Teología sin censura

Para tranquilidad de los cardenales inquietos con el tema de la indisolubilidad del matrimonio

15.11.16 | 17:56. Archivado en Teología, Moral, Iglesia católica

Se habla estos días de algunos cardenales que andan inquietos con la posible permisividad del Papa Francisco, cuando se trata de tolerar que las personas casadas, divorciadas, y vueltas a casar, puedan recibir la sagrada comunión. ¿Puede permitir eso el Papa?

Por si ayuda a esos cardenales, y a otras muchas personas, para tener más datos sobre este asunto, me ha parecido que puede ser útil recordar lo siguiente: La Iglesia, durante siglos, admitió el divorcio en determinados casos.

Por ejemplo, el Papa Gregorio II, en el año 726, respondió a una consulta, que le hizo el obispo San Bonifacio: ¿Qué debe hacer el marido cuya mujer haya enfermado y como consecuencia no puede darle el débito conyugal? Respuesta del Papa: “Sería bueno que todo siguiese igual y se diese (el marido) a la continencia. Pero como eso es de hombres grandes, el que no se pueda contener, que vuelva a casarse, pero no deje de ayudar económicamente a la que enfermó y no ha quedado excluida por culpa detestable” (PL 89, 525).

Vendrá bien tener presente que esta práctica estuvo en vigor durante siglos, ya que en el s. XI la vuelve a repetir el “Decreto de Graciano” (cf. J. Gaudemet, “El vínculo matrimonial: incertidumbre en la Alta Edad Media”, recogido por R. Metz – J. Schlick, “Matrimonio y Divorcio”, Salamanca, 1974, 102-103). Es importante, en este asunto, el estudio de M. Sotomayor, “Tradición de la Iglesia con respecto al divorcio- Notas históricas: Proyección 28 (1981) 55.

Además, que el divorcio era una práctica admitida en aquellos siglos, consta claramente por una respuesta del Papa Inocencio I a Probo (PL 20, 602-603). Y todavía, otro dato: en el s. VIII, se sabe con seguridad que el Derecho Eclesiástico Bizantino, tal como lo testifica León el Isáurico, indica una serie de casos (y circunstancias) en los que la Iglesia admitía sin dificultad la separación matrimonial de los esposos (Ennio Cortese, “Le Grandi Linee della Storia Giuridica Medievale”, Roma 2008, 173-175).

Es verdad que el Concilio de Trento, en la Ses. 24, can. 5, anatematiza a quien diga que “el vínculo del matrimonio puede disolverse” (DH 1805). Pero, cuando se habla de “anatemas”, en la doctrina de Trento, es capital tener en cuenta que eso no significa nada más que una decisión disciplinar. No se trata de una cuestión dogmática, como ya analizó minuciosamente y con toda la documentación pertinente el Prof. P. F. Fransen, coincidiendo con el estudio magistral de A. Lang (cf. MTZ 4 (1953) 133-146.

Y, sobre todo, se sabe que ningún documento doctrinal del Magisterio de la Iglesia ha definido, como “doctrina de Fe divina y católica”, la indisolubilidad del matrimonio cristiano. Por tanto, todo lo que se habla sobre este asunto pertenece al ámbito de lo disciplinar, no de lo dogmático.

Si la Iglesia, durante muchos siglos, admitió sin problemas que toquen a su fe la posibilidad de disolución del matrimonio, en casos justificados, corresponde a la potestad disciplinar del Papa decidir si las personas divorciadas, y vueltas a casar, pueden o no pueden comulgar. No hay razones, por tanto, para angustiarse por la decisión que haya tomado, o pueda tomar, el Romano Pontífice.


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Comentarios
  • Comentario por Franz Wieser 19.12.16 | 21:08

    "Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". ¿Esto le suena conocido?
    "El hombre que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio". ¿Quién lo dijo?
    Me suena conocido, y sé de quien es.
    Igual sé quien recomienda para el bien del hombre: "No jures", No haga votos. o quien recomendaba: "No mates", "No des falso testimonio" etc. Dios no manda. Respeta la libertad y perdona si hay arrepentimiento y - en lo posible - enmienda. Pero en muchos casos no es Dios que une.
    ¿En cuanto al adulterio? Usted probablemente hubiese dicho a la adúltera: ¡A regresar a tu legítimo marido! Jesús, no. Y sabía porqué. Conociendo el machismo del tiempo, este le hubiese tirado la puerta a la nariz.
    ¡Misericordia, Sr. Daniel Iglesias!


  • Comentario por Daniel Iglesias 29.11.16 | 14:40

    "Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". ¿Esto le suena conocido?
    "El hombre que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio". ¿Quién lo dijo? ¿Algún fariseo legalista?
    La Palabra de Dios es la verdad y debe ser recibida con fe divina.

  • Comentario por Antonio Manuel 23.11.16 | 14:15

    Para desgracia de esta sociedad, hay mucho "exprés" en matrimonios ("juntonios" podría decirse) y divorcios. Los hijos y la descendencia familiar parece que cada vez tiene menos importancia para los "voceros" de la ética del Siglo XXI.
    Estoy de acuerdo que el "infierno" hay que evitarlo en bien de los hijos; habría menos "infiernos" si fuera muy serio e importante el matrimonio.

  • Comentario por centeno 23.11.16 | 10:26

    Antonio Manuel. Esta muy bien lo de una sola carne, la armonía, etc. Cuando no hay amor, no hay una sola carne. Cuando la convivencia es imposible o muy complicada, cuando el hogar se convierte en un infierno... por mil razones qué hacer? que aguanten allí los hijos? Una cosa es el divorcio expres (parece que llamas así a todos divorcios?) y otra cosa el divorcio sin adjetivos. Porque tambien hay muchos matrimonios "expres" ¿no?

  • Comentario por Antonio Manuel 21.11.16 | 16:51

    Hablamos de los "egos" de los esposos, y ¿qué pasa con los hijos cuando los hay?. El matrimonio es un compromiso humano, que apelando a Dios es bendecido por Él; "...son una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Aparecen los hijos y la responsabilidad conyugal se agranda; ahora el amor son los hijos y para ellos es muy necesario vivir en armonía, perdonando y amando al otro, para que los niños crezcan, se desarrollen y se formen con referentes claros.
    No puedo estar de acuerdo con el "divorcio exprés", donde la pareja en dificultades no acuda a ayuda para intentar poner en orden su relación u obtener una justificación suficiente para su ruptura, pero siempre preservando el amor hacia los hijos por sus progenitores.

  • Comentario por OK 19.11.16 | 12:11

    Muy oportuno, Castillo, recordar esas cosas. Pero, además, entrando de lleno en el tema, por ser el sacramento algo sensible, significante y causante de gracia, cuando la gracia desaparece lo tangible pierde su valor sacramental. Si muere un cónyuge, ya no hay matrimonio, y si desaparece el amor (la gracia significada y causada por el vínculo), tampoco, como si un rico vino se aguara por completo y perdiera su condición. La palabra que se dan los esposos es signo de su amor, razón por la que, cuando este desaparece, aquella se vacía por completo,ya no significa ni causa nada. Es un error decir que "Dios une a los esposos" cuando en realidad solo es testigo de un compromiso humano al que Él añade su gracia. Por ello, cuando no hay amor, Dios desaparece de ese escenario. Y conste que siempre es más equilibrado y más de sentido común hablar de matrimonios rotos o fracasados que declararlos "nulos" a conveniencia. Eso sí que es una barbaridad.

Domingo, 23 de septiembre

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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