Teología sin censura

El futuro de la Iglesia

28.01.17 | 09:23. Archivado en Iglesia católica

Tal como se han puesto las cosas, en el momento que vivimos, el futuro de la Iglesia da que pensar. Porque produce la impresión de que la Iglesia, tal como está organizada y tal como funciona, tiene cada día menos presencia en la sociedad, menos influjo en la vida de la gente y, por tanto, un futuro bastante problemático y demasiado incierto.

Cada día hay menos sacerdotes, cada semana nos enteramos de conventos que se cierran para convertirlos en hoteles, residencias o monumentos medio arruinados. El descenso creciente en las prácticas sacramentales es alarmante. Más de la mitad de las parroquias católicas de todo el mundo no tienen párroco o lo tienen nominalmente, pero no de hecho.

Hace pocos días, el papa Francisco decía en una entrevista: “El clericalismo es el peor mal de la Iglesia, que el pastor se vuelva un funcionario”. Y es verdad que hay curas, que se metieron en un seminario o se fueron a un convento, porque no querían pasarse la vida siendo unos “nadies” que no pintan nada en la vida. Esto sucede así, más de lo que imaginamos.

Pero, aunque se trate de personas generosas y decentes, ¿cómo no van a terminar siendo meros “funcionarios” unos individuos, que, para cumplir con sus obligaciones, tienen que ir de un lado para otro, siempre de prisa, sin poder atender sosegadamente a nadie? Y conste que me limito a recordar sólo esta causa de que en la Iglesia haya tantos “clérigos funcionarios”. No quiero ahondar en la raíz profunda del problema, que no es otra que la cantidad de individuos que se hacen curas porque, en el fondo, lo que quieren es tener un nivel de vida, una dignidad o una categoría, que no se corresponden ni con el proyecto de vida que nos presenta el Evangelio, ni con lo que de ellos espera y necesita la Iglesia.

Además – y esto es lo más importante -, ¿es la Iglesia una mera empresa de “servicios religiosos”? ¿cómo puede ser eso la Iglesia, si es que pretende mantener vivo el recuerdo de Jesús de Nazaret, que fue asesinado por los hombres del sacerdocio y del templo, los más estrictos representantes de los “servicios religiosos”?

Ya sé que estas preguntas nos enfrentan a un problema, que la teología cristiana no tiene resuelto. Pero hay cosas, que la Iglesia tuvo muy claras, en tiempos ya lejanos, y que hoy nos vendría muy bien recuperar. Me refiero en concreto a dos asuntos capitales: la “vocación” al ministerio pastoral y la “perpetuidad” de dicho ministerio.

La vocación. Se entiende por “vocación” un “llamamiento”, una llamada. Por eso decimos que se va al seminario o entra en el noviciado el que se siente “llamado” para eso. Pero llamado, ¿por quién? Desde hace siglos, se viene diciendo que el obispo “ordena de sacerdote” al que es “llamado por Dios”. Pero es claro que a cualquiera se le ocurre preguntarse: ¿y por qué será que ahora a Dios se le ocurre llamar a menos gente precisamente en los países más necesitados de buenos párrocos, teólogos, etc? No. Eso de que la vocación es la llamada de Dios, eso no hay quien se lo crea en estos tiempos. ¿Entonces…?

El mejor historiador de la teología de la Iglesia, Y. Congar, publicó en 1966 un memorable estudio (“Rev.Sc.Phil. ey Théol. 50, 169-197) documentado hasta el último detalle, en el que quedó demostrado que la Iglesia, desde sus orígenes hasta el s. XIII, no ordenaba (de sacerdote o de obispo) al que quería ser ordenado y alcanzar la dignidad que eso lleva consigo, sino al que no quería. La vocación no se veía como un llamamiento de Dios, sino de la comunidad cristiana, que era la que elegía y designaba al que la asamblea consideraba como el más capacitado para el cargo. Es lo que se venía haciendo en las primeras “iglesias” ya desde la misión de Pablo y Bernabé, que elegían “votando a mano alzada” (“cheirotonésantes”) (Hech 14, 23) a los ministros de cada comunidad.

¿No ha llegado todavía la hora de ir modificando la actual legislación canónica, para recuperar las sorprendentes intuiciones organizativas que vivió la Iglesia en sus orígenes?

La perpetuidad. Desde la tardía Edad Media, se viene repitiendo en teología que el sacramento del orden “imprime carácter”, un “signo espiritual e indeleble”, que marca al sujeto para siempre (Trendo, ses. VII, can. 9. DH 1609). El concilio no pretendió, en este caso, definir una “doctrina o dogma de fe”. Porque el tema del “carácter” fue introducido en teología por los escolásticos del s. XII. Y, en definitiva, lo único que se veía como seguro es que hay tres sacramentos, bautismo, confirmación y orden, que solo se pueden administrar una vez en la vida, es decir, son irrepetibles, como indica el citado canon de Trento.

Lo importante aquí está en saber que, durante el primer milenio, la Iglesia enseñó y practicó de manera insistente lo que repitieron y exigieron los concilios y sínodos de toda Europa. A saber: los clérigos, incluidos los obispos, que cometían determinadas faltas o escándalos (que detallaban los concilios), eran expulsados del clero, se les privaba del ministerio, perdían los poderes que les había conferido la ordenación sacerdotal y, en consecuencia, quedaban reducidos a la condición de laicos.

Este criterio se repitió tantas veces, durante más de diez siglos, que la Iglesia se comportaba, en aquellos tiempos, como cualquier otra institución que se propone ser ejemplar. Los responsables, que no son ejemplares, no son trasladados a otra ciudad o se les encierra en un convento. Se les pone de patas en la calle. Y que se busquen la vida, como cualquier otro funcionario, que no cumple con sus obligaciones.

Si la Iglesia quiere en serio acabar con los clérigos funcionarios y con los clérigos escandalosos no puede depender de los jueces y tribunales civiles. Tiene que ser la misma Iglesia la que les quite la llamada “dignidad sacerdotal” a los “trepas”, a los “vividores”, a los “aprovechados”, que se sirven de la fe en Dios, del recuerdo de Jesús y su Evangelio, para disfrutar de un respeto o de una dignidad que, en realidad, ni tienen, ni merecen.


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Comentarios
  • Comentario por como fazer suco 18.08.17 | 03:23

    Essa é a almofada que fiz usando os mesmos passos, como é listrada não coloquei
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  • Comentario por como vender servios 15.07.17 | 11:09

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  • Comentario por Fnny Josefina Olivera Palacios 11.04.17 | 00:14

    Lo pse mas arriba

  • Comentario por marcelo 04.03.17 | 02:09

    Muy buen articulo, leyendo los evangelios deduzco lo que se demuestra en el articulo, ahora buscare la historia de Y. Congar, si usted la recomienda. Bendiciones

  • Comentario por Nani 23.02.17 | 18:20

    Hace cuarenta años ya le escuché una conferencia sobre esto.
    Mi opinión es que el párroco tendría que cuidar vivir y predicar el evangelio como hacían Cristo y sus apóstoles. Había comunidades pequeñas que compartían la fe y se reunían todas cuando convenía.
    El párroco debería rodearse de personas en quien delegar actividades parroquiales.
    Organizarse todos para que se relacionarán entre si los creyentes. Esto no pasa en muchas parroquias
    Se que funciona porque durante años lo viví en comunidades y grupos parroquiales hasta que me mude de ciudad y ahora no tengo lo mismo.
    Hay católicos que cuando surge en una reunión el tema Iglesia dicen que de política, religión y dinero no hay que hablar, que cada uno con lo suyo.
    En fin, es largo de exponer, hay soluciones pero los eclesiásticos no las apoyan y los feligreses se cansan y tragan


  • Comentario por Clarice 15.02.17 | 09:14

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  • Comentario por adrian guerra 10.02.17 | 19:33

    Se me hace un muy buen articulo, es momento de una revolucion un despertar en la iglesia para hacer azequible la experiencia de Dios y salir de la zona de confort que hemos caido

  • Comentario por Giampiero Rosati 03.02.17 | 20:55

    Yo creo que situaciones escandalosa siempre han occurrido en la iglesia y siempre in una u otra forma se occultaron y desaparecieron. Ahora con la tecnologia todo se sabe al momento e en toda parte del mundo. Con la crisi spiritual que sufrimos, falta de ideales materialismo corsa ciega hacia el placer necessitamos mas que nunca la guia de la iglesia. Es irresponsable y vergonzoso que la encontramos presente en toda actividades social y politica como entidad entachable de justicia y moral. Ser parte de la iglesia deberi a ser por vocacion Es una mission ,sea un umilde cura o una eminencia no se escoje como trabajo. Es un crimen occultar delictos como pedofilia , corrupcion, practica gay etc. Es mejor una iglesia mas umilde y compuesta de meno ministros pero con grande fe y entrega del mensaje de Jesus que una industrial multinational que se preocupa in mayor parte del poder. Por lo meno lo que yo necessito.

  • Comentario por Milton 03.02.17 | 02:08

    La iglesia actualmente no busca vocaciones sino dinero

  • Comentario por Juan Mari 01.02.17 | 09:07

    Hombre, pero con acciones como la de su compañera de blog en la tele, seguro que remonta el número de fieles. Hay que tener esperanza.

  • Comentario por Carlos Antunes 31.01.17 | 15:35

    El problema es cuando el clericalismo está tan internalizado, que expresiones como "reducidos a la condición de laicos" no sonan ni un poco problemáticas. ¿Por qué "reducido"? ¿Un laico es solamente alguien "privado" del ministerio presbiteral y desprovido de los "poderes" conferidos por la ordenación sacerdotal? ¿Ser laico es simplemente e solamente una falta y una bajeza? El lenguaje nos denuncia...

  • Comentario por María 29.01.17 | 14:54

    Estamos hablando de sacerdotes sin verdadera vocación, que quieren ser "alguien" desde la Iglesia, que se están sirviendo así mismos. Existen y son muchos, que ponen todos sus esfuerzos en obtener reconocimiento y "subir puestos". El daño que están haciendo a las almas es inmenso, la iglesia tal y como está organizada no hace absolutamente nada para cambiar esto, sino al contrario lo perpetúa. Tendremos que ser los fieles, que nos ha afectado que hemos sido testigos, los que hablemos, aunque se nos invite a callar. No callaremos, hablaremos.
    http://noalmachismoenlaiglesia.blogspot.com.es/2017/01/hablar-sana.html

  • Comentario por Prudencio 29.01.17 | 10:36

    "la cantidad de individuos que se hacen curas porque, en el fondo, lo que quieren es tener un nivel de vida, una dignidad o una categoría..."

    Pero, ¿de qué siglo o de qué país habla este señor?

  • Comentario por Antonio Manuel 28.01.17 | 19:09

    Marcos 9, 38-40 "...pues el que no está contra nosotros, está a nuestro favor." Los apóstoles eran celosos de su estatus y veían intrusismo.
    El los tiempos actuales, los cristianos necesitamos "pastores" que aviven en nuestro corazón la alegría de ser hijo de Dios y seguidor de Jesús. Cada época tuvo su inteligencia humana que recibió, dentro de sus límites, el mensaje de Jesús. Hoy, después de los avances sociológicos de las dos últimas centurias, las estructuras eclesiales tienen que evolucionar para acercar el mensaje eterno de Jesús a esta "nueva inteligencia" de este tiempo que nos toca vivir.
    También es verdad que a toda evolución hay que darle tiempo. Comencemos por buscar la unión de los cristianos en la seguridad de que habrá, por el Evangelio, una renovada vida espiritual.

  • Comentario por Angel 28.01.17 | 12:45

    MAS CLARO IMPOSIBLE!!! Muy buen artículo. Importante destacar los problemas en la formación de estos ministerios, donde la misma no se ha actualizado a los tiempos modernos y carece en su mayoría de formación humana, entre muchas otras cosas.

Sábado, 19 de agosto

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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