Hace unos años, se hizo famoso un film que llamó la atención de mucha gente: “El silencio de los corderos”. Una historia patética que analizaba la extraña personalidad del doctor Lecter, un siquiatra desquiciado, amalgama de dos facetas contradictorias. Por una parte, el hombre culto, refinado, de modales exquisitos. De otro lado, el “alter-ego” de este tipo desajustado, cínico, manipulador, que castiga sin piedad a quienes dan muestras de “malos modos”. Pues bien, si recuerdo aquí esta historia y el poder destructivo que tal historia contiene, es porque “el silencio de los corderos”, me evoca una de la experiencias más fuertes que estamos viviendo en estos días. Me refiero, no ya al “silencio de los corderos”, si al “silencio de los pastores”, utilizando el título que se asignan a sí mismos los obispos. Estos hombres que, como el mencionado doctor Lecter, aparecen, ellos también, como una amalgama de dos facetas contradictorias: el refinamiento de los modales exquisitos y la manipulación cínica del que va por la vida castigando los “malos modos”.
Como es bien sabido, con motivo de la crisis que estamos padeciendo, es frecuente oír hablar de los mercados. Se nos dice, por todas partes y a todas horas, que los mercados tienen la culpa de lo mal que se ha puesto la vida. Porque la codicia de los mercados es la causa de que haya tanto paro, tantas familias con el agua al cuello, tanta gente que no puede pagar las dichosas hipotecas, tanto miedo a que un buen día te encuentres con que el banco no te da el dinero que tienes allí depositado, etc, etc. Además, la codicia de los mercados es la que ha hecho fracasar a Zapatero. Y la que ha llevado a Rajoy a imponernos la reforma laboral que está dejando sin resuello a miles y miles de trabajadores, al tiempo que los banqueros se frotan las manos, inflándose de millones, a costa del miedo y la miseria del pueblo, el sufrido pueblo, sobre cuyas espaldas se amasan las grandes fortunas, que crecen en la misma medida en que disminuye el modesto jornal de los que, con su trabajo, mantienen a este país. Realmente, ¡ no hay derecho! Porque la pura verdad es que todo esto es así.
Una de las cosas más sorprendentes, que llaman la atención en la reciente “Notificación sobre algunas obras del Prof. Andrés Torres Queiruga” (30. Marzo, 2012), publicada por la Comisión para la Doctrina de la Fe, de la Conferencia Episcopal Española, es que este documento, relativamente breve (no llega a seis páginas, en la edición que publica en internet la Conferencia Episcopal), la doctrina, que se expone en el documento, se justifica con 80 notas a pie de página. Es evidente que los autores de la Notificación han querido justificar sólidamente sus afirmaciones. Las 80 notas referidas se dividen en dos bloques, claramente perceptibles: el bloque de afirmaciones que reproducen las enseñanzas de Torres Queiruga, por una parte, y el bloque de las afirmaciones de los censores (el obispo Adolfo Montes y el teólogo José Rico Pavés), que cuestionan o rebaten las enseñanzas de Queiruga.
Viernes, 24 de mayo
José Mª Castillo
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Josep Maria Tarragona
Religión Digital
Adolfo Sillóniz
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
Alejandro Córdoba
Jose Gallardo Alberni