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FIN DE AÑO: "TEMPUS FUGIT"

30.12.09 | 15:30. Archivado en Sin censura

Una de las muchas cosas buenas, que las religiones ofrecen a sus creyentes, es la esperanza de trascender el tiempo. Para el "hombre religioso", que se aferra a sus creencias, la muerte no es el "final", sino el "paso" a otra forma de existencia, que, al estar fuera del tiempo, más allá del tiempo, no es ya una existencia "temporal", sino "eterna". Pero no sólo "eterna", sino sobre todo indeciblemente "feliz". Sin duda alguna, las dos grandes religiones, que más han desarrollado esta forma de esperanza, la esperanza en la "felicidad sin fin", han sido el cristianismo y el islam. El cristianismo con sus enseñanzas sobre la resurrección y el cielo (1 Cor 15; Mc 2, 18-27; Mt 22, 23-33; Lc 20, 27-40). El islam con sus insistentes explicaciones sobre el paraíso que entraña una alegría inimaginable (Sura 32, 17), en jardines que proporcionan todas las satisfacciones (Sura 2, 82; 3, 15; 4, 13. 122-124....).
Seguramente no imginamos la paz y la alegría gratificante, que estas promesas de felicidad sin límites, proporcionan a millones de creyentes, que así se sieten reforzados en sus códigos de moralidad y en la fortaleza necesaria para superar las dificultades de esta vida. La experiencia de muchas personas que, motivadas así, superan situaciones inimaginables, es elocuente.
Pero nada de esto es capaz de suprimir o aminorar la fuerza con que los motales nos aferramos, no sólo a nuestras creencias, sino mucho más que a nuestras creencias y esperanzas, al tiempo que pasa, que corre, que se nos va. El "tempus fugit", de Virgilio, es una evidencia aplastante: "el tiempo vuela". Este sentimiento es el que está en la base de los festejos y celebraciones, que en casi todo el mundo, se organizan en la noche del 31 de Diciembre al 1 de Enero. Es como una especie de necesidad compulsiva de "fuga hacia delate", con sus originalidades y sus excesos, con los cuales mucha gente pretende olvidar que las sombras del tiempo pasan sin que nada ni nadie pueda detenerlas.
Y más allá (o más en el fondo) de esta fuerza que nos atrae y nos ata al tiempo, está el hecho de que la "esperanza" de trascender el tiempo puede convertirse (diabólicamente) en un peligro aterrador. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que hombres que esperan, después de la muerte, cielos y paraísos de felicidad infinita, si son hombres fanáticos en sus creencias, tales hombres pueden convertirse en una amenaza que nada ni nadie puede detener. Los cruzados medievales y los talibanes de hoy en día (que no son ni compartables en tantas cosas) son la prueba más clara de lo que estoy diciendo. Cuando en el s. XII, san Bernardo exhortaba a los "milites templi" a matar al infiel sarraceno, sin duda estaba motivado por una esperanza que le cegaba para ver la realidad "histórica", que, en aras de una esperanza "meta-histórica", le llevaba a proponer la muerte para alcanzar la vida. Y algo semejante hay que decir de los actuales terroristas que se auto-inmolan, es decir, que se matan matando. Porque así esperan alcanzar una felicidad sin fin.
La esperanza religiosa es una de las creencias que más nos puden motivar para dar sentido a la vida. Y para reforzar nuestras mejores convicciones éticas. El peligro, en este caso (como en tantos otros) está en degradar la sublimidad del martirio en la degradación del crimen.
Por lo demás, nunca deberíamos olvidar que el acto religioso, "químicamente puro", no existe. Lo mismo a los cruzados medievales que a los talibanes de hoy les movieron y les mueven motivos de orden político, económico, nacionalista... que poco o nada tienen que ver con la religión. De ahí la importancia decisiva de que nuestras creencias religiosas siempre estén orientadas a contagiar felicidad, paz, tolerancia, comprensión y prosperidad para todos. Teología sin censura


EL CARDENAL ROUCO Y EUROPA

28.12.09 | 08:38. Archivado en Sin censura

El cardenal de Madrid, Antonio M. Rouco, dijo en una misa en el centro de la capital y ante cientos de miles de personas, que el futuro de Europa está ligado al futuro de la familia, es decir, que el futuro de de Europa depende del futuro de la institución familiar. Por supuesto, esta afirmación del cardenal Rouco, a mi manera de ver, merece ser tomada muy en serio. Porque está demostrado por la experiencia que cuando, en una sociedad, la estabilidad de la institución familiar se deshace, por eso mismo el tejido social se descompone. Y cuando el tejido social, en un país, en un pueblo, en una cultura, se desintegra, las consecuencias son imprevisibles. Por ejemplo, una sociedad rota, de esa manera, es una sociedad en la que inevitablemente se desencadenan formas de violencia que no imaginamos: violencia de de los hombres contra las mujeres; y de éstas contra los hombres. Y, lo que es más preocupante, la violencia contra los hijos, contra los niños, en todas las formas imaginables. Por eso, creo que el cardenal Rouco ha hecho bien en recordar la importancia de la estanilidad de la familia para asegurar así la estabilidad de la soxiedad en Europa. Es un tema capital y en el que nos jugamos mucho.
Pero me sospecho que la propuesta de Rouco apunta a algo más concreto. No se trata, en esta propuesta, de asegurar la estabilidad de la familia, sino de un modelo de familia. Se trata del modelo de familia tradicional: "un hombre y una mujer que se unen indisolublemente para tener todos los hijos que Dios les mande". Lo cual quiere decir que los divorciados, las madres solteras, los padres solteros, los homosexuales, las parejas de hecho y, por supuesto, los padres y madres que deciden tener sólo un hijo o, a lo sumo dos, todas esas personas (que son la inmensa mayoría de los ciudadanos de la Unión Europea) le están haciendo un daño irreparable al futuro de Europa. Esto es lo que se deduce, en sana lógica, del discurso del cardenal Rouco. Por lo tanto, a juico de Rouco, Europa irá bien el día que las familias tengan todos los hijos que puedan. Y el día en que los divorciados, solteros/as con hijos, los homosexuales... sean excluidos, en la medida de lo posible, de la vida social, de las instituciones y de la construción de Europa.
Pero, ¿es esto realmente posible? ¿es esto lo que más le conviene a Europa en los tiempos que vivimos? Por ejemplo, si las familias han de tener todos los hijos "que Dios les mande", es seguro que habrá habrá muchas familias que media docena (o más) de hijos. Como es lógico, esto tendría una serie de consecuencias: las viviendas tendrían que ser más grandes, las mujeres no podrían tener un trabajo o ejercer una profesión, ya que tendrían que estar en casa criando a los hijos, la fuente de ingresos en la cada casa sería sólo el hombre, con lo que la desigualdad (de hecho) entre hombres y mujeres se perpetuaría, y así sucesivamente. Es el modelo de familia que defiende, a capa y espada, el Movimiento Neocatecumenal, uno de los grupos más integristas y fundamentalistas que hay en la Iglesia en este momento. Con lo cual, lo que estoy diciendo es que la propuesta de Rouco consiste en que el futuro de Europa está vinculado al proyecto de Quico Argüeyo. Se trata, pues, de una propuesta tan seria como sorprendente. Es desuponer que el Papa sabe todo esto y está de acuerdo con ello. Y uno se pregunta: ¿es posible que imaginar que el el portavoz de la voluntad de Dios para estos tiempos sea el señor Argüeyo?
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EDWARD SCHILLEBEECKX

27.12.09 | 09:29. Archivado en Sin censura

La víspera de Navidad falleció, en Nimega (Holanda), uno de los teólogos más grandes que produjo el s. XX. Tenía 95 años. Y era dominco. Quienes visitan este blog se manejan en Internet y no les será difícil encontrar un buen resumen biográfico de este hombre genial y de su enorme y valiosa producción teológica. Por eso, al recordar a este teólogo que "se atrevió a pensar" por sí mismo, quiero limitarme a indicar lo que nos viene a decir, en este momento, cuando nos deja este gran maestro, uno de los pensadores más serios y fecundos del siglos pasado.
Lo primero, lo más claro, es que la muerte de Schillebeeckx indica el final inminente de la generación de grandes teólogos que brillaron, con luz propia, en el s. XX. La generación de aquellos hombres geniales que fueron capaces de dar una orientación nueva al Cristianismo y a la Iglesia, los pensadores más fecundos que ha tenido la tradición cristiana después del s. XVI. Hablo de H. Urs von Balthasar, Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer, Rudolf Bultmann, M. D. Chenu, Yves Congar, Henri de Lubac, Karl Rahner, Paul Tillich y el propio E. Schillebeeckx. Se puede decir que de ellos, aún nos quedan hombres eminentes como, entre otros, el caso de Hans Küng o J. B. Metz. Pero es claro que éstos (al menos, por ahora) ya son los últimos testigos de una generación que se acaba. Porque es claro que, detrás de esos nombres, ya no vienen otros de la misma talla, con parecida creatividad y con la misma libertad para pensar por sí mismos.
Esto quiere decir que la teología se ha empobrecido. Precisamente cuando el mundo está cambiando más de prisa, cuando se nos plantean preguntas nuevas que no imaginábamos, cuando necesitamos hombres libres, que sean capaces de pensar, desde situaciones que no sospechábamos, el tema de Dios y de la Religión, el significado de Cristo, el papel de la Iglesia, las respuestas que exige la ética mundial..., ahora precisamente se van apagando las luces, nos vamos quedando sin las nuevas soluciones para los nuevos problemas; y nos vemos en la penosa situación de quienes tienen que soportar la palabrería clerical de antaño, los tópicos de sacristía de toda la vida, para dar respuesta a quienes buscan (quizá sin saberlo) caminos nuevos para salir de la parálisis mental y valorativa en que nos hemos atascado.
¿Qué nos está pasando? ¿Por qué añoramos la libertad y la creatividad de hombres que se han muerto de viejos, al tiempo que nos produce tanto rechazo la petulancia autosuficiente de chicos jóvenes, de muchachos que aún están madurando, y van por la vida diciendo que ellos no tienen nada que aprender de quienes, en los pasados años 60, fueron capaces de darle un giro nuevo a la Iglesia y a la historia del cristianismo?
Es verdad que, en los años que siguieron al Vaticano II, hubo mucha gente desconcertada, gente que no supo (o no pudo) asumir los cambios a los que se tuvieron que enfrentar. Es verdad también que Pablo VI fue, a veces duvitativo, quizá tuvo miedos inconfesables, cosa que se traslucía en algunas de sus decisiones. Pero lo más claro que muchos vemos ahora es que el largo pontificado de Juan Pablo II ha sido decisivo para frenar los cambios más importantes del Concilio. Y, sobbre todo, hoy vemos con claridad que el proyecto de aquel Papa fue asumir y monopolizar, él solo, el pensamiento y la orientación que tiene que llevar la Iglesia en estos tiempos. Al decir esto, recuerdo lo que Y. Congar escribía en su Diario, cuando decía, refiriéndose a Pío XII, que aquel Papa había desarrollado hasta la obsesión el convencimiento de que el papel de los teólogos se reduce a comentar y argumentar lo que el Papa de turno dice en cada documento y cada vez que habla en público. Pero, entonces, lo que pasa es que el Papa se identifica con la Iglesia entera y pretende que él, y sólo él, posee la verdad de la fe y la respuesta para todos los problemas. ¿Qué decir de un hombre que llega a pensar así?
Por lo demás, cuando se nos va uno de estos grandes hombres, como es el caso de Schillebeeckx, resulta inevitable recordar que corren malos tiempos para el pensamiento, para la libertad y la creatividad en los ambientes intelectuales. No es ningún disparate afirmar que el "intelectual puro" es una figura que se va extinguiendo. Basta visitar cualquier librería. Por todas partes, novelas, relatos, historias... Pero cada día menos libros de pensamiento con entidad y peso. El ensayo, la investigación literaria, humanista, histórica, filosófica... están atravesando una crisis muy preocupante y muy grave. Hay toda una generación (o quizá más) que ya no lee. Internet, y la ténica barata del "cortar" y "pegar" ha suplantado a la creatividad intelectual. ¿Qué futuro nos espera por este camino, cuando vivimos asustados por el crecimiento de una tecnología que vive costeada y al servicio de los intereses de las empresas multinacionales? Es la gran pregunta que se me plantea al evocar la imagen gigantesca del Profesor Edward Schillebeeckx.
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SEL "HOMBRE NO-ECONÓMICO" AL HOMBRE "TECNOLÓGICO"

26.12.09 | 08:50. Archivado en Sin censura

Lo que quiero explicar hoy tiene mucho que ver con la Navidad, la fiesta del consumo. Y sabemos que el consumo0 actual está basado, no sólo en la economía, sino además en la tecnología: lo que compramos y consumimos, si no tuviéramos la tecnología que tenemos, sería sencillamente impensable e imposible. Por eso, en estos días, además de ángeles y pastores, de Belén y Nazaret, hay que hablar de economía y de tecnología.
Se entiende por hombre "no-económico" a los seres humanos que existieron hasta unos cinco mil años antes de Cristo. Los hombres de aquellos tiempos eran cazadores-recolectores, que vivían de lo que la naturaleza producía espontámeamente. Entre otras cosas, los hombres de aquellos tiempos necesitaban, para la supervivencia, la "movilidad". No tenían más remedio que ir de un lado para otro, en busca del alimento que necesitaban para sobrevivir. Consecuencia: aquellos hombres vivían del "desprecio de las cosas": ningún apego a los objetos, ni les interesaba para nada la riqueza. Todo lo que para nosotros es "riqueza", para los cazadores nómadas era "estorbo", una carga insoportable. Esta situación se mantuvo durante miles de años. Hasta unoa cuatro mil años antes de Cristo.
En el III milenio (a.C.) se inicia el gran cambio. Aparecen los primeros signos de la "Civilización", que nació a causa de las primeras técnicas: sistemas de regadío, asentamientos urbanos. Esto empezó a ocurrir en Oriente Próximo, concretamente en Mesopotamia. Y fue entonces cuando aparecieron una serie de fenómenos, procesos culturales e instituciones que (de una forma u otra) han perdurado hasta nuestros días. Lo más llamativo que aparece, con la llamada civilización, son las desigualdades económicas, las jerarquías verticales, el poder de unos hom bres sobre otros, las dominaciones despóticas, las religiones.
De lo dicho se sigue una consecuencia patética: el proceso que surge de la civilización prueba que la evolución tecnológica y la evolución social pueden "disociarse". Y, de hecho, se discociaron, avanazando en sentido inverso: la evolución tecmológica como progreso; la evolución social como degradación (María Daraki). Hasta que hemos llegado a la peligrosa cumbre en que ahora estamos inestablemente instalados. Porque, cuando hemos alcanzado el mayor progreso tecnológico, hemnos hundido a este mundo en la pero degradación social. Y lo más grave del asunto es que a esto ya no se le ve solución. Porque no podemos detener el crecimiento tecnológico. Pero hacemos eso a sabiendas que con ello ahondaremos más y más las desigualdades sociales.
Se ha dicho, seguramente con todo acierto, que el Próximo Oriente antiguo fue el teatro de dos acontecimientos excepcionales: la Revolución Tecnológica antigua y el nacimiento del Monoteísmo. Estos dos mega-acontecimientos están unidos entre sí. El segundo tendría que haber sido la réplica al primero. Pero no lo ha sido. Porque el hecho es que el "hombre-económico" y sus tecnologías han sido más fuertes que la Religión monoteísta. Al menos, hasta este momento. Seguiremos hablando de esto.
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UN BUEN REGALO PARA NAVIDAD Y REYES

23.12.09 | 10:46. Archivado en Sin censura

"La mirada apocalíptica busca las huellas de Dios en el rostro de las personas que sufren, para así mantener su clamor en la memoria y ponerle plazo a su tiempo".
Estas palabras del gran teólogo, que sigue siendo Juan Bautista Metz, me sirven de texto programático para desearos una NAVIDAD EVANGÉLICA, que es lo mismo que decir una NAVIDAD FELIZ.
Y, de paso - para quienes no lo conozcáis - me permito deciros que recientemente he publicado este libro que explica brevemente todos los "evangelios" del año litúrgico.
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23.12.09 | 09:38. Archivado en Sin censura

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23.12.09 | 09:35. Archivado en Sin censura

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EVANGELIO: EL MUNDO AL REVÉS

23.12.09 | 08:20. Archivado en Sin censura

Vamos hoy otra vez con los pastores. Sabemos que fueron los primeros que acudieron a Jesús. Ellos fueron los preferidos, los más importantes. Pero, cuando hablamos de este asunto, es determinante saber lo que los " pastores" representaban en aquel tiempo y en aquella cultura. No digamos nunca que fueron los primeros porque eran los pobres. Ni digamos tampoco que acudieron enseguida a Jesús porque eran los más "bondadosos", los más "sencillos" o cosas así. Nada de eso es verdad. Se sabe muy bien lo que eran los pastores en la sociedad judía de aquel tiempo. Los judíos pensaban que había una serie de oficios que, a quienes los ejercían, pos eso mismo y por eso sólo, los hacían personas "despreciables". En Israel había listas de "oficios despreciados". Pues bien, en la primera de esas listas, estaban los pastores , junto con los arrieros de asnos, los camelleros, los marineros y los cocheros. Los oficios que entraban en esta lista eran especialmente despreciados y odiosos porque se pensaba que eran "oficios de ladrones", es decir, oficios que llevaban por sí mismos a la maldad. De ahí que eran oficios que "rebajaban socialmente, de forma inexorable, a quienes los ejercían" (Joachim Jeremias).
De los pastores se tenían tan baja estima, y eran individuos de tan mala reputación, porque la experiencia demostraba que eran tramposos y ladrones; conducían sus rebaños a propiedades ajenas y, además, robaban leche, lana, las crías del ganado, etc . Por tanto, lo más claro que sabemos, por el relato de los pastores, es que a los primeros a los que llamó Jesús fue a la gente de mala fama, no precisamente a los selectos y edificantes. Así empezó a fraguarse la escandalosa imagen de un profeta de Dios que anduvo con malas compañías.
A nadie se le va a ocurrir pensar, ni siquiera sospechar, que Jesús quería elogiar a los canallas y sinvergüenzas. Todo el secreto de esta conducta está en comprender que lo primero, para el Evangelio, no es la "ejemplaridad" , sino la "humanidad". Jesús se junto con pecadores, samaritanos, impuros y prostitutas, los llevó a sentarlos en su mesa o él compartió mesa y mantel con esas gentes, no porque la moral le importase un bledo, sino porque esos grupos socielae son los más despreciados, y con frecuencia los más deshumanizados también.
Así las cosas, lo que el Evangelio deja patente es que este mundo no se arregla despreciando a los que pensamos que son los "malos" y alejándose de ellos. Este mundo se arregla mediante la cercanía, la bondad sin límites, la humanidad sin fisuras. Es lo que más necesitamos en este momento.
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LOS PASTORES DE BELÉN

