La conocida escritora M. Yourcenar se quejaba, quizá con bastante razón, de los que "elogian la pureza porque no saben cuánta turbiedad puede esconder la pureza". Desde hace ya algún tiempo, nos enteramos con frecuencia de nuevos escándalos causados por "profesionales" de la pureza. Me refiero a las noticias que nos llegan de sacerdotes y religiosos que han abusado de niños o que, sabiendo de tales abusos, los han ocultado. Por supuesto, a cualquiera se le ocurre pensar que, de entrada al menos, no vendría mal adoptar una actitud de sospecha ante semejantes noticias. Todo lo relacionado con el sexo tiene morbo. Y si además es asunto de curas, monjas, frailes, obispos..., entonces el morbo resulta aún más morboso. Esto es cierto. Pero también es verdad que muchas de esas informaciones no hacen sino reproducir hechos probados ante los tribunales de justicia. Porque - no lo olvidemos - cuando hablamos de estas morbosidades, estamos hablando, no sólo de un "pecado", sino además de un "delito", que ha sido denunciado, juzgado y condenado en un tribunal de justicia. Por lo demás, si es cierto que con frecuencia nos hablan de "gente de Iglesia" que ha cometido abusos con criaturas inocentes, no es menos verdad que hay fundadas razones para sospechar que lo que conocemos, en esta materia, no es sino la punta de iceberg. Lo que está oculto es probablemente más, bastante más, que lo que se sabe.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató