Teología sin censura

De Rouco a Osoro

31.08.14 | 19:17. Archivado en Iglesia española

Mucho está dando que hablar el cambio de arzobispo en la archidiócesis de Madrid. Como suele ocurrir en estos casos, el cambio está dando pie a toda clase de comentarios. No pretendo, por supuesto, decir aquí si este cambio será para bien o para mal. Sólo quiero indicar algo que me parece importante y que, por lo que voy sabiendo, no se suele tener en cuenta. Al escribir esto, no es que yo intente ingenuamente aportar la solución definitiva a tantos devaneos mentales como - según creo - van y vienen por los mentideros eclesiásticos y los murmullos de sacristía. Mi pretensión, ahora mismo, no pasa de ser una modesta sugerencia. Por si viene a cuento. Nada más que eso.

Mi propuesta se limita (y se reduce) a recordar una cosa evidente. El cambio de un obispo por otro obispo no pasa de ser un cambio administrativo en la gestión y gobierno de una diócesis. Por más que se pondere lo mucho que vale el que se va o el que viene, a fin de cuentas, eso por sí solo, ni va a modificar la fe de los que tienen creencias religiosas, ni va a conseguir que sean buenas personas quienes ya son buena gente, ni tampoco hará que aumente el ateísmo y otros males que en los ambientes de Iglesia se detestan cordialmente. En principio - me sospecho -, lo más probable es que todo seguirá igual (o de forma muy parecida) a como han estado, en los últimos años, las cosas de la religión católica en Madrid y sus cercanías.

Entonces, ¿qué decir del cambio de Rouco por Osoro? A mí me parece que lo primero, que se debería tener en cuenta, es que estos dos hombres no son simplemente dos jerarcas religiosos. Lo son, por supuesto. Pero con decir eso, nos quedamos en la superficie, es decir, en la consideración más superficial del asunto. Porque, si es que la teología y, sobre todo el Evangelio, pintan algo en este cambio, a mí se me ocurre que lo primero, que se debería tener muy presente, es que, al tratarse de dos obispos, estamos hablando de dos “sucesores de los Apóstoles” de Jesús.

Ahora bien, según consta repetidamente en los evangelios, el primer requisito, que Jesús les exigía (y supongo que les debe seguir exigiendo) a sus “apóstoles”, es el “seguimiento” del propio Jesús y su Evangelio. Esto está tan claro en los evangelios, que el que no lo tenga claro, ni merece ser “apóstol”, ni por tanto “obispo”. Además, sabemos (también por los evangelios) que “seguir a Jesús” es renunciar a toda clase de dignidades, categorías, propiedades, seguridades... Es “dejarlo todo y seguirle” (Mt 19, 27 par; Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62). Para ir por la vida, como dijo el mismo Jesús, sin “oro, ni plata, ni calderilla, ni alforja...” (Mt 10, 9-10 par).

Y aquí me permito hacer una aclaración importante. La ordenación episcopal no es un “acto mágico”, que automáticamente convierte a un sacerdote en sucesor de los apóstoles. Es verdad que Lutero se pasó de la raya al admitir que la autoridad apostólica dependería totalmente de la fidelidad del obispo a la Palabra de Dios (Comentario a la carta a los Gálatas [1535], ed. Weimar, 40, 1, p. 181). Pero tan cierto como eso es que, desde San Agustín y San Gregorio Magno, hasta los más autorizados teólogos de la Edad Media, defendieron la doctrina que formuló atrevidamente San Anselmo: “Los obispos conservan su autoridad en cuanto concuerdan con Cristo; y lo mismo, la pierden si está en desacuerdo con él” (“Sicut enim episcopi servant sibi auctoritatem quandiu concordant Christo, ita ipsi sibi eam adimunt, cum discordant a Christo”. Epist. II, 162). Como acertadamente resume Y. Congar: “Hay que introducir - en el cargo episcopal - estos elementos éticos en la ontología misma del cargo recibido”.

Por otra parte, esto es tan determinante, que, si nos limitamos a ponderar la ideología del que se va o del que viene, la simpatía del primero o del segundo, los títulos que cada cual ostenta, las lenguas que domina, etc, etc., entonces lo que queda patente es que nos importa más el “jerarca” religioso que el “discípulo” de Jesús. O sea, nos interesa más la “Religión” que el “Evangelio”.

Y en tal caso, si es eso lo que sucede, lo que queda en pie es que hemos organizado una Iglesia que tendrá mucho que ver con las jerarquías y organizaciones de este mundo, pero tiene poco que ver con el Evangelio de Jesús. Y si esto efectivamente es así, ¿a dónde vamos? Por muy buenos arzobispos que nos manden, no pasaremos de ser una antigualla del pasado que sólo puede interesar a gente que piensa poco y, desde luego, será siempre una buena pista de lanzamiento para los trepas más mediocres que se pasean entre oropeles de antaño. Y me temo que este tipo de individuos, si no producen indiferencia, lo que producen es risa, mucha risa.


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Comentarios
  • Comentario por susana 08.09.14 | 09:46

    Efectivamente, cada cristiano somos la pista de lanzamiento de lo más a lo menos evangélico.

  • Comentario por Joan L. 06.09.14 | 15:51

    Mis nietos no saben quien es Rouco ni quien le va a suceder. En realidad no les interesan los hombres con faldas que equivocadamente, sin duda, confunden con otro colectivo. ¿Jesús, si les interesa, pero no lo relacionanan con dichos personajes. Y yo no tengo la culpa.

  • Comentario por Melopea Albui 06.09.14 | 00:39

    O sea, ¿que Jesús preguntó a los apóstoles "quién dice la gente que es el Hijo del Hombre" y "y vosotros quién decís que soy yo" para hacerles una encuesta y decidir quién era Él en función de los resultados? ¿Que en realidad aquello era una especie de referéndum?
    Me troncho.

  • Comentario por Paco el Pelma 05.09.14 | 02:16

    Salud, camaradas. Rufo tiene razón. Jesús realizó una encuesta entre sus discípulos, y luego decidió ser y hacer lo que dijo la mayoría, o sea, coprotagónico. Y no como aquel Juan Pablo II, que de coprotagónico no tenía nada (jo, qué manía le tengo).

  • Comentario por Francisco Tostón de la Calle 04.09.14 | 16:13

    Hola, amigos. No me parece que RUFO haya dicho ninguna tontería. Antes por el contrario, creo que está señalando una deficiencia de muchos obispos y sacerdotes, quienes hacen y deshacen a su antojo sin tener en cuenta las ideas, opiniones y sentires de la comunidad que presiden. Y sí, se da ese miedo a contar con los laicos, a complicarse la vida cuando hay que contar con los demás y no solo con el propio saber y entender, por muy leal que sea. ¿No se referirá también a este aspecto, a este contacto con la comunidad, con los fieles, cuando el papa FRANCISCO habla de que los pastores deben tener olor de oveja? No hace mucho recordaba yo, a raíz de la fiesta de SAN AGUSTÍN, cómo la comunidad de la que luego fue obispo, lo aclamó como tal, habiendo conocido de primera mano su inteligencia y sus muchas virtudes. Buscando las formas adecuadas, ¿no sería bueno volver a este tipo de comunidades participantes y coprotagónicas?

  • Comentario por Don Bernardino 03.09.14 | 03:19

    Rufo, no sé si te has dado cuenta de la tontería tan gorda que has dicho. Si no, lo tuyo es grave. En cualquier caso, es una buena muestra del nivel de los bloggers de esta cuadra.

  • Comentario por Rufo González Pérez [Blogger] 02.09.14 | 10:52

    "Los obispos conservan su autoridad en cuanto concuerdan con Cristo; y lo mismo, la pierden si está en desacuerdo con él”. ¿Por qué no se hacen encuestas en las diócesis desde esta condición de "seguidor de Jesús" sobre el propio obispo? ¿Y sobre los párrocos? En el fondo es la que hizo Jesús: "¿quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?". ¡Cuántos obispos, párrocos... han perdido su autoridad real, en la práctica, precisamente por no "concordar" ("no tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús")!
    ¡Qué miedo tienen los dirigentes eclesiales a las comunidades verdaderas! Por eso no les consultan, ni dialogan, y, mucho menos, permiten deliberar y decidir nada. Aquí tienen un buen campo evangélico de conversión los obispos. Sin esta conversión a la Comunidad, al Pueblo de Dios, donde habita el Espíritu de Jesús, es muy difícil la regeneración de la Iglesia. Mientras sigan, en la práctica, creyendo que sólo ellos tienen la misión de Jesús... mal vamos. ¡Ven, Espíritu de Jesús, ...

  • Comentario por Pos sí 02.09.14 | 00:45

    "no pasaremos de ser una antigualla del pasado que sólo puede interesar a gente que piensa poco"

    Tremendo y acertado autorretrato.

  • Comentario por E 01.09.14 | 23:33

    Aunque discrepo en muchas cosas con José Mª Castillo, en este post tengo que darle toda la razón. Porque la tiene.

  • Comentario por Francisco Tostón de la Calle 01.09.14 | 15:29

    Hola, amigos. José María, con esa finura y elegancia en la manera de decir las cosas, coloca delante un espejo que siempre está limpio y devuelve la imagen verdadera de quien se le coloca enfrente. Es el espejo de los Evangelios. Los Apóstoles son seguidores de Jesús y los abispos deben ser realmente valorados en cuanto se muestren como seguidores de Jesús: pobres, serviciales, entregrados a su misión de predicar el Evangelio con su palabra y con su ejemplo. Solo añadiría yo que el tipo tipo de obispo trepa, carrierista y mundano -que los hay- a mí no me da risa; lo que me da es lástima y un poco de mal genio viendo hasta dónde se puede desfigurar el encargo de Jesús a sus discípulos.

Viernes, 22 de junio

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