A estas alturas, nadie pone en duda que la crisis económica ha sido causada, en gran medida, por la corrupción moral de los responsables de la política y de la economía. Por otra parte, hablar de corrupción es hablar de maldad. Ha sido gente corrupta, gente mala, la que ha provocado - y la que sigue provocando y manteniendo - el inmenso sufrimiento que estamos padeciendo. Sobre todo, el sufrimiento que están padeciendo las víctimas más castigadas por esta enorme desgracia que se nos ha venido encima. ¿Se puede decir, por tanto, que las “víctimas de la crisis” son, por eso mismo, “víctimas del pecado”?
El obispo Munilla ha dicho que más de la mitad de los jóvenes españoles ni creen en Dios ni conocen a Jesucristo. Yo no sé qué fuente de información posee este obispo para hacer semejante afirmación. Y menos aún puedo saber lo que Munilla quiere decir cuando habla de la fe y de las creencias. Porque, a poco que se piense en este asunto, uno no tiene más remedio que concluir que una de las cosas más difíciles, que hay en esta vida, es hablar con precisión y exactitud sobre la fe en Dios y sobre el conocimiento de Jesús.
El cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona, ha dado orden a su obispo auxiliar que le comunique al párroco de Sant Medir la prohibición de que el teólogo Juan José Tamayo no puede pronunciar una conferencia en la mencionada parroquia. El cardenal no ha dado - al menos que se sepa - explicaciones de la decisión que ha tomado, ni ha justificado su prohibición. Ni, por supuesto, se ha molestado en comunicárselo, él mismo, al párroco con el que le une una amistad de bastantes años.
A los 50 años de la inauguración del concilio Vaticano II, el papa al que se le ocurrió convocar aquel concilio, el papa Rocalli, nos sigue desconcertando. Entre otras razones, porque son pocos los que se imaginan hasta dónde llegó la bondad de aquel hombre.
Una de las cosas que más están dando que hablar, en nuestro calamitoso tiempo de crisis y en esta España de tantos problemas y tantas corrupciones, es el hecho de que la Iglesia Católica sea una de las pocas instituciones que no han sufrido recortes, ni económicos, ni legales, ni fiscales. La Iglesia, dicen ahora algunos medios, quizá tendenciosamente, “no tiene que apretarse el cinturón”.
Miércoles, 22 de mayo
José Mª Castillo
JC Rodríguez, A Eisman
El Pórtico
Francisco Margallo
FEREDE
Religión Digital
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia