Los evangelios de Mateo y Lucas, cuando relatan cómo Jesús se acercaba a Jerusalén donde él sabía que le esperaba un trágico final, ponen en boca del propio Jesús unas palabras de profecía y lamento que resultan conmovedoras: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus pollitos bajo las alas, pero no habéis querido! Pues mirad, vuestra casa se quedará vacía” (Lc 13, 34-35; Mt 23, 37-39).
Lo que más me impresiona en este texto es la imagen de la gallina (“ornis”), que indica la actividad del ave madre, que acoge, defiende y protege a sus hijos, cuando las grandes aves rapaces amenazan a los pequeñitos. Y sabemos que la madre calienta a sus débiles e indefensos hijos incluso exponiéndose ella al peligro inminente de ser víctima de la rapiña del poderoso. En la Biblia se utiliza esta imagen metafórica para representar la bondad, la generosidad y el cariño de Dios, que con solicitud protectora defiende siempre y se expone a lo que sea preciso, con tal de no dejar desamparados a los que no pueden defenderse (Dt 32, 11; Is 31, 5; Sal 36, 8). Los evangelios de Lucas y Mateo tomaron esta imagen conmovedora de la fuente Q (Schulz, 346-356). Tenemos aquí, pues, una de las representaciones del amor de Dios, en Jesús, que resultan más impresionantes: Dios se revela en Jesús como una gallina, con todo lo que eso supone de relación entrañable, protectora, amorosa, que da seguridad y que siempre está de parte de los más débiles e indefensos.
Nuestra cultura ha desarrollado más los valores del poder y el esplendor que las cualidades que caracterizan a una gallina-madre: la bondad que defiende al débil desde la propia debilidad. Entre nosotros, decirle a uno ¡gallina! es un insulto. Porque el poder y el esplendor no soportan la sencillez y hasta la debilidad del cariño. Jesús, sin embargo, no encontró otra imagen más apropiada para explicarnos cómo es Dios.
Además, el dolor de Jesús se comprende mejor si tenemos en cuenta que, según el relato de Lucas, Jesús dijo esto cuando le acababan de comunicar que Herodes lo andaba buscando para matarlo. Y, por otra parte, él sabía - ya lo había anunciado - que en Jerusalén le esperaba sufrimiento, humillación, fracaso y muerte. En semejante situación, echar mano de la metáfora de la gallina protectora es tan conmovedor que tira por tierra todas las representaciones del Pantocrátor que nos han hechos los teólogos.
Confieso que he pensado en esto estos días porque me da pena y siento una preocupación muy honda cuando veo a nuestra Iglesia española tan crispada, tan dividida, tan enfrentada. Y ¡por favor!, no le echemos la culpa a “los otros”. Siempre encontramos motivos - yo el primero - para buscar culpas y culpables. Pero es evidente que, por este camino, de confrontaciones, egresiones mutuas y hasta insultos frecuentes, vamos derechamente al final que anuncia Jesús: “Pues, mirad, vuestra casa se os quedará vacía” (Lc 13, 35). Lo estamos viendo: iglesias vacías, conventos vacíos, seminarios vacíos... ¿No nos sobra poder, altanería y deseos de esplendor? ¿No entendemos que lo que nos falta es la entrañable sencillez y debilidad de la gallina madre?
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Siempre me he preguntado por qué Dios prefiere lo cotidiano, la mansedumbre, la paciencia, la humildad de pasar desapercibido e incluso ese gozo interior íntimo y profundo qoe solo Dios y uno conoce, al contrario de muestras de poder solemnes, parafernálicas con boato incluido que den significación a su inmenso poder y gloria que sabemos que a Dios en sí mismo, le es connatural.
La única respuesta que me ha dejado tranquilo, es que Dios mismo es, por naturaleza divina, HUMILDE.
Por eso nuestro Dios, es el Dios de los Humildes que goza en la humildad y el silencio. No es en el trueno, ni la tormenta, ni en en protocolo ni en las conductas grandilocuentes donde "apreciamos " de mejor manera a Dios Padre sino
EN UNA GALLINA (misterio insondable del Padre)
Acabo de pasar tres días en Jersualén y también yo he llorado, gimiendo en las entrañas. Me he paseado por ella con profusión, incluso deportivamente, cámara en mano, para constatar en unos excesiva credulidad en lo físico, en otros excesiva arrogancia en las creencias y, en los más, excesivos intereses comerciales y políticos. No creo que la salvación (?) que anhelamos nos venga ahora de Jerusalén, ni de las iglesias vacías, ni de los conventos desérticos, ni de los potentados eclesiásticos, ni siquiera de una Roma iluminada ahora por lo teutónico. Más bien creo que la salvación (= esperanza y alegría) nos ha de venir del gigantesco "gallinero" que es nuestro amplio mundo en el que millones de gallinas solíticas ejercen funciones divinas al no reparar en sí para cobijar, defender, alimentar y proteger a sus semejantes en un ejercicio, el único auténtico divino, el de la caridad, que, a pesar de todos los pesares y de todas las carencias, hace del mundo un paraíso.
"Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente». Comparto su preocupación y su dolor, el espectáculo interno de la Iglesia es tan lamentable. Creo que si Jesús nos mirara, volvería a repetir las mismas palabras: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus pollitos bajo las alas, pero no habéis querido! Pues mirad, vuestra casa se quedará vacía” (Lc 13, 34-35; Mt 23, 37-39).Por otro lado creo que a ese Dios amor que cuida a sus polluelos, también lo estamos expulsando de nuestra casa, perdidos en mil guerras que poco tienen que ver con Él y sus pequeños.
Un comentario muy bonito. Me ha gustado especialmente este párrafo:
"Siempre encontramos motivos - yo el primero - para buscar culpas y culpables. Pero es evidente que, por este camino, de confrontaciones, egresiones mutuas y hasta insultos frecuentes, vamos derechamente al final que anuncia Jesús: “Pues, mirad, vuestra casa se os quedará vacía”"
También me encanta la imagen: "Dios se revela en Jesús como una gallina, con todo lo que eso supone de relación entrañable, protectora, amorosa, que da seguridad y que siempre está de parte de los más débiles e indefensos."
Pero no olvidemos el "Pero no habéis querido" Ni unos ni otros, que hay muchas formas de rechazar esta imagen de Dios, aunque siempre nos fijemos en el rechazo de "los otros" y hay muchas formas de hacer el pavo real autosuficiente que no necesita ninguna gallina protectora.
Querido José Maria. Cada día te vuelves más transparente. Y te lo agradezco, ya que dejas ver la desconcertante sencillez del Evangelio, capaz de conmovernos, que es el inicio del seguimiento de Jesús de Nazaret. Mi madre guardaba con todo cariño en recordatorio de mi primera misa, era el pantocrator de Santa Sofía de Estambul. La primera vez que vi el original el Santa Sofía, y los similares de Ravena, descubrí que habían convertido la gallina en pavo real. Se me cayeron muchos tinglados, y empecé a volverme un poco mas transparente. Gracias por volver a recordármelo.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató