Teología sin censura

La fe entra por los sentidos

23.04.17 | 09:20. Archivado en Teología, Iglesia católica

El relato de la incredulidad del apóstol Tomás, que se recuerda a los cristianos en el segundo domingo de Pascua (Jn 20, 19-31), nos viene a decir que la fe entra por los sentidos. Mucho antes que el IV evangelio, el apóstol Pablo había dicho que “la fe entra por el oído” (por lo que se escucha, “akoê”: Rom 10, 17). Pero el Evangelio añade que, no sólo por lo que se escucha, sino también por lo que se ve y se palpa. Que es lo que le pasó a Tomás. Cuando los otros apóstoles le dijeron que habían “visto al Señor” (Jn 20, 25), Tomás respondió lo que dice tanta gente: “Si no lo veo y lo toco, no lo creo”. Hasta que, a los ocho días, Jesús resucitado se plantó delante de Tomás y le dijo: “ven acá, mira, toca, palpa… y no seas incrédulo” (Jn 20, 27). Y Tomás no tuvo más remedio que decirle a Jesús: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28).

La cosa, al menos en principio, está clara: la fe entra, no sólo por lo que oímos, sino además por lo que vemos y palpamos. Pero aquí es donde está el problema. Porque, en realidad, ¿qué es lo que vio y lo que palpó Tomás? Vio y palpó llagas de dolor y muerte. Y entonces creyó. Pero el mismo Jesús añadió: “¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29).

El Evangelio se refiere obviamente a quienes vieron a Jesús resucitado. Pero, ¿y los que no lo vemos, ni podemos verlo? Insisto en que Tomas vio a Jesús. Pero no solo eso. Lo que Tomás dijo es que quería ver las llagas de los clavos y la herida del costado de Jesús. Entonces fue cuando Tomás creyó. No simplemente cuando vio a Jesús, sino cuando palpó sus llagas de sufrimiento y muerte.

Yo me pregunto por qué ahora hay tanta gente a la que no le interesa para nada el asunto de la fe. ¿Porque no vemos a Jesús? Por supuesto, a Jesús no podemos verlo. Pero, ¿y sus llagas de sufrimiento y muerte? ¿dónde las vemos? ¿en quiénes se palpan? Ahí están: en la vergüenza de los que se dejan la vida en las pateras, en las alambradas (con sus concertinas) que les hemos puesto a quienes vienen huyendo de la muerte, en los que se mueren en las hambrunas de África y en las guerras interminables del coltán. Porque nosotros, los “¡creyentes en Cristo!”, los cristianos de los países desarrollados, no soportamos las llagas de los clavos de la muerte de Jesús.

¿Y la Iglesia, que no se cansa de predicar la importancia de la fe? Los “hombres de Iglesia” se preocupan mucho por los que llevan en sus carnes las llagas de Cristo. Pero es que la Iglesia no sólo se preocupa por los que llevan las llagas. Además de eso, necesita mucho dinero para conservar sus templos, sus seminarios, sus palacios y sus curias, para mantener intacta su liturgia y su moral. Y si no, que se lo pregunten al papa Francisco. Este hombre se preocupa tanto por los desgraciados de las llagas, que más que un papa, parece – a veces – un “agitador social”. ¿Y nos vamos a quedar con los brazos cruzados ante semejante desvarío?

Es la pregunta que algunos se hacen. Yo – a lo mejor estoy equivocado – lo que me pregunto es si nos interesa de verdad creer en Jesús. O quizá lo que queremos, a toda costa, es que el solemne montaje religioso que tenemos siga como está. O incluso que, a ser posible, podamos recuperar la solemnidad de antaño.

Por eso, sólo me queda esta pregunta: ¿no nos estará ocurriendo que, en realidad, estamos más cerca de los sacerdotes del templo que de las llagas que tanto anhelaba tocar el apóstol Tomás?


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Comentarios
  • Comentario por José M. Catillo 24.04.17 | 13:09

    La teología de la fe, que expone Milton, es la teología que elaboraron los escolásticos medievales, basada en algunos textos de san Pablo, no en todos. Pero, sobre todo, esa teología de la fe no tiene en cuenta la teología de la fe que presentan los evangelios, las cartas de Juan y Hebreos. La fe cristiana no es sólo un "asentimiento". Antes que eso, es un "comportamiento", una forma de vida, que lleva consigo el "seguimiento" de Jesús. Por desgracia, en los cursos y clases de Teología Dogmática, no se suele enseñar esto. Con lo que se mutila la fe en Jesús el Señor. Y se disocia la fe, como "acto intelectual", de la realidad íntegra de la fe, que no se puede, ni entender ni vivir, si no entraña una ética. Por eso, desgraciadamente, hay tanta gente con una fe ortodoxa, como asentimiento, pero pagana, como forma de vida. Hay "corruptos" y hasta "tiranos", que no ponen en duda ni una sola verdad de fe. ¡Qué desgracia!

  • Comentario por Antonio Manuel 24.04.17 | 10:59

    Lo dice Consuelo Vélez, ¡y ya está!. Pues a mi no me vale eso de que "no volvió a esta Tierra"; ¿Necesita Dios "viajar" para estar en la Tierra?. Jesús dice que seremos espíritus "...como ángeles..." (Lc 20,027-38). Los ángeles toman apariencia humana, numerosos ejemplos hay en la Biblia y en los Evangelios. Por tanto yo creo que Jesús se presentó "visible" a la mente y sentidos corporales de los Apósteles.

  • Comentario por Rawandi 24.04.17 | 01:33

    No se queden en tradicionalismos estériles. Según la teóloga católica Consuelo Vélez, Jesús "no volvió a esta tierra": "sus amigos experimentaron, después de su muerte, que El continuaba “vivo” entre ellos, no a la manera de volver a esta tierra (lo cual sería reencarnación) sino sintiendo la fuerza de su Espíritu en ellos para seguir actuando de la misma manera como Jesús actúo. (...) Hoy debemos leer los textos de la resurrección, por ejemplo, no para preguntarnos si sería posible que Jesús atravesará las paredes o que comiera con los suyos, eso es género literario, sino para entender esos recursos narrativos en que fueron escritos, (...) y preguntarnos sí realmente Jesús está presente en todas nuestras acciones".
    http://blogs.periodistadigital.com/fe-y-vida.php/2017/04/23/inos-estan-cambiando-la-fe-

  • Comentario por Antonio Manuel 23.04.17 | 19:47

    Los católicos no le caemos bien. Se nota. Bueno, el Papa Francisco sí que le cae bien, en esto coincidimos.

  • Comentario por Milton 23.04.17 | 17:34

    Las verdades de fe exceden la razón humana; no caen, pues, dentro de la contemplación del hombre, si Dios
    no las revela. A unos, como a los apóstoles y a los profetas, les son reveladas por Dios inmediatamente, y a otros les son propuestas por Dios mediante los predicadores de la fe por Él enviados.

    Los milagros y la predicación exterior son causas exteriores inductivas de la fe, que concurren a creer, son causas insuficientes. Se necesita una causa interior suficiente, que pueda elevar al hombre sobre su naturaleza, dada la trascendencia del objeto al que se refiere la fe. Esta causa interior no puede ser, por ello, ninguna de las facultades humanas. Es un principio interior sobrenatural, la gracia divina, infundida por Dios individualmente para que se dé el asentimiento de la fe.

  • Comentario por Milton 23.04.17 | 17:31

    «Creer es pensar con asentimiento»[1]. Esta definición de San Agustín fue asumida por Santo Tomás, al afirmar que la fe sobrenatural como acto, que brota de la correspondiente virtud teologal, cualidad permanente o hábito sobrenatural, es una acción del entendimiento.
    En este sentido de la fe como acto de la virtud, se puede decir que: «Creer es un acto del entendimiento, que asiente a una verdad divina por el imperio de la voluntad movida por Dios»

  • Comentario por Milton 23.04.17 | 17:29

    la fe no se funda en la visión, sino en el testimonio ajeno. Sin embargo, por una parte, la fe sobrenatural da una mayor certeza que cualquier certeza natural. La certeza de la fe sobrenatural es la mayor y es absoluta. La certeza natural se funda en la capacidad natural del entendimiento para ver, algo creado y finito. En cambio, la certeza de la fe sobrenatural se funda en la Verdad de Dios.

Jueves, 23 de noviembre

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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