La manifestación del sábado 23 de octubre, por las calles de Madrid, en la que numerosos colectivos de ciudadanos y de creyentes han expresado su protesta por la mal disimulada “confesionalidad” de un Estado (el español) que constitucionalmente es “no-confesional” (Const. Española, art. 16, 3), plantea, entre otras, una cuestión que los cristianos tendríamos que afrontar con lucidez, valentía y libertad. Esta cuestión se refiere, no a la confesionalidad religiosa del Estado, sino a la confesionalidad religiosa del Cristianismo. Digo esto porque parece razonable sospechar que bastantes ciudadanos (sean o no sean cristianos) ven un serio problema en la confesionalidad religiosa del Estado. Lo cual es, efectivamente, un problema importante, que necesita ser debidamente matizado por los expertos en Derecho Constitucional. Y por eso entiendo que es enteramente razonable y necesario que muchos ciudadanos, sean o no sean creyentes, protesten por el hecho de que sus dineros se dediquen a costear una confesión religiosa (la Iglesia) o a pagar los viajes del papa.
Pero creo que es de suma importancia caer en la cuenta de que, para los cristianos, el problema de fondo no es el problema de la confesionalidad religiosa del Estado, sino el de la confesionalidad religiosa del Cristianismo. Digo esto porque, a mi manera de ver (no hablo ahora de los ciudadanos no-creyentes), la cuestión más seria que se le plantea a la Iglesia y se nos plantea a los cristianos, no es que el Estado español aclare, según el Derecho Constitucional, el significado y los límites de sus relaciones con la Iglesia (y con las demás confesiones religiosas), sino que la Iglesia y los cristianos nos aclaremos sobre nuestras relaciones con el Evangelio de Jesús.
La pregunta que, con lucidez, valentía y libertad, tenemos que afrontar los cristianos es la siguiente: si leemos atentamente los evangelios, ¿podemos asegurar que Jesús fundó y quiso una “confesión religiosa”, es decir, una “religión”, como otra más entre tantas otras religiones que hay en el mundo? A los cristianos - y más a los católicos - nos han educado en el convencimiento de que el Cristianismo es una religión. Es más, siempre se nos ha dicho que el Cristianismo es la única religión verdadera. Lo que supone obviamente que todas las demás son falsas. Pero, con el Evangelio en las manos, ¿podemos afirmar que eso es así con toda seguridad?
Por supuesto, Jesús fue un hombre profundamente religioso. Su intensa y frecuente relación con el Padre del cielo, su prolongada oración al Padre del cielo, su predicación sobre el Reino de Dios, la fe en Dios, la bondad de Dios, todo eso pone en evidencia la intensa religiosidad de Jesús. Es, pues, correcto decir que Jesús fue un profeta de Dios, un carismático religioso, un místico que vivió una profunda experiencia de Dios. Pero también todo eso pone de manifiesto que la religiosidad de Jesús no se acomodó, ni se ajustó, ni estuvo de acuerdo con la religión establecida, ni siquiera con el hecho religioso tal como suele ser vivido y practicado en casi todas las confesiones religiosas que conocemos. ¿Por qué?
Según el gran relato del Evangelio, Jesús fue un hombre conflictivo. De forma que el relato global del Evangelio es el relato de un conflicto. Un conflicto tan grave, que acabó en violencia y muerte: la muerte violenta de Jesús. Ahora bien, lo decisivo, en este relato, está en que el conflicto, que se nos relata, fue el enfrentamiento de Jesús con la religión. La religiosidad de Jesús fue una religiosidad “marginal”, es decir, él vivió su relación con el Padre al margen de la religión oficial. Nunca, en los evangelios, se nos dice que Jesús fuera a orar al templo, ni que participara en los sacrificios rituales que imponía la liturgia del templo. Ni Jesús construyó un templo o una capilla aparte. Sabemos, además, la denuncia tan grave que hizo Jesús contra el templo, del que dijo que había sido convertido en “una cueva de bandidos”. Por otra parte, Jesús tuvo conflictos frecuentes con los observantes religiosos por causa de su no observancia de preceptos que imponía la religión(observancia del sábado, del ayuno, de las purificaciones rituales...). Jesús, además, se enfrentó a los sacerdotes y, sobre todo, a los sumos sacerdotes. Hasta el extremo de que fue el consejo supremo del Sanedrín el que decretó su muerte y forzó al procurador romano, Pilatos, para que firmara la ejecución de Jesús en una cruz.
Es verdad que la teología de san Pablo presenta una interpretación distinta de la muerte de Cristo, como sacrificio y expiación por nuestros pecados. De forma que la decisión de la muerte de Jesús fue una decisión del Padre, para nuestra redención y salvación. Esto es lo que san Pablo explicó en sus cartas entre los años 50-55. Pero sabemos que, algunos años después, a partir del año 70, los evangelios, empezando por el de Marcos, nos dejaron claro que una cosa es la “interpretación teológica”, que dio Pablo de la vida y la muerte de Cristo, y otra cosa es el “relato histórico” que presentan los evangelios de cómo fue la vida y por qué ocurrió la muerte de Jesús. Es cierto que los cristianos tenemos que saber armonizar la “interpretación teológica” de Pablo con el “relato histórico” de los evangelios. Pero el hecho es que, en la historia del cristianismo, esta armonización se ha hecho de forma que la “interpretación teológica” de Pablo ha sido más determinante, para la teología cristiana, que el “relato histórico” de los evangelios.
La consecuencia ha sido que el Cristianismo y la Iglesia se han orientado y configurado, ante todo, como una “religión” (templos, sacerdotes, sacramentos, dogmas, poderes religiosos...), siendo así que, en realidad, Jesús de Nazaret no pensó en nada de eso, ni en su vida se dedicó a poner en práctica nada de eso. De ahí que los grandes temas de Pablo son los que han configurado la “teología” cristina, mientras que los relatos de la vida de Jesús han quedado, en la vida y funcionamiento de la Iglesia, relegados a un segundo término, como elementos inspiradores de la “espiritualidad” cristiana.
Así las cosas, y volviendo al comienzo de esta reflexión, lo más lógico tendría que ser que los cristianos nos preocupemos, ante todo y sobre todo, por vivir um “cristianismo laico”, como lo vivió Jesús de Nazaret. Porque, si vivimos así nuestra relación con Jesús, lucharíamos más contra el Estado confesional y nos esforzaríamos mucho más por nuestra “religiosidad laica” y nuestra profunda espiritualidad, la “religiosidad alternativa”, que vivió y nos enseñó Jesús.
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No escrito nada más en este post hasta ahora porque creo que poco más me queda por añadir. Estoy muy de acuerdo con todo lo que habéis dicho, y me gustan mucho las últimas reflexiones de galetel, aí como la cita que ha introducido de Moltmann.
Un cordial saludo.
Lo que escriben muchos comentaristas, desde la pluralidad de puntos de vista, y la inteligencia ejercida en forma libre, creadora y genuina, supera con creces la propia teología del P. Castillo.
Creo que en líneas generales estamos de acuerdo respecto a la teología de la Cruz y el correcto entendimiento de ésta en la história humana.
Dios no queriendo el dolor ni el sufriminto en su Creación ni emanando jamás de Ël, acepta voluntariamente vivirla (por la accion y el pecado de ciertos hombres) para que su Kénosis fuera perfecta de tal manera que su solidaridad-amor por sus hijos fuera completa.Vivío, rio, se alegró, lloró, se emocionó, se decepcionó vivío todas las facetas humanas y el dolor no podía quedar fuera. Asi, todos podemos identificarnos en Cristo Encarnado en cualquier etapa de nuestra vida.De aqui que Dios nunca nos abandona
Ahora, el dolor purifica, si absolutamente, purifica.
En cierta medida, creo que todo ser humano al enfrentarse al dolor y al sufrimiento , vive su propio Kénosis y llevada esta en la solidaridad de Cristo, la amarga experiencia te hace resucitar.
Es por eso que el dolor vivido y asumido en Dios, es siempre pascual
Lo que procede desde este evento entre el Padre y el Hijo es el Espíritu que justifica a los impíos, llena a los abandonados de amor, y hasta vivifica a los muertos, porque ni el hecho de estar muertos puede excluirlos de este evento de la cruz; la muerte en Dios también los incluye."
En palabras de Moltmann (“El Dios crucificado”):
“Lo que pasó en la cruz debe entenderse como algo que pasó entre Dios y el Hijo de Dios. En la acción del Padre que entrega a su Hijo al sufrimiento y a una muerte impía, está Dios actuando sobre Sí mismo. Está actuando en Sí mismo con este sufrimiento y esta agonía, para abrir en Sí mismo la vida y la libertad a los pecadores. La creación, la nueva creación y la resurrección son trabajos externos de Dios contra el caos, la nada y la muerte. El sufrimiento y el morir de Jesús, entendidos como el sufrimiento y el morir del Hijo de Dios, son trabajos de Dios hacia Sí mismo y por lo tanto son a la vez padecimientos de Dios. Dios se supera a Sí mismo, Dios se juzga a Sí mismo, Dios toma sobre Sí el juicio del pecado del hombre”
(…)
“En la cruz, el Padre y el Hijo están profundísimamente separados por el abandono, y al mismo tiempo están intimísimamente unidos por su compenetración. Lo que procede desde este evento entre el ...
No se trata de expiación/propiciación de Jesús hecha, por nosotros, a Dios, sino de solidaridad de Dios hecha, por nosotros, en Jesús, de la cual nosotros participamos por/con/en Jesús y damos las gracias debidas a Dios.
http://www.scribd.com/doc/28608892/Por-nosotros
http://galetel.webcindario.com/id99.htm
Saludos cordiales.
Si el Hijo es víctima, el Padre también lo es, por el Espíritu. Si el Padre entrega a su Hijo, se entrega a Sí mismo. De una manera absolutamente completa y real.
La diferencia que hay entre un supuesto sacrificio –concebido antropomórficamente- “padecido por el Hijo por voluntad del Padre que lo entrega y le omite su ayuda”, y el sacrificio real de Jesús cumpliendo su misión, la voluntad de su Abbá –que está con él y en él, por el Espíritu-, es tan grande como la diferencia entre lo que sería una unión por amor meramente humano de dos personas humanas, y la Unión de las Personas divinas, por el Amor divino. Una diferencia infinita. Por eso, puede decirse que la concepción propiciatoria/expiatoria se aparta infinitamente de la verdad.
En este sentido, el sacrificio de Jesús representa el de Dios mismo, que asumió el sacrificio implícito en la condición humana, hasta el extremo.
Este significado es algo tan ENORME, que no es de extrañar que haya sido difícil de comprender. Las explicaciones en términos de “sacrificio expiatorio y propiciatorio”, que resultaban naturales a la mentalidad judía y helenística de los cristianos primitivos, son completamente inadecuadas al Abbá de Jesús y totalmente rechazables para nosotros, a pesar de haber sido aceptadas equivocadamente por la tradición de las Iglesias cristianas, incluso hasta el día de hoy. Debemos rechazar enérgicamente estas concepciones antropomórficas absurdas del sacrificio de Jesús.
Siendo Dios Uno en el Amor, el Padre (Abbá) está en el Hijo (Jesús) y el Hijo en el Padre, en virtud de su Espíritu. En toda circunstancia. Incluso en el “abandono” de la cruz. (Moltmann)
Gonzalo:
“No tendrías poder alguno sobre mí si no se te hubiera dado desde arriba”, dijo Jesús a Pilato, según Juan. Expresó así el hecho de que, si bien Jesús fue matado por orden de Pilato, y entregado a éste con esa intención por las autoridades judías, no deja por eso de ser cierto que Dios se involucró en este sacrificio voluntario de Jesús, no sólo en el sentido de que Jesús murió realizando la misión de cumplir Su voluntad de amor (no de muerte), sino sobre todo debido a la actitud “kenótica” de Dios, ya que aceptó Él-mismo-en-Jesús la frágil condición humana, y no intervino, por respetar la autonomía creada, ni siquiera en este trance que tanto le afectó a Él directamente.
La solidaridad salvadora de Dios-en-Jesús es con la condición humana ínfima y efímera, con el sacrificio existencial que experimenta el ser humano durante su vida y su muerte, víctima del mal moral y del mal físico.
En cualquier caso, la cruz es una locura. Eso también lo decía San Pablo. Pero yo no creo en un Dios cuerdo. Dios actua de un modo que se escapa a la lógica humana. Por eso creemos, sabemos, y estamos convencidos, que nuestraes de Dios, y no algo que se hayan inventado los hombres.
Me parece mucho más interesante lo que dice Moltmann que el estracto que has puesto de Dawkins. En cualquier caso, a Moltmann le legitima el que él no habla de oídas. Él sufrió una de las cruces más duras de la historia, como fue Segudna Guerra Mundial. Y cuando habla de pecado, víctimas, redención, habla desde la experiencia de haber sufrido en carne propia, entre otras cosas, el espantoso bombardeo de los aliados sobre Hamburg.
Me temo que, por muy masoquista que nos parezca, el Cristo que acepta la Cruz es el que verdaderamente sabe interpelar a los sufrientes.
¿Por qué no perdonarnos simplemente? Moltmann apunta una explicación. Sólo la apunta, porque, a diferencia de Anselmo, no cierra la cuestión. Nos sugiere una idea que nos permite entrar un poco más en el misterio de Dios. Pero no lo explica de manera cerrada. El hecho es que seguimos sin saber por qué actuó así. En definitiva Dios actuó así porque Él quiso. Pero el hecho es que aceptó la Cruz.
......
¿A quién trataba Dios de impresionar? Probablemente, a sí mismo, juez y jurado así como víctima de la ejecución. Para coronarlo todo, Adán, el supuesto perpetrador del pecado original, nunca existió; un hecho embarazoso, excusablemente desconocido para san Pablo, pero tal vez conocido para un Dios omnisciente. [...] Oh, pero, por supuesto, la historia de Adán y Eva siempre ha sido simbólica, ¿no? ¿Simbólica? Así que, para impresionarse a sí mismo,
¿hizo Jesús que lo torturaran y ejecutaran, como chivo expiatorio, por un pecado simbólico, cometido por un individuo inexistente? Como ya he dicho, una locura [...] (The God Delusion (2006), traducción española: El espejismo de Dios (2007), pp. 270-272)
Saludos
Galetel y Pignatelli
Estimados, la posición de Jürgen Moltmann es interesante y muy respetable pero sigue siendo una postura que trata de explicar y, al fin de cuentas, de seguir reproduciendo esa visión teológica de ver a Dios como un dios sádico.
Les dejo un extracto de Richard Dawkins de su libro The God Delusion, a la que trata de sadomasoquismo esta doctrina:
"Dios se encarnó como hombre, Jesús, para que pudiera ser torturado y ejecutado como expiación del pecado heredado de Adán. A partir de que san Pablo expusiera su repelente doctrina, Jesús ha sido adorado como el redentor de nuestros pecados. [...] He descrito la expiación, la doctrina central del cristianismo, como cruel, sadomasoquista y repelente. También podríamos desestimarla por ser una locura. [...] Si Dios quería perdonar nuestros pecados, por qué no perdonarlos simplemente, sin tener que ser torturado y ejecutado en pago.
Continua...
realizada históricamente ‘por su Palabra al fundirse con la condición humana en Jesús’ (Castillo), al ser el hombre-Jesús Dios-Hijo; así la Vida divina de Dios-hecho-víctima-en-Jesús se comunica por solidaridad a TODAS las víctimas, contando con la libre colaboración de quienes quieran acogerla y quieran ayudar a dispensarla.
Entonces sí que la imitación del ejemplo de Jesús, o de otros hombres ejemplares, o simplemente la práctica espontánea del amor, puede ser plenamente salvadora (de sí mismo y de los demás), gracias a la benevolencia divina.
Saludos cordiales.
Pignatelli:
Yo también admiro la teología de Jürgen Moltmann, que resulta especialmente inspiradora en este tema, como señalas. Acabo de comprar un ejemplar en castellano de su famosa obra “El Dios crucificado”, que tenía en inglés. Es una nueva edición que ha aparecido hace poco: Verdad e Imagen 41, tercera edición revisada, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2010. Recomiendo vivamente leerla a los que no lo hayan hecho todavía.
Son muy hermosas y ciertas las ideas que citas: “nadie puede perdonar a los culpables, ni siquiera Dios, si no es víctima. Que sólo las víctimas tienen ese derecho. Por ello, Dios necesitaba ponerse del lado de las víctimas, ser víctima, para redimir el pecado del mundo a su manera, como Él solo puede hacer. Poniéndose debajo”.
Para que TODAS las víctimas concretas de todos los tiempos y lugares puedan beneficiarse finalmente del triunfo sobre todo mal, ha sido imprescindible que esto fuera la voluntad de Dios realizada históricament...
En general estoy de acuerdo con vosotros. Creo que, como ya dije, la cruz es un gran misterio de solidaridad divina. Y, como es obvio, los discípulos no lo entendieron como tal hasta que experimentaron al Resucitado. Pero tuvieron mucha cuenta de dejar claro que el Crucificado era el Resucitado, es decir, que Dios actúa en quien a ojos de los hombres no era sino un maldito.
Una de las explicaciones más sugerentes del hecho de que la redención comience en la cruz la leí al teólogo protestante Jürgen Moltmann. Él decía que nadie puede perdonar a los culpables, ni siquiera Dios, si no es víctima. Que sólo las víctimas tienen ese derecho. Por ello, Dios necesitaba ponerse del lado de las víctimas, ser víctima, para redimir el pecado del mundo a su manera, como Él solo puede hacer. Poniéndose debajo. Nosotros sólo hemos sabido redimir el pecado por medio del castigo, la coarción y el empleo del poder. Dios redime poniéndose debajo, como esclavo (doulos).
Galetel
Estoy completamente de acuerdo contigo en lo que desarrollas en tus ultimos post.
Yo creo que la Kénosis en su sentido más profundo, es la SOLIDARIDAD de Aquel que nos creo por Amor para con todas sus debiles creaturas.kÉNOSIS de Solidaridad, amor y misericordia en especial con los más pecadores y los más pobres y excluidos de todo sistema.
Kenosis que sólo tiene sentido si se encarna en una nueva mundo, aquel que sea a inspiración de Dios: Bondad y Misericordia.
Por ello, yo personalmente creo que efectivamente Jesús con su muerte y resurrección nos Redimío.Pero no entiendo esta redención en clave salvífica sino una redención de Transformacion, redención de Humanidad, de Digificacion del Hombre. En este sentido esta Redencion es como la develación del Misterio (que si lo es) del Amor Infinito e Incondicional del Padre por todos sus hijos , realizada por Jesús.Redencion que nos libera del pecado interno y del social,
No sé que opinará José María, pero yo no veo ninguna contradicción entre los escritos paulianos y la hermeneutica histórica. La lectura que hizo Pablo de la pasión y muerte, nacen de su experiencia personal con Jesús, que posteriormente el fue elaborando, hasta llegar a lo que nos dejó..Pero no es más que eso:
SU INTERPRETACIÓN PERSONAL DEL SACRIFICIO DE JESUS.
Saqué a colación a San Anselmo porque lamentablemente su postura apoyada en San Pablo ha tenido primacia durante los ultimos 10 siglos de história en las Iglesia, Hasta hoy.
La otra interpretación, la histórica, debio haber sido dada por los apóstoles quienes estuvieron y compartieron con el Maestro (cosa que no sucedío con Pablo) pero lamentablemente no nos queda testimonio de ello. Recien comienza a despuntar el alba respecto a la aproximación histórica a Jesús.
Debemos rechazar decididamente, pues, la doctrina expiatoria y cambiarla por otra: la solidaria. En consecuencia, el sacerdocio estará orientado únicamente a la solidaridad con el pueblo, a su servicio.
Pero para rechazar la doctrina expiatoria no es necesario, sino gravemente erróneo, negar la Redención obrada por Dios mediante su kenosis solidaria, que sólo tiene sentido si Dios ha sido Jesús, y es Jesucristo.
Gracias a Pignatelli y a mi compatriota Gonzalo, por sus magníficas reflexiones.
Saludos cordiales.
Creo que la interpretación anselmiana ha tenido por efecto reproducir en la Iglesia la estructura sacrificial expiatoria que el judaísmo había instituido, centrada en el Templo, con un sacerdocio intermediario, unas víctimas propiciatorias, y un pueblo sometido y culpabilizado.
En cambio, debiera haber cobrado un nuevo sentido, en el Espíritu de la Nueva Alianza, como enseñan los sinópticos, Juan, Pablo, la carta a los Hebreos, etc. No ha sido así en gran parte por la vigencia del concepto de expiación ante un Dios supuestamente ofendido.
Pero el Dios de Jesús es otro, transmite el N.T. Es un Dios solidario, que ha hecho el sábado para el hombre. Por eso entró en conflicto Jesús con los defensores del orden expiatorio regido por los sacerdotes, al ir Jesús en búsqueda del judaísmo más auténtico y de la más profunda voluntad de Dios.
Su muerte, ellos la vivian como pasado pero su resurrección era un hecho presente puro y latente.
Que le significaba a ellos la resureccion del Maestro?
Que su mensaje podía y debía llevarse a cabo:
Que todo el mundo(aunque al principio era sólo para Israel), conociera el Rsotro Misericordioso y Bondadoso del Padre SIEMPRE FIEL, que todo lo transforma y hace nuevo, también el corazón sde aquel que se entrega a la Gracia.
Que de esta transformacion del hombre, se tradujiera transformacion de las estructuras sociales opresoras que esclavizaban y esclavizan aún a millones de sus hijos
Desde este punto de vista, la Cruz y Resurreccion si son un misterio (la conversión del corazón) pero siempre entendidas juntas y no separadas.
Respecto a San Pablo, efectivamente la interpretación que puse más abajo, la elaboró San Anselmo, pero tomando como base la tesis paulianade la pasión ymuerte.
Pignatelli
No niego la importancia de los relatos de la pasión y muerte de Jesús.
Efectivamente, fueron los primeros.Pero por qué fueron los primeros?Cual esd la clave? Es la Cruz?
No, no es la cruz. lo que maravilló a los primeros discipulos fue la experiencia personal de vivir nítidamente la presencia del Resucitado en medio de ellos.La resurrección es el verdadero "misterio".No podían explicar esa presencia espiritual que sacudía sus vidas y transformaba sus corazones aunque no lo pudieran ver fisicamente( al igual que nosotros). Por esto, lo más importante para ellos, era atestiguar y anunciar que el Maestro efectivamente habia muerto y muerto como un maldito.Su muerte no era un invento de ellos.No, la muerte del maestro fue real.
Este es el motivo que se elaboraran primeros los relatos de la pasión y muerte: Para atestiguar su fallecimiento que luego pasa a explicar su Gloria: EL QUE MURIO COMO UN INFAME, DIOS LO HA RESUCITADO.
También muy de acuerdo con Pignatelli en la distinción que hace entre las interpretaciones de S. Anselmo y S. Pablo.
Debemos afirmar decididamente la que se basa en la “kenosis” y la solidaridad salvadora divinas.
¿Es la que defiende Castillo?
Tuvieron que echar mano de cualesquiera ideas que les ayudaran a comprender el escándalo de un “maldito crucificado exaltado a la diestra de Dios”. Sus sucesores contaron después cómo llegaron a entenderlo: el Espíritu de Jesús, “empezando por Moisés (La Torá) y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras”. Así fueron descubriendo, y recordando, y comprendiendo, quién había sido ese Jesús que había caminado y compartido con ellos y ellas por los campos y aldeas de Galilea.
La resurreción de Jesús, la de un “maldito” capaz de representar la solidaridad salvadora de Dios con todos los “malditos”, confirmó que Dios efectivamente era así como Jesús decía y mostraba. Lo hizo creíble, y esperable.
Suscitó la inmensa esperanza que fue el origen y la explicación de todo lo que vino después.
NO; porque, al margen de la opinión privada de algunos, fue la autoridad legal suprema la que lo había examinado, hallado culpable y condenado, en un proceso que no tuvo “nada de ilegal ni incorrecto” (Meier). Esto valía incluso para los discípulos de Jesús, que eran judíos piadosos y reconocían la autoridad legal del Sanedrín (por encima de consideraciones políticas). Y si les quedaba alguna duda... vieron que Yahvé no había apoyado finalmente a Jesús.
Por lo tanto, ni siquiera los discípulos de Jesús esperaron la resurrección de un “héroe” Jesús, “al tercer día”.
Pero resulta que se les impuso la fe en esa resurrección, de un “maldito”, por una experiencia espiritual extraordinaria.
La reflexión resultante de esa aparente contradicción les fue conduciendo a una nueva comprensión de las cosas, a un nuevo entendimiento de lo que significaba Jesús en relación con Yahvé.
Naturalmente, eso no contradice el que Jesús haya sido ejecutado por motivos políticos (Caifás: mantener el orden público; Pilato: combatir la sedición). Pero la iniciativa del Sanedrín, al aprobar entregarlo y acusarlo a Pilato, fue lo que lo hizo posible.
El tribunal del Sanedrín, la suprema autoridad legal judía, decidió (aunque no haya sido en un juicio formal sino en una reunión informal) entregar a Jesús a Pilato y acusarlo ante éste para ser ejecutado por sedicioso. Lo que no habría decidido nunca respecto de un genuino líder defensor de la Ley.
Entonces, para los judíos que reconocían la autoridad del Sanedrín y conocieron esta decisión, la muerte de Jesús NO pudo significar la muerte de un mártir nacional, defensor de Yahvé y de la Ley de Moisés, destinado a ser resucitado al tercer día por Dios.
Muy de acuerdo con Pignatelli.
Si el caso de Jesús hubiese sido el de un héroe más defensor de la Torá y de la nación judía, sus discípulos habrían esperado para él una resurrección igual a la de los demás justos judíos, dentro del contexto de resurrección general que esperaban muchos israelitas.
El que fuese considerado un caso único, fuera del contexto general, demuestra que sus discípulos NO vieron la muerte de Jesús como un ajusticiamiento injusto, aplicado por el poder romano a un héroe nacionalista judío, SINO como el caso de un “maldito” (según el Deuteronomio), condenado por iniciativa de sus propias autoridades judías.
Por eso, precisamente, la resurrección de Jesús, en la concepción de los discípulos, fue un caso especial, sorprendente, único, que caía fuera del contexto de resurrección general.
En cualquier caso, tampoco me parece (si es que leo bien) que J.M. Castillo niegue en este artículo la interpretación paulina. Dice que los cristianos tenemos que armonizarla con la interpretación histórico. O sea, que para Castillo no es falsa.
A mí me parece que la exégesis de Castillo no es del todo acertada por cuanto separe demasiada ambas interpretaciones. He defendido y defiendo que las dos se complementan, y que ni San Pablo niega la historia, ni los sinópticos abandonan la teología de la Cruz. Uno y otros entienden que la cruz es pieza fundamental del mesianismo de Jesús y de su misión de redención.
La interpretación paulina, de todos modos, no es la que tú dices. Ésa es la interpretación que San Anselmo hace de la fe en la cruz. Pero para San Pablo, el perdón de los pecados no es tanto una reparación en sentido medieval, sino gracia que opera en la "kénosis" de la Cruz. Cristo muere en la cruz para salvarnos, porque tenía que abajarse.
Gonzalo, repásate los evangelios, y dime si no tienen importancia los relatos de la pasión. De hecho, el evangelio de Marcos (que es el más antiguo de los cuatro) en un principio ni siquiera tuvo relatos de la resurrección. Fueron añadidos posterormente.
Casi todos los estudiosos están de acuerdo en que lo primero que se escribió fueron los relatos de la Pasión. La vida pública de Jesús se escribió depués. Y los relatos de la infancia lo último.
No "es un craso error histórico y teológico sostener que la Iglesia primitiva le dío tremenda importancia a la cruz". De hecho, históricamente está más que comprobado. Si quieres hablamos también desde la perspectiva teológica. Pero no hay más que leer los evangelios para ver que cruz y resurrección lo entendieron ellos como parte de un mismo misterio.
Por esto, la salvación no está radicada en la cruz, ni en el dolor ni el sufrimiento .EL Padre, no es un dios sádico que se goza en el dolor de sus hijos.El no exige prubas.Te libera de la pruba
El NUNCA quiere el dolor ni el sufrimiento de sus amados hijos.
La Resurección es nuestra salvación.Este entendimiento al contrario de empobrecer la donacín absoluta de Jesús la enriquece...
San Pablo, tuvo muchos méritos como por ejemplo, el darse cuenta que no son las obras ni el cumplimiento de la Ley (como buen fariseo que fue) lo que justifica, sino la Fe en las palabras y promesas de jESÚS (que lo desarrolló en Romanos) y especialmente que el mensaje del Padre a través de Jesús, era para TODO ser humano.Pero, también tuvo desaciertos como creer que la venida se iba a prdoucir en corto tiempo o que asumiera la cruz como un precio a pagar que el Padre exigía como reparación de la desobediencoa del hombre
Es un craso error histórico y teológico sostener que la Iglesia primitiva le dío tremenda importancia a la cruz.
Es más, para estos, la muerte y crucificción de Jesús no fue ningún "Misterio".Nunca.Lo vital para los primeros cristianos fue la RESURRECCION. El poder que emanaba de la Resurrección, se traducia en la experiencia sensible y personal de experiemnetar a Cristo vivido.
Esta situación generaba el gozo, la alegria y el Poder de los primeros discipulos.Ellos se percataron entonces, que la Buena Nueva, es decir el Reino de Justicia, de Paz y hermandad entre todos los hijos de Dios, íi era posible porque Jesús estaba con ellos.
También con la Resurrección ,entendieron que Jeús les habia mostradoenseñado con su propia vida el Rostro del Padre: Acogedor,Tierno, Bondadoso y por sobre todo con "entrañas" de Misericordia, que está siempre llamando y acogiendo a TODOS, sin importar ninguna condición humana ni siquiera espiritual.
Jesús no fundó ninguna religión ni ninguna iglesia, pero lo más grave es que se ha inventado con su palabra, sus gestos, su muerte y su resurrección una institución donde sus ministros lo único que saben es vender sacramentos.
...parte del misterio de salvación. Y la Iglesia actualmente también, la perspectiva última de la muerte de Jesús (apartándonos o, mejor dicho, suponiendo las causas históricos) es la entrega libre y radical del Hijo. Si no aseguramos eso, no hacemos sino reducir y empobrecer la fe cristiana.
Si la muerte de Jesús sólo fue consecuencia de su vida, cabría preguntarse por qué le da tantísima importancia la primera comunidad a la Cruz. En efecto, casi todos los exegetas coinciden en que lo primero que se escribió de los Evangelios fueron los relatos dela Pasión. Y esto se puede comprobar viendo lo mucho lo que ocupan en comparación a el resto. Proporcionalmente ocupa mucho más en los relatos evangélicos que el ministerio activo de Jesús. Algunos han llegado a decir que el relato de la vida activa de Jesús es sólo una introducción al de su merte y resurrección.
¿Por qué ocurre esto? No hace falta ser teólogo para darse cuenta de que los primeros cristianos (aun teniendo en cuenta los traumático que era para ellos) valoraban el misterio de la cruz como el que da la plenitud a la misión de Cristo. O mejor, que es desde ese misterio desde donde se puede entender todo lo demás. La Cruz no es sólo un martirio ideológico. Ellos lo entienden como parte dle misteiro de s...
Escándalo en Mondoñedo..
http://cristoesliberacion.blogspot.com/2010/10/angel-paz-gomez-juez-eclesial-de.html
Jose María : excelente artículo.
Jesús Dios, Profeta y Rabbi. Jesús vino a a 2 cosas
1.- Mostrar y reflejar en plenitud, el Rostro Misericordioso y lleno de Bondad, ternura y gozo del Padre.Padre de todos los hombres, sin exclusión, hasta de los más despreciados al igual que el Hijo que se rodeó de los más despreciados.
2.- Jesús vino a anunciar la Buena Nueva: EL Reino del Dios Vivo y Verdadero llegó a nosotros. Cristo instaura el Reino de la Paz, del Perd+on, la aceptación y alegría ya aquí en la Tierra.
Su muerte horrorosa, fue producto de la consecuencia de Jesús hasta el final con su Misión.
Dios nos creó para comunicar y comunicarse: Dar Paz, Justicia y Gozo. A Dios no pude gustarle el dolor y el sufrimiento.( producto de la cincupicencia del hombre al mal utilizar su libertad):Dios no es sádico.
Todo el que crea en Dios, en su Palabra y en su Hijo vivirá en el Reino, aca y en la eternidad, sin necesidad de sacrificos, menos el de su Amado ...
El perro de Roque no tiene rabo.
Jesus no fue conflictivo, fueron los otros los que plantearon el conflico. Si Jesús no quisiera la Iglesia, no se porque lo de la Última Cena y el mandato. Si Jesús sólo era un buen profeta, y no era EL HIJO DE DIOS VERDADERO, da lo mismo seguir a un profeta que a otro y no me quiero llamar cristiano. PERO SI QUE LO ERA SEÑOR CASTILLO,SI QUE LO ERA. No ES NECESARI0O RESNUNCIAR A JESÚS, para quedar bien y si la Iglesia tiene que abandonar prevendas y privilegios que las abandone, no pasa nada. Pero recuerde, señor Castillo que quien le da de comer es la Iglesia, aunque usted no se percate. No se cargue a Jesús, los sacramentos y la Iglesia, porque sino se queda sin trabajo, no va a ser necesario hacer teología. Rece más hombre, rece más y no se como el coco queriendo poner una pica en Flandes.
Estoy de acuerdo, pero creo que es muy dificil de quitar "la costra pegada a la piel" de sangre, de poder,
de dinero, de fuerza........etc.
Leo diariamente sus comentarios evangelicos, agradezco muchisimo esa visión de Jesús, que nos ayuda a vivir el dia a dia con esperanza
Laico es un término griego posterior a Jesucristo. Se usó para hacer referencia al común del pueblo cristiano.
Conviene preguntarse si es legítimo atribuírsela al propio Jesús y por qué. A mí me parece que no, porque lo judíos no tenían un término semejante. Y el conflicto entre Jesús y el judaísmo no tiene tanto que ver con un conflicto entre laicos y sacerdotes, sino entre dos modos de entender la Escritura. Y la perspectiva de Jesús no es más laica que la de los otros. De hecho, buena parte de su conflicto no fue con los sacerdotes, sino con los faríseos, que eran judíos de a pie (es decir, "laicos").
Jesús plantea una nueva comprensión de la Escrituro, que no alcanza todo su sentido hasta que entrega su vida por voluntad del Padre. No plantea un conflicto entre una religión instaurada y otra "anárquica". Ésa, José María, es sólo una comprensión sesgada y anacrónica que tú haces de vida de Jesús. No tiene ninguna legitimidad ni histórica, ni teológica.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató