El pensamiento helenístico de los grigos se interesaba sobre todo por el "ser". El pensamiento bíblico de los judíos centraba sus preocupaciones en el "acontecer". El Evangelio, cuando habla del Reino de Dios, no se interesa propiamente por "lo que es", sino por "lo que sucede" cuando Dios está presente y actúa en la vida de una persona, de un grupo humano, de una institución... (Bernhard Welte). Dicho de otra manera, mientras que a los griegos lo que les interesaba era el "ser" (Metafísica), al Evangelio lo que le preocupa es el "acontecer" (Historia). Y no olvidemos que el "ser" pertenece a la Ontología, en tanto que el "acontecer" es lo que sucede en la Vida.
Esta explicación meramente "teórica" nos lleva derechamente a una cuestión enormemente "práctica". Porque con frecuencia ocurre que el interés y las preocupaciones por el "ser" (de Dios, de Cristo, de la Fe...) no es sino una fuga, una auténtica huida, de la Historia y de la Vida. Quienes tienen miedo a afrontar lo concreto, lo que "sucede" (la "práctica"), encuentrasn una excelente escapatoria en lo abstracto, en lo que "es" (la "teoría).
Así desembocamos en una pregunta que resulta angustiosamente preocupante: ¿por qué en la Iglesia se le da tanta importancia a la correcta "doctrina" y no se le da la misma importancia a la correcta "conducta"? En la Iglesia hay una Sagrada Congregación para la "Doctrina" de la Fe. Pero no hay otra Sagrada Congregación semejante para interesarse por la "conducta" ejemplar y evangélica de los obispos, de los sacerdotes, de los religiosos/as, de los laicos/as. Y algo que es peor: a un párroco le llaman la atención si predica una homilía que no se ajusta a lo que ha dicho el papa en un discurso reciente, pero seguramente ni el obispo ni la Curia Vaticana se ponen nerviosos si saben que ese párroco no se preocupa de los pobres, es interesado en asuntos de dinero, busca cargos de importancia, tiene rasgos de fariseo hipócrita, y así sucesivamente.
La cosa está clara: la Iglesia del "ser" se ha superpuesto a la Iglesia del "acontecer". Lo cual da que pensar. Y hay que atreverse a pensar: ¿No será que el poder eclesiástico controla mejor las "ideas" que las "conductas"? ¿No estaremos ante la sutil y eficaz adulteración del Evangelio (y de la vida) esgrimiendo como argumento la deslumbrante teoría de la estricta fidelidad a la doctrina y, por cierto, a una doctrina que se afana (sin darse cuenta) por ser más fiel a la Metafísica que a la Biblia?
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató