Escribo este comentario el mismo día 29 de septiembre, el día de la huelga, convocada por las organizaciones sindicales, para protestar por la política económica y el ajuste laboral que ha decidido y lleva adelante el gobierno socialista que preside el señor Rodríguez Zapatero. Estoy redactando esta breve reflexión a las doce de la mañana, cuando ya han manifestado sus primeras impresiones tanto los dirigentes sindicales como el portavoz del gobierno. Y confieso que lo que más me ha llamado la atención es que, lo mismo los sindicalistas que los gobernantes, todos andan diciendo esta mañana que la huelga se está desarrollando y va transcurriendo “dentro de la normalidad”. O sea, lo mismo los gobernantes (los que toman las decisiones económicas y laborales opresoras) que los trabajadores (o sus representantes oficiales) oprimidos por el gobierno opresor, todos ellos (unos y otros), coinciden en que lo que está ocurriendo hoy en España, y tal como está ocurriendo, todo eso “se ajusta a la normalidad” o “está dentro de lo normal”.
Por supuesto, yo sé que el sentido más inmediato y directo de esa presunta “normalidad” se refiere a que, hasta este momento, cuando escribo estas líneas, no ha ocurrido ningún incidente de mayor importancia. Por lo visto, en un día de huelga, todo el mundo está cumpliendo con el papel que le corresponde: a unos quedarse en su casa y no ir al trabajo, a otros echarse a la calle para impedir o dificultar que trabajen los que quieren trabajar, a otros velar por el orden público, los sindicalistas diciendo que se están consiguiendo los objetivos que se pretendían conseguir, los patronos y magnates quitándole importancia a lo que ocurre, y los políticos diciendo que todo se ajusta a las exigencias de un Estado de derecho. En definitiva, cada cual en su papel. Interpretando satisfactoriamente bien el papel que le toca interpretar. No cabe duda: estamos “dentro de la normalidad”.
Está visto. Y está claro. La huelga es “un acto más” de la gran comedia (para unos) o de la gran tragedia (para la mayoría), que es el gran teatro del mundo. Mañana, cuando termine este acto teatral, todo seguirá lo mismo que antes. Y todos seguiremos como estábamos. Exactamente igual. Y seguramente todos los actores del acto suficientemente satisfechos. Porque el acto estaba bien programado, bien ensayado y, por lo que parece, se está representando bastante bien. Además, como ocurre en los teatros y sus escenarios, cuando ha terminado la función, cada cual a su casa, a sabiendas de que lo hecho no pasa de ser una representación, de forma que, acabada la representación, la vida sigue igual.
¡Por favor! No estoy bromeando sobre un tema tan serio y de tan graves consecuencias. Lo que estoy intentando decir es que el fondo y la raíz del problema, que hoy estamos palpando con el hecho de la huelga, ni depende de los actores de la huelga, ni se resuelve porque la huelga tenga más o menos éxito. Una huelga laboral es una pieza más dentro del sistema brutal y canalla, en el que todos estamos metidos, y al que todos nos hemos acostumbrado. Un sistema que tiene un eje central que es el que le hace funcionar. Ese eje es el constante reforzamiento de la codicia, mediante la incesante oferta de satisfacciones inmediatas, pensadas y ordenadas todas ellas para que quienes pueden acumular, acumulen. Cosa que sólo se puede hacer a base de que la gran mayoría de los habitantes del planeta viva en la escasez. Y casi mil millones de criaturas, tirando como pueden hacia la muerte, hundidas en la miseria absoluta.
Esta es la realidad brutal y canalla. La realidad que nos tendría que quitar el sueño y no nos lo quita. Por esto es por lo que digo que la huelga es el acto de una comedia, o de una tragedia, según el papel que cada cual representa. Yo sé que esto que digo va a molestar a algunos. Va a indignar a otros. A muchos les hará reír o sonreír. Y habrá quienes piensen que no me falta razón. Si, por lo menos, esta sencilla reflexión nos ayuda a quitarle acero a la crispación, algo es algo. Y si algunas personas, al leer esto, se distancian de los informativos y de los titulares de los diarios, para pensar o, al menos, sospechar que lo importante y lo urgente no es que cambien los gobernantes o los sindicalistas, sino que cambiemos todos, de forma que nos lleguemos a convencer que lo urgente es que nuestra vida sea más austera y más solidaria, entonces quizá este modesto blog ha prestado un pequeño servicio a quienes peor lo están pasando en este momento. Algo es algo.
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Bastante más caertado y cristiano lo que escribe Jesús Espeja sobre la huelga qu este comentario.
Yo le insistiría en ello al calvinista Bono, y al resto de los pijos de izquierdas que últimamente tanto abundan (con cargo al presupuesto).
Totalmente de acuerdo. Quizá el problema sea ese: que interpretamos un papel. Ya va siendo hora que dejemos de interpretar nuestro papel. De que de verdad sepamos quienes somos: hijos de un mismo Dios que no tenemos otra seguridad futura que la muerte. Si supieramos esto, pero de verdad, las cosas cambiarían. ¡Y cuánto!
Javier representa al ciego del Evangelio, es decir, aquel que no quiere ver. Javier no ha entendido que el post está lleno de compasión por los seres humanos. Cuando no enfrentamos a un texto o a una situación con "pre-jucios" "vemos" o entendemos aquello que previamente nos figurábamos. Dios, ciertamente, nos lo pone difícil, nos quiere humildes y desnudos de cualquier apriorismo. Javier, no se trata de intelectualismo sino de humildad y caridad. Jesús murió desnudo como nació al mundo visible.
Paz y Bien.
Dr. Castillo, mil gracias y también Paz y Bien para Vd.
Joan López Ferré. Manacor.
Castillo te tengo aprecio,pero aquí te situas por encima de lo divino y humano con tal de no mojarte.Este artículo se parece bastante a algunas encíclicas papales que flotan sideralmente por encima de la realidad.Es cierto que los curas podéis vivir un tipo de vida ajena a las responsabilidades del resto de los mortales.Sin familia,sin pagar agua,luz,sin que te despidan con 20 dias por año de servicio por "pérdidas previsibles" de la empresa como dice la reforma,incluso os podéis ir a un monasterio como esenios o iros de vacaciones solidarias al tercer mundo;pero el resto de los mortales vivimos en el este mundo con sus leyes y sus problemas.Tu reflexión en este caso no me ha servido de mucho.Es más me parece desencarnada.
Hola Castillo:
Siempre tenía un punto de duda sobre tus palabras, pero ahora me queda confirmado que como uno más, no eres sino un jesuíta rancio, con palabras llenas de progresismo, pero lleno de intelectualismo prepotente.
¿Es una comedia la precariedad laboral? ¿es una comedia el abaratamiento del despido? ¿es una comedia el paro o las condicones de pobreza extremas de miles de personas en el mundo?
La pobreza es nuestra miseria como seres humanos: deja de hacer intelectualismos y de mandarnos mensajes de austeridad, mandaselos a los ricos cabrón.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató