Teología sin censura

El miedo a la humanidad

20.12.10 | 20:21. Archivado en Iglesia católica
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No hablo de males y catástrofes, que ya tenemos bastantes. Y bastante hablamos de nuestras desgracias. Mejor nos iría si tuviéramos una visión positiva y esperanzadora de la vida y de las cosas. Por eso hoy, en vísperas de Navidad, propongo que pensemos en el daño que a todos nos hace el miedo que le tenemos a nuestra propia humanidad. Porque estoy persuadido de que, en ese miedo, está la explicación y la raíz de tantas torpezas y maldades que se podrían y se tendrían que evitar.
Vamos a ver. Desde la nochebuena hasta el día de reyes, los cristianos recordamos una serie de episodios en los que no resulta fácil precisar lo que hay de leyenda y lo que hay de verdad en esos relatos. Los estudiosos se rompen la cabeza intentado descifrar cada detalle y no acaban de ponerse de acuerdo. Pero, en todo caso, lo que hay de cierto (para un cristiano) en los evangelios de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), es que “lo divino” (Dios, en definitiva) se dio a conocer, se hizo presente y se manifestó en “lo humano”. Y precisamente en lo más humano: un niño, de condición humilde y en circunstancias de despojo, desamparo y persecución a muerte. Por supuesto, como es bien sabido, la historicidad de esos hechos está cuestionada desde no pocos puntos de vista y en muchos de sus detalles. Pero eso es lo que menos importa en este momento. No olvidemos que los evangelios no son primordialmente “libros de historia”, sino que en ellos se nos ofrece un “mensaje religioso”. Y eso es lo que al creyente le interesa. O eso es lo que le debe interesar.
Ahora bien, el “mensaje religioso” de los evangelios de la infancia es tozudamente claro y provocador. Es el mensaje que nos dice esto: “lo divino” se encuentra en “lo humano”. En lo más humano, es decir, en lo débil, en lo marginal, en los excluido y hasta en lo perseguido. “Lo divino” no se hizo presente en lo portentoso, en lo milagroso, en lo sobrecogedor, como le pasó a Moisés en la zarza ardiendo o en el monte Sinaí. “Lo divino” se hizo presente en un niño, en un establo, entre basura y animales. Y fue anunciado a pastores, uno de los oficios marginales de aquel tiempo. Y hasta el rey, informado por los sacerdotes, decidió matarlo. Así fue cómo “lo divino” tuvo que hacerse emigrante. Porque “lo divino”, que se hace presente en “lo humano”, no tiene “papeles”. Es verdad que al niño lo circuncidaron (Lc 2, 21), como se hacía con todos los humanos de aquella cultura. Y lo llevaron al templo (Lc 2, 22-23), como también se hacía entonces con todos los humanos. Pero queda en pie que, según los evangelios de la Navidad, “lo divino” se hace presente, se comunica, se da, en algo tan humano, tan débil, tan entrañable, que se encuentra “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).
El Evangelio tiene algo muy fuerte, muy duro, que no nos cabe en la cabeza. A partir de la primera Navidad, que hubo en la historia, a Dios no se le encuentra ya en lo fuerte, sino en lo débil. No se le encuentra en lo grande, sino en lo insignificante. No se le encuentra en lo grandioso y lo notable, sino en lo que no pinta nada para nadie. No se trata de que el Evangelio representa un proyecto nihilista, inhumano. Se trata exactamente de todo lo contrario. El Evangelio es la afirmación más sublime de lo humano. Porque es evidente que quienes conocieron a Jesús, lo que vieron y palparon en él fue a un ser humano. Entonces, ¿por qué, desde antes de nacer y en su nacimiento, intervinieron los ángeles y la fuerza del Espíritu. Y todo eso, además, envuelto en sueños, apariciones, enigmas y manifestaciones de lo extraordinario y lo celestial? Porque había que vencer nuestra pertinaz resistencia para aceptar que, desde el momento en que Jesús vino a este mundo, a Dios lo encontramos en nuestra propia humanidad.
Pero resulta que esto es lo que no nos cabe en la cabeza a los humanos. Nos gusta lo grande, lo importante, lo notable, lo solemne, lo que impresiona y llama la atención, lo que se impone y admira... Todo eso y lo que se parece a eso. Pero, ¿y lo que no es ni más ni menos que humano? ¿lo que es común con todos los humanos? Pues eso, precisamente eso, que es lo que tantas veces menos valoramos, eso es lo que más necesitamos. Porque es lo que más nos humaniza. Y lo que más humaniza la vida, la convivencia, la sociedad. A todos nos “educan” para ser importantes, pero no para ser sencillamente humanos.
De ahí, la consecuencia más peligrosa y más patética que todos arrastramos. Nos seduce el poder. Nos seduce la gloria. Queremos, a toda costa, ser importantes, destacar, ser notables. Confieso públicamente que a mí, por lo menos, todo eso me atrae, me agrada y es motivo de anhelos inconfesables. Anhelos y deseos que, cuando soy sincero conmigo mismo, los maldigo mil veces. Porque estos sentimientos me rompen por dentro y destrozan mi propia humanidad.
Esta “civilización” (?), esta “cultura” (?), en que vivimos, ha hecho con nosotros lo peor que se podía hacer. Nos ha inoculado el miedo a nuestra propia humanidad. Tiene razón el viejo mito del paraíso perdido: la tentación satánica, que a todos nos acosa, es el deseo de “ser como Dios” (Gen 3, 5). Estoy harto de ver “ateos” (y no digamos “creyentes”) que se pasan la vida aspirando a ser “como Dios”. No sé si lo consiguen. Lo que sí sé es que somos muchos los que, a fuerza de tanto querer alcanzar a ser “divinos”, hemos dejado de ser verdaderamente “humanos”. Tanta falsa apetencia de “divinidad” ha hecho trizas nuestra propia “humanidad”. Y además, si pensamos en lo que ha ocurrido en el ámbito de las creencias y en el terreno propio de la teología, lo que ha pasado es que “lo divino” se ha distanciado tanto de “lo humano”, que ha llegado a entrar en conflicto con las mejores manifestaciones de nuestra propia humanidad. Baste pensar en los constantes enfrentamientos entre los presuntos derechos de lo divino y los derechos humanos. Por no hablar del destrozo que estas ideas han causando en el estudio propio de la cristología. Da pena pensar en que no pocos jerarcas de la Iglesia ponen el grito en el cielo si oyen decir que Jesús fue, no solamente humano, sino que es el modelo perfecto de la plenitud humana. Ser representantes del poder divino, que les da rango y poder, les encanta. Ser ejemplos de humanidad, eso es otro cantar.

16 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por peter 25.12.10 | 11:07

    Buen artículo.
    Dios se vacía de su divinidad para asumir nuestra humanidad. Nos regala la caricia de los niños, la sabiduría de los ancianos y nos revela, en la pequeñez, la grandeza del ser humano que se deja habitar por Dios.
    Contemplo, junto al pesebre, a los misioneros, a los volunarios del amor y de la fraternidad, a tántas personas que han elegido una vida pobre y sencilla, para enriquecer a los demás con la moneda del amor.
    En Belén, Dios-con nosotros, inventa un nuevo estilo de ser humanos. ¡Feliz Navidad a todos!

  • Comentario por peter 25.12.10 | 10:55

    Buen artículo.
    Dios se vacía de su divinidad para asumir nuestra humanidad. Nos regala la caricia de los niños, la sabiduría de los ancianos y nos revela, en la pequeñez, la grandeza del ser humano que se deja habitar por Dios.
    Contemplo, junto al pesebre, a los misioneros, a los volunarios del amor y de la fraternidad, a tántas personas que han elegido una vida pobre y sencilla, para enriquecer a los demás con la moneda del amor.
    En Belén, Dios-con nosotros, inventa un nuevo estilo de ser humanos. ¡Feliz Navidad a todos!

  • Comentario por sofía 24.12.10 | 17:49

    ¡FELIZ NAVIDAD! al blogger y a todos los lectores.

  • Comentario por Carlo 23.12.10 | 17:24

    Chinto, verdadero Dios y verdadero hombre SOMOS TODOS.
    Pienso que la Iglesia ha sobreinterpretado la idea de Jesus. Los titulos de Señor y Mesias son gratuitos.

  • Comentario por Chinto 23.12.10 | 11:48

    Carlo: hay que saber algo más de la historia del Cristianismo. Te recomiendo el libro de Hans Küng, titulado, "EL CRISTIANISDMO. ESENCIA E HISTORIA". Después de leerlo sabrás diferenciar las comunidades cristiano-judías de las comunidades cristiano-helenistas y de las comunidades crstianas de cultura pagana. El dogma aparece en el siglo IV.

  • Comentario por Carlo 23.12.10 | 10:47

    La existencia del mal en el mundo es la prueba evidente de que el Mesias todavia no ha venido.Auschwitz es la prueba evidente de que los salmos y las profecias todavia no se han cumplido.Y las catastrofes naturales son otra prueba evidente.

    El cristianismo pronto dejo de obedecer a sus primeros padres (los hebreos) y se instalo placidamente en el dogma,intransigente e irracional total...el cristianismo pronto se desentendio de cualquier evidencia historica y se convirtio en una "religion teologica" en un castillo de naipes ajeno a la realidad.El mero hecho de pedir alguna evidencia se considero blasfemo.

    Cualquier judio sabe que la PERSONA DEL MESIAS NUNCA ES DIOS el Mesias es "el enviado" de Dios que no es lo mismo.Si Jesus era judio...por tanto NO PODIA SER DIOS.La Shema Israel reza que DIOS ES UNO y el propio Jesus rezo la Shema.Mas claro imposible.

    Me figuro que ante el evidente fracaso de la cruz,los cristianos pronto crearon el "poderoso" do...

  • Comentario por Juan 22.12.10 | 20:17

    Pienso que no se puede despachar con consideraciones piadosas la presencia histórica del sufrimiento en el mundo. A quien le interese este tema le recomiendo la lectura meditada y tranquila del capítulo que sobre Dios y el sufrimiento, ha escrito Hans Küng en su libro SER CRISTIANO, pág. 456-465.
    Yo estoy de acuerdo con el gran teólogo Suizo, apartado de la cátedra por su compñero en la Univerdsidad de Tubinga, Rátzinger, hoy Benedicto XVI, esrtoy de acuerdo con él repito "que no es el nacimiento de Jesús, sino su muerte y su nueva vida con Dios lo que constituye el centro perenne del mensaje cristiano". (Cfr. Ser Cristiano, pág. 465 y ss.)

  • Comentario por Mar 22.12.10 | 18:56

    Es que visto desde esta perspectiva, es tan sencillo y tan claro. Dios humano, Dios humilde, Dios en el corazón del que sufre, y cuanto más sufre, más esta presente Dios.
    Que esta Navidad sirva para abrir los ojos y poder ver a Dios en el hermano que esta a nuestro lado, pequeño, indefenso, débil, a veces ignorado, y que sufre porque le falta amor, cobijo, alimento, salud...Tal vez si identificamos a Dios en él nos sentiremos cerca de lo divino, sin necesidad de buscarlo en lo grande, lo notable o lo poderoso donde difícilmente lo encontraremos.
    Gràcias i "Feliz Navidad".

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 22.12.10 | 11:24

    En cuestiones de economía y de creencia, la Historia tiene, sin la menor duda, gran importancia, pero solo en la medida en que es luz y lección para nuestro presente. Así, es importante saber cómo vivieron nuestros ancestros, pero sus penurias y esfuerzos deben ayudarnos a sacar adelante nuetra vida de hoy, que es nuestra responsabilidad. Que Dios se encarnara y naciera en Belén, como proclama nuestra fe, tal vez con una gran dosis de credulidad, intantilismo y ternura, es importante para encuadrar nuestra andadura presente por este valle de lágrimas, pero lo más importante es saber si somos capaces de descubrir el verdadero rostro de Dios, el de su pura bondad y amor, en el rostro de los hombres que nos rodean. Temblamos, desde luego, señor Castillo, ante el hecho de descubrir a Dios viviendo entre los parados, los desarraigados, los hambrientos y los harapientos de nuestros días. De tener valor, veríamos que Dios nos rodea por todas partes y nos habla alto y claro.

  • Comentario por Gonzalo,Chile 21.12.10 | 21:45

    Gracias José María por recordarme que nuestro Dios, es un Dios Humilde en esencia.
    Se goza y se le descubre en el silencio, la humildad, la bondad, la mansedumbre y la misericordia.Realmente es perfecto nuestro Dios

  • Comentario por Manuel_RH 21.12.10 | 13:54

    ....En este caso la respuesta de María y José hicieron posible, desde una sencilla y natural predisposición hacia Dios, la historia de nuestra Salvación. Si Dios se comunicó a través de Angeles y hechos extraordinarios o nó ( lo más normal es pensar que no) carece de importancia.

  • Comentario por Manuel_RH 21.12.10 | 13:52

    Estoy de acuerdo; lo que pasa es que las cosas hay que explicarlas de alguna manera, (y más en aquel tiempo) sobre todo si son cosas de tanta trascendencia. Desde la Fe parece fácil pensar así; pero cómo podríamos haber creído desde nuestra simpleza en la autenticidad de una historia tan maravillosa si no se la hubiera ”adornado” con angelitos y esas cosas. Yo siempre he pensado que esa forma de ver quita mérito a los personajes que intervinieron y anulan (ó disminuyen al menos) el valor auténtico de la respuesta humana ante el proyecto de Dios, que quizá es de las mejores lecciones que podamos aprender: si todos tuviéramos detrás a un angel que nos va explicando todo lo que pasa en cada momento ¿qué mérito tendríamos? Sin embargo es una forma de representar la inspiración del Espíritu Santo ante la que cada cual adopta una postura determinada. .....

  • Comentario por Carlo 21.12.10 | 10:57

    La teologia se tiene que hacer desde el hombre y no contra el hombre.
    Solo en el amor el hombre descubre su humanidad. Es maravilloso contemplar el rostro de Dios en el rostro de toda persona.

  • Comentario por Ana 21.12.10 | 09:01

    Preciosa meditación, en medio de el espectáculo en que hemos convertido la navidad, nos permite volver a enfocar la mirada para contemplar lo que de verdad sucedió y redescubrir lo que en realidad debemos celebrar.
    ¡Feliz navidad!

  • Comentario por Celso 20.12.10 | 22:48

    Creo que este año miraré con otros ojos el "belén" que siempre hemos puesto en casa , gracias a esta aportación de J.M. Castillo. Ayudar a liberarse de las autotrampas es una gran acción, Gracias.

  • Comentario por ERASMO 20.12.10 | 22:00

    Un excelente artículo J.M. Castillo. De una gran profundidad TEOLÓGICA. De los mejores que he leído sobre que significa la Navidad.

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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