Escribo este comentario el mismo día 29 de septiembre, el día de la huelga, convocada por las organizaciones sindicales, para protestar por la política económica y el ajuste laboral que ha decidido y lleva adelante el gobierno socialista que preside el señor Rodríguez Zapatero. Estoy redactando esta breve reflexión a las doce de la mañana, cuando ya han manifestado sus primeras impresiones tanto los dirigentes sindicales como el portavoz del gobierno. Y confieso que lo que más me ha llamado la atención es que, lo mismo los sindicalistas que los gobernantes, todos andan diciendo esta mañana que la huelga se está desarrollando y va transcurriendo “dentro de la normalidad”. O sea, lo mismo los gobernantes (los que toman las decisiones económicas y laborales opresoras) que los trabajadores (o sus representantes oficiales) oprimidos por el gobierno opresor, todos ellos (unos y otros), coinciden en que lo que está ocurriendo hoy en España, y tal como está ocurriendo, todo eso “se ajusta a la normalidad” o “está dentro de lo normal”.
Hoy, domingo 26 de septiembre, el evangelio de la misa es la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31). Pero sabemos que también el evangelio de Juan habla de un enfermo, llamado Lázaro (Jn 11, 1), el hermano de Marta y María, al que Jesús resucitó (Jn 11, 43-44). Seguramente, nunca hemos pensado que el Lázaro del evangelio de Lucas y el Lázaro del evangelio de Juan no son dos personajes distintos, sino que son el mismo individuo o, mejor dicho, son el mismo símbolo, que prolonga y completa la misma enseñanza. De forma que el Lázaro de Juan es el complemento final de una lección estremecedora, que empieza en la parábola de Lucas.
Que yo sepa, nadie pone en duda la ejemplaridad de Jesús de Nazaret. Por eso se comprende el respeto que le tienen incluso los que no se consideran creyentes. Por supuesto, no faltan los “atrevidos” (con frecuencia ignorantes) que despachan un asunto tan serio como éste diciendo tranquilamente que Jesús no existió. Me parece superfluo y hasta frívolo discutir aquí una cuestión de la que, recientemente, un buen conocedor (laico) del tema (Frédéric Lenoir) ha escrito: “El único consenso verdadero entre los estudiosos, al margen de sus diversas orientaciones, es la certeza de la existencia histórica de Jesús”.
Hoy, 20 de septiembre, me parece importante recordar estos tres nombres, que, tal como yo veo las cosas, nos recuerdan algo muy valioso, que nos vendría muy bien tener siempre presente en nuestras vidas. Y eso que, a primera vista y como es lógico, nada tienen en común un papa, un cantautor agnóstico (quizá ateo) y un futbolista, que, por muy bueno que sea, es eso, un jugador de futbol. ¿Qué pueden tener en común estos tres hombres? ¿Por qué hablo de ellos a la vez y precisamente en este día?
Como es lógico, sentirse orgulloso de algo y después avergonzarse de eso mismo son dos sentimientos literalmente contradictorios. Dos sentimientos a los que extrañamente somos muchos los que nos hemos tenido que acostumbrar. Y nos hemos acostumbrado hasta el extremo de que hablamos de ambas experiencias, y hasta es posible que intentemos justificarlas. La vida, las ideas, las costumbres, la sociedad, tantas cosas..., han cambiado tanto en tan poco tiempo, que hasta resulta comprensible que todos, cada cual como ha podido, nos hayamos habituado a vivir esta extraña contradicción como la cosa más natural del mundo. Es más, hasta nos hemos familiarizado con el asunto de tal forma, que no es raro encontrar personas que hablan de su orgullo y su vergüenza, como “lo que tiene que ser”.
El pequeño debate de estos días en este blog, en torno al complicado tema de la verdad, nos puede llevar a una discusión interminable, que vendría a ser como “el cuento de nunca acabar”. Por eso, me parece conveniente hacer algunas indicaciones que espero nos venga bien a todos tenerlas en cuenta.
Ante todo, pido disculpas por el silencio de los seis últimos días. He estado en Italia presentando un libro mío que han editado en italiano. Se trata de "La ética de Cristo", publicado por le Edit. Citadella, de Asís. Han sido días de mucho trabajo, viajes, etc. No he podido escribir. Perdón por mi silencio.
Cada día que pasa, se hace más difícil la fe. Y cada día que pasa, hay más gente que anda hecha un lío con esto de la fe. Por eso, me parece que vendrá bien ir poniendo algo de orden en lo que pensamos y sentimos sobre este lío y este embrollo de cosas.
Hace unos días, hablaba yo de "los que tienen fe según los evangelios": paganos, samaritanos, publicanos, prostitutas.... Pues bien, hoy hablamos de los que no tenían fe o la tenían tan deficiente, que no era en modo alguno una fe sólida y firme en Jesús.
Aclaro tres cosas, que ya han aparecido en los comentarios:
El tema de la fe nos ha llevado al tema de Dios. Y, dado que no es posible entender el uno sin entender el otro, me ha parecido conveniente decir algo - cuanto antes - sobre el problema de Dios. Para que así podamos comp'render mejor el problema de la fe. No intento convencer a nadie. Simplemente pretendo informar de datos que, a mi juicio, es conveniente conocer. Porque se trata de datos que, con frecuencia, no se tienen en cuenta. Y pienso que son datos de enorme importancia.
Según el Diccionario de la RAE, la fe es "la primera de las virtudes teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que un ser se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone". En este sentido, tener fe es aceptar una serie de verdades. Es, por tanto, esencialmente un acto intelectual. Pero, cuando hablamos de la fe, no nos referimos sólo a eso. Porque tener "fe en alguien" es "fiarse" de esa persona. Es, por eso, "confiar" y "ser fiel" (tener "fidelidad") hacia aquél en quien confiamos o en quien tenemos depositada nuestra fe. En este segundo signidicado, la fe ya no es esencialmente un "acto intelectual", sino una "experiencia", que nos lleva a fiarnos y a ser fieles, no ya sólo a lo que "dijo" el Señor Jesús, sino, antes que eso, a la "persona" misma del Señor Jesús. O sea, la fe cristiana, antes que fidelidad a las "verdades" que enseñó el Señor, es fidelidad a la "vida" que llevó el Señor.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
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Sor Gemma Morató