen más argumentos a favor de un pecado original que el negarlo. Su posición es a priori en principio. Además me parece percibir que tiene una imagen de lo que es el mito de forma muy negativa e ilustrada. No hay espacio para argumentar al respecto, pero todos construimos mitos.

    Sobre el Infierno tiene una perspectiva muy Inquisidora, ya sea como lo caracteriza o como crítica. Es más se pasa por alto el mensaje Bíblico, al menos en una forma de explicación histórica.




Martes, 22 de agosto

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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