Teología sin censura

Teología de la desigualdad

24.02.17 | 15:06. Archivado en Teología

Una teología de la desigualdad, nunca definida pero claramente aplicada, se encuentra bien formulada en el vigente Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica. En el Código, como sabemos, las mujeres no son iguales en derechos a los hombres. Ni los laicos son iguales a los clérigos. Ni los presbíteros tienen los mismos derechos que los obispos. Ni los obispos se igualan con los cardenales. Y conste que no hablo de los poderes inherentes al gobernante, sino de los derechos que son propios de las personas. Ya sé que todo esto necesitaría una serie de precisiones jurídicas y teológicas, que aquí no tengo espacio para explicar. Para lo que en esta reflexión quiero indicar, valga lo dicho como mera introducción a la teología de la desigualdad en la Iglesia.

Como punto de partida, no olvidemos que la religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implican dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles (W, Burkert). Superiores que se hacen visibles en jerarquías que hacen cumplir los rituales de sumisión, según las diversas religiones y sus estructuras correspondientes. En el caso de la Iglesia, durante los tres primeros siglos, las originales comunidades evangélicas fueron derivando hacia un “sistema de dominación”, con las consiguientes desigualdades, que todo sistema de dominación produce, y que quedó establecido en la Antigüedad Tardía (J. Fernández Ubiña, ed.).

Este sistema, como es bien sabido, alcanzó la cumbre de su fortaleza en su expresión máxima, la “potestad plena” (ss. XI al XIII). Un poder que se ejercía conforme a la normativa del Derecho romano (Peter G. Stein), que no reconoció la igualdad “en dignidad y derechos” de mujeres, esclavos y extranjeros.

Como es lógico, este sistema, no ya basado en las “diferencias”, sino en las “desigualdades”, sufrió el golpe más duro, que podía soportar, en las ideas y las leyes que produjo la Ilustración, concretamente en la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, que aprobó la Asamblea Francesa, en 1789. Un documento que fue denunciado y rechazado por el papa Pío VI. Lo que fue el punto de partida del duro enfrentamiento entre la Iglesia y la cultura de la Modernidad. Un enfrentamiento que se prolongó durante más de siglo y medio, hasta después de la segunda guerra mundial.

Naturalmente, esta legislación y esta forma de entender la presencia de la Iglesia en la sociedad se tenía que justificar desde una determinada teología. La teología de la desigualdad, que el papa León XIII recogió de una tradición de siglos, para rechazar las enseñanzas de los socialistas, que, a juicio de aquel papa “no dejan de enseñar… que todos los hombres son entre sí iguales por naturaleza” (Enc. Quod Apostolici. ASS XI, 1878, 372). Cuando en realidad, para León XIII, “La desigualdad, en derechos y poderes, dimana del mismo Autor de la naturaleza”. Y tiene que ser así, “para que la razón de ser de la obediencia resulte fácil, firme y lo más noble” (ASS XI, 372).

Así, el papado de aquellos tiempos pretendió aplicar a la sociedad civil el principio determinante del sistema eclesiástico, que quedó formulado por el papa Pío X, en 1906: “En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y, dócilmente, el de seguir a sus pastores” (Enc. Vehementer Nos, II-II. ASS 39 (1906) 8-9). La teología de la desigualdad quedó bien formulada, como una teoría y una práctica que, con otras palabras, ya había sido formulada desde Gregorio VII (s. XI) y afianzada por Inocencio III (ss. XII-XIII).

Uno de los componentes determinantes de la cultura es la religión. Por eso, una cultura como es el caso de lo que ha ocurrido en Occidente durante tantos siglos, la teología de la desigualdad ha marcado la mentalidad, el Derecho, la política, las costumbres y las convicciones, de la cultura occidental, mucho más de lo que seguramente imaginamos.

El contraste con esta teología está en el Evangelio. Jesús quiso, a toda costa, la igualdad en dignidad y derechos de todos los seres humanos. Por eso se puso de parte de los más débiles, de los más despreciados, de los más desamparados. Esto supuesto, yo me pregunto por qué hay tanta gente de la religión – o muy religiosa – que no disimula su rechazo y hasta su enfrentamiento con el papa Francisco. Más aún, yo me pregunto también si el profundo malestar, y hasta la indignación, que se está viviendo ahora mismo en España, no tendrá algo (o mucho) que ver con la teología de la desigualdad y sus defensores, los clérigos de alto rango. Es más, yo me atrevo a preguntar si España está prepara, en este momento, para aguantar un cambio tan radical, en nuestras leyes, jueces y fiscales, que no fueran los “robagallinas”, sino los más altos dirigentes de la política y de la economía los que se echaran a temblar.

¿Es o no es importante la teología de la desigualdad? En todo caso, yo no tengo soluciones. Ni esa es mi tarea en la vida. Me limito a plantear preguntas, que nos obliguen a todos a pensar.


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por Pignatelli 03.03.17 | 19:03

    Opino como algún otro: la igualdad es sólo un mito de la ideología liberal que sabiamente supieron condenar los papas. Es una excusa para convertir al pueblo en masa, y hacerlo así más permeable a cualquier tipo de ideología.

    Las instuciones más desiguales, como la familia, son precisamente las que mejor pueden ayudar a estructurar a la persona y ser defensa contra manipulaciones.

    No veo en absoluto que Jesús defendiera el igualitarismo. Que se preocupara de los más débiles, sí. Pero en modo alguno veo legítimo leer esta actitud suya desde el liberalismo moderno: es un puro anacronismo. Más bien vemos a un Jesús que no se considera igual que sus discípulos (no es el discípulo mayor que el maestro), que se admira de que en centurión le reconozca sobre las cosas el poder que él tiene sobre personas, que llama hijos a los judíos y perros a los gentiles, o que acepta que viene de lo alto el poder de Pilato...

  • Comentario por Marinna 01.03.17 | 22:03

    Me gustan las preguntas que plantea usted para que pensemos todos. Aunque no estaría de más que nos dijera que piensa sobre ello... Seguro que lo tiene muy claro y nos aportaría un conocimiento y experiencia interesante.
    Si los cristianos todos somos iguales en Cristo Jesus, no hay rangos, todos somos servidores de Dios y del prójimo. No hay diferencias entre hombres y mujeres como seguidores del evangelio.
    Sin embargo... El sacerdocio según los judíos lo ejercían los levitas, está bien que lo ejerzan hombres, pero si no hay vocaciones masculinas tendran que ministrar las mujeres en lo que no se contradiga lo establecido por Dios.
    En cuanto responsabilidades y formación tiene que haber líderes capacitados, serán iguales en dignidad y respeto pero cada cual según su inteligencia y singularidad. Somos diferentes unos de otros, aunque tengamos los mismos derechos, el servicio, la responsabilidad, las posibilidades no son iguales.

  • Comentario por marcelo 26.02.17 | 23:42

    Y si, el Evangelio es nuestra guia, jesus nos hermana si cumplimos su palabra. El poder ya sabemos de donde viene. Recuerdo el pasaje de lucas 17,7. Algunos les gusta otro rol. Bendiciones

  • Comentario por Barón dandy 25.02.17 | 17:22

    Resulta sorprendente que en la época de mayor desigualdad de la historia aún se siga proponiendo la Revolución francesa, que fue un baño de sangre, como un modelo edificante a seguir. Los hombres tienen que ser libres, la igualdad es una mentira de la socialdemocracia.

  • Comentario por Antonio Manuel 25.02.17 | 11:21

    Carmen
    No hay un dios de Jesús ni un dios de Pablo, solo un Dios, el mismo Dios. Otra cosa son algunas valoraciones humanas sobre las enseñanzas de Pablo. El Apostol Pablo fue escogido por Jesús, Dios. ¿Puede tener más crédito una valoración individual, que toda una tradición de siglos?
    Acepto que la Iglesia, en su parte humana, pueda cometer errores o padecer egoismos de miembros de sus jerarquías. La Iglesia se corrige por las propuestas de muchos (sínodos , concilios,...), sabiendo que Jesús está en medio de ellos, Él así nos lo dijo.

  • Comentario por carmen 25.02.17 | 02:24

    Gracias, Pepe. Porque siempre que escribes haces pensar. Me alegro de tu salud y lucidez. Te sigo en los artículos del Blog. El tema que abordas hoy me ha resultado duro, pero es bueno conocer las causas, el proceso seguido y las consecuencias hasta hoy. Y años y años llevamos alzando la vos por la igualdad de todos!!! En el fondo una vez más está latiendo la gran pregunta: ¿Por qué nos hemos alejado tanto del mensaje original del Evangelio? ¿Por qué se olvida a ese Jesús al que sólo le interesó sanar, dar de comer, acoger...? Un apunte de respuesta puede que esté en aquél artículo tuyo sobre el Dios de Jesús y el dios de Pablo; me hizo comprender muchas cosas. Gracias y un abrazo

  • Comentario por Milton 25.02.17 | 01:28

    Tengan además siempre presente que nunca se conseguirá hacer desaparecer del mundo las miserias, los dolores y las tribulaciones, a los que están sujetos también los que exteriormente aparecen como más afortunados. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 45,19 de marzo de 1937)

  • Comentario por Milton 25.02.17 | 00:47

    Porque a los POBRES SIEMPRE los tendréis con vosotros, pero a mí NO SIEMPRE me tendréis. Mt 26,11

  • Comentario por Milton 25.02.17 | 00:44

    Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo que es necesario para el desarrollo de su vida corporal
    y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres por lo que se refiere
    a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que
    cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas (Gaudium et spes 29).
    Los “talentos” no están distribuidos por igual (cf. Mt 25, 14-30, Lc 19, 11-27).
    Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que
    necesita, y que quienes disponen de “talentos” particulares comuniquen sus beneficios a los que los
    necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la
    benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras. (Catecismo de
    la Iglesia Católica, n. 1936-1937)

Jueves, 29 de junio

BUSCAR

Editado por

  • José Mª Castillo José Mª Castillo

Síguenos

Hemeroteca

Junio 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930