22.12.09 | 08:38. Archivado en Sin censura

Ya dije ayer que Jesús no nació en Belén, sino en Nazaret. Lo que pasa es que, cuando llegan estas fiestas, se suele hablar del " belén". Y, por tanto, de los "pastores" de Belén. Por el evangelio de Lucas sabemos que, cuando nació Jesús, un ángel del cielo se apareció a unos pastores, "que pasaban la noche al raso velando el rebaño". Y fueron aquellos modestos trabajadores los primeros invitados para ir al encuentro de Jesús (Lc 2, 8-12).
El tema de los pastores suele ser utilizado por los predicadores cristianos para ponderar lo mucho que Dios ama la pobreza y lo importante que es la pobreza. Lo cual es una solemne tontería. Porque la pobreza es una cosa horrible, es mala, es causa de inedecibles sufrimientos, es humillante y es la expresión más dolorosa de las desigualdades que ensucian y pudren la convivencia social. Dios no quiere que haya pobreza. Ni puede querer que existan los pobres. Lo que Dios quiere es que todos los humanos seamos "iguales" en dignidad y derechos. Y, puesto que somos "diferentes" (unos más listos que otros, o más trabajadores que otros, o más honrados que otros...), es inevitable que se produzcan "desigualdades" sociales, culturales, económicas. Esto supuesto, el mensaje del Evangelio, al decir que los pastores fueron los primeros invitados para acercarse a Jesús, lo que nos viene a decir es que, puesto que las "diferencias" provocan tantas "desigualdades", Jesús considera que los primeros para él son los que están más abajo en la escala de las "diferencias". Para ir así acortando las "desigualdades". Las "desigualdades" no se acaban por decreto. Las "desigualdades" se van aminorando en la medida en que, quienes pueden hacerlo, se ponen de parte de los que están los últimos, en cuanto se refiere a las "diferencias" económicas, sociales, culturales, sanitarias y así sucesivamente. Por eso, sin duda, Jesús dijo, tantas veces, que los primeros se pongan los últimos. Para que los últimos vayan teniendo, también ellos, lo que tienen los primeros. Porque sólo así, mediante hechos patentes, los derechos de los últimos se convertirán en realidades tangibles.
Como es lógico, los que, por el motivo que sea, estamos bien situados en cuanto se refiere a las "diferencias", nos resistimos con uñas y dientes a que el "orden" establecido, a base de "desigualdades", se convierta en " desorden". El "desroden" necesario para acabar con las "desigualdades". Y es que el problema y las resistencias para que eso suceda, no provienen sólo del egoísmo, el orgullo, la ambición, etc. No se trata sólo de un problema moral. Ese problema moral existe, no cabe duda. Pero tal problema se sostiene y se justifica por argumentos y razones que nos hemos buscado los afortunados de arriba. Para seguir arriba. Y seguir donde estamos con buena conciencia.
Como es bien sabido, los mejores educadores de la "mentalidad burguesa" fueron los predicadores del s. XVIII en Francia. Concretamente, los grandes educadores de la burguesía, en aquel tiempo, fueron los oradores sagrados. Así lo desmostró ampliamente el excelente y enorme estudio de Bermhard Groethuysen, La formación de la conciencia burguesa en Francia durante el siglo XVIII, publicado en alemán en 1927, y editado en castellano en 1943 (Fondo de Cultura Económica). La idea de aquellos predicadores es que que la "virtud" y el "orden" son la misma cosa. Es decir, para que haya virtud tiene que haber orden, decía el jesuita Crasset. De ahí que, para Bourdaloue, lo que ante todo interesa mantener a toda costa es el orden social. De donde este predicador, entre otros muchos, sacaba la conclusión: "Fue necesario que hubiera diversas clases y, ante todo, fue inevitable que hubiera pobres, a fin de que existieran en la sociedad humana obediencia y orden" (o. c., p. 285). Porque, según esta forma de pensar, si todos en la sociedad quisieran ser iguales, "¡qué trastorno no se experimentaría en el mundo, qué no vendría a ser la sociedad humana!" (o. c., p. 282). Por lo demás, fue inevitable que estas ideas pasran a España, con retraso pero con fuerza. Y así, el s. XIX, predicadores como Fray Diego José de Cádiz, sembraron con estos discursos la semilla de la seguridad en las calses pudientes, que se sintieron justificadas y tranquilizadas en sus conciencias por los clérigos que les decían que Dios quiere a los ricos y a los pobres, pero a cada uno en su sitio, para que no se perturbe el "orden" querido por el mismo Dios.
Así las cosas, ¿nos va a extrañar que estemos viviendo lo que estamos viviendo? En consecuencia, ¿no es verdad que los pastores de Belén tienen hoy más actualidad que la noche aquélla en la que el ángel los llamó por primera vez a ser los primeros en acercarse a Jesús? Por eso, mi pregunta angustiosa es ésta: ¡Dios mío! ¿qué hemos hecho con el Evangelio? Y sobre todo, ¿qué hemos hecho con la dignidad de los seres humanos?
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NAVIDAD BAJO SOSPECHA

21.12.09 | 07:45. Archivado en Sin censura

En las creencias populares, que tiene la gente sobre la Navidad, hay una serie de cosas que no cuadran. Es importante aclarar estas cosas. Porque sólo así podremos entender el verdadero significado del nacimiento de Jesús y lo que este acontecimiento representa para la humanidad. Es necesario tener una idea clara sobre los siguientes hechos: 1) Lo más seguro es que Jesús no nació en Belén. Este es un asunto importante sobre el que cada día hay un consenso más unánime entre los especialistas que han estudiado los evangelios de la infancia de Jesús (R. E. Brown, R. Schnakenburg, J. P. Meier...). Sólo en Mt 2 y Lc 2 (indirectamente en Jn 7, 42) se dice que Jesús nació en Belén. Fuera de estos textos, lo mismo en los evangelios que en el libro de los Hechos, siempre se dice que Jesús era de Nazaret. Lo de Belén se explica porque expresa la iedea teológica de que Jesús provenía de la familia del rey David, cuya ciudad era Belén. 2) Los parientes, incluso los más cercanos, de Jesús pensaban de él que estaba loco, hasta el punto de que fueron a buscarlo porque decían que se le había ido la cabeza (Mc 3, 21). 3) Los mismos parientes, cuando Jesús volvió por primera vez a su pueblo, se quedaron asombraros de que hablara bien, de que dijera cosas que llamaban la atención y de que hiciera prodigios con los enfermos. Y conste que esto fue tan chocante, que el propio Jesús se sintió despreciado y todo el pueblo se escandalizó de lo que decía y hacía (Mc 6, 1-6). 4) En otra ocasión, Jesús se puso a predicar en la sinagoga de Nazaret y dijo tales cosas que la gente no entendía que "el hijo de José" dijera hablara de aquella forma y hasta quisieron matarlo tirándolo por un tajo (Lc 4, 22-30). 5) También el IV evangelio afirma que la familia de Jesús no creía en él (Jn 7, 5).

Estos hechos dan que pensar. Porque ¿cómo se explica que la familia de Jesús, y los vecinos de una pequeña aldea de Galilea, pensaran así de un paisano del pueblo del que todos tenían que saber que, cuando nació, hasta los ángeles se aparecieron en el cielo, cantaron anuncios de paz, aseguraron que aquel vecino del pueblo era el Mesías, el Salvador el mundo, y al que acudió tanta gente a adorarlo? Más aún, ¿es imaginable que a la aldea vinieran hasta unos Magos famosos de Oriente, con regalos espléndidos, con comitivas regias, y que todo aquello ocurrió de forma que hasta el rey Herodes se asustó, los sumos sacerdotes del templo y toda la capital se alborotó, y las cosas llegaron al extremo de que el tirano mató a todos los niños de la región, de forma que los padres de Jesús tuvieron que salir huyendo al extranjero y vivieron en Egipto no se sabe cuánto tiempo? Cabe en cabeza humana que todo esto ocurriera así y, a los pocos años, todo el pueblo dijera que el "el Mesías y Salvador del mundo" esta loco de remato y que era motivo de escándalo e incluso que había que matarlo?
Todo esto no cuadra. El valor histórico está de parte de los relatos de los evangelios de la vida pública de Jesús. Entonces, ¿qué significado tienen las cosas que se nos cuentan en los llamados "Evangelios de la Infancia" (Mt 1-2; Lc 1-2)? Es muy dudoso el valor histórico de esos Evangelios, que fueron una añadidura posterior a los relatos originales. Lo que queda en pie y merece crédito es el mensaje religioso de los evangelios que recordamos en Navidad. Y ¿en qué consiste ese "mensaje religioso". Consiste en que nos viene a decir que el Salvador y la salvación, es decir, la solución para este mundo viene por los caminos extraños y entrañables que nos trazan los evangelios de estos días: los caminos de la bondad y la sencillez, los caminos de la preferencia por lo débil y lo humilde, los caminos que prefieren la identificación con los pobres y excluidos, los caminos de la alegría y el gozo de los últimos, una alegría y un gozo que pone nerviosos a los hombres importantes de la política (Herodes) y de la religión (Sumos Sacerdotes). Son los caminos del respeto a todos, la tolerancia con todos, la estima hacia todos. Porque sólo así es posible que todos vivamos en armonía, en paz y con esperanza

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Nota Importante: si uno compara todo esto con lo que vivimos en este momento, cuando nos vemos diididos por la Religión y enfrentados por la Política, uno no tiene más remedio que decir: ¡Dios mío! ¿vamos a tapar tanta contradicción con la "huida hacia delante", que representan muchos festejos, regalos y comilonas de estos días, cuando sabemos que lo que "vivimos" tiene tan poco que ver con lo que "decimos" que "creemos"? Es molesto terminar así. Pero así estamos.

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NAVIDAD: EL NACIMIENTO DE UNA CONTRACULTURA

20.12.09 | 08:26. Archivado en Sin censura

En Navidad, los cristianos recordamos el nacimiento de Jesús. Pero son muchos los que no caen en la cuenta de que celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret es celebrar el nacimiento de una contracultura. Porque en realidad eso es lo que sucedió cuando nació Jesús. Según el relato de aquel nacimiento, cuando Jesús vino al mundo, unos ángeles (o sea un "mensaje sobrenatural") se aparecieron a unos pastores y les explicaron la clave de lo que pasó aquella noche: "os ha nacido un Salvador... Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2, 11-12). Lo que menos importa en este relato es la "verdad histórica" de lo que se cuenta. Lo que interesa es el "mensaje religioso" que se transmite. ¿En qué consiste ese mensaje?
Consiste, ante todo, en que los humanos tenemos un principio y un criterio de "salvación", es decir, de solución para tantos y tantos problemas que nos agobian. Tenemos, pues, una esperanza. Porque tenemos así "una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo" (Lc 2, 10). Pero, ¿cuál es la señal que se nos da para encontrar esa gran noticia y esa fuente inagotable de alegría? La cosa es sorprendente: "un niño en pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2, 12).
En la Navidad recordamos que nació Jesús. Y eso es importante. Pero tan importante como eso es saber dónde se encuentra a Jesús. Pues bien, la señal está muy clara: a Jesús (la salvación, la solución, la esperanza) se le encuentra "en un niño recién nacido" y "en un pesebre". O sea, la solución y la alegría está en un "proceso contra-cultural". Me explico: se denomina contracultura a los valores, tendencias y formas sociales que chocan con los establecidos dentro de una sociedad. Como es sabido, el término contracultura se usa especialmente para referirse a un movimiento organizado y visible cuya acción afecta a muchas personas y persiste durante un periódo de tiempo considerable. Se puede decir que una contra-cultura nació con la Ilustración, con el romanticismo del s. XIX, con la Generación Beat norteamerricana de los años cincuencua del s. XX, con los movimientos contraculturales de los años sesenta (un buen estudio de este fenómeno, que aparece y reaparece a lo largo de los siglos, en Ken Goffman, La contracultura a través de los tiempos. De Abrahán al acid-house, Barcelona, Anagrama, 2005).
Pues bien, esto supuesto, en nuestro tiempo es contracultural ir por la vida afirmando que la buena noticia que necesitamos, que la fuente de felicidad que nos hace falta, todo eso nada menos, se encuentra en lo que puede representar un bebé desamprado en un establo, donde lo que se encuentra es estiercol, telarañas, suciedad, miseria y basura. ¿Qué significa esto? ¿Estamos locos?
Intentemos ponernos en razón. Un bebé, en las condiciones indicadas, sólo puede provocar una cosa: ternura, cariño, bondad, humanidad. Pues ahí, en esos sentimientos, está la clave. Una de las cosas más torpes, que arrastra nuestra cultura, es que ha sustituido la "bondad" por "objetos". Esto se nota, por ejemplo, en cómo se trata a los niños, a los jóvenes, a las personas que tenemos más cerca. No tenemos ni tiempo ni serenidad o sosiego para quererlos. Y lo que no les damos en respeto, cariño y bondad, se lo queremos dar en juguetes, caprichos, regalos, cosas. Yo pienso muho en el desamparo de niños que estan cansados de tanta ropa, de tantos chuches, de tantísimos juguetes... Hace años, me quedé de piedra cuando un día visité la guardería miserable, de una parroquia miserable, en un barrio miserable, de una de las megápolis que abundan en América Latina. Había allí unos veinte niños pequeñitos. Cuando entré, estaban todos en una esquina de la habitación destartalada que era la guardería. Todos, menos uno, que se había quedado solillo junto a la puerta de entrada. Cuando abrí aquella puerta y me encontré aqule pequeñito, descalzo, flaco y con su barriguita de niño hambriento, lo levanté en el aire con mis manos y le di un beso en la fente. En ese momento, viví una las cosas más impresionantes que me han pasado en mi larga vida. Todo los demás chiquillos se me vinieron encima gritando: "¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!"
¿Qué me pedían aquellas criaturas? No me pedían una moneda, un caramelo, un juguete... Me pedían un beso, una señal de cariño... ¡Qué desamparo el de aquellos chiquillos,
muchos de los caules no sabían ni quién era su madre y, por supuesto, tampoco su padre!
La "contra-cultura" que nace en Navidad es la cultura del respeto, de la rolerancia, de la estima, de la bondad sin límites, de la delicadeza y la ternura. La cultura de quienes jamás pasan facturas, de los que nunca echan nada en cara a nadie, de los que no dan cabida a la envidia, de quienes no quieren estar jamás por encima de otros, la cultura del que entra en la historia como un bebé, desconocido e insospechado. La cultura, en definitiva, del que rompe tantas vanidades de cosas, tantas cosas, que nos dan todo - lo que necesitamos y lo que no necesitamos -, pero no nos dan lo que de verdad nos hace felices: el respeto, la delicadeza, la bondad sin límites. He aquí por qué digo que la Natividad es el NACIMIENTO DE UNA CONTRA-CULTURA. EL GRAN REGALO QUE TODOS NECESITAMOS ESTA NAVIDAD ES EL REGALO DE LA BONDAD. ¡FELICES PASCUAS!Teología sin censura


COPENHAGUE: EL DESASTRE ESTÁ SERVIDO

19.12.09 | 10:09. Archivado en Sin censura

Yo tuve un viejo y sabio profesor que nos decía a los alumnos: "en el periódico todo es mentira, menos la fecha". Y conste que no estoy para bromas esta mañana. Porque no puedo reprimir mi indignación. Ahora mismo, cuando la noticia que recorre el mundo, como una flecha envenenada, es que la Cumbre del Clima ha terminado en un sonoro fracaso, los diarios de todo color y de cualquier pelaje nos hablan de "pacto insuficiente", de "acuerdo de mínimos" o de un "documento que no ha satisfecho a todos". Acabo de ojear un diario tan prestigioso como El País. Y me quedo de piedra cuando veo que, al problema más grave y angustioso que ahora mismo tiene la humanidad, se le dedica página y media, mientras que al futbol se le conceden cuatro páginas enteras. Y me han dicho que algunos periódicos de hoy han resaltado más la posible prohibición de las corridas de toros que el fracaso de la Cumbre de Copenhague. El ocultamiento de la verdad, que campa a sus anchas en los "medios", es un indicador elocuente de lo que estamos viviendo. Es, ni más ni menos, "el auge del capitalismo del desastre", según la acertada expresión de la inteligente escritora canadiense Naomí Klein. Ya no hablo ni siquiera del sombrío y amenazante mundo que les vamos a dejar a nuestros niños para cuando sean adultos, o sea a la gente que estará en la plenitud de su vida dentro de veinte o treinta años. No hablo del futuro. Hablo de lo que ya es presente, es decir, de lo que está pasando en este momento. Y lo que está pasando es que hay más de mil millones de seres humanos que se mueren literalmente de hambre. Sí, lo repito, es así. Se están muriendo de hambre. Y dentro de pocos años, serán dos mil millones los moribundos sin remedio. Porque quienes tenemos que controlar el colesterol, el sobrepeso y la tensión, los que tenemos que hacer curas de adelgazamiento, los que no soportamos ni un día sin calefacción en invierno o sin refrigeración en verano, los que no sabemos ya dónde meter la ropa que nos sobra, ni tenemos claro a dónde vamos a llevar nuestro dinero para que produzca más, los que hacemos todo eso y cosas mucho peores que aquí no se pueden decir, todos nosotros los privilegiados del mundo, no sólo dejamos, aquí mismo, a los parados y a los inmigrantes sufrir sus desamparos y miserias, sino que, sobre todo, nos quedamos tan tranquilos cuando sabemos que nuestros gobernantes no tienen "voluntad poítica" para dar por lo menos el 0'7 % del PIB para que no mueran tan espantosamente los millones de criaturas que ya tienen la muerte llamando a sus puertas. ¿Estamos locos? ¿Cómo y por qué justificamos nuestro silencio y nuestra pasividad? ¿Somos realmente tan cobardes? ¿Es que, efectivamente, nuestro "dios" es el "dinero"? Sea lo que sea de estas preguntas agobiantes, lo que no admite duda es que estamos metidos de lleno en una auténtica guerra. Pero no es la guerra contra la pobreza, sino la guerra contra los pobres (Susan George). Y ya se sabe, cuando el enemigo es tan débil, esta guerra vergonzosa y repugnante la tenemos ganada. Este es el ejemplo que vamos a dejar a nuestros herederos. Teología sin censura


LOS NOMBRAMIENTOS EPISCOPALES COMO PARADIGMA

17.12.09 | 11:04. Archivado en Sin censura

El reciente nombramiento del obispo de San Segastián, y la reacción de más de 130 curas de su diócesis, es un hecho paradigmático. En estas ocasiones es cuando mejor se ve cómo funciona la Iglesia: los procedimientos que usa el Vaticano para mantener intacta su estructura piramidal; y las reacciones que tales procedimientos desencadenan.
Lo que interesa es mantener, a toda costa, la mentalidad sumisa. Por eso se nombran los obispos que se nombran: hombres incondicionalmente obedientes a Roma, ya que no pueden hacer de obispos sino "en comunión jerárquica con la cabeza y con los miembros del Colegio" (episcopal) (can. 375). Esto se justifica porque la obediencia se considera indispensable para mantener la unidad. Lo que en realidad se pretende, sin embargo, es asegurar la sumisión, en un régimen que funciona sobre la base de la exaltación del poder papal. De donde resulta inevitablemente que la Iglesia católica funciona como una fabulosa institución represiva. Se reprime el pensamiento mediante los dogmas. Se reprime la libertad mediante la obediencia. Se reprime el amor y las relaciones humanas mediante el celibato, el voto de castidad, la moral sexual, con la eficaz colaboración de los predicadores, los confesores y los directores espirituales. Todo esto no se dice nunca, tal como lo estoy diciendo aquí. Porque una institución represiva, para poder funcionar, tiene que ser evidentemente "una gran máquina de disimular la verdad", a base de proponer siempre cosas sublimes, en lugar de presentar la realidad del deseo más clamoroso que brota de nuestra intimidad profunda (cf. Pierre Legendre).
Ahora bien, todo esto entraña una consecuencia terrible: para que un sistema así, funcione bien, se necesitan gobernantes que, ellos a su vez, sean auténticos esclavos. Porque, como se ha dicho acertadamente, "sólo los esclavos son aptos para la represión". Como se sabe, los atenienses sólo empleaban a esclavos en la policía. Quien practica la represión como oficio tiene que ser él mismo un represor ejemplar. Esta es la causa profunda de que la obediencia ciega y los ejercicios absurdos de instrucción desempeñen un papel tan importante en el ejército y en la policía. De ahí también que, como se sabe, entre los vigilantes más fieles y seguros de los campos de concentradicón nazis estaban los propios prisioneros (cf. Vicente Romano).
Yo entiendo perfectamente el nombramiento del obispo Munilla. Entiendo que ese hombre, no obstante la reacción de la mayoría del clero donostiarra, esté dispuesto a "gobernar" una diócesis en tales condiciones. Y entiendo la reacción de los 131 curas que han firmado el escrito que conocemos. A esos curas se les echa en cara ahora que son todos pro-etarras. Que todos sean así, es una mentira y una calumnia. Sin embargo, lo que dicen en su escrito es impecablemente cierto, a saber: que en el nombramiento del nuevo obispo no se les ha conusltado, ni se ha sondeado tampoco el parecer de los fieles a los que Munilla va a pastorear. Y es que, efectivamente, esta Iglesia funciona como una excelente máquina de ocultar la verdad. Digo esto con pena, con dolor, con temor de escandalizar a algunas personas. Pero creo que, si nos seguimos callando en estos casos, lo único que conseguimos es perpetuar la mentalidad sumisa, no (en modo alguno) manifestar nuestro amor a la Iglesia y al Evangelio que la Iglesia debe presentar y explicar a la gente.
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GENIO Y TRAGEDIA DEL CRISTIANISMO

15.12.09 | 15:23. Archivado en Sin censura

La religión más antigua del mundo, la religión de Mesopotamia, que duró desde el cuarto milenio, antes de Cristo, hasta bien entrada nuestra era, perduró tanto tiempo porque sus devotos elaboraron sus convicciones religiosas "en perfecta coherencia con su propia manera de ser, de vivir, de ver y de pensar" (Jean Bottéro). Es decir, aquella religión fue un "hecho cultural" perfectamente integrado en su propia cultura. Y tuvo que ser así. De otra manera, no hubiera durado tantos siglos. Cuando cultura y religión se desajustan, la religión es la que sale perdiendo. Empieza por debilitarse, luego se adultera, se corrompe, se enrarece y termina por desaparecer.
A mí me parece que la coherencia y el ajuste entre religión y cultura es una de las razones que mejor explican la pervivencia, la ifluencia y la vitalidad que tienen, en este momento, religiones como el judaísmo y el islam. El judaísmo, porque ha sabido integrar religión y progreso (económico, científico, tecnológico...). Baste recordar la cantidad de premios Nobel que acumula el judaísmo. El islam, porque ha sabido integrar religión y política, de forma que lo uno es indisociable de lo otro, al menos en todos los países en los que el Estado tiene una identidad confesional.
El genio del cristianismo está en que, en su inspiración original, fue un "fenómeno contra-cultural", de forma que el Evangelio y su inspirador genial, Jesús de Nazaret, entró en conflicto con la religión de su pueblo y de su tiempo. Y bien sabemos que allí se produjo un conflicto tan serio, tan grave y tan profundo, que el final resultó trágico. Porque la religión mató a Jesús. Es decir, el genio del cristianismo terminó en tragedia. Así las cosas, cualquiera entiende que la co-existencia de genio y tragedia no podía perdurar por mucho tiempo. Y, como era de esperar, la Religión le pudo al Evangelio. Con lo cual quiero decir que el cristianismo terminó por integrarse en el Imperio. Y así se puso en marcha, lenta, creciente y siempre cuesta arriba, el conflicto entre el "genio" y la "tragedia" del cristianismo. El genio es conocido: la identificación de Jesús con todo lo que en este mundo es sufrimiento, pobreza, humillación y miseria. La tragedia es algo que sabemos, pero en lo que no queremos pensar: me refiero al hecho sobrecogedor de que el Evangelio de los pobres y los últimos se ha "inculturado" en los países que económicamente y políticamente son los más poderosos del mundo. Al menos, hasta ahora.
Entonces, ¿qué queda como presencia visible de la "memoria de Jesús". Es doloroso decirlo: una Iglesia que quiere, a toda costa, entenderse lo mejor posible con el poder de los países poderosos. Con lo que el genio de Jesús y la tragedia de la Iglesia se palpan cada día con más dolor y más evidencia. Y lo que más da que pensar es que mientras la Iglesia no se identifique con la genialidad de Jesús, sino que se empeñe en seguir apareciendo como esplendor y poder, el "genio" y la "tragedia" del cristianismo se harán cada día más incompatibles. ¿No explica esto, en buena medida, la desorientación en que vivimos tantos cristianos de buena fe, que buscamos una respuesta a nuestros anhelos y no la encontramos?
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CONTRA EL DOGMATISMO

14.12.09 | 18:05. Archivado en Sin censura

Ya sé que no tengo que dar explicaciones de si un día escribo o dejo de escribir en el blog. Pero quiero simplemente decir que llego tres días sin entrar en este espacio de encuentro porque he tenido que hacer dos viajes ineludibles que me lo han impedido.
Dicho esto, vamos con el tema de hoy. El Diccionario de la Lengua Española entiende, entre otras cosas, por dogmatismo "la presunción de los que quieren que su doctrina o sus aseveraciones sean tenidas por verdades inconcusas". O sea el dogmatismo es la postura de los que piensan y hablan de tal manera que están firmemente persuadidos de que lo que afirman no admite discusión. Sobre todo porque el dogmático de pura sangre es el que atribuye a sus ideas y aseveraciones un valor absoluto, como si se tratara de verdades reveladas por la divinidad, por el Absoluto, por Dios mismo. Por eso el dogmatismo suele germinar y florecer en ambientes religiosos. Ya que son los creyentes, que se adhieren con más firmeza a sus creencias, quienes otorgan a tales creencias la categoría de verdades indiscutibles.
Como es lógico, el dogmático de pura cepa es, por eso mismo, intolerante. Y es, en consecuencia, una persona con la que se hace muy difícil convivir. El dogmático no dialoga, ni puede dialogar. Lleva siempre la razón. Censura a todo el que no piensa como él. Condena y rechaza a quienes no le dan la razón. Todo lo cual es, no sólo una fuente inagotable de incesantes conflictos, discusiones inútiles, divisiones y enfrentamientos... Porque el dogmático auténtico, lo que en realidad hace es despreciar a todo el que no piensa como él y a todo el que se atreve a decir lo que disiente de lo que él piensa y habla.
Sin duda, en el dogmatismo radica una de las causas más claras y fuertes del desprestigio creciente en el que se van hundiendo las religiones. Porque, entre otras cosas, los "dogmáticos" no se dan cuenta de que nadie en este mundo, absolutamente nadie, puede tener la verdad completa, la verdad total. De ahí que puede (y suele) haber otras personas que ven lo que no ve el dogmático. Y con cuyo pensamiento el dogmático se podría enriquecer. Pero, más que nada, aquí es decisivo dejar claro que, en cualquier caso, siempre tiene que quedar patente que el respeto al otro debe estar siempre por encima de mis verdades, mis ideas o mis seguridades.
La conclusión, que se sigue de lo dicho es clara: Sólo el que no es dogmático puede ir por la vida respetando, aceptando, escuchando y, en definitiva, siendo buena persona. Quienes practican el dogmatismo son siempre gente peligrosa. Gente que, si se radicaliza, puede acabar insultando, ofendiendo, agrediento y hasta matando como el que cumple con un deber sagrado.


OBAMA Y LA GUERRA JUSTA

11.12.09 | 09:08. Archivado en Sin censura

Todo el mundo comenta hoy el discurso del presidente Obama al recibir, ayer mismo, el Nobel de la Paz. Resulta paradójico que el presidente del país más violento del mundo, desde hace más de medio siglo, sea premiado con el galardón más importante que se concede a los defensores de la paz. El mismo Obama lo reconoció, de alguna manera. Y justificó su comportamiento, al mantener dos guerras en este momento, echando mano de la teoría de la "guerra justa". Esta teoría, como es sabido, se remonta a los autores cristianos de los primeros siglos (d.C.). En el s. XIII, fue elaborada por Tomás de Aquino; y en el XVI por Fracisco de Vitoria, pero sobre todo por el filósofo holandés Hugo Grotius, en 1625. Recientemente, se han destacado en este asunto los estudios de Hans Kelsen, John Rawls y Michael Walzer. No debemos ignorar que la teoría del bellum justum es, sobre todo, una "doctrina ética", antes que una "doctrina jurídica". Si bien es cierto que la Declaración de los derechos humanos ha orientado todo este problema más al campo del derecho que el de la ética, si bien lo ético sigue siendo determinante en el enjuiciamiento de este enorme problema. En resumen, se puede decir lo siguiente. 1) Los especialistas en el tema establecen dos principios para que una guerra se pueda considerar "justa": a) El "principio de discriminación" según el cual hay que diferenciar claramente los "combatientes" de "lo que no intervienen" en los combates. Pero resulta que este principio valía para las guerras antiguas. En las actuales, si tenemos en cueta los armamentos que se urilizan (bombas, misiles, atentados...), todda la población está iguamente amenazada. Ya no sirve el primer principio. b) El "principio de proporcionalidad" que establece la proporción que debe existir siempre entre los daños que se causan en la gurra (muertes, sufrimientos, daños colaterales...) y los beneficios que se van a conseguir con la guerra. Pero, ¿qué proporción se puede establecer hoy entre los destrozos que causan los nuevos armamentos y las agresiones que pueden provocar una guerra? ¿No hay otros medios (políticos, diplomáticos...) para intentar conseguir lo que se pretende. Por todo esto, como ha dicho G. Pontara, "la doctrina de la guerra justa no sólo es extremadamente problemática, sino también de difícil aplicación práctica". Pero hay más. Porque, en este momento, hay en juego en este asunto dos hechos que nunca se pueden olvidar: 1º) La fabricación y el negocio de armamentos bélicos es uno de los negocios más rentables para los países que se dedican a producir armas de violencia y muerte, para venderlas a los países que luego organizan guerras espantosas. Y sabemos que Estados Unidos es el primero de esos países, que mantiene ese negocio criminal. 2º) Hoy es un componente determinante de las gueras el "factor religioso". Esto ocurrió en la guerra civil española. Y esto viene siendo más claro aún en las guerras contra el fundamentalismo islámico (Irak, Afganistán...). Ahora bien, la religión no se combate a cañonazos. Con eso, lo que se consigue es exacerbar más el fanatismo de los combatientes. Hoy es capital caer en la cuenta de que el fanatismo religioso no se combate con misiles, bombas y armas automáticas. Los fanáticos religiosos quieren inmolarse porque así creen que logran el premio del paraíso en la "otra vida". Esto es capital: cuando en una guerra entra el juego el factor religioso, eso nos tiene que llevar, no a fabricar más armamentos y mandar más soldados a la masacre. El factor religioso no tiene más solución que la educación para la paz, la renovación de nuestras ideas sobre la "esperanza en la otra vida", repensar en que Dios creemos, buscar a toda costa el mutuo entendimiento, la ayuda mutua, revisar las injusticias que se cometen con otros países..... Sólo por este camino será necesario en el futuro buscar nuevos caminos para la paz y el entendimiento entre los pueblos y sobre todo entre las religiones. Sólo la bondad es capaz de desarmar a los fanáticos, a los fundamentalistas, a los intolerantes, a los violentos.Yo sé que esto es utópico. Pero sólo las utopías han demostrado que tienen fuerza para cambiar la historia. Por eso propongo que se acaben los "Nobel de la Paz". Y pongamos en marcha los "Nobel de la Utopía". Teología sin censura


DERECHOS HUMANOS: SU FUNDAMENTO RELIGIOSO

10.12.09 | 08:56. Archivado en Sin censura

No es, no puede ser, mera coincidencia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, se gestara y fuera aprobada en Occidente. Este hecho da que pensar. Tal Declaración y los principios que la inspiran nacieron y se redactaron en la cultura marcada e impregnada por la tradición cristiana. Insisto en que esto no pudo ser mera coincidencia. Y, de hecho, no lo fue. Es bien sabido que los orígenes de la Declaración se encuentran en "La Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano", aprobrada por la Asamblea francesa el 26 de agosto de 1789. Fue una lástima que Pío VI, el papa de entonces, se opusiera de forma tan tajante a La Declaración de la Asamblea. La postura de Pío VI fue mantenida prácticamente por los papas durante todo el s. XIX; y en el XX hasta Pío XII, que ignoró de Declaración de la ONU de 1948. Este hecho ha dado pie para pensar que los Derechos Humanos no coinciden, ni tienen mucho que ver, con los Derechos Divinos, de los que la Iglesia se presenta como gestora oficial y única. Y, sin embargo, nada de eso es así. En 1903, el profesor de la Universidad de Heidelberg, Georg Jellinek, publicó un estudio excelente sobre "La Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano". La tesis de Jellinek es que la Declaración de la Asamblea francesa estuvo ispirada y se remonta a la proclamación de Independencia de los Estados Unidos, de 4 julio de 1776. Pero esta proclamación se fundamenta en las ideas de la Iglesia reformada de Inglaterra de fines del s. XVI. Según estas ideas, la Iglesia debía identificarse con una comunidad de creyentes que, mediante un pacto con Dios, se han sometido a Cristo; y además reconocían como norma directora la Voluntad de la asociación, es decir, de la mayoría. De esta manera, la Iglesia vivía integrada en la sociedad civil y no era un elemento extraño a ella. Y, al mismo tiempo, la sociedad se regía por los principios que emanan del Evangelio. Como es lógico, esta convicción potenció los ideales de dignidad e igualdad que están en la base del Estado de Derecho, de la democracia, y de los derechos humanos. Por otra parte, si todo este asunto se piensa despacio, pronto se cae en la cuenta de que, efectivamente, los Derechos Humanos tienen que ver mucho con los criterios fundamentales que se inspiran en el Evangelio. Para comprender mejor lo que quiero decir, es importante tener en cuenta que una cosa es la diferencia y otra cosa es la igualdad. La diferencia es un hecho (todos somos diferentes), mientras que la igualdad es un derecho. Mucha gente no distingue esto. Y por eso se crean tantas dudas y confusiones. Además, como somos diferentes, hay unos que son fuertes y otros que son débiles, unos listos y otros tontos, unos son cultos y otros incultos, unos están sanos y otros enfermos.... Dado que, en la vida, hay tantas y tales diferencias, ¿qué hizo Jesús de Nazaret? Se puso de parte de aquellos que, en cuestión de diferencias, están abajo (pobres, enfermos, excluidos sociales, niños, mujeres, extranjeros, personas mal vistas como es el caso de los pecadores y gentes de mala vida). Jesús no insistió en que los "últimos" tienen que ser los "primeros" para cambiar la tortilla. Jesús dijo e hizo eso porque él sabía muy bien que la la igualdad en dignidad y derechos, sólo se puede conseguir sobre la base de invertir las situaciones establecidas. De no hacerse eso, las diferencias seguirán siempre creando desigualdades. Es verdad que la Ley y el Derecho, en teoría, nos igualan a todos. Pero eso vale en teoría. Porque, en la práctica, el Derecho y las Leyes las hacen los poderosos, los fuertes, los listos, los ricos... De ahí que mi conlcusión es ésta: los Derechos Humanos tuvieron su inspiración originante en el Evangelio; y su aplicación efectiva se conseguirá el día que el Evangelio (no la Iglesia y sus intereses) sea la convicción determinante de nuestras vidas. Los Derechos Humanos, sin la inspiración de fondo que los justifica, serán siempre letra más o menos muerta, que jamás se traducirá en derechos en sentido propio y estricto. Es decir, en el derecho que tiene una persona cuando, si se ve privada de él, puede poner una denuncia en un juzgado. Mientras no lleguemos a eso, los Derechos Humanos serán un hermoso ideal, pero nada más.Teología sin censura


EL "PAPA DE HITLER" SIGUE VIVO

08.12.09 | 15:39. Archivado en Sin censura

Hace diez años, el escritor inglés John Cornwell, Senior Research Fellow en el Jesus College de Cambridge, publicó un estudio histórico sobre Pío XII al que le puso el título estimulante de "El Papa de Hitler". Cornwell quiso hacer una apología de Pío XII, con la intención de acelerar su proceso de canonización. Para documentarse a fondo, se fue a Roma y le pidió al promotor de la causa de beatificación , el jesuita P. Gumpel, la documentación que tuviera sobre el papa Pacelli. Cornwell fotocopió cientos de documentos inéditos, que se llevó a Londres. Y cuando leyó aquellos papeles, quedó impresionado. Allí había constancia del silencio cómplice de Pío XII ante las atrocidades del nazismo en la segunda guerra mundial. Por eso, el investigador Cornwell, al final de su largo y documentado estudio, dedica un capítulo a Juan Pablo II. Ese capítulo se titula "Pío XII, redivivo". Por supuesto, la condiciones históricas del papado de Juan Pablo II han sido muy distintas de las de Pío XII. Pero hay una cuestión capital que los asemeja a ambos. Cornwell dice con precisión, refiriéndose al papa Wojtyla: "su pontificado ha contemplado el resurgimiento del histórico dilema del papado moderno que sigue irresuelto...: ¿Es o debe ser la Iglesia católica romana una pirámide gobernada desde su vértice por el hombre vestido de blanco? ¿O se trata de una Iglesia peregrina, una gente en movimiento, como la caracterizaron los Padres del Vaticano II?". Sabemos que Juan Pablo II tuvo sus dudas, preguntó a obispos y teólogos, pero seguramente se estrelló con la resistencia de la Curia Vaticana, como ya le había ocurrido a Pablo VI. De ahí que, con toda razón, John Cornwell termina diciendo: "La tesis de este libro es que cuando el papado crece en importancia a costa del pueblo cristiano, la Iglesia católica decae en influencia moral y espiritual, en detrimento de todos nosotros". Y es verdad. Jamás un papa, en toda la historia de la Iglesia había alcanzado la fama y la popularidad que alcanzó Juan Pablo II. Pero tan cierto como eso es también que jamás un papa, al irse de este mundo, había dejado una Iglesia tan desacreditada, tan poco creíble, y metida en tantas crisis como la Iglesia que tenemos hoy: crisis de sacerdotes, de teólogos, de vocaciones religiosas, de templos vacíos, de curas escandalosos, de obispos a los que casi nadie hace caso, etc, etc. Así las cosas, el papa y muchos obispos se refugian en los grupos más fundamentalistas y conservadores. Pero, identificada cada día más con lo más integrista y lo más a la derecha que hay ahora msimo, ¿a dónde va esta Iglesia? ¿Qué futuro le espera a ella y nos espera a todos los que seguimos en ella porque en ella hemos encontrado y queremos seguir viviendo nuestra fe? Pero ¿qué fe? ¿la fe en la derecha política y en el integrismo dogmático? ¿y así queremos dar respuesta a las apremiantes demandas que nos vienen de todos los frentes de este mundo hundido en mil crisis? ¡Por favor, Señores y Monseñores del Vaticano!, piensen más en el bien de este angustiado mundo y menos en el bien de Ustedes. Teología sin censura


LA VIDA ESTÁ ANTES QUE LA LEY

07.12.09 | 11:20. Archivado en Sin censura

La huelga de hambre de la activista saharaui, Aminetu Haidar, trae de cabeza a media España. Esta mujer ha tomado la firme decisión de morir de hambre antes que ceder a los intereses del Reino de Marruecos, que no está dispuesto a conceder absolutamente en nada que ponga en cuestión sus intereses económicos en el Sahara Occidental. El Gobierno Español ha hecho numerosas gestiones, al menos, para convencer a Haidar de que, siquiera de momento, se deje alimentar para salvar su vida. Pero, por lo visto, ella está dispuesta a inmolarse por salvar a su pueblo de los atropellos a los derechos y libertades que la ONU les ha querido garantizar repetidas veces. Los políticos españoles andan consultando a los juristas qué es lo que se puede hacer en un caso así. Un caso que, según parece, no está expresamente previsto en las leyes vigentes. De ahí las consultas a los expertos, para encontrar una justificación legal a la situación planteada por esta mujer. Yo no discuto si ella es libre para inmolarse. Como cualquiera puede ser libre para suicidarse. Las leyes no entra en eso porque ¿qué castigo se le va a imponer a un difunto? El problema más inmediato está, a mi manera de ver, en si, cuando se presente un caso así, lo primero es el "imperio de la ley" o lo primero es la "protección de la vida". Pues bien, planteado así el problema, la solución - desde el punto de vista cristiano - está muy clara: lo primero en la vida es defender la vida, asegurar la vida, dignificar la vida, proteger la vida. Por eso, según el Evangelio, cuando Jesús encontraba a un enfermo o un lisiado, aunque la Ley religiosa lo prihibiera, el enfermo queda curado. Porque, para Jesús, la vida está antes que la ley, aunque sea la Ley Divina. ¿No tendríamos que ponernos todos de parte de esta mujer, para defender su vida y su noble proyecto, por más que quizá no estemos de acuerdo con los procedimientos que Haidar ha adoptado para lograr lo que pretende? ¿Qué criterios rigen nuestras convicciones más hondas? ¿Los criterios emanados del Derecho Romano o los criterios que propone el Evangelio?Teología sin censura


LAS MALAS NOTICIAS

06.12.09 | 09:47. Archivado en Sin censura

Seguramente, una de las peores cosas, que pueden ocurrir en un país o en una sociedad determinada, es que la situación alcance tal nivel de crispación, que lo más deseado y buscado por los ciudadanos (especialmente por los medios de comunicación) es tener malas noticias para dar y preocupar a los contrarios. Es verdad que, desde el punto de vista puramente informativo, para mucha gente, una "mala" noticia es más noticia que una "buena" noticia . Porque una mala noticia desgasta, descalifica y desprestigia al protegonista sobre el que versa la notiocia. Por eso, a la gente de derechas le encanta informar de las desvergüenzas que que protagoniza la izquierda. Exactamente lo mismo que para la gente de izquierdas es un plato de gusto informar y dar bombo a las corrupciones y asuntos turbios que arraigan yu crecen en los ambientes de la derecha. Y lo que digo de la política, se multiplica a la enésima potencia cuando el motivo de la noticia es un asunto religioso. Nada hay tan sabroso,para alunas gentes, como dar la noticia del último despropósito que ha soltado por su boca el obispo de tal sitio, un cardenal de alto rango en la Curia Vaticana, y no digamos nada si el protagonista de la noticia es nada menos que el papa. De la misma manera que, en la acera de enfrente, la derecha de toda la vida se frota las manos cuando se entera de las torpezas y contradicciones en que incuren los "sociatas", los "sudacas" y el "rojerío" trasnochado, que no merece otra cosa que arder para siempre en las calderas de Pedro Botero. Este morboso afán por las malas noticias es el indicador más claro de la crispación exacerbada en que vivimos metidos hasta las cejas. Lo más grave de este asunto es que un país crispado es un país dividido. Un país en el que interesa más hundir al otro que levantar a los que han perdido la esperanza. ¿Y así vamos a salir de la crisis? ¿Y así es cómo vamos a levantar a los desgraciados que se hunden en la miseria? Seamos sinceros, ¿de qué estamos hablando cuando nos apasionamos y discutimos acalorados por el tema de los crucifijos? ¿de qué discutismos cuando nos ponemos a defender los derechos humanos? ¿qué religión defendemos cuando lo que estamos haciendo es hundir la religión? ¿qué vida protegemos cuando le amargamos la vida a todo el que se descuida en lo más mínimo? Este país se ha convertido en un avispero. Y, la verdad, cada día resulta más insoportable aguantar todo el veneno que destilan los "profetas de desgracias" que han crecido como las peores hierbas en este terreno pantanoso y sucio que miman los apasionados de todos los colores y de todas las tendencias. ¿No sería necesario y urgente organizar una política de pacificación, de tolerancia, de respeto, de colaboración y ayuda de todos para todos? ¿No tendría que ser éste el primero y el mayor esfuerzo de los "hombres de la religión"? ¿no sería más feliz habitable nuestro país, si nos empeñamos en hacer de él espacio de convivencia en paz, en lugar de ahondar las simas de división que nos separan?Teología sin censura


LA GUERRA DE LOS CRUCIFIJOS

04.12.09 | 09:04. Archivado en Sin censura

De nuevo, miles de españoles en pie de guerra por el tema de los crucifijos. Desde los que piensan que lo que hay que hacer es quitarlos de los centros públicos, concretamente de los colegios, hasta los que ven en eso poco menos que el final de la religión y de las más puras esencias de la España, "unidad de destino en lo universsal". Señores, ¡ya está bien! Vamos a ser sinceros: ¿qué hemos hecho con la imagen de Cristo crucificado? ¿Es que por tener esa imagen en nuestros colegios hemos conseguido hacer de España y de nuestros jóvenes un país y una juventud con más honradez, más responsabilidad, más honestidad en todos los ámbitos de la vida? Hay gente tan ingénua que se imagina que por tener un crucifijo colgado en la pared, por eso ya tenemos una educación más eficaz, más humana y hasta más cristiana. No seamos tan superficiales. Lo que importa y nos urge es que vivamos como aquel Crucificado, no que lo tengamos colgado en la pared.Teología sin censura


EL PROFESOR J. RATZINGER Y LA REFORMA DEL PAPADO

02.12.09 | 14:28. Archivado en Sin censura

Hay católicos que se escandalizan o se sienten mal por lo que ayer mismo dije apoyando la iniciativa del papa Benedicto XVI con vistas a una futura reforma del papado. En 1969, el papa actual, cuando era el Profesor Joseph Ratzinger, en la Universidad de Tubinga, publicó un libro importante, titulado El nuevo Pueblo de Dios, que en 2005 ha sido reeditado por Herder. Por más que no estoy de acuerdo con el título de este libro, me parece conveniente recordar algo que el actual papa decía en él. En la pg. 151 de este libro, Ratzinger no tuvo reparo en copiar lo que en el s. XII escribió el obispo Nicetas de Nicomedia. Un texto que Ratzinger calificaba entonces como una intervención "de forma grandiosa". Dice así, entre otras cosas: "Nosotros no discordamos en la misma fe católica de la Iglesia romana; sin embargo, como quiera que en estos tiempos no celebramos concilios con ella, ¿cómo vamos a aceptar sus decretos que se dan sin nuestro consejo y hasta sin nuestro conocimiento?Porque si el romano pontífice, sentado en el alto trono de su gloria, quiere tronar contra nosotros y desde su alto puesto dispararnos, por decirlo así, sus decretos y juzga no por nuestro consejo, sino por su beneplácito y propio arbitrio, de nosotros y de nuestras Iglesias y hasta impera sobre ellas ¿qué fraternidad y hasta qué paternidad puede ser ésa? ¿Quién puede aguantar eso con humildad? En tal caso podríamos llamarnos y ser verdaderos esclavos y no hijos de la Iglesia" (PL 188, 1218 s). Si el teólogo Ratzinger calificaba de "grandioso" este texto, hace cuarenta años, ¿es que ahora ya no lo es? ¿es que ahora las Iglesias separadas de la comunión con Roma son consultadas, acogidas y tratadas de forma distinta a como, ya hace tantos siglos, se quejaba este obispo de la actual Estambul? Sin duda alguna, Benedicto XVI quiere ser coherente y fiel con lo que pensaba el Profesor Ratzinger. En lugar de escandalizarnos, lo mejor que podemos hacer es ayudarle a que ponga en práctica, cuanto antes, sus deseos. Una Iglesia unida es la única Iglesia que puede ser fiel al Evangelio de Jesús.Teología sin censura


EL PAPA QUIERE REFORMAR EL PAPADO

01.12.09 | 10:15. Archivado en Sin censura

Benedicto XVI ha anucniado que tiene la firme intención de estudiar las formas necesarias para acometer una reforma, en orden a que el ministerio del Obispo de Roma "pueda realizar su servicio de amor reconocido por todos". Así lo ha dicho el papa al Patriarca de Contantinopla (Estambul), Bartolomé I, en un documento que el Vaticano ha enviado al Patriarca ayer mismo, fiesta de San Andrés, patrono del patriarcado ortodoxo. Esta noticia es de una importancia excepcional. Porque, si es que efectivamente el Vaticano está dispuesto a llevar adelante lo que dice, eso supondrá afrontar en serio una auténtica reforma del papado, tal como actualmente está organizado y tal como funciona. Para hacerse una idea de la importancia de esta decisión, es necesario tener en cuenta dos cosas: 1) El mayor obstáculo que hay ahora mismo, para lograr la unión de los cristianos, no es la teología de los ortodoxos o de los protestantes, sino la actual organización del papado. 2) Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI se han dado cuenta de la gravedad de este problema. Por eso han pedido ayuda a obispos y teólogos para encontrar nuevas formas de ejercer el ministerio del Obispo de Roma. Se trata, pues, de que el papado no siga siendo un impedimento para que los cristianos vivamos unidos. La unión de los cristianos fue la aspiración suprema de Jesús (Jn 17, 11-26). El problema está en saber qué decisiones tendría que tomar el papado para que ortodoxos y protestantes se unan con los católicos. No es posible, en el reducido espacio de esta reflexión, decir todo lo que habría que explicar sobre un asunto tan complejo como éste. En todo caso, hay una decisión, enteramente indispensable, que tendría que ser la primera medida que el Vaticano tendría que tomar. El Obispo de Roma tendría que renunciar al título de "papa universal" y a todo lo que ese título lleva consigo. Para explicar este asunto capital, me limito a recoger los datos más importantes que ofrece el excelente estudio del profesor M. Sotomayor (Miscellanea Historiae Pontificiae, vol. 50, 1983, p. 57-77). Seguramente, el hombre que mejor comprendió la dificultad y el peligro insuperable, que supone el hecho de que el Obispo de Roma sea designado y actúe como "papa universal", fue el papa Gregorio I (San Gregorio Magno). La resistencia de este gran obispo de Roma fue tan tajante a ser reconocido como "papa universal", que no dudó en afirmar que el título "universal" es para el papa una palabra altanera, supersticiosa, pomposa, singular, soberbia, vanidosa, nefanda, profana, supersticiosa, criminal o sacrílega, blasfema, propia del Anticristo, pestífera. Todos estos calificaticos están rigurosamente documentados en el abudante epistolario de Gregorio Magno. Sin duda, este gran hombre y este gran papa vio, en esa atribución de poder universal, el peor peligro que amenazaba a la Iglesia, a través del papado. ¿Cuál era la "razón clave" que tuvo aquel papa para oponerse con tal firmeza a atribuirse el poder universal? Para Gregorio Magno, si cualquier obispo, sea simple obispo, metropolitano, patriarca o papa, se llama "universal", todos los demás obispos dejan de ser tales; el episcopado entero, de derecho divino, queda aniquilado (cf. S. Vailhé). ¿Significa esto que el obispo de Roma dejaría de ser el responsable último (cabeza) de toda la Iglesia? No. No se trata de eso. Se trata, más bien, de que el papado se entienda a sí mismo como una instancia última, dentro de una "eclesiología de comunión", para resolver los problemas que a nivel local no se pueden resolver. Así, por tanto, la unidad y la gestión de la Iglesia no estaría basada y gestionada desde un enorme montaje jurídico, centralizado en la Curia Vaticana, sino que todo estaría basado en la misma fe en el Evangelio de Jesucristo y en la comunión que genera el Espíritu de Dios. Sólo cuando las cosas se vean así en la Iglesia, será posible empezar a hablar en serio de la unión de todos los cristianos. Teología sin censura


Viernes, 17 de febrero

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo
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