Teología sin censura

Recuerdo de Alberto Iniesta

30.03.17 | 19:49. Archivado en Obispos

Recordamos aquí a Alberto Iniesta. Y la Iglesia que él quiso y que nosotros necesitamos. Pero este recuerdo será acertado, si tenemos presente que recordamos a Alberto y su gestión como obispo de Vallecas cuando estamos viviendo una “crisis” y una “estafa”. Y hacemos este recuerdo cuando nos damos cuenta de que la crisis va disminuyendo, pero la estafa no disminuye. Además, lo peor del caso es que no pocos de nuestros obispos dan la impresión de que o no se enteran de la estafa que estamos soportando; o (lo que sería más grave) se enteran, pero, más allá de algunas exhortaciones superficiales y genéricas, con las que algunos prelados despachan un asunto de tanta gravedad, las preocupaciones apostólicas de tales pastores – al menos por lo que dicen - parece que se centran en los temas en los que ponen mayor énfasis: el sexo, la identidad de género, la homofobia, el poder y los privilegios de la Iglesia, aunque estas cosas no se digan nunca así, tal como son y tal como suenan.

1. Alberto Iniesta

Alberto Iniesta ha sido, sin duda ni exageración, uno de los hombres más ejemplares que hemos tenido en España, en nuestra reciente historia del siglo XX. Su proyecto de la Asamblea de Vallecas, en marzo de 1975, cuando estaba agonizando la dictadura franquista en nuestro país, fue una intuición que se adelantó a los sueños de democracia, que, con dudas e indecisiones, los políticos y los clérigos de aquellos años gestionaron, en la transición que desembocó en la Constitución del 78.

Dicho en pocas palabras, la Asamblea de Vallecas fue, no sólo un “proyecto de Iglesia”. Además de eso, fue un “proyecto de sociedad”. Una sociedad en la que el pueblo toma la palabra. Y toma, sobre todo, la capacidad de decidir. Para resolver los problemas más graves que nos afectan a todos los ciudadanos. Sobre todo, los problemas que nos impiden ser ciudadanos libres, que viven en una sociedad igualitaria y justa.

Conocí a Alberto Iniesta en abril de 1971. En aquel abril, antes de la “Asamblea Conjunta Obispos-Sacerdotes”, se celebró en Ginebra un Encuentro de los Consejos Presbiterales de Europa, en el que participaron más de doscientos sacerdotes. La representación española, presidida por el entonces obispo de Málaga, Angel Suquía, estaba compuesta por un grupo de sacerdotes, entre los que estábamos Alberto Iniesta y yo. Y precisamente a Iniesta y a mí se nos encargó hacer y presentar la ponencia sobre la Iglesia que estábamos necesitando. Un trabajo que tuvimos que hacer en pocos días. Fue entonces cuando quedé impresionado por la genialidad, la humanidad y la profunda espiritualidad de Alberto Iniesta. Un hombre que sólo quería el bien de la Iglesia, para bien de la sociedad.

Así las cosas, lo que más me impresionó, en mis muchas horas de convivencia y conversación con Alberto Iniesta, en Madrid, en Ginebra, en octubre de 1971 (en Roma), en el Sínodo Mundial de Obispos, cuyo tema fue el “sacerdocio” y “la justicia en el mundo”, lo que más me impresionó – repito – fue la convicción más firme, que tenía Alberto Iniesta: la Iglesia necesita, de forma apremiante, una reforma a fondo. No se trata de una “reforma doctrinal”, sino de una “reforma de vida”, en la “gestión del gobierno” y en la “participación del pueblo” en la toma de decisiones.

Como era de esperar – y de temer –, ni el sistema religioso del Vaticano, ni el sistema político de Franco, podían permitir el planteamiento pastoral, participativo y democrático de Iniesta. En consecuencia, sucedió lo que era de temer. A última hora, en vísperas de la Asamblea de Vallecas, de Roma vino la prohibición de darle a la Iglesia aquel nuevo giro, que era el primer paso de una reforma y una renovación a fondo, no sólo de la Iglesia, sino igualmente de la sociedad 1.

Además, todo aquello se ejecutó de la forma más tajante y (yo añadiría que también) más cruel que se podía ejecutar. Alberto Iniesta fue llamado urgentemente a Roma. Y – por lo que después se pudo saber -, a Iniesta, no sólo se le prohibió, de forma terminante, la celebración de la Asamblea, sino que además el bueno de Alberto fue (y se sintió) ofendido y humillado por el Cardenal Prefecto de la Congregación de Obispos. Ofendido y humillado hasta el extremo de verse hundido e incapacitado, durante años, en un monasterio cisterciense, a donde se retiró para superar su profunda depresión. Hasta que ya, en edad de jubilación, regresó a su diócesis de origen, Albacete, para terminar sus días en paz, estudio y oración.

(Introducción de la conferencia pronunciada en la Jornada sobre la memoria y legado de Alberto Iniesta, celebrada el pasado día 25 de marzo, en el colegio Ciudad de los Muchachos de Vallecas)


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Comentarios
  • Comentario por FJ 03.04.17 | 17:58

    Lo que me llama la atención, a priori, de la figura de este hombre, es que quiere hacer una Iglesia más abierta, más próxima y más fiel al mensaje de Jesús, pero sin dejar de lado la piedad, la oración y los dogmas. Otro ejemplo sería el Beato Monseñor Óscar Romero.

    Siempre me ha llamado la atención la aparente dicotomía entre los que dicen ser más fieles a Jesús y al mismo tiempo "desprecian" la Adoración Eucarística o devociones como el Rosario o minimizan dogmas Marianos... Nunca he entedido por qué la Iglesia no puede ser más inclusiva, más acogedora, más humana sin dejar de ser divina, religiosa y piadosa. Hombres como Alberto Iniesta parecen confirmarme que sí se puede. Al menos es lo que yo intento aplicar en mi vida, con la ayuda de Dios.

    Por eso quiero saber más sobre él para confirmar si mi opinión es fundada o no.

  • Comentario por FJ 03.04.17 | 17:51

    ¿Hay algún video sobre la conferencia?

    Si no, ¿puede recomendar alguien algún libro o referencia bibliográfica para conocer más detalles sobre la vida e ideas de este Obispo?

    ¡Muchas gracias!

  • Comentario por Rosa Arauzo Quintero 01.04.17 | 20:24

    Ya lo he completado con faceboook

  • Comentario por Francisca 01.04.17 | 00:41

    Es una pena que la Iglesia pierda gente como Alberto Iniesta y José M. del Castillo.
    Yo me siento huérfana con esta Iglesia, pero me siento más cerca de Jesucristo con personas como ellos.
    Son unos valientes con las ideas claras...

  • Comentario por Antonio Manuel 31.03.17 | 21:38

    La realidad la veo desde el mismo lugar que la ve usted. Desde un país, que forma parte de otro grupo de países, en democracia; con un nivel de bienestar más que aceptable -educación, sanidad, prestaciones sociales-. Lo que creo que sucede es que usted utiliza el "embudo" por distinto lugar al mío.
    Dicho esto, también yo exijo, como se exige en democracia, el acierto en las soluciones para resolver, de manera duradera, la todavía gran precariedad en el empleo, precariedad que es origen de otras muchas desigualdades.

  • Comentario por Jose M. Castillo 31.03.17 | 12:24

    Respondo a Antonio Manuel:
    Me refiero a la "estafa" que sufren tantos millones de mujeres que hacen el mismo trabajo que los hombres y ganan el 20 % menos. La "estafa" de millones de trabajadores que ganan jornales de miseria o que tienen que trabajar más horas que las que cobran. La "estafa" de los incontables "corruptos" que se han apropiado de dinero que no era suyo y el Derecho Penal, pensado para castigar a los "robagallinas", permite que haya tantas personas sin escrúpulos fiscales y que se llevan el dinero a paraísos fiscales. En España, en los años de la crisis, se ha hecho más enorme la brecha de la desigualdad, amparada por la impunidad del 1 % de los españoles, que acumulan tanta riqueza como el 50 % de los más pobres. ¿"Desde dónde" ve Vd la realidad de lo que estamos viviendo y sufriendo? El "desde dónde" se ve la realidad, determina "cómo" se ve la realidad.

  • Comentario por Antonio Manuel 31.03.17 | 11:28

    ¿Cuál es la "estafa"?. Tano si habla de políica como si lo hace de religión, concrete el "delito", para que lo podamos entender.

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