El pasado día 17 de septiembre, el teólogo José Comblin pronunció en la UCA de San Salvador una conferencia que, desde hace algunas semanas, está circulando profusamente por la red. A mí me llegan todos los días varios correos con el texto de esta conferencia. El tema que propuso Comblin es estimulante y da que pensar, como ya lo indica el título del tema que trató: “¿Qué nos está pasando en la Iglesia?” El texto completo de la conferencia se puede encontrar en www.atrio.org
Pues bien, del contenido del texto de Comblin, me parece que es de singular importancia la distinción que hace entre “evangelio” y “religión”. Confieso que me da pena el solo hecho de pensar en la cantidad de cristianos, bautizados, practicantes, personas de buena voluntad y de las mejores intenciones, que ni siquiera se han detenido a pensar, alguna vez por lo menos, en la diferencia radical que existe entre el evangelio y la religión. Comblin lo dice de la forma más sencilla posible: “El evangelio viene de Jesucristo. La religión no viene de Jesucristo”. Y esto, ¿qué tiene que ver con lo que nos está pasando en la Iglesia? Muy sencillo: en la vida y el funcionamiento de la Iglesia, ocupa más espacio y tiene más importancia la religión que el evangelio. Así de claro.
Me explico. El evangelio expresa la voluntad de Dios que busca al hombre. La religión expresa la voluntad del hombre que busca a Dios. Por tanto, de entrada, evangelio y religión son dos movimientos radicalmente contrapuestos. Esto es lo primero que, antes que ninguna otra idea o proyecto, habría que tener en cuenta. Como habría que pensar muy en serio lo que esto representa. Por eso, entre otras razones, la religión es un “hecho cultural”, mientras que el evangelio es un “hecho contra-cultural”. El hecho religioso, por más que tenga como punto de arranque alguna teofanía, es siempre un hecho que nace dentro de una cultura y siempre está marcado por esa cultura. Las religiones orientales tienen sus peculiaridades muy condicionadas por las culturas orientales. Como ocurre con las religiones africanas, etc. Por el contrario, el evangelio es siempre un movimiento que interpela a los oyentes de la Palabra (que es Jesús) a enfrentarse con no pocos elementos propios de la cultura, como son, por ejemplo, el ejercicio del poder, las leyes sobre la propiedad de los bienes, los privilegios de los notables, el uso del dinero, la relaciones de parentesco, etc.
Lo que acabo de indicar explica cómo y por qué, en el cristianismo, ocurre que la presencia de la religión (elaborada en la cultura de Occidente) tiene más presencia y es más determinante que el evangelio, que tendría que ser la fuerza de contestación y transformación de nuestra cultura de Occidente, que es, hasta hoy, la cultura dominante en un mundo sobrecargado de desigualdades, injusticias y violencias.
El hecho es que, como dice Comblin, las cosas han llegado a ponerse de manera que Jesús es más “objeto de culto” que “modelo de seguimiento”. Pero de sobra sabemos que el culto no cambia la vida de la gente, sino que más bien la tranquiliza. Sólo el seguimiento - que es lo que Jesús les pidió a los discípulos - sería capaz de movilizar a la gente para reorganizar una Iglesia más de acuerdo con el evangelio, aunque eso tuviera el enorme coste del enfrentamiento con tantos elementos anticristianos que han marcado la cultura en que vivimos.
Para terminar, una observación. El seguimiento de Jesús no es posible si no se vive una espiritualidad muy honda, una fe fuerte en el Padre del Cielo, como lo vivió el propio Jesús. En definitiva, se trata de comprender y asumir que seguramente nos sobran ritos y ceremonias; y nos falta la necesaria mística para seguir a Jesús.
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Gracias José María por este texto tan aclarador.
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Yo estimo que en teoría, no debiera existir ninguna tensión entre el rito y la espiritualidad.
Pero existe y eso de debe básicamente a que el rito es el medio que está reemplazando a lo que era esencial en el mesaje de Jesús: La espiritualidad, o sea ese Hombre maduro en relción íntima y permanente con su Creador, en otras palabras un :TESTIGO DEL REINO.
Entences se pretende que TODO,TODO en la Iglesia gire en torno al Rito , (rito por lo demás frio, desganado y rígido)como un sustituto de lo insustituible:La apertura al don del Espiritu Santo.
Cuando la Iglesia abandone la teología de la expiación, que galetel explicó, y se enfoque en hacer carne el Mensaje, entoces como un equilibrio perfecto cada cosa todo volverá a su lugar.
Tal vez lo que ha permitido tanto errores fue el asesinate demasiado temprano del Maestro
Agradezco las precisiones de Pignatelli. Yo me refería más bien a la tensión entre rito y mística, pero no puedo sino estar de acuerdo con la consideración de que las iglesias ortodoxas ( y orientales en general) han conservado una liturgia con mayor carga simbólica que nuestra simplificada y esquemática liturgia latina.
También agradezco los habituales comentarios ponderados de Galetel. No había considerado la importancia de la dimensión expiatoria en la tensión entre rito y mística. Parece sin duda que el rito estaría más cerca del polo expiatorio, pero la mística también nos puede llevar a una purificación que puede ser también expiatoria.
Como la solidaridad de Dios empieza por las víctimas más evidentes, que son los marginados de la cultura, como demostró Jesús, es un hecho contra-cultural, ciertamente.
Pero abarca a todas las víctimas, a todos los seres humanos en cuanto víctimas, no sólo de una cultura sino incluso del orden de la Creación. La Redención es Nueva Creación, que opera como fermento infiltrado en las culturas para transformarlas.
El Nuevo Testamento nos ofrece una visión completamente distinta. No es el hombre quien se acerca a Dios y le ofrece un don que restablezca el equilibrio, es Dios quien se acerca a los hombres para dispensarles un don. El derecho violado se restablece por la iniciativa del amor, que por su misericordia creadora justifica al impío y vivifica los muertos; su justicia es gracia, es justicia activa que juzga, es decir, que hace justos a los pecadores, que los justifica.
Nos encontramos ante el cambio que el cristianismo supuso frente a la historia de las religiones.”
(J. Ratzinger, “Introducción al cristianismo”).
A mi parecer, la doctrina expiatoria es lo que ha conducido a que el cristianismo sea concebido como una religión más, en contra del verdadero sentido –el solidario— del Evangelio.
“Por regla general, en las religiones del mundo expiación significa el restablecimiento de la relación perturbada con Dios, mediante las actitudes expiatorias de los hombres. Casi todas las religiones se ocupan del problema de la expiación; nacen de la conciencia del hombre de su propia culpa, de superar la culpa mediante acciones expiatorias ofrecidas a la divinidad. La obra expiatoria con la que los hombres quieren expiar a la divinidad y aplacarla, ocupa el centro de la historia de las religiones.
Jordi, a mí me parece al contrario. En lo que es puramente litúrgico, la iglesia católica de rito latino es tremendamente pobre. Con respecto a la iglesia ortodoxa ciertamente.
Pero en cualquier caso, es muy cierto que nos hayamos ante una tensión difícil. Y es una tensión que durará toda la historia. Nunca encontraremos las formas justas para encarnar el espíritu en la historia, ni nunca las formalidades tendrán suficiente espíritu.
Yo, personalmente, creo que esta tensión ha de ser leída de manera positiva. Porque en definitiva son las formas las que aquilatan el espíritu. Un ejemplo claro de ello son los carismas religiosos. Éstos expresan muy bien la acción del Espíritu. Pero necesitan de la norma para prolongar y purificar esta acción. Un carisma religioso que no acepta pasado el tiempo esta formalidad acaba por ser sólo una secta fanatizada.
Para Pignatelli.
Yo también estoy de acuerdo con tu apreciación, no puede haber mística sin rito, y para corroborar eso tenemos veinte de siglos de cristianismo que nos contemplan. El problema como ocurre a menudo en este tipo de dualidades es el peso y contrapeso respecto a ambas dimensiones.
Seguro que José María Castillo simplifica, pero el problema de fondo es que los católicos (no conozco lo suficiente las otras tradiciones cristianas, pero por ejemplo diría que entre los ortodoxos ha sido un poco menos) venimos de una historia donde el peso se ha decantado mucho hacia el rito, y al mismo tiempo se ha combinado con una mirada algo más que sospechosa (para decirlo de una forma suave y no utilizar algún adjetivo más categórico) hacia la dimensión mística.
De nuevo, estoy en desacuerdo con la profunda dialéctica que expresa J.M. Castillo. No creo que religión y evangelio sean movimientos contrapuestos, ni que el evangelio sea esencialmente contra-cultural. Ciertamente lo es, pero porque está llamado a ser cultural, a inculturarse en la vida de los hombres. Si sólo fuera contra-cultural, nos enfrentaríamos a la paradoja de que para vivir el evangelio tendrímos que volver a los eremitarios del desierto. Y sin embargo, estoy convencido de que eso no es así. De que tenemos que bajar a la hera, aunque exista un serio riesgo de mancharnos en la relación con el poder, con los conflictos, o de enconsetarnos en formas culturales.
No creo verdaderamente, que nos sobren ritos y nos falte mística. En todo caso, es posible que nos sobren ritos sin espíritu, o nos falte espíritu en los ritos. Pero los ritos son necesarios por una sencilla razón: SOMOS HUMANOS, Y NO PODEMOS EXPRESAR NADA (POR DIVINO QUE SEA) SI NO ES DE MANERA CULTURAL.
Bueno don José, usted hermano qué piensa, acabar con la institución o qué. jaajajajajajajaj. Un abrazo Don José.
Ya he leído la conferencia y compruebo con agrado que mi línea de pensamiento tiene más o meno, (teniendo en cuenta mis pobres conocimientos) el mismo rumbo.
Aquí, en su blog, se encuentra resumido en cuatro líneasla idea general.
Con su permiso se lo pasaré a mis amigos.
Un saludo.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató