Teología sin censura

¿CAMBIO DE POLÍTICOS O CAMBIO DE MENTALIDAD?

28.05.10 | 08:51. Archivado en Sin censura

La prestigiosa economista Loretta Napoleoni, consultora del Fondo Monetario Internacioanl y de la FAO, asesora de la BBC y la CNN, la persona que más ha estudiado y mejor conoce cómo se financia el terrorismo mundial, acaba de publicar un libro apasionante, La Mordaza (Barcelona - Paidós), en el que dice esto: "Lo que ha puesto de rodillas a la economía estadounidense y mundial ha sido ha sido la locura de la guerra contra el terrorismo" (p. 34). Se trata del terrorismo que contra el que luchan los poderosos de Occidente en las guerras de Irak y Afganistán. Dos guerras llamadas al fracaso. Porque, ni han resuelto, ni van a resolver nada. Lo único que se ha conseguido con esas guerras ha sido desquiciar la economía de Estados Unidos y de la Unión Europa. Al tiempo que las finanzas islámicas se han disparado en flecha, haciendo de Dubái la Wall Estreet del Gorlfo Pérsico (p. 39). Si a esto se suma el crecimiento económico, imparable y progresivo, de la economía de China (con la que la deuda de Estado Unidos crece más y más cada año), cualquiera entiende que la crisis económica, en la que estamos metidos, no depende (en sus causas y en su solución) ni de Zapatero, ni de Bruselas, ni siquiera de Obama. Es el falso equilibrio de sistema, en el que hemos vivido los países ricos por encima de nuestras posibilidades, el que se ha roto. Y seguramente se ha roto para siempre.

¿Tiene solución este estado de cosas? Depende de lo que entendamos por "solución". Si, al hablar de solución, estamos pensando en volver a donde estábamos antes de la crisis, es muy problemático que eso se pueda conseguir, al menos a corto plazo. En las condiciones, en las que estamos, lo más necesario y hasta lo más urgente, no es que cambien los gobernantes, sino que cambiemos nosotros. Concretamente, lo que más falta nos hace es que cambie nuestra mentalidad. ¿En qué sentido?

Aceptemos que se ha terminado el "Estado del Bienestar" y del "Crecimiento Sostenible", en el que hemos vivido engañados durante años. Sí, lo repito, nos han engañado. No éramos tan ricos como para vivir al nivel que hemos vivido. Eso ha sido posible porque acumulábamos y consumíamos lo que tenía que estar mejor repartido. Por tanto, lo primero que tendrían que hacer los políticos es dejar de seguir engañando a la gente. Que tangan la valentía de decirnos que la solución que urge no es hacer promesas imposibles de cumplir, promesas de recuperar lo que ya es seguramente irrecuperable. Lo que urge es educarnos a todos en la convicción de que podemos ser más felices viviendo más austeramente. Se puede vivir mejor con menos cosas, con menos caprichos, con una vida reorientada hacia el logro de otros valores.

Desde el planteamiento de este blog, propongo (con toda claridad, pero también con toda modestia) dos cosas que me parecen importantes en este momento: 1) Necesitamos repensar nuestras convicciones y nuestras creencias. Está visto que la religión "oficial", que enseña la Iglesia, no le ayuda mucho a este país para hacer a la gente más feliz. No es posible establecer con certeza si es la fe la causa de la felicidad o es la felicidad la causa de la fe (R. Layard). En cualquier caso, lo que sí podemos afirmar es que las personas que han incorporado en su vida convicciones que les hacen más generosos y más sensibles ante la felicidad o el sufrimiento de los demás, esas personas suelen ser más felices. Y son más felices con menos cosas. 2) La forma de interactuar con los demás es decisiva para sentirse bien o para sentirse mal. Está bastante bien probado que las personas que se preocupan por los demás son en general más felices que las que viven preocupadas por sí mismas. La ansiedad derivada de "beneficiarse" uno a sí mismo genera problemas y es causa de mucho malestar. Por el contrario, la preocupación por "beneficiar" al resto del mundo es fuente insesante de un profundo bienestar que sólo conocen los que viven con esa preocupación.

¿Y esto qué tiene que ver con la solución de la crisis? Más de lo que imaginamos. Los miles de ciudadanos, que andan estos días crispados porque les bajan el sueldo, la ansiedad que tienen los que temen que les suban los impuestos, los que no se dan cuenta de que no les llega la camisa al cuerpo porque no ven caer a tal o cual político, los que temen que el jefe de su partido no gane las próximas elecciones..., en fin tanta gente que anda indignada o irritada estos días, ¿por qué no piensa en serio en los que no saben si mañana van a tener para poder cenar? ¿Por qué no se tragan, de una vez, que pueden vivir con menos caprichos? ¿por qué no pensamos todos más en las "soluciones" y menos en las "elecciones"? Lo digo con firmeza para terminar hoy: nuestra felicidad depende de nuestro ser interior y de nuestra filosofía de la vida. Por muy buenos políticos que nos pongan, si no cambiamos de mentalidad, seguiremos siendo bastante desgraciados. A no ser que perdamos del todo la vergüenza y nos hagamos unos canallas. Pero eso no serviría sino para aumentar nuestras desventuras. Teología sin censura


CRISIS: LA SALIDA PASA POR LA UNIÓN

26.05.10 | 08:10. Archivado en Sin censura

En días de tanta confusión, incluso de tanta angustia, como los que estamos viviendo en casi todo el mundo por causa de la crisis económica, me parece que la cosa más sensata, que podemos decir, es que, en este momento, lo que más necesitamos es unirnos, en lugar de enfrentarnos cada día más. La salida de la crisis no será posible mientras los políticos sigan dividos, enfrentados, crispados ellos y crispándonos a todos, con sus destemplazas y agravios mutuos y, sobre todo, con el convenecimiento de que cada uno tiene la razón y la solución en sus manos. Cada día veo más claro que por este camino no vamos a ninguna parte. O lo que es peor, es seguro que, por este camino de incesante confrontación y vergonzosas trifulcas, a donde vamos derechos es a hundirnos del todo y por muchos años.

¡Qué malo y qué canalla es el afán de poder y de mando! Da miedo y da vergüenza pensar que hay personas y grupos que anteponen sus deseos de poder a la necesidad apremiante que tenemos todos de recuperar la paz en ka convivencia, incluso aunque para eso sea necesario ceder en puntos que uno considera indiscutibles. Hay que decirlo una vez más: tal como están las cosas, si los partidos poíticos no se unen, no saldremos de la situación miserable en la que estamos metidos. Y conste que es miserable la situación de los parados y gentes así. Pero es indeciblemente más miserable la crispación y el cainismo que se ha convertido en el cancer de la convivencia de nuestra propia dignidad.

Muchas veces he pensado que también en este asunto tiene mucho que decir el Evangelio. Puede parecer una salida de tono o una cosa sin pies ni cabeza querere meter el Evangelio en un asunto que, a primera vista, parece que nada tiene que ver. A ningún político, a ningún economista, se le ocurre echar mano de la religión para aportar solución a lo que está pasando. La religión de los santos y las liturgias, por supuesto, poco tiene que decir en este tipo de situaciones. El Evangelio es otra cosa. Porque cuando Jesús se enfrentó, una y otra vez, a sus propios discípulos, en cuanto aquellos hombre mostraron pretensiones de poder, de ser los primeros, de estar por encima de los demás, ¿no estaba Jesúa afirmando la convicción de que las soluciones a los problemas serios de la vida no las aportan los que quieren mandar a toda costa? El que aspira a mandar, incluso mintiendo, machacando al contrincante, anteponiendo sus propios intereses a las necesidades de los más necesitados, ese individuo es un peligri público al que, en ningún caso, se puede entregar el mando. ¿Nos vamos a poner en manos de un ambicisoso, que pone sus intereses por encima y por delante de lo que necesitamos? ¿Estamos locos de remate?

Yo se´que, al decir estas cosas, no aporto la solución. Pero también sé que, si lo que digo aquí no se tiene muy en cuenta, lo más seguro es que nos vamos a meter en un pozo más profundo del que ya estamos metidos y del que la salida va a ser poco menos que imposible. Esperemos que la sensatez se imponga, antes de que nos terminemos de hundir todos.Teología sin censura


¿EL DINERO O EL HONOR?

24.05.10 | 07:18. Archivado en Sin censura

¿Qué es lo que hace a la gente más feliz? ¿El dinero o el honor? ¿Ganar más o ser ser más importante? Se tiene la impresión, bastante extendida, de que, en la actual cultura capitalista, el factor determinante de la felicidad es el dinero. Al contrario de lo que ocurría en las culturas mediterraneas de la antigüedad, en las que el fector decisivo de la felicidad o la desgracia era el honor, el status que cada cual tenía en la sociedad y en la estimación de los demás.

Sin embargo, no está claro, en modo alguno, que las cosas sean así. Por supuesto, el dinero nos interesa a todos. Y más en tiempos de crisis económica, como ocurre ahora. Pero incluso ahora se puede decir con bastante seguridad que el factor más importante en la felicidad o la desgracia de la inmensa mayoría de la gente es la catergoría y la estimación que tiene ante los demás. Unos de los economistas más pretigiosos del Reino Unido, Richard Layard, ha escrito recientemente un libro importante sobre "La felicidad". Y en ese libro afirma que "los ingresos representan mucho más que un medio para comprar cosas. También utilizamos nuestros ingresos, mediante su comparación con los demás, como una medida de cómo somos valorados". De ahí que, "la única situación en la que estamos dispuestos a aceptar un recorte de nuestro sueldo es cuando a los demás les pasa lo mismo". Por eso "cuando la gente compara sus sueldos, lo hace generalmente con otros semejantes a los suyos, no con los de las estrellas de cine o los de los más desfavorecidos". Esto hechos han llevado a este autor, importante miembro de la London School of Economics, a la conclusión de que una persona a la que suben el sueldo, se siente mejor si se lo suben a él solo. Si se lo suben por igual a los demás (de su empresa, de su categoría, etc), por eso no se siente más feliz. Esto, como regla general, está más que comprobado.

Lo peor que han hecho con nosotros es fomentar la competitividad y formarnos para ser los primeros. Y es que el ser el primero, el estar por encima o por delante de los demás, es lo que nos gratifica en la vida. Por eso, sin duda, én los evangelios se nos dice, una y otra vez, que los discípulos de Jesús discutían frecuentemente sobre cuál de ellos era el más importante. O quién era el primero. Y sabemos que Jesís cortó de forma tajante estas recillas de honor y dignidades. Es claro que Jesús se dio cuenta de que lo más peligroso que hay en este mundo no es el afán de tener, sino la categoría del ser, la dignidad de estar por encima de los demás.

Nos educan para ser los mejores, para estor los primeros, para subir hasta lo más alto. Y esto es lo que arruina la convivencia y hace de la vida un infierno. ¿Por qué la lucha que hay entre políticos, entre curas, entre empresarios, entre gentes de todos los colores y de todas las categorías? Si no aprendemos a sentirnos felices en el último puesto, no haremos en esta vida sino pasar por ella pegando codazos para subir y situarnos en el sitio preferente. Hemos organizado el infierno en esta vida. Ahora mismo, el infierno de los políticos - y el de los curas - son las marcas de esta sociedad que nos tendría que avergonzar. Teología sin censura


¿ESTO ES POLÍTICA O TEOLOGÍA?

21.05.10 | 07:14. Archivado en Sin censura

El pasado día 19, uno de los comentaristas de este blog, que se firma Adrian, escribió lo siguiente acerca de lo que, en la entrada anterior, he escrito sobre los templos vacíos: "No, usted no nos habla de religión, ni de teología, usted propone una suerte de política o moralidad, que no es lo propio de la religión... La Iglesia no debe ocuparse de la vida terrena, sino más bien de la eterna...".

Esta reflexión de Adrian me ha dado que pensar. Porque este visitante expresa lo que, sin duda, piensa mucha gente. Y lo que, a mucha gente, quizá le desagrada en este blog. Por eso me ha parecido importante decir lo que pienso sobre este asunto que, por otra parte, me parece capital.

No tengo que insistir en que respeto sinceramente el punto de vista de Adrian y de todos los que puedan pensar como él. Además, me explico que haya bastante gente que piensa así, cuando se habla de la religión y la teología. Porque eso es lo que se ha enseñado - y se sigue enseñando - en las catequesis, las clases de religión, en sermones y homilías, en muchas publicaciones relativas a estos temas.

Sin embargo, debo decir que no estoy de acuerdo con esa mentalidad. Porque, detrás de esa mentalidad, se oculta una teología que considero profundamente equivocada. Aquí me parece necesario informar que el debate teológico más serio y más fuerte, que se ha mantenido dentro de la Iglesia, en la segunda mitad del siglo pasado, se centró precisamente en este problema capital. Apenas terminada la segunda guerra mundial, estalló en Francia la gran controversia. Todo nació con un potente movimiento teológico, la Nouvelle Théologie, en la que destacaba una figura eminente, H. de Lubac, un jesuita francés, al que se unieron (con puntos de vista diferentes) otros grandes teólogos: K. Rahner, H. Urs von Balthasar, J. Alfaro... No es posible explicar aquí los argumentos y matices de esta controversia, la más profunda teológicamente de todo el siglo XX. El papa Pío XII, en 1950, en la encíclica Humani Generis puso serios reparos a esta "nueva teología". Pero el hecho es que esta forma de pensar terminó por imponerse en los teólogos más autorizados del último medio siglo.

El punto central de la cuestión está en esto: el ser humano, tal como de hecho existe, ¿es una realidad meramente "humana" y "natural"? ¿o es, desde su mismo origen, una realidad "sobrenatural"? La respuesta "teológica" (no "científica" o "filosófica") es que el ser humano, tal como Dios ha querido que exista, es un ser que no puede entenderse sino como "el acontecimiento de una autocomunicación sobrenatural de Dios". Por eso, como bien dijo K. Rahner, podemos (y debemos) hablar del ser humano como un "existencial sobrenatural". Es decir, toda la existencia humana, tal como Dios ha querido que exista, está elevada al orden sobrenatural.

La consecuencia, que se sigue de esto, es que todo lo verdaderamente "humano" y "natural" es, por eso mismo, también "divino" y "sobrenatural". De ahí que el ser humano experimenta y vive la condición divina y sobrenatural, no sólo cuando reza o realiza actos específicamente religiosos, sino en todo lo que es verdaderamente humano: en el trabajo y el descanso, en la calle y en la casa, en el quehacer cotidiano en todas su manifestaciones.

Es capital tener esto muy claro, para organizar nuestra vida como Dios quiere. Dios quiere que recemos y fomentemos nuestra fe en El. Pero igualmente quiere que hagamos cuanto esté a nuestro alcance por mejorar este mundo. Por eso, Jesús pasó por este mundo curando enfermos, dando de comer a los necesitados, ayudando a los excluidos... Según la teología más tradicional y antigua, Jesús hacía esas cosas para demostrar que era Dios. Pero ocurre que eso no se puede demostrar. Ni los teólogos más entendidos lo admiten así. Jesús hizo lo que hizo porque luchar contra el sufrimiento humano es lo más divino que podemos hacer los humanos. Este es el punto capital de la teología que presenta este blog. La teología en la que me pienso mantener a costa de todo lo sea necesario. Teología sin censura


DE LAS CASAS LLENAS A LOS TEMPLOS VACÍOS

19.05.10 | 08:17. Archivado en Sin censura

Es sabido que en la Iglesia primitiva no había templos. Los cristianos se reunían en las casas, ya que la casa era la estructura base del cristianismo primitivo. Es decir, la Iglesia era la institución que aglutibana a las "iglesias domésticas" (R. Aguirre). Esta situación duró hasta el s. IV, cuando (a partir de Constantino) se construyeron los primeros templos cristianos. Fue el concilio de Laodicea (del 360 al 370) el que prohibió la celebración de las eucaristías domésticas. Hasta entonces, o sea durante tres siglos la Iglesia no tuvo templos, es decir, no tuvo espacios sagrados. Porque "lo sagrado", para la Iglesia de aquellos tiempos, no estaba en determinados edificios o locales concretos, sino que lo sagrado eran "las personas". Vale la pena explicar esto. Y sacar las debidas consecuencias.

Por lo que cuentan los evangelios, Jesús no levantó ningún templo o capilla. Ni organizó un centro de espiritualidad o una casa de retiros. Jesús fue un laico, que vivió laicamente, como un profeta itinerante. Un profeta, además, que, como sabemos, tuvo serios conflictos con el Templo de Jerusalén y sus sacerdotes. Hasta que aquello terminó trágicamente en la pasión y en la cruz. Después de la Resurrección y de Pentecostés, el libro de los Hechos cuenta que, cuando mataron al primer martir, Esteban, éste, precisamente cuando lo iban a matar, dijo que "el Altísimo no habita en dificios construidos por hombres" (Hech 7, 48). Y, lo que es más importante, San Pablo afirma con toda claridad que la morada propia de Dios no está construida por manos de hombres (2 Cor 5, 1). Es más, la carta a los hebreos dice de forma terminante que el templo "no hecho por manos de hombres" se instaura a partir de Cristo (Heb 9, 11).

Los primeros cristianos tenían razones muy serias para decir estas cosas. Aquellos cristianos no querían templos. El motivo de este rechazo no era económico (no tenían dinero para tales edificios), ni político (se tenían que ocultar en tiempos de persecuciónes). El motivo por el que rechazaban los templos era teológico. Porque una de las convicciones más fuertes de la Iglesia de aquellos primeros siglos cristianos era que el templo de los cristianos es la comunidad (1 Cor 3, 16-17; Ef 2, 21) o cada cristiano en particular (1 Cor 6, 19; 2 Cor 6, 16). Lo cual quiere decir, lógicamente, que para los cristianos (los de entonces y los de ahora) no hay más templo que la comunidad misma o cada ser humano en concreto. Es decir, el lugar del encuentro con Dios no es un espacio material (geográfico), sino el espacio humano del encuentro entre las personas. Donde los humanos se encuentran, se comunican, se unen y conviven, ahí es donde se encuentra a Dios.

Esta manera de pensar, tan revolucionaria, duró algún tiempo, no mucho. Sólo aguanto tres siglos. A partir del momento en que la Iglesia se vio con poder, expresió ese poder (entre otras cosas) en los edificios, es decir, levantando iglesias, templos, basílicas y capillas. Con lo cual se conseguían varias cosas: 1) A Dios se le encerraba en el templo, que podía ser grandioso, señal de que quien estaba allí era el Todopoderoso, pero ya no era el Dios humanizado, al que se le encuntra entre los humanos y humanizándose. Una cosa que ha sido fatal. Porque así los cristianos descargamos las conciencias acudiendo un rato al templo, mientras que en la calle, en la casa, en el trabajo..., nos portamos como si Dios no existiese. El respeto se guarda en el templo, lo que hace más tolerables las frecuentes faltas de respeto que cometemos en la convivencia a todas horas y en todas partes. Nos espanta la profanación de un templo. Y no nos impresiona las constantes profanaciones de toda clase de personas que cometemos, incluso con la conciencia tranquila del que hace "lo que tiene que hacer". 2) Es más fácil construir un templo que construir una comunidad. Se maneja mejor el ladrillo que la convivencia. Y así nos encontramos ahora con muchos templos y tan pocas comunidades. Enseñamos monumentos, pero no podemos enseñar grupos humanos que se quieren y en los que no hay secretos que ocultar. 3) Los templos suelen dar un buen rendimiento económico. Cosa que se sabe desde que se empezaron a levantar templos. Uno de los favores que Constantino le hizo a la Iglesia fue la concesión de recibir herencias y legados, cosa de la que da cuenta el Código de Teodosio (CTh. 16. 2. 4 = CJ 1.2.1, del 321). Así se abrió la puerta al enriquecimiento de la Iglesia mediante las enormes donaciones de la gente rica, que dejaba sus bienes al templo y así se moría en paz, tal como lo explica el reciente y magnífico estudio del Prof. Ennio Cortese, en su estudio sobre las grandes líneas de la Historia Jurídica Medieval (Roma, 2008).

Uno de los muchos problemas que la Iglesia tiene que afrontar es éste: ¿Creemos en el Dios que hemos encerrado en los templos o creemos en el Dios que está en cada ser humano? He aquí dos modelos de Iglesia, que desencadenan dos formas de entender el cristianismo y la fe en Jesús el Señor.Teología sin censura


LO MAS URGENTE: UNA "RELIGIOSIDADA ALTERNATIVA"

15.05.10 | 08:59. Archivado en Sin censura

La crisis mundial de la economía, que está golpeando con especial crueldad a los países más débiles, y sobre todo a los más debiles en esos países, se está ensañando con muchos de nosotros, sobre todo con los inmigrantes, los parados, las personas dependientes... ¿Qué están haciendo las religiones en esta situación? ¿Qué está haciendo nuestra Iglesia?

No es éste el momento de echarnos en cara culpas y responsabilidades. Es la hora de buscar soluciones. Y mi propuesta es muy clara, aunque entiendo que no será fácil de llevarla a la práctica, al menos de inmediato, a corto plazo. Pero, aun a sabiendas de la dificultad que entraña, lo quiero decir con toda claridad y con toda firmeza. ¿De qué se trata?

Tenemos que buscar y poner en práctica un "modelo alternativo de religiosidad". Lo he dicho ya muchas veces y no me canso de repetirlo. Nuestra Iglesia padece una hipertrofia de prácticas religiosas y una atrofia de convicciones evangélicas. En las parroquias, en las iglesias y conventos, por lo general, se siguen cuidando con esmero las prácticas sacramentales, al tiempo que no se cuidan con el mismo esmero las personas que peor lo están pasando en esta dramática situación. Mi propuesta es que el centro de atención, de interés y de desvelos, en cada diócesis, en cada parroquia, en cada convento..., sea la atención, la acogida, el cuidado de las personas que más sufren, que se ven más desamparadas, más desprotegidas, con un futuro más oscuro.

Mucha gente no sabe que, si el cristianismo creció vertiginosamente durante los siglos III y IV, eso se debió a que, en aquellos tiempos, el Imperio empezó a vivir lo que con razón se ha denominado como "una época de angustia" (E. R. Dodds). Las instituciones hacían agua, la economía se hundía, las gentes estaban asustadas. Pues bien, estando así las cosas, los cristianos tuvieron el acierto de organizarse por "comunidades de acogida", que fueron un alivio para los más desgraciados de entonces. Como bien nos ha explicado el citado Profesor Dodds (Oxford), "los beneficios que acarreaba el ser cristiano no quedaban confinados al otro mundo. Una congregación cristiana poseía un sentido comunitario más fuerte que cualquier otro grupo (isiaco o mitriano) equivalente. Sus miembros quedaban unidos no sólo por unos ritos comunes, sino también por una forma común de vida... La Iglesia ofrecía todo lo necesario para constituir una especie de seguridad social: cuidaba de huérfanos y viudas, atendía a los ancianos, a los incapacitados y a los que carecían de medios de vida; tenía un fondo para funerales de los pobres y un servicio para las épocas de epidemia. Pero más importante que estos beneficios materiales era el sentimiento de grupo que el cristianismo estaba en condiciones de fomentar. Los modernos estudios sociológicos nos han familiarizado con la universalidad de ese "sentimiento de grupo" como algo absolutamente necesario para el individuo, así como con las formas inesperadas en que esa necesidad puede influir sobre la conducta humana, particularmente entre los individuos desarraigados de las grandes ciudades... Epicteto nos describe el horrible desamparo que puede experimentar un hombre en medio de sus semejantes (Epict. 3. 13.1-3). Debieron ser muchos los que experimentaron este desamparo: los bárbaros urbanizados, los campesinos llegados a las ciudades en busca de trabajo, los soldados licenciados, los rentistas arruinados por la inflación y los esclavos manumitidos. Para todas estas gentes, el entrar a formar parte de la comunidad cristiana debía de ser el único medio de conservar el respeto hacia sí mismos y dar a la propia vida algún sentido. Dentro de la comunidad se experimentaba el calor humano y se tenía la prueba de que alguien se interesa por nosotros, en este mundo y en el otro".

Esto escribió el Profesor E. R. Dodds, en 1963. Su punto de vista tiene ahora seguramente más actualidad que cuando él lo dijo. Y más, incluso, que en los lejanos tiempos, de los siglos III y IV, que con tanta competencia analiza y describe. Esto supuesto, mi pregunta es: ¿no tendría que ser ésta la tarea más urgente, y el culto religioso más necesario que nuestras parroquias y nuestras iglesias tendrían que poner en práctica de manera urgente y apremiante?

Todos sabemos que esto no sería la solución a la crisis. Pero sí sería, sin duda alguna, el alivio de muchos sufrimientos humanos que, de otra manera, no van a tener ni solución, ni remedio. Por lo demás, nunca deberíamos olvidar que esta "religiosidad alternativa" fue precisamente la forma de religiosidad que estrenó Jesús. La religiosidad que marcó la originalidad del cristianismo. Teología sin censura


LA IGLESIA "HIPERSACRAMENTALIZADA"

11.05.10 | 07:07. Archivado en Sin censura

En la Iglesia, la "religión" le ha ganado la partida a la "misericordia", a la "profecía", a la "ética". Nuestra Iglesia padece de "hiper-religiosidad". Lo que, en concreto, quiere decir que padece de "hipersacramentalidad". Explico esto.

El prefijo griego hiper significa "exceso". Los ejemplos que pone el Diccionario de RAE son muy claros: HIPERtensión, HIPERmercado, HIPERclorhidria, términos que indican "superación ", "demasía" o "exceso". Pues bien, esto es lo que le pasa a la Iglesia y a casi todos los que seguimos en ella. ¿A qué va la gente a una iglesia? A misa, a un funeral, a una boda, a un bautizo, quizá a confesarse. ¿A rezar? Algunas personas mayores van también a eso. A no ser que se trate de una iglesia-monumento, como ocurre en no pocas catedrales. Pero en este caso, con frecuencia, hay que pagar para entrar, como se paga la entrada a un museo, a una exposición o cosas así. Antiguamente, cuando no había tele ni otras formas de distraerse, iba mucha gente a los sermones. Ahora, eso es más raro.

Pero, volviendo a los sacramentos, si se piensa despacio, lo que uno ve en las parroquias, es que la gran mayoría de la gente acude a ellas porque allí es donde se administran los sacramentos: bodas, bautizos, comuniones. También va mucha gente a los entierros, que en definitiva son una misa, "misa de difuntos". Y los domingos y "días de precepto", los que siguen fieles a eso, van a alguna iglesia a "cumplir con el precepto". Por supuesto, en las parroquias se organizan reuniones: de catequesis, de Cáritas, de tal cofradía... Pero también es cierto que muchas de esas reuniones giran en torno a loa sacramentos: reuniones de preparación al bautismo, a la confirmación, al matrimonio... No es ningún disparate decir que, si en una parroquia se suprimieran los sacramentos, ¿no sería eso algo así como dejar al párroco y su parroquia en el paro? ¿no se quedaría aquello en una especie de vacío, sin saber qué hacer, ni el cura ni los feligreses?

La cosa está clara: la Iglesia se ha organizado de forma que se ha convertido en un HIPER de religiosidad sacramental. Y lo más notable es que todo esto se ha organizado así con el convencimiento de que así es como tiene que funcionar la Iglesia. Sin pararse a pensar en serio que Jesús no se dedicó a todo este montaje sacramental en el que la Iglesia ha puesto sus cinco sentidos. Y lo ha hecho así, basándose en una teología, que se da por segura y por indiscutible, cuando en realidad es sumamente discutible, como explicaré en día sucesivos.

De momento, sólo quiero fijarme en un punto, que me parece capital. Me refiero a que la práctica de los sacramentos, tal como está organizada, es UN INSTRUMENTO DE CONTROL Y DE PODER, que resulta sumamente eficaz para que el clero pueda imponerse y dominar a los laicos. No discuto ahora el valor sobrenatural de los sacramentos. Lo que digo es que los sacramentos están legislados y controlados (por la autoridad jerárquica) de forma que practicar los sacramentos equivale a someterse al clero. Porque es el clero el que los administra. Y los administra de manera que el cura puede negar el bautizo, la boda, la comunión... a quien considere (según las normas establecidas e interpretadas por el cura de turno) que no es digno, por ejemplo, de comulgar o de recibir la absolución de los pecados en un confesionario.

Este asunto es muy serio. Y en Roma lo toman así, muy en serio. La Curia Vaticana controla severamen te a cada obispo para que en su diócesis se administren los sacramentos ajustándose escrupulosamente al ritual y a las normas. Cada obispo se preocupa de que cada cura sea obediente a lo prescrito en esta materia. Y cada sacerdote tiene sumo cuidado para que nadie le pueda llamar la atención en el sentido de que no dice la misa como hay que decirla o que hace cosas que se salen de las normas.

La consecuencia es que quien quiere seguir siendo católico, no tiene otra salida que aceptar este sistema, someterse a él sin protestar, y, para casos "especiales", buscarse un cura amigo, a ver si se atreve a que le den la comunión a un amigo homosexual, a un divorciado, a..., ¡cualquiera sabe!

En todo caso, es evidente que el control de la Iglesia en cuanto se refiere a los ritos sacramentales es mucho más riguroso que en cuanto afecta a la vida que llevan los curas, los frailes, las monjas; en tema de dinero, de ambiciones de poder y de trepar, etc, etc. ¡Qué pena da esta Iglesia! Con tanto HIPERsacramentalismo le va bien. Porque así tiene poder, conserva el poco poder que le queda. Y, de camino, gana dinero. Porque es un hecho que vivir como vivió Jesús, eso lo único que acarrea son problemas. Problemas con las autoridades, problemas con la gente de dinero, con mucha gente de derechas y con algunos de izquierdas también. Por eso, lo más seguro y lo más rentable es seguir con lo que estamos y como estamos. A ver lo que esto dura... ¿Hasta cuándo? Seguiremos con el tema. Porque aquí queda mucha tela que cortar. Teología sin censura


DE LA RELIGIÓN "DEGRADADA", A LA "CONVICCIÓN ÉTICA"

09.05.10 | 08:51. Archivado en Sin censura

Para nadie es un secreto que la práctica religiosa ha descendido en casi toda Europa de forma alarmante. Lo hemos pensado y lo hemos dicho muchas veces: los templos casi vacíos, los seminarios y noviciados también (fuera de contadas excepciones) casi vacíos, y muchos de ellos cerrados. Cada día hay menos sacerdotes, menos religiosos/as. Cada día nos enteramos de nuevas noticias desagradables relacionadas con el clero, etc, etc. Pero, a mi manera de ver, lo más preocupante es que la Iglesia y sus prácticas religiosas, todo eso, es ya un hecho marginal en Europa, en su cultura, sus costumbres, sus proyectos. La Iglesia tiene una influencia cada día más escasa, más insignificante, en la vida, la moralidad y las costumbres de los ciudadanos en el gran continente donde primero se expandió el cristianismo y donde, desde sus orígenes, tiene su centro organizativo y administrativo. ¿A dónde vamos con todo esto? ¿No tenemos derecho y motivos para pensar seriamente en que nuestra religión, al menos en Europa, ha entrado en un proceso de creciente degradación? ¿No tendríamos que hablar, por lo tanto, de un proceso de "descomposición" del cristianismo, precisamente en la cultura en la que se encarnó, pero con la que no ha sabido crecer y estar a la altura de las circunstancias?

¿Se puede pensar que esto se va a reorientar dentro de algunos años? No podemos saber lo que va a ocurrir en el futuro. Pero lo que sí sabemos - y lo sabemos con seguridad - es que la religiosidad clerical, que la Iglesia ha impuesto como la forma de vivir el cristianismo, no se parece a lo que vivió y enseñó el fundador del cristianismo, Jesús de Nazaret.

Hablo de "religiosidad clerical" porque las prácticas religiosas, organizadas, presididas y controladas por el clero, son el centro de la religión que enseña e impone la autoridad de la Iglesia. Pues bien, como todos sabemos, se trata de una religiosidad que tiene su centro en los templos, que es dirigida y presidida por sacerdotes, que controlan las prácticas religiosas mediante las leyes, normas y rúbricas que impone la Jerarquía de la Iglesia. Esto supuesto, lo primero que tendríamos que pensar es que de nada de esto habló Jesús. Ni de nada de esto se preocupó Jesús. Ni por nada de esto se interesó Jesús. Hay que leer y releer los cuatro evangelios. Y caer en la cuenta de que en ellos no se habla jamás de que Jesús fundara un templo, una capilla, o que instituiyera unos sacerdotes, o que organizara funciones religiosas... Nada, nada de eso, aparece por ninguna parte en los evangelios. Pronto explicaré esto más detenidamente.

De momento, me limito a insisitir en que Jesús se dedicó a tres cosas: anunciar el Reino de Dios. Y eso lo realizó en tres formas de actuación, que están presentes en todas las páginas de los evangelios: 1) Curar enfermos y endemoniados. 2) Compartir la comida con toda clase de gentes. 3) Repetir y explicar cómo deben ser las relaciones humanas, de acuerdo con lo que quiere el Padre del Cielo.

Jesús fue un laico, que vivió laicamente, con una espiritualidad muy profunda, pero vivida en la soledad del campo y de los montes. Jesús jamás aparece rezando en el Templo de Jerusalén. Ni jamás se dice que asistiera a los cultos del Templo. Jesús iba al Templo porque era el sitio donde se reunía la gente; y allí le hablaba a todo el mundo. Pero, insisto, en ninguna parte se dice que Jesús fuera a participar en los cultos sagrados del Templo. Incluso cuando se dice que iba a las sinagogas, siempre se advirte que lo que hacía allí era hablar. y hablar de tal forma que, con frecuencia, irritaba a los "observantes". Jesús fue un profeta de las "convicciones éticas" que pueden cambiar la vida de las personas. ¿No ha llegado ya la hora de que afrontemos en serio el desplazamiento de la "religiosidad de los templos y los clérigos" a la espiritualidad de las "convicciones éticas" que nos hagan a todos más humanos, más honrados y memos "inquisidores"?Teología sin censura


LA PERSISTENCIA DE LA RELIGIÓN

07.05.10 | 06:27. Archivado en Sin censura

Con frecuencia se dice ahora que la religión está de capa caída, que se está hundiendo y que pronto será un recuerdo del pasado. No estoy de acuerdo con esa manera de pensar. Sencillamente porque los hechos no concuerdan con semejante criterio, tan negativo, sobre la actualidad y el futuro de la religión, no sólo en los pueblos del tercer mundo, sino también en los países más desarrollados. ¿Por qué digo esto?

Ante todo, porque es evidente que la religión tiene una presencia mundial más fuerte de lo que muchos se imaginan. Si no estuvieran presentes las religiones ahora mismo en el mundo, las guerras no serían lo que son, el terrorismo no sería lo que es, la fabricación y comercio de armamentos tampoco tendría la importancia que tiene, la política sería distinta, la crisis económica funcionaría de otra manera, la convivencia de los ciudadanos y de los pueblos iría por otros derroteros. Y así sucesivamente. Pero hay algo más. Si la religión no motivara a tantas personas de buena voluntad, los servicios sociales en Africa, por poner un ejemplo muy elocuente, no seráin lo que son, ni funcionarían como funcionan. Y lo que digo de Africa, se puede asegurar igualmente de no pocos países de Asia y América Latina.

Por lo demás, y en cualquier caso, existe una constante en el ser humano que jamás deberíamos olvidar. Recientemente, el conocido e ilustre miembro de la Royal Society, Robert A. Hinde, ha publicado un excelente estudio que lleva un título estimulante: ¿Por qué persisten los dioses? Hinde dice con tazón: "Muchas de nuestras instituciones tienen raíces religiosas, y a pesar de la obvia contradicción entre la ciencia moderna y las interpretaciones liberales de los textos religiosos, una gran proporción de individuos sigue acudiendo a lugares de oración. ¿A qué se debe esto? Una posible respuesta es que la observancia religiosa es una consecuencia de características psicológicas humanas pan-culturales, características que, en el contexto de las sociedades humanas, han dado forma a los sistemas religiosos en toda su diversidad". En el fondo, como indica este mismo autor, se trata de que "todos tenemos un conjunto básicamente similar de objetivos... Me refiero aquí no solamente a los objetivos más obvios de comida, seguridad y sexo, sino también a cosas como dar sentido al mundo atribuyendo causas a los efectos, sentir que uno controla su propia vida o tratar de conseguir un status, propensiones todas ellas que contribuyen a la observancia religiosa".

Con lo dicho, me limito solamente a apuntar lo más genérico que se puede decir sobre "la persistencia de los dioses". Pienso que, además de las razones que aduce R. A. Hinde, sería conveniente tener en cuenta el motivo del miedo. La gente tiene miedo. Por muchos motivos. Cuando vivimos en la sociedad más avanzada, nos encontramos con sentimientos de inseguridad y miedo que, década atrás, no teníamos. Siempre se dijo que "en las trincheras no hay ateos". Y es que, en momentos de miedo fuerte, uno se agarra a un clavo ardiendo. Y ese clavo, para muas personas, suele ser la religión.

Pero quiero terminar advirtiendo que, si hablamos de este asunto entre cristianos, nunca deberíamos olvidar que el cristianismo es, por supuesto, una religión. Pero es una religión que, tal como0 hoy la conocemos y la vivimos, es una religión "degradada". Por una razón muy sencilla: la religiosidad de Jesús y la nuestra se parecen poco. Es un asunto capital que urge explicar. Y lo explicaré pronto. De momento, me limito a decir que la religión de Jesús no tuvo su centro en la "observancia religiosa", sino en la "experiencia humana", concretamente en la experiencia sobrecogedora de la intolerancia ante el sufrimiento humano. Y la verdad es que de eso estamos muy lejos, demasiado lejos. Seguiremos pensando en este asunto la semana próxima.Teología sin censura


MENTIRA Y ENGAÑO DE LOS PLURALES

03.05.10 | 06:28. Archivado en Sin censura

En el lenguaje religioso, es muy frecuente el uso del plural para referirse a cosas muy serias, a veces muy graves. Por ejemplo, cuando rezamos el Padre Nuestro, le decimos a Dios: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Como es lógico, el plural expresa un deseo y un propósito comunitario. Lo cual es bueno, más aún es excelente y ejemplar. Pero eso, que es tan positivo, entraña el peligro de no decir nada. Porque las fórmulas en plural se utilizan cuando el que las pronuncia es un colectivo de personas, que se refieren a algo que les concierne a todos y en la que todos se ven implicados. Pero, con el rezo del Padre Nuestro, nos en contramos con el hecho extraño de que una fórmula plural, pensada para un colectivo o una comunidad, con enorme frecuencia es rezada por un individuo, para pedir ayuda o para referirse a hechos y situaciones que le conciernen al sujeto singular y único que pronuncia esa oración. Y entonces ocurre que el orante singular le dice a Dios "perdónanos como nosotros perdonamos"... ¿Se atrevería ese mismo orante a decirle en serio a Dios: "¡Señor!, perdóname como yo perdono"? O sea, ¿estamos dispuestos a decirle a Dios: "¡Señor!, trátame a mí de la misma manera que yo trato a mi mujer, a mi marido, a mi vecino, a mi empleado, a mi enemigo, a mi adversario político, a mi empleada de hogar....". Y así sucesivamente y sin límite alguno. ¿Estamos de verdad dispuestos a rezar siempre, siempre, siempre, el Padre Nuestro de esta manera, cuando lo rezamoa en privado?

En la piedad religiosa, los plurales nos engañan. Y con los plurales decimos vaciedades que carecen de contenido. Sin ir más lejos, cuando nos pillan en una contradicción de la que no sabemos salir, despachamos el asunto diciendo tranquilamente. "todos somos humanos", "todos somos pecadores", "todos somos contradictorios"... Prescindiendo de que eso, en muchos casos es mentira (porque no todo el mundo es contradictorio), en realidad eso es la escapatoria de los cínicos y los tontos. Seamos honestos y coherentes. Cuando nos enfrentamos a una situación que le concierne a uno, y solamente a uno mismo, por favor, no nos escapemos con la vulgar generalidad de que eso mismo se le puede aplicar a todo el mundo. Y si no, ¿por qué no recurrimos al plural cuando tenemos que echarle en cara a un individuo algo que queremos que le duela? Si ese individuo te ha engañad0, no le dirás "todos somos embusteros". No. Le dirás en su cara: "¡Eeres un mentiroso y un embustero! Me has engañado". En singular, directo y muy concreto.

Pues bien, vamos a tomar la costumbre de rezar el Padre Nuestro diciéndole a Dios: "¡Señor!, trátame desde hoy exactamente lo mismo que yo trato a.... (quien sea, la persona que te resulte más odiosa). A ver si todos tenemos el valor de rezar así desde hoy mismo. Y si no tenemos ese valor, entonces mejor será que no recemos. Los rezos no se han inventado para engañarnos y para engañar. Los rezos no pueden tener otra finalidad y otro destino que el de enfrentarnos a la realidad, a nuestra propia realidad, para que en lla nos veamos como el que se ve en un espejo.Teología sin censura


Sábado, 2 de junio

BUSCAR

Editado por

  • José Mª Castillo José Mª Castillo

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Mayo 2010
LMXJVSD
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31

Sindicación