Teología sin censura

Creo en lo humano

08.11.16 | 17:40. Archivado en Sin censura, Teología, Problemas actuales, Iglesia española

Hace siete años, publiqué un libro titulado La humanización de Dios (Trotta). Poco después publiqué La humanidad de Dios (Trotta). Y algunos meses más tarde, La humanidad de Jesús (Trotta). También he editado, en Desclée de Brouwer, La laicidad del Evangelio, que es una interpretación fundamental del cristianismo, no desde “lo sagrado”, sino desde “lo profano”, ya que, según los evangelios, Jesús mantuvo una relación de intimidad constante y familiar con el Padre-Dios, pero igualmente mantuvo una relación mortalmente conflictiva con el Templo y sus Sacerdotes.

Lo que –de entrada– nos viene a decir que Jesús (y, por tanto, el Evangelio) se entienden en la medida en que se toma como punto de partida, no precisamente “lo divino”, sino exactamente “lo humano”. Es decir, para entender el Evangelio (y el Cristianismo), la “religiosidad” se tiene que entender y vivir de otra manera. Ni más ni menos, como la entendió y la vivió Jesús.

Se comprende, por todo esto, mi creciente interés, mi incontenible preocupación por le fe en lo humano. Y es que la gran paradoja, que aquí descubrimos, consiste en que la mayor dificultad, que arrastramos los mortales, no es la resistencia para creer en “lo divino”, sino la pertinaz dureza y el insistente rechazo para aceptar “lo humano”.

Esto, ni más ni menos, es lo que explica por qué tanta gente, si se trata de gente muy religiosa, es ese tipo de persona a la que no le gusta hablar de Jesús, sino que prefiere hablar siempre de Cristo, de Jesucristo, del Señor o incluso de Nuestro Señor Jesucristo.

Y es que Jesús es el nombre humano de aquel sencillo artesano galileo de la humilde aldea de Nazaret. Eso nada más. Mientras que Cristo es el título del Mesías Salvador. Un título que se solemniza cuando (además) de él se dice que es el Señor o incluso Nuestro Señor. Aquí, ya no hablamos de lo humano, sino de lo más solemnemente divino. Lo que tanto les gusta a los clérigos en sus sermones. Y no digamos, a los obispos en sus solemnes misas pontificales, cuando parece que los fieles están casi tocando lo divino con sus manos.

Todo esto viene a indicar que aquí nos enfrentamos a un problema muy serio. Voy derechamente al nudo del asunto. En principio, “lo humano” es lo limitado, mientras que “lo divino” es lo que no tiene límite alguno. Por eso los humanos nos sentimos amenazados por tantos miedos. Y por eso también los humanos recurrimos a lo divino como solución a nuestros miedos. De ahí que la tendencia a creer en “lo divino”, y a buscar en “lo divino” la solución a nuestros males, tiene en nosotros raíces más hondas que cualquier posible tendencia a poner nuestra fe y la solución a nuestras limitaciones en “lo humano”.

Pues bien, dado que somos así y así funcionamos en nuestra intimidad inconsciente, los cristianos nos vemos condicionados (sin darnos cuenta de lo que nos pasa) por un factor capital en el que posiblemente quizá nunca hemos pensado. El Dios de nuestra fe es “verdadero Dios” y es también “verdadero hombre”. Lo que quedó formulado en la Definición Dogmática del Concilio de Calcedonia (año 451): nuestro Dios, el Señor Jesucristo, es “Perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad” (DH 301). Pero ocurre que esto se ha de creer de manera que la fe en “lo divino” y en “lo humano” se ha de tener y se ha de vivir, no sólo en cuanto se refiere a la “otra vida”, sino igualmente en todo cuanto afecta también a “esta vida”.

¿Qué quiere decir esto en concreto? El cristianismo hay que vivirlo de manera, que se tiene que aceptar, creer y vivir en su totalidad. O sea, lo mismo para esta vida que para la otra vida. Lo mismo para la tierra que para el cielo. Y esto significa que quien se ve como cristiano, no puede creer en lo divino, sin o no cree en lo humano. Es decir, no puede respetar lo divino, si no respeta igualmente lo humano.

Por eso, en la Iglesia, hay tantas cosas que nos indignan y que no podemos aceptar. ¿Por qué, en la Iglesia, se respeta más lo divino que lo humano? ¿Por qué se respeta más el templo que la calle? ¿Por qué se respeta más a ciertos hombres que a ciertas mujeres? ¿Por qué el Derecho Canónico les concede a los clérigos derechos y privilegios que no pueden tener los laicos?

