Todos los años, en la misa del domingo primero de cuaresma, se lee el evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto. Un relato que se encuentra en los tres evangelios sinópticos, en Marcos sólo de forma muy resumida, en Mateo y Lucas más detallado. Como es sabido, sobre este evangelio de las tentaciones de Jesús, F. Dostoyevsky, en “Los Hermanos Karamazov (l. V, c. 5), escribió una de sus reflexiones más sublimes, desde el punto de vista literario, y más profundas desde el punto de vista antropológico. La lectura religiosa, que se puede hacer de este texto, es problemática. En todo caso, se trata de un texto que da mucho que pensar. Por eso me ha parecido que puede ofrecer elementos de juicio para una lectura provechosa precisamente en la situación de crisis que estamos viviendo.
La bondad es siempre ejemplar, admirable, modélica. Pero la bondad no llega al límite, hasta el extremo último de sus posibilidades, nada más que cuando resulta sorprendente, incomprensible, desconcertante, incluso escandalosa. Una bondad que no escandaliza es una bondad a la que seguramente le falta algo y, por tanto, no da de sí todo lo que tendría que dar.
Hace dos días, escribí en este blog un elogio de la bondad, como solución a la crisis económica que vivimos. Alguien me ha recordado que los teólogos no entendemos de economía. Lo cual es verdad. Pero, tan cierto como eso, es que, si los economistas no tienen en cuenta que las relaciones laborales, empresariales y económicas se limitan sólo a los datos que suministra la economía, con eso nada más no arreglamos los problemas económicos que nos agobian.
Está visto que - al menos en España y tal como están las cosas -, no tenemos más solución para salir de la crisis que el recurso, la insistencia, la petición machacona y angustiada de que, en este país, más importante, más decisiva, que la reforma laboral es la bondad de las personas. Sobre todo, la bondad de los más ricos y poderosos. Yo sé que a mucha gente esto le suena a música celestial. Y a casi todos les hará la impresión de que es retórica de sacristía. O sea, nada. Y, sin embargo, por más que pienso en el problema, es evidente que Zapatero no ha sido capaz de resolver la situación. Pero, ¿la va a resolver Rajoy?
El pasado día 2 de febrero estuve en Roma. Allí me informaron que, a las 17,30, se celebraban en la basílica de San Pedro unas solemnes Vísperas “presididas por el Santo Padre”. En la festividad de la Presentación del Señor en el Templo y de la Purificación de María, popularmente la fiesta de la Candelaria, se celebra “el día de la Vida Consagrada”, según el vocabulario vaticano. Gustosamente quise participar en tan solemne celebración litúrgica. Ante el Santísimo expuesto y presidido por el papa, el acto resulto fastuoso. Dos cosas me llamaron especialmente la atención. Ante todo, y dada la finalidad de la celebración, la basílica se llenó de religiosas y religiosos. Pero lo que más me llamó la atención fue la cantidad de monjas africanas, asiáticas y latinoamericanas que asistieron. Las religiosas mayores se notaba que eran europeas, en tanto que entre las jóvenes predominaba una notable mayoría de otros continentes. La otra cosa que me chocó fue el asombroso “show fotográfico” que muchos de los asistentes celebraron juntamente con las Vísperas litúrgicas, con el Santísimo expuesto y ante la solemne presencia del papa. Cámaras fotográficas de muy diversas marcas y precios, teleobjetivos de auténticos profesionales, aparatos de video, etc, etc. No era fácil saber si allí se rezaba, se cantaba al Señor, se aplaudía al papa o se preparaban reportajes que irían a parar a medio mundo.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató