He hablado en este blog del respeto al otro, de la tolerancia con los demás, del amor a los otros. Hoy daré un paso más. Quienes tenemos creencias religiosas, basadas en el Evangelio, en Jesús, en la tradición cristiana, si es que pretendemos ser coherentes con tales creencias, tendríamos que tomar en serio que no basta con el “respeto” al otro. Hay que llegar hasta la “sacralización” del otro. En la teología cristiana tenemos, entre otros, un vacío importante. El vacío de una buena teología y de una buena experiencia de “lo sagrado”, vivido cristianamente. Para el cristianismo, como para las demás religiones, “lo sagrado” es el templo, es el altar, el cáliz y la patena, las imágenes de los santos, los días sagrados de la semana santa o de otras fiestas religiosas, las personas consagradas, como es el caso de los sacerdotes, los obispos, el papa, las monjas y los frailes. Es decir, los cristianos, como los demás hombres religiosos del mundo, hemos sacralizado cosas, objetos, cargos, en los que pensamos que encontramos a Dios y nos relacionamos con Dios. En esto, el cristianismo no ha hecho sino imitar o copiar lo que venían haciendo todas las religiones desde tiempos antiquísimos.
Pero ha llegado la hora de que los cristianos afrontemos de verdad una cuestión capital: el vacío de los templos, el poco aprecio y la baja estima de los objetos religiosos, de los días religiosos, de las cosas de la religión, es la ocasión privilegiada que los “signos de los tiempos” nos sirven en bandeja, para que caigamos en la cuenta de que se está produciendo un “desplazamiento” de lo sagrado, una auténtica “metamorfosis” de lo sagrado, que no es un atentado contra la religión y contra Dios. No, no es eso. Se trata, por el contrario, de una “recuperación” de lo sagrado en el sentido auténtico que le dio Jesús y que se encuentra en el cristianismo naciente: en los evangelios, en las cartas de Pablo, en la Iglesia primitiva.
Sabemos que Jesús dijo del templo que había sido convertido en una cueva de bandidos. Los sumos sacerdotes no aparecen nunca en los evangelios como oficiantes de lo sagrado, sino como agentes de sufrimiento y muerte. El Sanedrín vio en Jesús la más seria amenaza precisamente para el templo (Jn 11, 48). Y por eso dictó pena de muerte contra él (Jn 11, 53). En el juicio religioso, teniendo tantas cosas como los dirigentes religiosos tenían contra Jesús, la acusación suprema que hicieron para condenarle fue su ataque al templo (Mc 14, 58 par). Y lo mismo hay que decir de las burlas ante la cruz (Mt 27, 39-44 par). Por lo demás, sabemos que Jesús le dijo a una mujer samaritana que había llegado la hora en que se acabó la adoración a Dios en este templo o en aquél. Lo que Dios quiere es la adoración “en espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-24). Y después de la resurrección, el primer mártir, Esteban, les dijo a los dirigentes judíos que “el Altísimo no habita en edificios construidos por manos humanas” (Hech 7, 48).
Entonces, ¿dónde está Dios? San Pablo les dijo a los cristianos de Corinto: “vosotros sois el templo de Dios” (1 Cor 3, 16-17). Más aún, el cuerpo de cada ser humano es templo del Espíritu Santo (1 Cor 6, 19). Y el mismo Jesús había dicho: “donde dos o tres se reúnen... allí estoy yo” (Mt 18, 20). Y todavía más claro: Jesús insistió en que quien “recibe” (Mt 10, 40), “acoge” (Mc 9, 37) o “escucha” (Lc 10, 16; cf. Jn 13, 20) a alguien, por pequeño que sea, es a Dios mismo a quien recibe, acoge o escucha. Nada tiene de extraño que, en el juicio final, el Señor dicte sentencia afirmando: “lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).
La cosa está clara. Jesús sacó a Dios de los sitios sagrados, lo separó de los objetos sagrados, de los tiempos sagrados, etc. Y puso a Dios en cada ser humano. De manera que lo que le hacemos a cada ser humano, es a Dios a quien se lo hacemos. Y Jesús no puso límites, ni condiciones, ni hizo separaciones. También en las cárceles está Dios: “estuve preso y fuisteis a visitarme”. Lo que pasa es que nosotros hemos vuelto a meter a Dios en el templo, le hemos construido catedrales, iglesias, capillas de todas clases... Y nos pensamos ingenuamente que Dios está en los altares, honrado y respetado, como se merece. Cuando la pura verdad es que a Dios le faltamos al respeto siempre que no respetamos a alguien. Y mucho más cuando ofendemos, nos aprovechamos, robamos, matamos o simplemente le amargamos la vida a quien sea. A Dios lo humillamos y lo torturamos todos los días, a todas horas y en todas partes.
Y que nadie me venga diciendo que esto es sacar las cosas de quicio. A no ser que, efectivamente, nos hayamos echado el alma a las espaldas y estemos realmente persuadidos de que donde mejor está Dios es metido en su templo de siempre. Porque en la calle, en la casa, en el trabajo y en el paro, en el bar y donde sea, se está mejor sin dios. Cuando la pura verdad es que donde no nos gusta que esté (en cada persona), allí es donde de veras está el Señor.
Los comentarios para este post están cerrados.
Bueno,en principio nada que objetar en que halla que respetar al projimo,pero eso lo dice ya el catolicismo en sus mismos textos,lo dice el Papa actual y lo decia J.Pablo II,nada nuevo bajo el sol.La Iglesia catolica no niega la sacralidad del projimo,es mas la defiende en sus textos y mensajes,por eso es criticada muchas veces,insultada por defender la sacralidad de humanos olvidados: fetos,embriones,niños abandonados,Haiti,Africa,etc...por lo tanto no hagamos de esto una batalla contra el catolicismo.Otra cosa son personas que no hallan entendido lo que dice el Papa y el catecismo y solo vean el altar o objetos y se olviden del projimo,pero no dividamos facilmente.El catolicismo dice que ademas de la presencia de Jesus en el pobre y de la sacralidad de todo ser humano,tambien existe la presencia real de Jesus en la Eucaristia y su accion en los diferentes sacramentos,etc..
Josè Marìa
Muchas gracias por ese don que Dios te dio de hacer parecer sencillas hasta las cosas mas difíciles.
Efectivamente estoy plenamente de acuerdo con lo que planteas
Y es más, cuando la Iglesia no ha sabido avanzar, ayudando al ser humano en la evolución de una sociedad mejor, y de un Hombre más humanizado, ha debido ser la conciencia humana a secas ( que generalmente se le asocia con el ateísmo) lo que ha permitido avances muchas veces esenciales en la búsqueda integral de la esencia del hombre.
El ultimo gran cambio de paradigma fue la revolución francesa y el próximo está sucediendo hoy día con toda la oposición de la jerarquía católica.
Serìa a esto a lo que Jesús se refería cuando decía que "las piedra gritaran"?, si no hacen su trabajo quienes debemos hacerlo , lo harán aquellos que reniegan de Dios?
Es decir el Reino ya está aquí y si no quieren trabajar por el, los llamados lo harán aquellos que son considerados "enemigos"?
Otro argumento neotestamentario que apoya la tesisi de J. Mª Castillo: El Samaritano,como ejemplo a seguir. Ates que él por aquel sendero, hizo Jesús pasar a un sacerdote y a un levita, ayudante entonces del sacerdote en el templo. Amobos irían a Jerrusalén a ofrecer el sacrifico, que les otascaba ofrecer por turno. No era gente mala, eran judíos que cumplieron la Toráh que prohibía entrar en el templo a quienes se manchaban con sangre humana, tocaban un cadáver o pisabn una tumba. Pusieron la toráh, y el culto antes que la atención al herido o semimuerto. Luego pasó el samaritano que no sabía ni de culto ni de toráh, y atendió al necesitado. Jesús puso al samaritano como modelo a seguir. El hombre está por encima de la toráh y del culto. Para Protágoras el hombre era la medida de todas las cosas; para Jesús, el hombre es el centro de todo. El que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama al prójimo a quien ve, miente. (cfr. primera carta de Juan)
Castillo solo está proponiendo la radical revolución de recuperar esencias, sentido del obrar y esperanzas. Añadiré un argumento más a los suyos: cuando la celebración de la cena se fue ahormando en eurcaristía, esta aparecía como el acontecimiento en el que muchos granos de trigo y de uva, uno por cada cristiano, se sometía a un proceso ascético exigente para devenir eucaristía. Así, la Eucaristía más que sacramento de "presencia", aspecto potenciado muy tardíamente, era sacramento de comunión en el que el creyente no solo comía y bebía a Cristo sino en el que los cristianos se comían y bebían entre sí fomando una auténica comunidad. Cuanto se dice de la Ecuaristía que no tenga que ver con esta comunión es elucubración, fantasía.
Dicen que corren malos tiempos y, seguro, tendrán razón quienes lo dicen. O buenos, tal vez, pues el eje de la acción cristiana se esté desplazando del templo y el poder al campo de maniobras donde operan tantas ONGs y cristianos comprometidos.
Jerarquía es con Jota, perdón, lo escribí con G y sin acento. Perdoname galetel y más errores que quizás cometí.
Alguien comentó (Quisiera ser tan inteligente como galetel para citar con número de pagina y todo) que "en eventos masivos, el anonimato protege y entonces surge así, como dicen los sociólogos, la parte más deteriorada y primitiva de la masa. El lado estúpido de la masa decía Ortega y Gasset" para eso sirven los templos y todas esas reuniones masivas que convoca el Papa. Borregos detras de un pastor hambriento de dinero, y no solo los católicos, sino todo grupo que se desprende de éstos, terminan en la misma gerarquia quieranlo o no. Ya no veo ni sentido en empezar una nueva Iglesia, si todas parece que tienden a lo mismo. Todo lo que congrega cantidad es peligroso ¿Hay alguna diferencia, pregunto, entre los expectadores de un clásico del Barca Vs real Madrid y esa gran masa que va a ver a Benedicto? Llenos ambos grupos de emociones, solo que por diferente motivo, pero al fin emociones que no sirven para nada.
Que dificil nos resulta a los que estamos hasta los tuetanos impregnados de una educación religiosa determinada, cambiar.
En este mundo la ley que impera es: homo hominis lupus. Vivimos en un mundo donde la máxima ley es salvese quien pueda. La violencia, la competitividad, la agresividad, cada vez es mayor. Ya no nos fiamos de nadie.
El Evangelio de hoy que habla sobre la destrucción del Templo de Jerusalen y las consecuencias destructiva que traerá. Da la impresión se escribió con cierto resentimiento y bastante posteriormente a
acontecimiento. Siento que fuera interpretado en un sentido de violencia hacia los judios.
Para mi Jesús me convence no por los grandes acontecimientos o las predicciones que anuncia.
Jesús me convence por la sencillez y porque fue tan normal, tan del monton que ningún periodista de su época se interesó por EL , porque no valia la pena, no era una noticia vendible.
Gracias, J. Mª. Castillo, por esta reflexión.
La “sacralización del otro” me parece imprescindible para relacionarnos con Dios, puesto que Dios se solidarizó con “el otro” en Jesucristo. Esto implica dar preferencia a la reconciliación con el otro antes de presentar la ofrenda a Dios, es muy cierto.
Pero la relación con el otro, que empieza por hacerle prójimo para satisfacer sus necesidades más básicas, no acaba ahí. Se completa participando con él en actividades de relación intelectual y espiritual, a través de medios culturales comunes.
Y los medios más trascendentales los otorgó Dios en Jesucristo, por su Espíritu Santo. Son los sacramentos cristianos, que no se oponen –o no debieran oponerse de ningún modo—, sino completan admirablemente, la sacralización del otro.
Por eso lo sacramental es, correctamente, si culmina lo que ha empezado por lo más básico, el lugar sagrado de encuentro de unos y otros para gloria de Dios, en C...
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató