El obispo de Ciudad Real, Mons. Antonio Algora, ha publicado, en una revista de su diócesis, una reflexión sobre la reciente reforma laboral, que el presidente Rajoy, desde la prepotencia que le otorga su mayoría absoluta, ha impuesto a los trabajadores en España. La reflexión del obispo Algora ha sido noticia de ámbito nacional. Y está siendo motivo de numerosos comentarios.
Quizá lo que voy a poner aquí pueda servir para pensar en algo serio durante la próxima semana santa. Si sirve para eso, aunque resulte pesado, alguna utilidad tendrá. Con esa intención lo escribo.
Escribo esta breve reflexión el día de san José. Hoy se celebra en la Iglesia el “Día del Seminario”, el día de las vocaciones sacerdotales. Y esto precisamente es lo que me lleva a pensar en el dolor de la Iglesia. Pienso en la Iglesia como lo hace el concilio Vaticano II: “el conjunto de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación” (LG 9, 3). Cuando se piensa así en la Iglesia, resulta inevitable sentir el dolor de esta Iglesia, que se ve cada día más desamparada, más desprotegida y me temo que, también cada día, más desorientada.
Nos quejamos, con toda la razón del mundo, del azote de la crisis económica en Europa, concretamente en España. Pero da que pensar - y mucho - el contraste aterrador de la situación económica global en este momento. Exactamente ahora, a pesar de la crisis, los que más dinero tienen son los que más han aumentado sus increíbles riquezas. Esta acumulación de dinero en pocas personas es de tal magnitud, que ya no se habla de “millonarios”, sino de “billonarios”, término que se utiliza para designar a las personas que poseen más mil millones de dólares. Y lo más sorprendente es que la lista de los billonarios se ha disparado precisamente en estos años de la crisis, pasando de 97 a 214. Entre ellos, 54 nuevos que proceden de China y 31 de Rusia.
Quiero, ante todo, agradecer a todas las personas, que entran en este blog, su participación en él. Aportando, cada cual su punto de vista y sea cual sea ese punto de vista, tos nos ayudamos mutuamente, nos enriquecemos unos a otros y, en cualquier caso, aprendemos cosas que necesitamos aprender. Ya, por esto sólo, el blog es un buen servicio a cuantos participamos en él.
Cuando hablo aquí de los obispos españoles, me refiero a todos. A los que hablan de este asunto. Y a los que no dicen nada de esto. A los que están en activo. Y a los jubilados. Porque en esta cuestión, y tal como están las cosas, el silencio es complicidad. El silencio de los obispos y de quienes no somos obispos. Y es que, lo que está en juego, es el hambre y el sufrimiento - y la ejemplaridad ante ese espantoso problema - de millones de españoles. En este caso, quedarse con los brazos cruzados es hacerse responsable del padecimiento de las víctimas. Y además, eso es fomentar todavía más el descrédito de la Iglesia, la burla, la mofa y la risa de tantas gentes ante las cosas que hacen y dicen que se presentan ante la sociedad española como los “sucesores de los Apóstoles”.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató