Raro es el día que no nos llegan desagradables noticias del peligro que entrañan las religiones en este momento. La última de estas noticias, que tiene preocupada a media Europa, es la decisión que ha tomado la mayoría de los cantones suizos (23 en concreto). Según esta noticia, los suizos han decidido que no haya minaretes en las mezquitas, consideradas por el partido de derecha "Unión Democrática de Centro" (UCD) como "una expresión amenazadora del poder del Islam". Mucha gente está asustada porque teme que esta decisión, que se ha tomado en Suiza, provoque reacciones violentas por parte de grupos islamistas radicales. De nuevo, pues, el peligro de las creencias y las prácticas religiosas. Las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianism, islam) han sido denominadas, no sin motivo, "religiones de confrontación". No pretendo ponerme ahora a recordar historias de violencia que, más o menos, son de sobra conocidas por casi todo el mundo. Hoy sólo quiero fijarme en el contenido exacto de esta noticia. Y el contenido, en definitiva, se reduce a esto: hay gente que tiene miedo a los edificios religiosos. Los europeos les tenemos miedo a las mezquitas, como es de suponer que los musulmanes les tienen miedo a las catedrales. En un caso y en otro, son edificios seguramente bellos desde el punto de vista estético. Pero tan bellos como peligrosos, desde el punto de vista de la intolerancia que, con frecuencia, evocan las creencias y las prácticas religiosas. Por eso, hoy me parece acertado recordar aquel bello y profundo aforismo de la Sabiduría Sufí: "Un día visito una iglesia
otro una mezquita.
Yendo de templo en templo,
no te busco más que a Ti".
Como me acuerdo igualmente de las palabras de Jesús a la samaritana:
"Créme, mujer: se acerca la hora en que no adoraréis culto al Padre ni en este momente ni en Jerusalén... se acerca la hora, o, mejor dicho, ya ha llegado, en que los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad" (Jn 4, 21-23). Jesús no fundó un templo, ni construyó una capilla, ni reunía a la gente en un lugar sagrado. Jesús rezaba en la soledad del campo y de los montes. Y dijo que los sacerdotes habían convertido el Templo en una "cueva de bandidos" (Mt 21, 13). Es más, en el juicio religioso contra Jesús, teniendo aquellos jueces religiosos tantas cosas como tenían contra él, sólo le echan en cara el ataque directo que jesús le hizo al templo (Mt 26, 59-62 par). De la misma manera que el único motivo de las burlas ante la cruz volvió a ser el tema del templo (Mt 27, 40 par). Sin duda, el tema del Templo es lo que más impresionó en la sociedad judía de Jerusalén cuando mataron a Jesús. Y ahora, al leer la noticia de los minaretes de las mezquitas, al temer represiones y sentir nuestros miedos, caemos en la cuenta de que la religión se convierte en un peligro cuando pone su centro en los edificios y no en los seres humanos. Si lo que nos hemos gastado en templos y mezquitas, en sinagogas y capillas, lo hubiéran empleado las religiones en aliviar el dolor de los que sufren y hacer más digna la vida de las víctimas, es seguro que este mundo sería más habitable.Teología sin censura
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató