Juan Pablo II pensó que el Vaticano II se había pasado. Y decidió dar marcha atrás. Había que volver a lo antiguo. Y lo peor del caso es que Benedicto XVI, que sigue retrocediendo, ha pisado el acelerador. Como es lógico, los fundamentalistas católicos están encantados con esta regresión. Y lo agradecen acudiendo en masa a las concentraciones callejeras que tanto gustan al papa y sus obispos. Así consiguen que algunas gentes lleguen a convencerse de que ésta la buena dirección que hay que seguir. El papa y sus obispos se ponen tan contentos cuando reúnen un millón de fieles. Pero seguramente no piensan en que hay cientos de millones, que buscan a Jesús y necesitan respuestas para sus angustiosas preguntas, pero no encuentran, ni lo que buscan, ni lo que necesitan, en esta teología de marcha atrás, que nunca estuvo tan lejos como ahora de tantas gentes que buscan al Jesús del Evangelio y no lo encuentran en esta Iglesia. Nunca hubo ni más pompa clerical ni menos teología.
Sábado, 2 de junio
José Mª Castillo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató