Teología sin censura

Día de los derechos humanos

10.12.10 | 10:56. Archivado en Iglesia católica
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El 10 de diciembre de 1948 se firmó, en París, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es importante recordar y hacer mención de esta fecha. Porque esta Declaración representa uno de los acontecimientos más decisivos en la historia de la cultura, del derecho, de la política, de la humanidad entera. Y, por tanto, es también un acontecimiento de máxima importancia para la historia de las religiones, para los criterios que han de regir los comportamientos éticos. Y, por supuesto, para las espiritualidades.
El problema está en que esta manera de ver las cosas es tan difícil de integrar en la vida de los individuos, de las instituciones, de la cultura entera, que tendrán que pasar bastantes generaciones para que los artículos de la Declaración se conviertan en convicciones tan determinantes, que lleguen a impregnar el tejido social de los pueblos, sus costumbres, sus leyes, sus estilos de convivencia y, sobre todo, los dos pilares que sostienen a cada país: el derecho y la economía.
Baste pensar en esto: para querer a alguien, lo primero que hay que hacer es respetarle. Donde no hay respeto, no puede haber amor. Ahora bien, respetar a alguien es, ante todo, respetar sus derechos. Cuando los derechos fundamentales de una persona no se respetan, es imposible amar a esa persona. Pero, como dice la Declaración que hoy conmemoramos, respetar los derechos fundamentales de alguien es respetar su manera de pensar, su forma de vivir, sus costumbres, sus preferencias, lo que hace y lo que dice. Aunque todo eso no nos guste o incluso entre en contradicción con lo que nosotros pensamos, hacemos o decimos. Si la forma de pensar o de vivir de una persona no quebranta los derechos humanos de los demás, esa persona merece todo nuestro respeto. De ahí que los derechos humanos son y exigen tolerancia y estima de lo diferente.
La tarea más urgente, que a todos nos incumbe, es vivir y fomentar la comprensión y la asimilación de los derechos humanos en nuestras vidas y en nuestra convivencia. Para ello, es decisivo que la religión y la educación se orienten en esta dirección. Concretando más, en este blog de teología, me parece que tiene hoy especial relevancia el que todos caigamos en la cuenta de que a las religiones les queda un largo camino por recorrer para cumplir con el sagrado deber que les incumbe en este orden de cosas. El pensamiento religioso suele ser un “pensamiento dogmático”. Pero es evidente que el pensamiento dogmático es, por su misma naturaleza, un pensamiento impositivo, intolerante, autoritario e incluso amenazante. Mientras semejante forma de pensamiento siga teniendo vigencia, no será posible vivir los derechos humanos con todas sus consecuencias. Yo sé muy bien que la Iglesia, desde el papado de Juan XXIII, viene elogiando y recomendando insistentemente los derechos humanos. Pero también hay que decir que toda esa
insistencia, siendo muy necesaria, se queda a medio camino, y hasta puede parecer mera palabrería, cuando los hechos en la vida de la Iglesia no se rigen por los derechos humanos. Navegando por la red, uno se queda de piedra cuando entra en algunos portales de internet, en los que quienes viven el pensamiento dogmático sin fisuras, por eso mismo se sienten con el derecho y hasta con el deber de ofender, insultar y condenar a quienes no piensan como ellos. Mientras esta mentalidad no cambie, dejemos de hablar de los derechos humanos. Y aceptemos que posiblemente somos muy religiosos, pero somos muy inhumanos. Aparte de que, a veces, damos pruebas abundantes de tener muy poca educación.

4 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Roberto Torres Collazo 23.01.11 | 07:08

    Mons. Pedro Casaldáliga dijo en una ocación que los derechos humanos son los mismo valores del Reino de Dios y su Justicia. La jerarquía en Roma habla de derechos humanos pero como un tema más en entre otros, no son importantes los derechos humanos. Todo el mundo sabe dentro de nuestra Iglesia no pocas veces se han violado los derechos humanos. Por ejemplo, más de 500 teólogos desde Juan Pablo II hasta el presente han sido censurados, otros intimidados, acosados o amenazados. ¡Señor enseñanos a respetar la dignidad humana!.

  • Comentario por Juan 12.12.10 | 08:45

    El vaticano no ha firmado la carta de los derechos humanos para no reconocer a las mujeres el derecho a seguir desempeñando en la iglesia los mismo papeles que sempeñaba en las las primeras comunidades cristianas, como puede verse en las cartas paulinas.

  • Comentario por Carlo 11.12.10 | 11:22

    El Vaticano II fue un paso adelante en la “democratizacion” de la Iglesia…pero insuficiente.¿Democracia en la Iglesia? ¿Por qué no? Siempre se responde que la democracia no es “valida” para la Iglesia porque la Iglesia es “divina” pero no se cae en la cuenta de que no hay nada mas divino como los derechos humanos y la democracia,ambos inseparables y complementarios uno del otro.Los derechos humanos son los derechos divinos.Y la Iglesia sera mas divina cuando sea mas humana.A la luz del Vaticano II desde que Dios se ha encarnado en nuestra humanidad DIOS NO EXISTE FUERA DEL HOMBRE.El hombre es la medida de todas las cosas.Lo contrario es caminar en la oscuridad.


  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 11.12.10 | 01:59

    Gran día el de la celebración de los derechos humanos. Pero, como mis derechos limitan con tus obligaciones y los tuyos, con las mías, bien pudiera hablarse, correlativamente, del día de las obligaciones humanas.
    Es excusable que no se respeten mis derechos porque, como cristiano obligado a imitar a Cristo, sé que tampoco se respetaron los suyos. Pero lo que no es excusable es que yo no cumpla mi obligación de respetar los derechos de cuantos me rodean, pues como cristiano debo practicar la caridad.
    Llegados a este punto, cabe asegurar que la caridad libera, redime, salva, edifica, y que el dogma, convertida su luz en espada, mata. La verdad de un dogma, encorsetado en fórmulas filosóficas, arcaicas o no, al ser impuesta por la fuerza de la autoridad que confiere un poder religioso usurpador, frena y atenaza el Espíritu, esclaviza.
    Día de los derechos humanos y día de la caridad es lo mismo para un cristiano. En el amor se condensan todas las obligaciones.

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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