Amigos y amigas visitantes del blog, desde hoy me tomo unos días de descanso. Antes de mediados de agosto retomaremos la tarea. Agradezco a todos vuestra colaboración, las interesantes aportaciones que hacéis y, por lo que mí respecta, lo mucho que aprendo de vuestros comentarios y la valiosa ayuda que prestáis para que esta sencilla iniciativa siga adelante.
FELIZ DESCANSO A TODOS.
José María Castillo
En los comentarios, que hacen los visitantes de este blog, con frecuencia se recurre a la "ley natural". Como es un asunto al que algunos le conceden notable importancia, me ha parecido que puede ayudar a los lectores aclarar algunas cuestiones relativas a esa ley.
Los evangelios se refieren con frecuencia a los samaritanos. Porque las relaciones entre judíos y samaritanos, en tiempos de Jesús, eran tensas y hasta conflictivas. Samaría fue fundada por Omrí hacia el 880 (1 Re 16, 24). Después de la deportación del 772, su población era una mezcla de razas (2 Re 17, 3-6, 24). En el s. I, los samaritanos eran tratados como heréticos y se les tenía como legalmente impuros (Lc 9, 52; Jn 4, 9; 8, 48). Uno de los motivos de enfrentamiento era el hecho de que los samaritanos no iban jamás al templo de Jerusalén porque ellos se habían construido su propio templo en el monte Garizín. De ahí la intolerancia mutua entre judíos y samaritanos.
El evangelio de la misa de hoy (18.VII.10) ofrece una de las claves fundamentales de la vida. Una clave que explica por qué hay personas que pasan por la vida haciendo el bien. Y por qué hay otras personas que pasan por este mundo como una apisonadora, actuando con peso y fuerza, pero haciendo eso para aplastar a todo el que se les interpone en el camino de la vida.
Noto en el blog, desde hace no muchos días, un palapable aumento de comentarios que producen la impresión de que, en lugar de construir, parece que consideran más importante destruir, desautorizar, agredir a alguien, unas veces, a mí; en otros casos, a los demás visitantes del blog. No sé si esto se viene produciendo por mera coincidencia o, si más bien, responde a otro motivos. No lo sé. Ni me interesa. Ni me preocupa. Hoy escribo esta entrada en el blog para decir tres cosas:
Me ha llamado la atención la cantidad de comentarios que ha motivado el tema de la ética, muchos más que ningún otro tema (según creo) en este blog. Está claro que los problemas, que plantea la ética, interesan vivamente y motivan a muchas personas a escribir. Pero debo confesar que, al igual que la "cantidad" de comentarios, más aún me ha llamado la atención el "alambicamiento" especulativo de la mayoría de esos comentarios. Con frecuencia olvidamos (yo, por supuesto, también) que la ética no se inventó para hacer consideraciones abstractas sobre ella, sino para ponerla en práctica, para integrarla en nuestras vidas, para que sea la fuerza determinante de lo que hacemos. Y también de lo que dejamos de hacer. Pero de esto último, del llamado "pecado de omisión", hablaremos otro día.
Han comenzado a entrar, en este blog, una serie de comentarios en los que se repite machaconamente una misma idea, que, en el fondo, viene a decir: "lo que tenemos que hacer es centrarnos en el Evangelio, pero en el Evangelio interpretado tal como lo interpreta el papa, y nada más que el papa, teniendo en cuenta la siempre maravillosa y refescante liturgia...", etc, etc, etc. No pienso ponerme aquí a discutir ni una sola de esas afirmaciones. Respeto los puntos de vista de los demás, con tal que cada cual se exprese con el debido respeto, la debida tolerancia y la estima que todos los seres humanos merecemos.
Estos días se habla del gran Festival de teatro de Aviñón. Entre otras razones, porque está llamando poderosamente la atención la puesta en escena que el director suizo Christoph Marthaler está realizando con su espectáculo Papperlapapp, algo así como un blablablá en alemán. Como era de esperar, el espectáculo ridiculiza el boato, el lujo, las ambiciones y las intrigas de los papas de Aviñón, que provocaron el "Gran Cisma", desde 1378 hasta 1417. Esta historia es bien conocida y no es éste el momento de repetirla. Lo que quiero destacar aquí es que, una vez más, la historia y el arte escénico nos recuerdan hechos dolorosos, que fomentan (pretendiéndolo o no) lo ridículo y vergozoso que hay en la larga historia de la Iglesia, al tiempo que se nos pasa inadvertido el problema de fondo, el enorme e irresuelto problema, que vino a plantear (a la Iglesia y su teología) aquel cisma.
La lectura de los evangelios resulta, a veces, desconcertante. Jesús les dijo a sus discípulos que él les había dado "ejemplo" (hypodeigma), "para que igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros" (Jn 13, 15). Y así fue efectivamente. Como los profetas han sido siempre "ejemplo" para los demás (Sant 5, 10). Nadie, pues, va a poner en duda que Jesús ha sido, y sigue siendo, uno de los grandes modelos en los que las personas de buena voluntad encuentran el ejemplo a seguir, para que esta vida resulte soportable, para que nuestro mundo (tan deshumanizado) se humanice, y para que entre los mortales se mantenga viva la esperanza.
Con frecuencia se habla de la crisis del clero: cada día hay menos sacerdotes, y los que van quedando, envejecen, se enferman....; además, las vocaciones descienden más y más. Otro tanto hay que decir de los religiosos y religiosas, de forma que las órdenes y congregaciones religiosas se van reduciendo y muchas de ellas están abocadas a desaparecer. Por otra parte, es comprensible que, en una situación de crisis como la actual, los clérigos que van quedando, resulta inevitable que, de día en día, se sientan menos motivados, con menos inciativas y con menos fuerzas. Es ley de vida.
Viernes, 17 de febrero
José Mª Castillo
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Religión Digital
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
José Mª Castillo
Francisco Margallo
Isabel Gómez Acebo