Teología sin censura

El preocupante silencio de los obispos

23.11.16 | 16:52. Archivado en Sin censura, Problemas actuales, Obispos, Iglesia española

Es un hecho que hay asuntos importantes, que afectan a la vida nacional o a grandes sectores de la población, en los que los obispos no se callan. Baste pensar en asuntos que afectan a la moral pública, como puede ser el tema del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o los privilegios legales y fiscales que afectan a la Iglesia. Y no hay que insistir en el empeño responsable de nuestros Prelados por difundir la religiosidad y las creencias cristianas, cosas que tanto bien hacen a no pocos sectores de la sociedad. Sabemos de sobra que, en estos casos (y otros que se podrían señalar), hay obispos –o incluso la Conferencia Episcopal en pleno– que se pronuncian con decisión y, en algunos casos, con una energía que llama la atención.

Por supuesto, los obispos –como los demás ciudadanos– tienen perfecto derecho a manifestar en público sus ideas, sus convicciones y, en general, aquellas cosas con las que están o no están de acuerdo. Lo que resulta aún más comprensible, si tenemos en cuenta que los obispos, como dirigentes y además responsables en el gobierno de la Iglesia Católica, tienen por eso mismo el derecho y el deber de orientar a la sociedad en aquellas cuestiones que, desde las creencias cristianas, inciden en la vida de los individuos y de la sociedad en asuntos muy determinantes para la ciudadanía, como tales ciudadanos y, además, como personas que tienen el derecho y el deber de cumplir con sus obligaciones religiosas.

Pero ocurre que, en la situación tan amplia y tan problemática, que acabo de plantear, tienen una importancia decisiva, no sólo las cosas que se dicen, sino también las que no se dicen. Como bien sabemos, a veces sucede que un silencio resulta más elocuente que mil palabras. En este sentido –y desde este punto de vista– hablo aquí del preocupante silencio de los obispos.

No me refiero, ni puedo referirme, a todos los obispos. El episcopado español es lo bastante numeroso como para que en él haya hombres de las más diversas mentalidades y formas de vida, dentro de lo que permite la condición de “obispo de la Iglesia Católica”. Como también es verdad que, a veces, los medios de comunicación conceden más o menos importancia a una determinada noticia según la mentalidad o las conveniencias de quien difunde los hechos y las ideas ante la opinión pública.

Todo esto es así. Pero precisamente porque es así, por eso mismo resulta tan preocupante el hecho de que los obispos españoles no se pronuncien, como tendrían que hacerlo, en asuntos muy graves, que afectan a grandes sectores de la población, y en los que una palabra autorizada, como lo sigue siendo (para esos asuntos) la palabra del episcopado o el pronunciamiento de un determinado obispo en ciertos casos.

Basta poner algunos ejemplos, para hacerse una idea más concreta de la gravedad del asunto. Ahora mismo están en juego, en España, problemas tan graves como el futuro de las pensiones de ancianos, viudas y huérfanos. ¿Y no tienen nada que decir nuestros obispos, al menos en las rayas rojas de mínimos que los legisladores nunca deberían traspasar?

¿Tampoco tienen nada que decir cuando se trata de gestionar la economía de manera que la consecuencia es que cada año la distancia entre los más ricos y los más pobres resulta más asombrosa? ¿Ni se les ocurre nada para quejarse –al menos “quejarse”– de la cantidad de familias que tienen que vivir de la limosna, buscar algo de comida en los contenedores de basura o sencillamente acostarse sin cenar?

¿Ni existe un pronunciamiento religioso a favor de los refugiados que aquí no encuentran refugio, ni de los jóvenes que aquí no encuentran trabajo, ni futuro, ni esperanza de una vida digna? Por no hablar de la cantidad de años que los jerarcas de la Iglesia se han callado los abusos que no pocos clérigos han cometido contra menores. Y en esto –también hay que decirlo– lo más doloroso es que la imposición del silencio venía de Roma (eran otros tiempos). Porque lo que más importaba no eran los derechos de las víctimas, sino la “respetabilidad” de los clérigos.

Y a estas alturas, no faltan obispos que ponen el grito en el cielo cuando alguien se pone a defender los derechos de personas homosexuales, feministas, transexuales…. ¿No se les cae la cara de vergüenza a los sedicentes “hombres de Dios”, cuando desde tales posturas nos quieren hablar precisamente de Dios? ¿De qué Dios nos están hablando? ¿Del Dios de los palacios episcopales, las vestimentas doradas, los títulos y las reverencias que pretenden promover entre la gente una “mentalidad sumisa” para que no haya “desorden” y todo siga tal como está?

No sigo. Con lo dicho, basta para ponerse a pensar a fondo en el problema que tenemos que afrontar quienes, a pesar de todo, queremos seguir creyendo en el Evangelio. He sufrido “de la Iglesia y por la Iglesia” más de lo que algunos se imaginan. Porque quiero a esta Iglesia, que, a pesar de todo, me ha conservado la “memoria peligrosa” del Evangelio. Y por eso – precisamente por eso – no me callo. El día que perdamos el miedo a la libertad, sin duda alguna, empezaremos a trazar un camino con menos sufrimiento y más esperanza.


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Comentarios
  • Comentario por Paco Montoro 09.12.16 | 14:31

    Sr. Castillo que excelente artículo. Siempre a su altura. Lastima que en la Iglesia Católica haya tanta soberbia e intereses egocéntrico. Jesús no puede verse identificado con los que dicen ser sus apóstoles. Ellos vivían prácticamente de la caridad. Usted sabe de esto mas que yo. En mi opinión, el obispado esbel sustituto al fariseísmo, exactamente lo mismo. Un fuerte abrazo.

  • Comentario por Alberto Guzmán 03.12.16 | 13:07

    Me gustaría ponerme en contacto con usted.

    El silencio de la mayoría de la jerarquía eclesiástica clama al cielo. En las misas la homilía se queda en un simple "Este texto nos enseña que debemos amarnos los unos a los otros y que Dios es misericordioso y bondadoso", y no se interpreta el Evangelio atendiendo al tiempo que nos está tocando vivir. O la Iglesia se renueva o quizá perezca.

    Dios lo bendiga por su profundidad crítica y por ser profeta. Un fuerte abrazo.

  • Comentario por Alberto Guzmán 03.12.16 | 13:02

    Muy apreciado D. José Mª Castillo Sánchez,

    Le estoy muy agradecido por su labor crítica y, aunque considero a Jesús un gran maestro, un gran sabio y no hijo de divinidad alguna, creo que los textos evangélicos leídos desde su perspectiva, aunque también quepa poner en duda la verosimilitud de esos textos, son un testimonio de conducta a seguir, el camino que nos conduciría a ser verdaderamente humanos. También los testimonios de otros sabios podrían ayudarnos a mejorar nuestra conducta respecto a nosotros mismos y con respecto al prójimo y también lejano. Pienso que debemos querernos mucho a nosotros mismos y que ese nivel de amor que nos tenemos debe ser el rasero mínimo de nuestro amor, respeto hacia nuestros hermanos.

    Quizá usted ya conozca la obra de D. Pepe Rodríguez, que entre muchos libros, ha escrito uno tillado 'Mentiras Fundamentales de la Iglesia Católica'. Me he atrevido a enviarle a dicho autor el enlace a su blog.

    Me gustaría pode...

  • Comentario por jj 29.11.16 | 01:55

    Efectivamente es preocupante. Deberían de pedir más capitalismo, que es el único sistema que trae riqueza a todas las capas de la sociedad. Más libre mercado frente a la tiranía del estatismo de izquierdas. Mientras sigan callando morirán inocentes ante el monstruo del socialismo. Todas las muertes, miseria y pobreza vienen de aquella mentalidad en la que se propugna destruir la sociedad libre en lo colectivo mediante estatismo, y en lo personal mediante la idea de que su prosperidad depende de pagas y no de su esfuerzo o de ofrecer a los demás lo que el prójimo reclama. Todas esas muertes caerán en su conciencia mientras no condenen toda idea de izquierdas, y mientras no pidan un real y libre mercado.

  • Comentario por Elessar 26.11.16 | 00:21

    No creo que este señor haya mentido en lo que ha dicho. Es bien sabido que la Iglesia siempre ha dicho a voces y EN LUGARES PUBLICOS, COMO ES LA PRENSA, todo lo referente al "sexto mandamiento", pero en lo demas es un poco tibia su voz.

  • Comentario por Antonio Manuel 24.11.16 | 17:36

    En este blog aparece periódicamente una diatriba contra los Obispos españoles. Antes eran todos, ahora ya se dice que algunos, aunque la Conferencia Episcopal nunca sale bien parada. La descalificación es global y el argumento es siempre el mismo: generalidades populistas; y en este planteamiento se incurre en manipulación de las conciencias para que identifiquen al "demonio" de sus males en las jerarquías de la Iglesia Católica. La revolución está servida para que el odio de la calle arremeta contra nuestras estructuras religiosas.
    La libertad no está reñida con la moderación ni con el argumento riguroso, pero la libertad no soporta el engaño y la manipulación.

  • Comentario por Manuel 24.11.16 | 15:39

    Cada uno llora por donde le duele: Castillo con miedo a perder la pensión. Y uno pensando que los progres no se afanaban por esas cosas...

  • Comentario por Francisco 24.11.16 | 14:07


    ¿Tiene usted, sr. Castillo, entre sus numerosos honores, cualidades, capacidades y destrezas, la de la omnipresencia para estar en todas partes al mismo tiempo y así saber qué opinan nuestros obispos, los de todas nuestras diócesis, y para saber, además, lo que hablan en sus homilías, o en sus reuniones con sus sacerdotes o con sus feligreses, o para saber lo que todos los obispos de España escriben en sus cartas pastorales o en los diferentes boletines informativos y documentos que sacan periódicamente? ¿Por qué no "limpia" usted su casa y lucha por SUS ideales y por SUS gentes, en lugar de afearles la cara a los demás? ¿Quién se ha creído usted que es para valorar, evaluar, juzgar lo que deberían hacer lo demás. Yo se lo digo, señor (engreído) Castillo, usted es de esos de "favores vendo que para mí no tengo".

Miércoles, 24 de octubre

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