Teología sin censura

LOS SACERDOTES GANAN DOS VECES

19.11.09 | 10:55. Archivado en Sin censura

En todas las grandes religiones de la humanidad, la tensión entre sacerdotes y profetas ha sido una constante. Así lo dice y lo demuestra el más importante sociólogo de la religión, Max Weber. Y añade que es "una cuestión de poder", además "condicionada por la situación política". Esto es exactamente lo que le pasó a Jesús. Él se puso de parte de la vida y en contra del sufrimiento y de la muerte, de forma que a eso le dio más importancia que a las ceremonias del Templo y a las observancias de la Ley religiosa. Cosa que no soportaron los sacerdotes. Por eso, porque Jesús daba vida y todo el mundo se iba con él, por eso los sacerdotes lo condenaron a muerte (Jn 11, 47-53). Y no pararon hasta que lo vieron colgado, como un maldito entre malditos. Y se rieron de él, lo humillaron y se mofaron de su fracaso. Aquello fue, en los inicios del cristianismo, la primera vez que ganaron los sacerdotes: derrotaron a Jesús hasta verlo hundido y fracasado. Por eso, siempre que en los evangelios se menciona a los sumos sacerdotes es para presentarlos como agentes de sufrimiento y muerte (A. Vanhoye).

Así las cosas, se comprende que los seguidores de Jesús no pusieron en marcha un "movimiento sacerdotal", sino un "movimiento profético". Los sacerdotes se basan en una "institución" (el Templo y todo lo que eso conlleva) y en un "cargo" (que se basa en su "consagración"). Los profetas son "carismáticos". Y el carisma "es el don de ejercer autoridad, sin basarse en instituciones o funciones previas" (G. Theissen). Por eso los profetas adoptan una "conducta desviada" y "entran en conflicto con las intituciones".

Esto explica que, mientras las religiones de la antigüedad tenían una nomenclatura consagrada para designar a sus cuadros de mando, el cristianismo primitivo designó a sus ministros con nombres tomados, no de la religión, sino de realidades profanas y laicas, que nada tenían que ver con las religiones: "siervos" ("esclavos), "diáconos" (camareros), "presbíteros" (los que presidían ciertas instituciones civiles), "obispos" (los "inspectores" o "prefectos civiles"), "presidentes" ("pristámenoi"), "directores" ("egoúmenoi"). La Iglesia naciente excluyó el lenguaje sagrado. El mismo nombre que adoptó aquel movimiento original, "ekklesía", era el nombre de la asamblea democrática de los ciudadanos libres, reunidos para tomar sus decisiones. Todo esto ha sido bien estudiado y se trata de conclusiones seguras (J. Dupont, A. Lemaire, H. F. von Kampenhuasen, G. Hasenhüttl).

Así estuvieron las cosas hasta el siglo III. La Iglesia primitiva, la más cercana a Jesús, nacio de un derrotado por los sacerdotes. Pero ella prescindió de los sacerdotes, de sus templos, sus altares y sus ceremonias sagradas. Los cristianos celebraban la eucaristía. Pero lo hacían como una cena de hermanos y amigos. De esto hablaremos más adelante. Pero con el paso del tiempo, a medida que los cristianos se hicieron más numerosos y se integraron en la sociedad del Imperio, el movimiento original y profético de Jesús, fue evolucionando hacia una institución estructurada en la que los ministros de las comunidades fueron adquiriendo una posición cada vez más privilegiada, con más poder, hasta acabar por ser vistos como "hombres consagrados". Así se produjo la segunda victoria de los sacerdotes. Vencieron al desoncertante Jesús y desviaron su proyecto: el centro dejó de ser la lucha por la vida y contra el sufrimiento. Y en lugar de eso, se impuso la Religión, con sus dogmas y sus leyes, sus poderes y sus amenazas. Pero todo esto necesita ser analizado más despacio. Lo haremos. De momento, queda en pie que "los curas vecen dos veces". ¿Qué futuro nos espera?Teología sin censura


JESÚS EL PROFETA

18.11.09 | 11:12. Archivado en Sin censura

Jesús no fue sacerdote. Es verdad que en la carta a los Hebreos se le aplica este título a Cristo varias veces. Otro día explicaré lo que pretende enseñar la carta a los Hebreos cuando designa a Cristo como sacerdote. Desde ahora debo adelantar que la doctrina de Hebreos sobre el sacerdocio no se refiere a lo que son actualmente los sacerdotes en la Iglesia. Pero de esto hablaremos más adelante.

Si exceptuamos la carta a los Hebreos, en ningún escrito del N. T. se designa a Jesús como sacerdote. Además, es importante recordar que Jesús, durante su vida pública, suscitó muchas cuestiones: "¿Quién es éste", se preguntaba la gente, los discípulos, los maestros de la Ley. ¿Quién decís vosotros que soy yo", les pregunta el mismo Jesús a los Doce. La respuesta fue siempre la misma: Jesús era un profeta. Lo decía la gente (Mc 6, 15; 8, 27-28; Lc 7, 39, etc). Y lo afirmaba el propio Jesús (Mc 6, 4; Lc 13, 33). Era, pues, común el convencimiento de que Jesús fue un Profeta. Sin embargo, en los evangelios jamás se dice que Jesús fuera el Sacerdote esperado, igual que era esperado el Mesías. Esta doble expectativa (del "profeta" y del "sacerdote") está atestiguada en los documentos de Qumran (1 QS IX 10-11) al igual que en los Testamentos de los XII Patriarcas, escritos que se conocían en Israel en tiempo de Jesús. Pero tan cierto como eso es que Jesús respondió a las esperanzas del "profeta" deseado y esperado. Mientras que de ninguna manera respondió al deseo del "sacerdote" que vendría a restaurar el sacerdocio decadente de aquel tiempo en Israel.

Además, ni Jesús era de familia sacerdotal. Ni jamás actuó como sacerdote. Ni estaba vinculado al personal que servía en el Templo. Ni él fundó un templo aparte, un santuario, un lugar de culto. Ni organizó ceremoniales o ritos religiosos para la gente que le seguía. Ni instruyó a sus discípulos en alguna liturgia original y nueva. Decididamente, el proyecto de Jesús no fue un proyecto sacerdotal, asociado al Templo, al altar, al culto litúrgico. El proyecto de Jesús fue un proyecto profético. Y en el Evangelio queda patente, una vez más, la antigua y tradicional tensión entre el "sacerdote" y el "profeta". En días sucesivos iremos analizado las consecuencias que todo esto entraña.Teología sin censura


JUAN BAUTISTA, EL SACERDOTE QUE NO FUE

17.11.09 | 13:57. Archivado en Sin censura

Para comprender lo que la Iglesia naciente pensaba sobre el sacerdocio, es importante empezar por Juan Bautista, que tuvo la misión de "preparar los caminos del Señor" (Mc 1, 3; Is 40, 3). El padre de Juan fue el sacerdote Zacarías (Lc 1, 5-23). Y su madre, Isabel, era de la familia de Aarón (Lc 1, 5), la más ilustre de las familias sacerdotales de Israel. Puesto que el sacerdocio judío era hereditario, lo lógico es que Juan, heredero de una familia sacerdotal por los cuatro costados, hubiera sido él también sacerdote, dedicado al culto religioso del Templo. Sin embargo, Juan no se fue al templo a formarse como sacerdote, sino que se fue al desierto (Lc 1, 80). Parece lógico pensar que el Evangelio cuenta esto con una intención: los caminos del Señor no se preparan desde el sacerdocio y las ceremonias del Templo, sino desde la vida profética de un hombre del desierto. De hecho, esto es lo que sucedió allí.

Pero hay más. El evangelio de Lucas empieza relatando dos apariciones de ángeles, que anuncian dos nacimientos prodigiosos: la aparición al sacerdote Zacarías en el Templo (Lc 1, 8-27); y la aparición a una joven en Nazaret, una aldea de Galilea (Lc 1, 26-38). El hombre consagrado del Templo no creyó el anuncio del ángel (Lc 1, 20) y por eso se quedó mudo (Lc 1, 20). Por el contrario, la mujer sencilla del pueblo creyó, como atestigua Isabel (Lc 1, 45) y enseguida habló en el precioso himno del Magníficat (Lc 1, 46 ss). Sea lo que sea de la historicidad de estos datos, lo que importa es la lección religiosa que plantea el evangelio de Lucas: cuando Jesús viene a este mundo, el sacerdocio enmudece y no tiene ya nada que decir, mientras que la mujer sencilla del pueblo sin importancia pronuncia el proyecto subversivo de la "misericordia" del Señor: "desbaratar los planes de los arrogantes, derribar del trono a los poderosos, encumbrar a los humildes, colmar de bienes a los hambrientos y despedir a los ricos con las manos vacías" (Lc 1, 50-53).

Jesús entró en la historia humana de forma tan desconcertante como subversiva. La salvación, que nos trae Jesús, no viene de los hombre consagrados del Templo, sino de la mujer "humillada como una esclava" (Lc 1, 48) y perdida en el pueblo desconocido, un pueblo (Nazaret) del que, a juicio de los primeros discípulos de Jesús, "nada bueno podía salir" (Jn 1, 46). El Evangelio es más sorprendente de lo que imaginamos. Si lo entendemos, nos descoloca a todos.Teología sin censura


¿IGLESIA SIN SACERDOTES?

16.11.09 | 11:09. Archivado en Sin censura

El papa Benedicto XVI ha convocado un "Año Sacerdotal", para promover la santificación de los sacerdotes. Esta convocatoria se ha hecho con motivo del 150 aniversario del nacimiento del Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos. Y se celebra desde la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús de 2009 (19 de junio) hasta la misma fiesta en 2010 (11 de Junio). Estamos pues casi a la mitad del año que, por deseo del papa, la Iglesia católica quiere dedicar al cuidado y a la mejor fomación posible de los sacerdotes.

Por supuesto, las preocupaciones de Benedicto XVI por los sacerdotes católicos son perfectamente comprensibles. El papa tiene motivos para estar preocupado por la situación que atraviesa el clero. La creciente escasez de vocaciones sacerdotales y los escándalos, a que han dado motivo tantos curas y tantos religiosos, justifican de sobra las preocupaciones del Pontífice en este orden de cosas.

Pero, si es que sinceramente queremos ir a la raiz de las cosas, la pregunta que hay que afrontar, en este año dedicado al sacerdocio en la Iglesia es si el problema del clero se va a resolver promoviendo la santificación de los sacerdotes o si la cuestión que tenemos que resolver no es mucho más radical: realmente, ¿Jesucristo quiere que haya sacerdotes en la Iglesia? La pregunta es enteramente lógica. Porque ni en los evangelios ni en todo el Nuevo Testamento se dice en lugar alguno que Jesús instituyera un sacerdocio o que en las iglesias que fundaron los apóstoles hubiera "sacerdotes". En la Iglesia se empezó a hablar de "sacerdotes" en el siglo III. ¿Qué quiere decir esto? ¿Es que ni Jesús, ni los Apóstoles, ni los primeros cristianos cayeron en la cuenta de la importancia del sacerdocio? ¿O es que se trata de una cuestión meramente semántica, es decir, que en aquel tiempo se les llamaba a los sacerdotes con otros nombres?

De este asunto tan serio y de tan serias consecuencias, hablaremos en los próximos días. Pero ya advierto una cosa que me parece fundamental. No se trata de atacar a la Iglesia o a su estructura jerárquica. Se trata de repensar si lo que está más de acuerdo con las intenciones y la voluntad de Jesús el Señor es que la estructura de la Iglesia sea la estructura sacerdotal y clerical, que tenemos, o si lo más coherente con el Evangelio de Jesucristo es otra forma de organización de la Iglesia. Hasta el s. III, la Iglesia funcionón de otra manera. ¿Por qué no vamos a tener la libertad y la audacia de pensar en serio si no tendríamos que volver a los orígenes del Cristianismo? Ésta es la cuestión.Teología sin censura


EL PURITANISMO EPISCOPAL

15.11.09 | 09:11. Archivado en Sin censura

Mucha gente se pregunta por qué los obispos hablan con tanta dureza cuando se trata de los temas relacionados con el sexo, mientras que, por el contrario, cuando se plantean problemas relacionados con la justicia no dicen nada; o se limitan a hacer afirmaciones genéricas con las que todo el mundo está de acuerdo, por ejemplo, exhortar a los ricos y poderosos a que sean más caritativos. En cualquier caso, es evidente que a las mujeres que abortan (y a quienes colaboran con eso) les cae encima la "excomunión" y hasta se les acusa de "herejes", cosa que nunca se les dice a los gobernantes y magnates del gran capital, que son directamente responsables de que cada 24 horas se mueran de hambre 35.000 niños. Los obispos, que se echanron a la calle para manifestarse contra el matrimonio de los homoexuales, no han dicho ni pío contra los políticos y patronos corruptos que han acarreado o acentuado la crisis económica que padecemos. ¿Por qué esta doble vara de medir?

Por supuesto, todo el mundo entiende que defender la vida de un ser humano no nacido es una cosa ejemplar: se defiende al inocente, al indefenso, al más débil. Lo cual da una imagen de ejemplaridad ética. Por el contrario, decirle al presidente de Estados Unidos que estará excomulgado y será un hereje mientras en ese país se siga practicando la pena de muerte, se siga contaminando la atmósfera como actualmente se hace o la industria americana siga fabricando y vendiendo armamentos de guerra y muerte a medio mundo, eso le traerá (sin duda alguna) muchos problemas al obispo o al papa que se atreviera a decirlo o hacerlo. Condenar el aborto o las indecencias sexuales no le complica la vida a ningún clérigo. Denunciar (con nombres y apellidos) a los responables (por acción u omisión) del sufrimiento de los más débiles, eso crea muchos problemas.

