Teología sin censura

Las tres preocupaciones de Jesús

21.04.15 | 19:06. Archivado en Iglesia española

Con frecuencia ocurre que los especialistas y estudiosos de los evangelios afinan tanto en el análisis de los textos, que bien puede ocurrir - y ocurre - que se cumple aquello de que “el árbol tapa el bosque”. Quiero decir, sucede muchas veces que los detalles y discusiones en torno a un episodio, una palabra, la raíz original de un nombre, pueden acaparar la atención de un comentario hasta el extremo de que nos centramos y nos limitamos al detalle, al tiempo que perdemos la visión del conjunto. Con lo cual bien puede ocurrir que lleguemos a saber casi todo de casi nada. Y con el detalle o los detalles, perdemos de vista (o no caemos en la cuenta de) lo más fundamental, que es lo que el gran relato del Evangelio, en su conjunto, nos quiere enseñar. Sin olvidar lo que acertadamente supo formular J. Habermas, siguiendo a Th. Adorno: “el todo no es igual a la suma de sus partes”. Vamos, pues, a pensar brevemente en algo que pertenece a ese “todo” que nos transmiten los evangelios.

Pues bien, si hacemos memoria y pensamos en el conjunto de lo que nos transmiten los relatos evangélicos, pronto se da uno cuenta de que, en esos relatos, se repiten (casi de principio a fin) tres hechos, que sin duda nos revelan las tres preocupaciones fundamentales que vivió y expresó Jesús. En efecto, en los evangelios se habla insistentemente de: 1) curaciones de enfermos; 2) comidas o cuestiones relacionadas con la comida, 3) relaciones humanas, las mejores relaciones que se pueden (y se deben) mantener entre seres humanos. Basta repasar los evangelios, teniendo en cuenta los tres hechos que acabo de apuntar, para tomar conciencia de que, efectivamente, tres temas que aparecen una y otra vez, en el conjunto de los relatos evangélicos, son hechos, situaciones o dichos de Jesús, relacionados con: 1) la salud; 2) la alimentación; 3) las relaciones humanas.

Por supuesto, todos sabemos que estos tres hechos se realizaron y sucedieron de forma que en ellos se implican temas de notable importancia, como es, por ejemplo, la cuestión de la historicidad de los relatos o su significación religiosa, como ocurre - por ejemplo - en el tema de las curaciones de enfermos: ¿son relatos de milagros? ¿son, más bien, un género literario propio de aquel tiempo? Todo esto, y mil cosas más, se pueden discutir. Pero, desde luego, lo que no admite discusión es que Jesús tuvo la enorme fuerza de atracción, que ejerció sobre las gentes más humildes y desamparadas de aquel pueblo, por la sencilla razón de que la gente encontraba en Jesús la respuesta que buscaba para sus carencias y necesidades más básicas y apremiantes.

Es evidente que a todos los seres humanos nos interesa y nos preocupa el tema de la salud. Como nos preocupa también tener asegurado el pan de cada día. Y que a todos nos interesa el hecho de que nos estimen, nos respeten y nos quieran. Como no soportamos el odio, el desprecio, el abandono, la soledad y el desamparo. Estas cosas son tan básicas, que en ellas se juega nuestra felicidad o nuestra desgracia. Y nadie pone en duda que en estas tres preocupaciones coincidimos todos los seres humanos, sea cual sea nuestra cultura, nuestra educación, nuestras creencias, nuestro nivel económico, social o cultural. Es evidente, por tanto, que Jesús dio en el clavo. Y respondió a las demandas fundamentales de nuestra humanidad.

Pero este asunto no acaba aquí. Es capital, al hablar de estas cosas, tener muy presente que, tal como los evangelios presentan y relatan estas tres preocupaciones de Jesús, seguramente lo más llamativo no es que Jesús se interesara por la salud, la alimentación y las relaciones personales de la gente. Lo más chocante de todo es que Jesús antepuso la solución de estos tres problemas a las normas y exigencias de la religión. No puede ser mera coincidencia o casualidad la insistente repetición de las curaciones de enfermos precisamente en el día (el sábado) que eso estaba prohibido por la religión. Como tampoco puede ser una coincidencia ocasional el hecho de comer cuando los más religiosos ayunaban, o saltarse los rituales de lavatorios y purificaciones que imponían los rabinos, como tampoco pudo ser un mero descuido el hecho de ponerse a frotar espigas de trigo arrancadas en día de sábado. Y así sucesivamente.

