Teología sin censura

DERECHOS HUMANOS: SU FUNDAMENTO RELIGIOSO

10.12.09 | 08:56. Archivado en Sin censura
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No es, no puede ser, mera coincidencia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, se gestara y fuera aprobada en Occidente. Este hecho da que pensar. Tal Declaración y los principios que la inspiran nacieron y se redactaron en la cultura marcada e impregnada por la tradición cristiana. Insisto en que esto no pudo ser mera coincidencia. Y, de hecho, no lo fue. Es bien sabido que los orígenes de la Declaración se encuentran en "La Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano", aprobrada por la Asamblea francesa el 26 de agosto de 1789. Fue una lástima que Pío VI, el papa de entonces, se opusiera de forma tan tajante a La Declaración de la Asamblea. La postura de Pío VI fue mantenida prácticamente por los papas durante todo el s. XIX; y en el XX hasta Pío XII, que ignoró de Declaración de la ONU de 1948. Este hecho ha dado pie para pensar que los Derechos Humanos no coinciden, ni tienen mucho que ver, con los Derechos Divinos, de los que la Iglesia se presenta como gestora oficial y única. Y, sin embargo, nada de eso es así. En 1903, el profesor de la Universidad de Heidelberg, Georg Jellinek, publicó un estudio excelente sobre "La Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano". La tesis de Jellinek es que la Declaración de la Asamblea francesa estuvo ispirada y se remonta a la proclamación de Independencia de los Estados Unidos, de 4 julio de 1776. Pero esta proclamación se fundamenta en las ideas de la Iglesia reformada de Inglaterra de fines del s. XVI. Según estas ideas, la Iglesia debía identificarse con una comunidad de creyentes que, mediante un pacto con Dios, se han sometido a Cristo; y además reconocían como norma directora la Voluntad de la asociación, es decir, de la mayoría. De esta manera, la Iglesia vivía integrada en la sociedad civil y no era un elemento extraño a ella. Y, al mismo tiempo, la sociedad se regía por los principios que emanan del Evangelio. Como es lógico, esta convicción potenció los ideales de dignidad e igualdad que están en la base del Estado de Derecho, de la democracia, y de los derechos humanos. Por otra parte, si todo este asunto se piensa despacio, pronto se cae en la cuenta de que, efectivamente, los Derechos Humanos tienen que ver mucho con los criterios fundamentales que se inspiran en el Evangelio. Para comprender mejor lo que quiero decir, es importante tener en cuenta que una cosa es la diferencia y otra cosa es la igualdad. La diferencia es un hecho (todos somos diferentes), mientras que la igualdad es un derecho. Mucha gente no distingue esto. Y por eso se crean tantas dudas y confusiones. Además, como somos diferentes, hay unos que son fuertes y otros que son débiles, unos listos y otros tontos, unos son cultos y otros incultos, unos están sanos y otros enfermos.... Dado que, en la vida, hay tantas y tales diferencias, ¿qué hizo Jesús de Nazaret? Se puso de parte de aquellos que, en cuestión de diferencias, están abajo (pobres, enfermos, excluidos sociales, niños, mujeres, extranjeros, personas mal vistas como es el caso de los pecadores y gentes de mala vida). Jesús no insistió en que los "últimos" tienen que ser los "primeros" para cambiar la tortilla. Jesús dijo e hizo eso porque él sabía muy bien que la la igualdad en dignidad y derechos, sólo se puede conseguir sobre la base de invertir las situaciones establecidas. De no hacerse eso, las diferencias seguirán siempre creando desigualdades. Es verdad que la Ley y el Derecho, en teoría, nos igualan a todos. Pero eso vale en teoría. Porque, en la práctica, el Derecho y las Leyes las hacen los poderosos, los fuertes, los listos, los ricos... De ahí que mi conlcusión es ésta: los Derechos Humanos tuvieron su inspiración originante en el Evangelio; y su aplicación efectiva se conseguirá el día que el Evangelio (no la Iglesia y sus intereses) sea la convicción determinante de nuestras vidas. Los Derechos Humanos, sin la inspiración de fondo que los justifica, serán siempre letra más o menos muerta, que jamás se traducirá en derechos en sentido propio y estricto. Es decir, en el derecho que tiene una persona cuando, si se ve privada de él, puede poner una denuncia en un juzgado. Mientras no lleguemos a eso, los Derechos Humanos serán un hermoso ideal, pero nada más.Teología sin censura


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    • José Mª Castillo José Mª Castillo

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