El problema está –me parece a mí– en que, en la Iglesia, hay más Religión que Evangelio. En ella, está más presente y viva la Religión que el Evangelio de Jesús. La teología cristiana tiene que afrontar, de manera urgente, este asunto capital. ¿Por qué las Religiones son factores de tanta violencia precisamente contra seres humanos inocentes? ¿Por qué la Iglesia tiene hoy tan poca presencia en España para poner solución –o aliviar al menos– tantos problemas humanos, al tiempo que los obispos se cuidan esmeradamente de que los gobernantes no les toquen a los privilegios legales y económicos que disfruta la Iglesia?

Los cristianos creemos que, en Jesús (el Dios de los cristianos), “lo divino” y “lo humano” se fundieron de manera ya no se puede separar lo uno de lo otro. Jesús dijo: “El que a vosotros oye, a mí me oye… el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia”. O también: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estaba en la cárcel y fuisteis a visitarme, era extranjero y me acogisteis”. El que hace esto, es el que cree en “lo divino”. Aceptar el Cristianismo no es básicamente aceptar una Religión. Es aceptar un “proyecto de vida”, una forma de entender la vida, en la que lo central y decisivo, no es "lo religioso", sino "lo humano".

Empecé diciendo: “Creo en lo humano”. Y termino afirmando humildemente y verdaderamente: “Intento creer en lo humano”.


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Comentarios
  • Comentario por GIORDANO BRUNO 13.11.16 | 23:02

    A mi lo que me gustaría es saber, como se funden, o se mezclan, o se confunden los finito y lo infinito. Me da igual que lo dijeran hace l500 años un montón de obispos en Calcedonia.También quemaron a Giordano Bruno el papa del año 1600 y entre otros el santo Belarmino, por mantener teorias parecidas a las de Galileo y otras. Como no creo que unas palabras como un abracadabra, el vino se convierta en sangre de Cristo (que no Jesús) y el pan de trigo en carne del mismo Cristo (que no Jesús). Por cierto que las grandes matanzas de la iglesia siempre es en nombre de Cristo. el ungido o sease untado en aceite de oliva. Magia potagia en dosis masivas.Bueno, los llamados sacramentos, uno por uno son una tomadura de pelo, adobado eso sí,con mucha magia. Constantino se lo creyó, de tal manera que solo cuando vio que se moría se hizo bautizar por Eusebio de Nicomedia, un obispo arriano (para más inri), porque eso ha impedido que lo hicieran santo cristiano. Y limpito de todos sus crímenes¡¡¡.

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 11.11.16 | 19:57

    Yo no se si escribo en chino o qué. A Saulo lo único que le interesa de Jesus es su muerte, porque paga el pecadp original con sangre ( que sin efusión de la misma no hay perdón: teoría Saulo). Y luego la resurrección. Saulo no tiene ninguna necesidad de fe, puesto que ha subido al tercer cielo, y LO HA VISTO en la gloria, que es donde lo ve como Sumo Sacerdote. La fe la tendremos los demás mortales que no hemos subido a ese cielo. Y por mi parte puedo decirle que no necesito esa comprobación "in situ", como él. ¡¡¡Anda que no tiene obsesión Saulo con lo del sacerdocio!!! ¿Para que demonios necesitará Jesús el sacerdocio allí en el tercer cielo?. Yo creo que lo que vió fue una representación de alguna corte de los Herodes y se creyó que estaba allí. En algún libro he leído que la procedencia de Saulo, que era un príncipe de la familia herodiana y su abuela Berenice. Quizá el parentesco que le atribuyeron con otro príncipe herodiano un tal Menahjen, no me extraña nada.Reminiscencias.

  • Comentario por Antonio Manuel 11.11.16 | 18:41

    Las cartas del Apóstol Pablo que yo leo están llenas de mensajes de pedir caridad y amor entre los seguidores de aquellas congregaciones dispersas. Leo la fe ciega del Apóstol en la Resurrección de Jesús. Leo amables llamadas de atención hacia prácticas de ritual impropio o que faltan a la caridad y ponen en peligro la Fe.
    Pienso que no debemos leer lo mismo.

  • Comentario por Angel Gonzalez 10.11.16 | 17:33

    Excelente artículo, como de costumbre de este autor. Me identifico mucho con lo que escribe. Claro, preciso y sustancioso. Ojala muchos jerarcas se abrieran a estas posibilidades, y se conviertan en pastores que huelan realmente a ovejas, encarnados en el pueblo y dejando sus cómodas y prestigiosas posiciones. (ya los hay, pero faltan muchos más.
    Comparto lo que exponen de San Pabloc creo que él tiene mucho que ver con la formación de la Iglesia tal como la conocemos hoy en día, y solo basta con hacer un seguimiento a sus cartas para darse cuenta, pero por qué se ha abandonado el evangelio como prioridad en la Iglesia? Por qué se usa y se adapta el evangelio a las conveniencias, además de sentirse únicos interpretes autorizados sin dar cabida a otras propuestas. No se si el problema nos lo produjo más las buenas intensiones de Pablo o el abandono conveniente y cómodo del mensaje del evangelio. Claro muchos de los planteamientos del evangelio no agradan mucho...

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 10.11.16 | 11:31

    Antes de Jesús ya se había dicho un mandamiento único: Amarás a Dios, y al próximo como a tí mismo. Y Jesus basa todo su buena nueva en eso. Ni más ni menos. Pero luego viene Saulo y su afán por fundar iglesias, como visionario que no ha conocido a Jesús en su predicación. Es que ni siquiera lo mienta.Bueno una o dos veces. No es para él relevante. De ahí toma la iglesia el punto de apoyo para dar el salto, por encima del próximo-prójimo, y hacer su teología sobre Dios
    Funesto salto, que pasa por encima del próximo, para hacer su teología que niega al Maestro de Galilea, que una y otra vez insiste en que para llegar a Dios hay que pasar por el próximo-prójimo, (¿como vas a creer al Dios que no ves si no ves al próximo-prójimo que lo tienes delante?) . No se puede hablar de metafísica, Dios, sin pasar por la física, el próximo-prójimo. Es a través del próximo como se llega a Dios.Todo lo demás te-o-lo-gía.

  • Comentario por Antonio Manuel 09.11.16 | 22:11

    Pablo predicaba para gente no judía y que desconocía el A.T.; necesariamente era preciso dar sentido a la aparición del Mesías, esperanza central de la enseñanza mosaica. En el evangelio de Mateo es frecuente la referencia a las "escrituras" . Jesús es Dios, y eso no lo dijo Pablo, sino el propio Jesús.

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 09.11.16 | 19:47

    Todo esto es mucho mas sencillo. El Cristo es un teologuema de Saulo el converso.Un mito, como el del pecado original, donde su inventor, el converso Saulo, apoya las bases de toda su teología.Y que emana de una visión fruto de su desequilibrado cerebro (epilepsía). Hay sin embargo muchas más citas de autoridad, de sus cartas que del mismísimo Evangelio de Jesús. Recibe por ello un Evangelio el sólo, y de ningún hombre. Hay una muestra más perfecta de su megalomanía, eso sí, bien envuelta en una humildad nada creible, dado que se considera "un elegido por Dios, desde el vientre de su madre". Hoy, todo esto nos debía de poner sobre aviso, sobre la personalidad dell elegido. Coincide también en eso con su pueblo, también elegido por Dios. ¿Ha habido alguien, de verdad, elegido por Dios alguna vez?.Jesus nunca pide ser adorado, sino seguido. Y,si fuera un dios, se daría cuenta de un imposible.Es posible seguirle y lo pide.Lo fácil es adorarle, lo dificil seguirle, y humano.

  • Comentario por Antonio Manuel 09.11.16 | 15:27

    En este escrito se está intentando "orientar" a los obispos que entenderan, creo yo, lo que se quiere diferenciar entre lo divino y lo humano, entre Religión y Evangelio... para el común de los mortales, entre los que me encuentro, será difícil descifrar esa dicotomía. El A.T. tiene como eje principal la esperanza del Mesías, el Redentor que habría de venir para reconciliarnos con Dios; Jesús, el Señor, no reniega de las escrituras, vino a dar cumplimiento.
    El Evangelio nos muestra el camino para nuestra conducta, pero también Jesús expulsa a los mercaderes del Templo llamándole casa de oración, lugar de acogida ante lo divino.

  • Comentario por Vito 08.11.16 | 20:06

    Tengo un libro de los años 70 titulado "Los marxistas y la causa de Jesús" que veo por tu escrito que está de actualidad. Hay un capítulo titulado "Jesús que prende fuego, Cristo que lo apaga" donde el marxista Konrad Farner viene a exponer las ideas que pones en este escrito. Dice:"en el transcurso de la generación que le siguió Jesús de Nazaret fue convertido en Cristo.El Hijo del Hombre se convierte en Hijo de Dios, y, eo ipso, no es ya imitable.El amor se convierte en" religión"del amor, la religión se convierte en Iglesia, la Iglesia se convierte en mundo. El más acá, el mundo, se convierte en un más allá tan proclamado como abstracto. La igualdad se convierte en una nueva jerarquía"....

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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