Como resumen de lo que vengo explicando, se puede recordar el episodio de la curación del manco en la sinagoga (Mc 3, 1-6; Mt 12, 9-14; Lc 6, 6-11), precisamente un sábado. Jesús le dijo al manco que se pusiera de pié y en el centro. Y “echándoles una mirada de ira” , a los que estaban al acecho para denunciarle (Mc 3, 2 par), les hizo esta pregunta: “¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o matar?” (Mc 3, 4 par). En realidad, lo que Jesús estaba preguntando es esto: “¿Qué permite la religión, curar y dar vida, o causar dolor y quitar la vida? En otras palabras, ¿qué es lo primero: la religión o la vida? Jesús no lo dudó un instante: “Echándoles una mirada de ira y apenado por su obcecación”, le dijo al manco: “Extiende el brazo” (Mc 3, 4 b). Y el hombre quedó curado. El relato termina diciendo que, al salir, los fariseos se fueron en busca de los partidarios de Herodes, para ver cómo podían asesinar a Jesús. Allí, por tanto, la pasión de Jesús por la vida, por la plenitud de la vida que le faltaba al manco, le costó a Jesús la seguridad de su propia vida. O para decirlo más claro, entre el sometimiento a la religión y la defensa de la vida, Jesús optó, sin dudarlo, por la vida, por la plenitud de la vida, por la alegría y la felicidad que nos proporciona el hecho de saber que tenemos nuestra vida bien asegurada.

Y conste que lo que he dicho sobre la salud y la vida, se podría decir igualmente por la comida compartida con todos y para todos. Lo que quedó patente - por poner algún ejemplo - en la multiplicación de los panes, en las comidas con pecadores y gentes de mal vivir o en el banquete del Reino, al que no entraron los invitados oficiales, mientras que allí se metió hasta el último de los mendigos y vagabundos de los caminos. De la misma manera que aquí tendríamos que recordar la inconcebible generosidad, en las relaciones humanas, que subyace a todo el sermón del monte y a los discursos y parábolas de Jesús, de principio a fin de sus enseñanzas. Hasta terminar con el sobrecogedor discurso del juicio de las naciones (juicio final) (Mt 25, 31-46), en el que ya ni se menciona la religión, las creencias o las prácticas sagradas de cada cual. Sólo queda en pie lo que de verdad le interesó a Jesús y lo que quedará en pie en el momento definitivo, a saber: cómo se ha portado cada cual con sus semejantes, sobre todo con quienes más sufren en la vida. Aquí y en esto se centró y concentró la religión de Jesús.

¿Qué nos vienen a decir estas tres preocupaciones fundamentales de Jesús? Parece que, en sana lógica, de lo dicho se pueden deducir las siguientes conclusiones:

1. Lo que más preocupó a Jesús - y en consecuencia, por lo que más se interesó - no fueron realidades que pertenecen al ámbito de “lo sagrado” (el templo, los rituales, las leyes que dictaban los rabinos...), sino a “lo profano” (la salud de las personas, la comida compartida por todos, las mejores relaciones humanas de todos con todos).

2. Es evidente que, si lo dicho es cierto, de ahí se sigue que Jesús desplazó el centro de la religión. Ese centro, de acuerdo con lo que dice el Evangelio, no está en el templo, sus sacerdotes y sus ceremonias, sino que está en la calle, en el trabajo, en la casa, en la convivencia con los demás, en la profesión y en el descanso, en nuestra conducta y en nuestra forma de vida. Esto es lo central en nuestra relación con Dios, según lo que nos dejó Jesús como recuerdo y memoria de su vida y su destino.

3. En la Iglesia - por causa de un largo proceso histórico que ahora no podemos desentrañar y analizar - hemos cometido el error de pretender armonizar y hacer compatible lo que Jesús vio que era irreconciliable e incompatible, a saber: los rituales sagrados con la ética que nos marcó Jesús. La vida de Jesús fue conflictiva, hasta terminar en su muerte violenta, porque Jesús se dio cuenta de que el obstáculo, que le impedía ponerse de parte de la vida y de la felicidad de la vida (con todas sus consecuencias), era precisamente la sumisión y la observancia religiosa de las normas, los rituales y las prácticas sagradas que imponían los sacerdotes y los maestros de la Ley.

4. De ahí, la incoherencia en que vivimos en la Iglesia. Nos hemos empeñado en mantener las observancias del templo, de los sacerdotes y de la liturgia, con lo cual lo que realmente conseguimos es tranquilizar nuestras conciencias y tener la idea de que somos cristianos creyentes a carta cabal, cuando en realidad lo que hemos conseguido con eso es destrozar la ética que nos marcó Jesús con su forma de vivir y con sus enseñanzas. Y así, ahora nos encontramos con el brutal contraste de tantos cristianos que se confiesan creyentes practicantes, cuando en realidad son ladrones y embusteros que saben armonizar las mejores relaciones posibles con la Iglesia y las peores relaciones imaginables con los pobres, los enfermos, los extranjeros y con todos los que no se someten a lo que a ellos les interesa.

Comprendo que todo esto es duro y difícil de decir. Pero es más duro más difícil tener que sufrirlo.


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por José Luis 08.07.15 | 00:17

    Enhorabuena, Don José María. Me ha gustado mucho su artículo. Lo que yo creo entender del Evangelio coincide plenamente con lo que usted ha expuesto. Muchas gracias y muchos ánimos.

  • Comentario por Francisco Tostón de la Calle 03.05.15 | 15:18

    Hola, amigos. Vuelvo a leer el artículo de JOSÉ MARÍA y lo sigo encontrando muy acertado y oportuno. Le preguntaría al amigo JUAN PERRINO qué significa lo que dice al final sobre sabiduría sin unción, cosa que no entiendo. Los textos mencionados están ahí; las actitudes de Jesús están ahí, sus preocupaciones, sus prioridades, sus enfrentamientos con fariseos y compañía y los motivos de los mismos. De modo que no se les hace violencia cuando se concluye cuáles eran las preocupaciones primordiales de Jesús en su trato con la gente. Lo terrenal esta indisolublemente unido a lo espiritual: no tenemos cuerpo y alma, sino que somos cuerpo espiritual y alma corporal. Cuidar el uno es hacerlo con el otro y viceversa. Nadie mejor que Jesús lo sabe. Sin salud, una cierta seguridad y unas relaciones positivas y creadoras con los demàs, no somos personas libres, plenas. Y parece que la misión de Jesús fue esa en su vida terrestre: "Los cojos andan, los ciegos ven, los pobres son evangelizados".

  • Comentario por Juan Perrino 03.05.15 | 03:11

    Sr. castillo,
    O sea que, según usted, lo que le preocupaba a Jesus era la salud, dinero, y amor. Un poquito vulgar ¿No? Lo pone a nivel de las echadoras de cartas cuando dice que por eso atraía al vulgo.
    Le sigo a usted desde hace treinta años. Las primeras charlas que le escuche me llamaron la atención, sabe mucho, habla bien y es simpático. Tiene una forma de hablar de lo católico atrevida, a veces dice cosas acertadas y otras desacertadas por irrespetuosas. Opino que no debe manipular el Evangelio para adaptarlo a lo que quiere decir usted. Debería explicarlo fielmente según lo que nos quiso decir Jesus de Nazaret.
    Cuando alguien le ha criticado a usted, he opinado que es sincero en querer explicarnos un cristianismo moderno y auténtico, que cree servir a la Iglesia como lo hace. Añado que he aprendido de sus conferencias y libros muchas cosas interesantes y buenas. le aprecio y me cae bien, por eso me da pena cuando se deja llevar de su sabiduría sin la unción de...

  • Comentario por Luiscar73 28.04.15 | 17:54

    Tranquilizara su conciencia ,el que viva con doblez; el que lo haga todo, todo,para gloria de Dios,en el Espiritu del Señor,es decir, movido por SU Gracia ,intentara hacerlo todo en el Amor; en Espiritu y en Verdad.
    Si realmente vives en Dios, ni seras embustero ni seras ladron. Si solo vives una religion de apariencia,el Espiritu de Cristo brillara por su ausencia; "por sus frutos los conocereis". Cristo dice;" el que me ama,cumplira mis mandamientos" y el Espiritu Santo le traduce;" el que le ama, amara sus mandamientos".
    Resumiendo;

    "Debiais haber practicado esto,sin descuidar aquello"(Mateo;23;23)

  • Comentario por Heno se Pravia 26.04.15 | 22:37

    .Estimado Sr. Barón Dandy, ¿por qué no dice Vd lo que dice el texto de HenoMt 5, 17? Precisamente ha suprimido Vd lo más importante. Jesús dice que no ha venido a suprimir la Ley y los Profetas, "sino a darles cumplimiento". Y Vd deberá saber que el verbo "dar cumplimiento" es traducción del verbo griego "pleroo", que significa "llevar a plenitud". Y los exegetas mejor documentados explican que eso nos quiere decir que esa plenitud no es un aumento "cuantitativo", sino "cualitativo". O sea, no se trata de que Jesús nos impuso más mandamientos, sino que los llevó a lo que todos los mandamientos pueden representar, que es llevarnos a la "plenitud del amor". El amor que suple todos los preceptos, leyes y otros deberes similares (cf. Ulrich Luz). Por lo demás, lo de las tres preocupaciones de Jesús es tan decisivo, que por mucho que se repita, nunca se nos dirá bastante. Yo soy de la idea que el Evangelio ni nos interesa. ni lo vivimos. Gracias, Sr.Castillo .

  • Comentario por baron dandy 26.04.15 | 12:28

    Si no recuerdo mal, vd. ya escribió hace algún tiempo una entrada prácticamente idéntica acerca de las tres cosas que, a su juicio, más preocuparon a Jesús. No debe extrañarse, por tanto, por el hecho de que en esta ocasión haya tan pocos comentarios. Eso no debe llevar a pensar que a las personas que comentan les interese más monseñor Munilla que Jesús.

    Por mi parte, no creo que Jesús viniera a suprimir leyes, prácticas o rituales religiosos (no he venido a abolir la ley o los profetas, Mt 5,17) sino a hacernos partícipes de una vida plena, eterna que exige creer en alguien invisible que se hace presente en la Eucaristía. Vida plena que se alcanza cuando uno es humilde y coherente (lo que más rechazó Jesús fue la hipocresía) y da testimonio del amor y la misericordia de Dios para que otros puedan participar de esa vida eterna.

    Feliz domingo a todos

  • Comentario por Ramón Hernández Martín, Asturias 24.04.15 | 12:26

    No se agobie ni se decepcione, Castillo. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Me parece que los dos comentarios a que alude -pido disculpas por la circunstancia de que uno sea mío- son ponderados, serios, positivos, estimulantes y llevan la bendición, por así decirlo, de la identificación de sus autores. Además, ambos reconocen su estupenda labor de forma honesta. En cuanto a mí, observará que entro muy pocas veces en este blog, si bien lo sigo con regularidad. En función de las circunstancias, me decido a escribir un comentario solo cuando me parece que puedo aportar algo posiitivo. Munilla y similares no me preocupan en absoluto. Todos los días doy gracias a Dios por las personas que me ayudan a descubrir su rostro inmarcesible, el del Dios que es puro perdón y en quien justicia y misericordia son una misma actitud. Hay muchas personas de esas, pero entre ellas escasean los obispos y los jerarcas. Que usted tenga un buen día y que el cielo lo bendiga con profusión.

  • Comentario por José M. Castillo 24.04.15 | 09:06

    Da que pensar lo que está ocurriendo en este blog. Escribo sobre el lenguaje del obispo Munilla al explicar la Resurrección del Señor. Y en pocos días hemos llegado a más de 100 comentarios. Escribo sobre las preocupaciones de Jesús. Y, de momento, no hemos pasado de dos comentarios. A cualquiera se le ocurre pensar que, en determinados ambientes religiosos, interesa más Munilla que Jesucristo. Es posible que todo se deba a que yo no he sabido expresar lo uno y lo otro con la debida precisión y exactitud. Pero también cabe decir que, si fuera esto último lo que ha sucedido, me vendría bien que quienes entran en este blog me lo hubieran dicho así, tanto en el caso de Munilla, como sobre todo en el caso de Jesús. Sea lo que sea de todo este asunto, lo que sí me parece que se puede indicar (o al menos sugerir) es que, a veces, nos encontramos con datos y situaciones en las que uno puede pensar que, en esta Iglesia que tenemos y a la que tanto amamos, los obispos interesan más que Jesús.

  • Comentario por Francisco Tostón de la Calle 22.04.15 | 15:47

    Hola, amigos. Estupendo comentario el de José María. Hemos invertido el orden de valores evangélico. Lo primero es lo que más nos suele costar: mirar con bondad al que tenemos cerca, ayudar en la medida de nuestras posibilidades, escuchar al que quiere hablarnos, hacer un favor al que nos lo pide, adelantarnos a brindar nuestro apoyo al que sabemos lo necesita, etc. Y después y mientras sea concibliable con lo primero, el ir a la sinagoga a leer la Torá, rezar y seguir con devoción los ritos con los que expresamos nuestra fe y cargamos baterías para seguir amando. Gracias por recordárnoslo, José María.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín, Asturias 22.04.15 | 14:10

    Si hay oídos para oír, que oigan, pues cada cual debe de saber muy bien dónde le aprieta su zapato. A los amantes del dogma "por encima de todas las cosas" (lo que realmente debe estar por encima de todas las cosas es el amor de Dios que tiene por nombre "amor al prójimo") no les resultará difícil deducir que esa forma de vida, la que tan meticulosamente describe Castillo, lleva inexorablemente a la muerte y culmina en la resurrección. Siendo él mismo la vida, sin duda, Jesús nos enseña a "vivir".

Martes, 25 de septiembre

BUSCAR

Editado por

  • José Mª Castillo José Mª Castillo

Síguenos

Hemeroteca

Septiembre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930