Por otra parte, según dices los psicoanalistas o los más agudos pensadores, es un hecho que dominar el sexo de la gente da poder, mientras que enfrentarse a los potentados corruptos quita poder. Esto ya es, por sí solo, un buena explicación de la "doble vara de medir" que he mencionado antes.

Además, la historia nos enseña que debe ser cierto lo que acabo de apuntar. Mucho antes de que Jesucristo viniera al mundo, allá por s. V (a.C.), los griegos ya decían que "el cuerpo es la prisión del alma", una idea que Pitágoras había aprendido de los chamanes del Norte, desde los países escandinavos hasta el Pacífico. De donde se llegó a dedcucir la conclusión que, según la certera fórmula del profesor (clásico en estos estudios, E. R. Dodds), "la pureza, más bien que la justicia, se ha convertido en el medio cardinal de la salvación". Y nuestros obispos, que quieren salvarnos a toda costa, han tomado (según parece) la firme resolución de acabar con todas las impurezas, aunque eso se haga a costa de dejar las injusticias campar a sus anchas.Teología sin censura


EL PODER DE LA IGLESIA: ¿CÓMO SE EXPLICA?

13.11.09 | 07:12. Archivado en Sin censura

Parece casi un misterio que esta Iglesia, concretamente su Jerarquía, que lleva tantos siglos mandando, prohibiendo, amenazando, castigando, incurrieno en contradicciones inexplicables, a veces ocultando la verdad, en otros casos mintiendo o diciendo lo que le conviene, etc, etc, parece mentira - digo - que a estas alturas y con la que está cayendo, el papa y los obispos sigan teniendo la presencia social qude tienen y se impongan ante mucha gente con la eficacia con que se imponen. Se dice ahora que la gran mayoría de los ciudadanos no les hace caso a los obispos. Y que a casi todo el mundo le importa un bledo lo que diga el papa o el prelado de turno.

Todo esto es lo que se dice. Pero yo me sospecho que todo eso no es así. No sé lo que pasa en otros países, por ejemplo en los más avanzados de Europa central. En todo caso, lo que es indudable es que, en España o Italia, en Portugal, Irlanda o el Reino Unido, los discursos y las decisiones del papa y los obispos siguen teniendo una resonancia notable. Más aún, si un cura cualquiera le niega la comunión o el bautizo a una persona o una familia, tenemos noticia de relevancia y luego los interminables comentarios a favor o en contra. Y es que, nos guste o no nos guste, la Iglesia sigue teniendo presencia, influencia y eficacia. Con la Iglesia cuentan los políticos y los que quieren influir en la sociedad, los ricos y los pobres, los de derechos y los de izquierdas. ¿Qué tiene la Iglesia para seguir ejerciendo la influencia que ejerce, a pesar de tantos despropósitos e incluso disparates?

La respuesta está en el poder sobre las conciencias. Porque hay mucha gente (más de la que imaginamos) que necesita la sumisión. El sometimiento al poder que da seguridad es una misteriosa necesidad que muchas personas sienten. Lo que es cieto hasta el extremo de que, como bien se ha dicho "el deseo de sumisión" llega a ser tan determinante que "la obra maestra del poder consiste en hacerse amar" (Pierre Legendre). Este mecanismo es lo que explica cómo es posible que precisamente suele suceder que los papas más integristas y autoritarios son los más amados, los más aplaudidos, los que tienen sus seguidores más entusiastas y apasionados. Como ocurrió con Histler en la Alemania nazi o con Franco en la España embelesada por el Caudillo que la sometió durante 40 años. Además, no olvidemos que la gente que tiene más dinero suele ser la gente más apasionada a favor de la Religión, de lo que manda el papa o prohíbe el obispo. ¿No será que la sumisión religiosa de los más acaudalados es la "moneda de cambio" con la que pretenen asegurarse la felicidad de la "otra" vida, puesto que la de "ésta" la tienen ya garantizada?


ABORTO: ¿HEREJÍA Y EXCOMUNIÓN?

12.11.09 | 09:43. Archivado en Sin censura

Mons. Martínez Camino ha dicho que aprobar la ley del aborto es una "herejía" y lleva consigo la "excomunión". Como es lógico, los periodistas y "tertulianos" de diversas cadenas de radio y TV se han ocupado de este asunto y comentan la gravedad de las palabras que ha utilizado el obispo Martínez Camino. Pero ocurre que los periodistas no son teólogos. Y tienen el peligro de utilizar sin la debida precisión las palabras que ha dicho el obispo. Por eso me ha parecido que podrá ayudar, a quienes entran en este blog, saber algo más preciso sobre los términos tan fuertes y severos que ha utilizado el portavoz de la Conferencia Episcopal.

El Código de Derecho Canónico dice que "se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma" (can. 751). Por tanto, la herejía no es un acto de "desobediencia" a una decisión del papa o del obispo. Ni coniste en la "insumisión" a las orientaciones o preceptos morales que impone la jerarquía eclesiástica. La herejía es algo mucho más grave. No se refiere a la "obediencia a los obispos", sino a la aceptación de la "fe divina y católica", es decir, lo que Dios nos ha revelado y la Iglesia lo propone como tal. Esto exactamente es lo que dijo (a. 1870) el concilio Vaticano I (Denzinger-Hünermann, nº 3011). Por tanto, el aborto podría ser motivo de herejía sólo si se considera como una verdad de fe divina y católica. Es verdad que Dios prohíbe matar. Pero no sólo a los no nacidos, sino a todo ser humano. Sin embargo, la Iglesia no amenaza con la herejía a quienes admiten la pena de muerte. Y, durante siglos, los clérigos enseñaron que matar a herejes, infieles, homosexuales y otras gentes rechazadas por la religión, eso no era pecado, sino un deber. Así las cosas, un católico tiene que estar en contra de la muerte. Pero de la muerte de todo ser humano. Y aquí habría que aclarar dos cosas: 1) a partir de qué momento un embrión empieza a ser un "ser humano", un asunto sobre el que no hay un consenso ni en la comunidad científica, ni en la comunidad creyente. 2) por qué los obispos son tan exigentes en el tema del aborto y no lo son en otras agresiones mortales a la vida humana, como es el caso de la guerra o de la pena de muerte. Por lo demás, no olvidemos que el problema que se plantea no es que el Parlamento vaya a imponer la obligación de abortar, sino que va a regular las cosas de manera que las mujeres que consideren que pueden o deben interrumpir su embarazo, lo hagan en condiones humanas y sanitarias menos peligrosas e inhumanas. Y siempre dentro de los márgenes que permitan las leyes, que el Parlamento dicta para todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes.

La excomunión es la privación de la comunión sacramental y de la participación en cualquier ceremonia de culto sagrado, así como desempeñar oficios o cargos eclesiásticos (can. 1331). Por tanto, es un castigo que se refiere directamente a la Eucaristía y, por eso, a la vida cultual de la Iglesia en todas sus manifestaciones. Aquí es conveniente recordar que, según cuentan los evangelios, Jesús no excluyó jamás nadie de su mesa. Ni siquiera excluyó a Judas en la Cena en que instituyó la Eucaristía. Es más, sabemos que a Jesús se le acusaba de que precisamente solía compartir sus comidas con pecadores y gentes de mala fama (Lc 15, 1 ss), lo que era motivo de escándalo para los observantes de entonces. Pasado el tiempo, se introdujo la costumbre de prohibír la comunión a los pecadores "escandalosos". Esta práctica se mantuvo hasta finales del s. VII. Pero, si el problema estaba en los pecados "escandalosos", eso quiere decir que eran hechos "públicos" y "notorios". No hay datos que demuestren con seguridad que la "vida privada" de los cristianos fuera motivo de exclusión de la Eucariatía. Como es lógico, la interrupción del embarazo, si se practica en los comienzos de la gestación, parece que se sitúa en el ámbito de la privacidad de la persona.

En cualquier caso, yo me limito a exponer el sentido de los térimnos teológicos. Soy teólogo y no quiero hablar sino de lo que puedo entender. En este asunto tan complejo, hay que escuchar sobre todo a los entendidos en biología, medicina, derecho y otros saberes que inciden en el problema. Yo me limito a exponer mi punto de vista, en lo que puedo entender sobre el tema. Respeto los puntos de vista de los demás.Teología sin censura


EL ENIGMA DE LOS SAMARITANOS EJEMPLARES

11.11.09 | 07:25. Archivado en Sin censura

Según los evangelios, especialmente el de Lucas, Jesús no dudó en elogiar a los samaritanos (Lc 10, 30-35; 17, 11-19). Esto llama la atención. Porque los samaritanos no iban nunca al Templo de Jerusalén, ni creían en los Sacerdotes y el culto que celebraban los judíos. En la parábola del buen samaritano, los funcionarios del Templo hacen la vista gorda ante el sufrimiento y la injusticia, mientras que el samaritano es el que arrima el hombro y cuida del desgraciado. Y cuando Jesús curó a diez leprosos, resulta que el único que volvió a dar las gracias a Jesús fue precisamente un samaritano, en contraste con los nueve judíos, que se fueron al Templo a cumplir con sus deberes religiosos ante los Sacerdotes.

¿Por qué el Evangelio se pone de parte de los que no acudían al Templo ni hacían caso de los Sacerdotes? ¿Es que a Jesús no le importaba la Religión? ¿Se puede decir que el Evangelio es anticlerical? Según los presenta el Evangelio, los samaritanos son para nosotros un enigma. Porque el Evangelio propone como ejemplo precisamente a los que no se someten a la Religión "oficial". Pero el enigma de los samaritanos deja de serlo cuando caemos en la cuenta de que la fiel observancia de la religión oficial tiene un peligro: la observancia religiosa tranquiliza la conciencia y le hace pensar al observante que él es, precisamente por su observancia, una buena persona. Sin embargo, el criterio del Evangelio es muy distinto: para Jesús, lo único "sagrado", que hay en este mundo, es el ser humano. No es lo mismo lo "sagrado" que lo "consagrado. Consagrado es un templo, un altar, un objeto litúrgico, un sacerdote. Pero al Dios, que se nos revela en Jesús, no le interesa lo "consagrado", sino sencillamente lo "sagrado": la dignidad del ser humano, su vida, su felicidad. Por eso el enigma de los samaritanos deja de serlo cuando comprendemos que ellos, como no creían en lo "consagrado" (el Templo y los Sacerdotes), no tenían más que lo "sagrado" para verse como buenas personas que hacen lo que hay que hacer en la vida: portarse bien con los demás. Porque no hay más camino que ése para encontrar a Dios. La gente e queja muchas veces de las religiones, sus ceremonias y sus funcionarios. Y no le falta razón. Porque las religiones tienen el peligro de engañar, desviando la atención de lo que Dios quiere a otras coasas, que, con aparienci de santidad consagrada, no pasan de ser un gasto de dinero y de tiempo, en detrimento de lo más urgente: hacer esta vida más soportable. Hay personas a las que les gusta la religión. Y merecen un respeto. Pero que tales personas tengan cuidado de las posibles trampas que esconden las conductas religiosas.Teología sin censura


LA CAÍDA DEL MURO, ¿QUÉ HA CAMBIADO?

09.11.09 | 09:12. Archivado en Sin censura

La caída del muro de Berlín, que hoy celebramos, es también la celebración del hundimiento del comunismo. Con tal motivo celebramos el triunfo de la libertad. Así quedó patente que, en la cultura actual, no se soporta la represión de los regímenes dictatoriales. Hoy es evidente que, para todos los ciudadanos de nuestro mundo, es insostenible un sistema - sea el que sea - que pretende gobernar mediante el mayor control posible sobre el pensaimiento y las decisiones de los individuos. La gente ya no aguanta los poderes absolutos, por más que esos poderes intenten justificar el dominio sobre las personas echando mano de los más altos y sublimes argumentos. El comunismo quiso imponer la igualdad reduciendo o incluso anulando la libertad. Eso no funiconó. Porque sabido es que en los países comunistas no había ni igualdad ni libertad. Una situación así era insoportable. Por eso se hundió.

La caída del muro de Berlín es el símbolo del triunfo de capitalismo. El sistema que afirma defender la libertad, por más que eso lleve consigo un escandaloso y brutal aumento de la desigualdad económica, social.... O sea, el comunismo defendía la igualdad a costa de la libertad. Por el contrario, el capitalismo defiende la libertad a costa de la igualdad. Así, hoy nos enorgullecemos de nuestras libertades, pero nos avergonzamos de las brutales desigualdades, que se agrandan de día en día.

La primera leccion que sacamos de esto es clara: igualdad y libertad son realidades dialécticas. Si se opta por una es a costa de la otra. En la economía de mercado en que vivimos, las cosas no puden funcionar de otra manera. Es un hecho demostrado hasta la saciedad.

¿Se puede remediar o, al menos corregir, esta dieléctica mediante motivaciones éticas, sociales o religiosas?. Hasta ahora, nada de eso no ha servido para mucho. Porque ahora nos damos cuenta de la segunda lección que tenemos a la vista: la fuerza de atracción del poder y el bienestar es mayor que la fuerza de los movimientos sociales y religiosos. Porque tales movimientos están organizados en forma de instituciones condicionadas, ellas también, por los intereses del poder y las ofertas del bienestar.

¿Tiene esto alguna solución? La experiencia también nos enseña que sólo aquellas personas o grupos que se sienten motivados por una mística (religiosa o laica) que es capaz de superar las gratificaciones que ofrece la atracción por el poder y el bienestar, sólo ellos pueden representar, en este momento, una luz y un motivo de esperanza. Es evidente, además, que los místicos de esa esperanza no van a nacer ni crecer en las instituciones sociales y religiosas que actualmente tenemos. Ni las religiones ni los sindicatos producen "místicos ". Más bien, educan "funcionarios ", quizá ejemplares. Pero nunca los funcionarios dieron un giro nuevo a la historia.

La conclusión es clara: necesitamos con urgencia profetas y místicos. Si no llegan pronto, nos espera el caos. El cambio climático, la corrupción de los poderosos y las energías de la tierra no dan para más.Teología sin censura


¿EL CRUCIFIJO EN LAS ESCUELAS?

08.11.09 | 09:10. Archivado en Sin censura

El papa y muchos obispos están preocupados porque las legislaciones laicas de los modernos Estados no-confesionales quieren quitar los signos religiosos de las escuelas. Es comprensible. A fin de cuentas, el papa y los obispos son los responsables oficiales de la Iglesia. Y el crucifijo es, para muchos cristianos, la imagen que en la actualidad representa e identifica a los cristianos. Por eso, a mí me parece bien que, en las escuelas a las que asisten solamente alumnos cristianos, haya un crucifijo presidiendo el aula. El problema se plantea en las escuelas públicas a las que pueden acudir estudiantes, no sólo cristianos, sino de otras creencias también. Siendo esto así, si es que queremos ser coherentes y respetuosos con las creencias de todos, en una escuela cuyos responsables optan por las imágenes religiosas como símbolo que preside el aula, habría que poner en la pared un crucifijo, una estrella de David, una media luna, un Buda, un Confucio y tantas otras imágenes que representan a tantas otras confesiones que tendrían que estar allí presentes, ya que puede haber alumnos judíos, musulmanes, budistas, confionistas, taotistas, etc, etc, además de cristianos. Por eso, a mí me parece que lo mejor sería no dar tanta importancia a una imagen. Y dar más importancia a la educación que allí reciben los alumnos. Todos tenemos el peligro de que el árbol tape el bosque. Quiero decir, ponemos en la pared un crucifijo y eso nos deja tranquilos y satisfechos. Pero, ¿qué ideas y qué criterios aprenden allí los alumnos? ¿Las ideas y los criterios que representa Jesús colgado en la cruz? ¿O las ideas y los criterios por los que se colgó a Cristo en la cruz? Ahí está el problema.


MONSEÑOR ROMERO, MÁRTIR

07.11.09 | 07:29. Archivado en Sin censura

El 24 de marzo de 1980, el arzobispo de San Salvador, Mons. Oscar A. Romero fue asesinado en la capilla del hospital de enfermos terminales (donde vivía), mientras celebraba la eucaristía. El día que lo mataron era lunes. El domingo, día 24, en la homilía que pronunció en la catedral, cuando las masacres del ejército salvadoreño se ensañaban con el pueblo, Mons. Romero dijo: "En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno! en nombre de Dios: ¡Cese la represión!". Al decir esto, por defender la vida de los más pobres, Mons. Romero firnmó su sentencia de muerte. Al día liguiente, lunes, cuando el arzobispo estaba en el ofertorio de la misa, un coche se detuvo ante la puerta abierta de la capilla del hospitalito. Y del coche salió un disparo que dio justamente en el corazón del prelado.

Han tenido que pasar casi 30 años para que un presidente del Gobierno de El Salvador haga justicia y diga en público, al mundo entero, quién fue el responsable de aquel asesinato. Fue el Gobierno de extrema derecha, del partido ARENA, que, desde entonces hasta el año pasado, ha mandado en aquel país, el que ordenó la ejecución de un buen sacerdote, de un excelente obispo, que tuvo la libertad y la audacia de ponerse de parte de quienes más sufren, para defender su vida.

Lo que sucedió en vida de Mons. Romero fue un dolor. Lo que ha venido después ha sido una vergüenza. El sucesor de Romero, Mons. Rivera y Damas, puso en marcha la causa de beatificación del arzobispo mártir. Pero Rivera murió poco después a causa de un infarto. Le sucedió Mons. Fernando Sáenz Lacalle, hasta entonces capellán general del ejército salvadoreño. Poco después, la causa de beatificación empezó a tener dificultades. Y las sigue teniendo hasta el día de hoy. Se sabe que en Roma el cardel López Trujillo (ya fallecido) ha sido un activo militante contra la beatificación y canonización de Romero. Roma ha puesto siempre el reparo de que Mons. Romero "se metió en política". Lo sorprendente es que este reparo venga del Vaticano, cuyo gobernante supremo, el Romano Pontífice, ha visitado tantos y tantos países, no sólo como Pastor Supremo de la Iglesia, sino además como Jefe de Estado. Pero hay más. Yo he sido profesor de la Universidad UCA, en San Salvador, durante más de 15 años. Y he podido conocer muy de cerca a quienes vivieron junto a Romero sus últimos años. Uno de los colaboradores más cercanos de Romero me contó que un día el arzobispo se desahogó con él y le pidió un favor increíble. Romero tenía motivos muy serios para sospechar que la embajada de Estados Unidos en San Salvador interfería su correspondencia con el Papa. Lo que más preocupaba a Romero era una carta, en la que el arzobispo comunicaba al Papa un "asunto extremadamente grave". La carta había llegado al despacho del Papa (Juan Pablo II). Esto se sabe con seguridad porque, por medio del P. Arrupe, se tenía la certeza de que el P. Dezza (luego cardenal y ya difunto) dejó la carta sobre la mesa del despacho del Pontífice. Pues bien, el hecho es que, poco después, una fotocopia de esa carta estaba en la Embajada de Estados Unidos en San Salvador. Quien me contó este hecho tenía prueba documental de lo sucedido. Sin duda, alguien, my vinculado a Juan Pablo II, estaba igualmente vinculado a los manejos de la CIA en el Caribe de los años 80. Eran los tiempos de la adminsitración Reagan, cuando, según las investigaciones (conocidas en todo el mundo) de Carl Berstein y Marco Politi (publicadas en el libro Su Santidad, Planeta, 1996), queda patente hasta qué punto Ronald Reagan convirtió en secreto al Vaticano en su principal aliado y, de forma encubierta, enviaba a William Casey, director de la CIA, a entrevistarse regularmente con el Papa.

Me da mucha pena pensar que en Roma las cosas funcionen de manera que Juan Pablo II esté ya próximo a su beatificación, por su ejempalridad evangélica (lo que me parece bien), mientras que el arzobispo Romero esté aún lejos de ese reconocimiento oficial de la Iglesia , por sus implicaciones políticas. ¿No da todo esto mucho que pensar? En cualquier caso, la gente sencilla y los pueblos de aquel continente ya han canonizado a Mons. Romero. Para ellos es San Romero de América. Lo mejor que puede hacer el Vaticano es respetar la fe de aquel pueblo. Mons. Romero no necesita solemnidades en la Plaza de San Pedro de Roma. Tiene bastante con la fe sencilla de los más sencillos de este mundo.


EL DINERO IMPORTA MÁS QUE LAS PERSONAS

06.11.09 | 08:23. Archivado en Sin censura

Si algo está poniendo en evidencia la crisis económica es que el dinero interesa más que las personas, importa más que las personas y se privilegia más que a las personas. Esto, dicho así, representa una brutalidad de tales dimensiones, que por eso no se suele plantear de esta forma tan cruda y descarada. Por eso, para maquillar semejante barbarie, se inventó el principio inviolable de la propiedad privada. El principio que justifica al propietario del dinero para acumularlo, para tenerlo a buen seguro, y para defenderlo haciendo lo que sea necesario con el fin de retener lo que le pertenece, por más que haya gente necesitada que se muere de hambre. Las asombrosas desigualdades económicas y sociales, que vemos a diario y por todas partes, demuestran que esto es así.

Lo peor del caso es que este estado de cosas está amparado por las leyes. Leyes que vienen de lejos, de muchos siglos atrás. Y que han marcado la mentalidad de nuestra cultura hasta el extremo de que casi todo el mundo ve, como lo más natural, que haya individuos tan ricos que ni saben lo que tienen, al tiempo que ahora mismo hay más de mil millones de criaturas humanas que se mueren de hambre. Vamos a decirlo con sinceridad y sin medias tintas: de hecho y tal como funciona la economía mundial, esta mentalidad, que ve la propiedad privada como un principio inviolable, es una mentalidad criminal, aunque, por supuesto, quienes tenemos semejante manera de pensar nos consioderamos personas honradas.

Nosotros no hemos sido los inventores de esta mentalidad. La cosa viene de lejos. Dicen que fue el año 451 a.C. cuando se redactó una colección de normas, conocida como las XII Tablas. Lo que interesaba, en estas normas, eran las reglas que gobernaban la propiedad individual y su defensa a toda costa. Por ejemplo, estas leyes disponían que cuando el propietario de una casa capturase a un ladrón en el mismo acto del robo, si el ladrón se resistía al arresto, podía matarlo sin mayor consecuencia (P. E. Stein). Con el paso del tiempo, esta ley (y la mentalidad que a ella subyace) se desarrolló de forma que los juristas se ocuparon prefrentemente del Derecho privado y prestaron escasa atención a los asuntos públicos. Este criterio ha marcado la cultura de Occidente más de lo que imaginamos. De ahí que, como bien demostró Bernhard Windscheid, el Derecho que ha configurado a Europa es altamente individualista. En él se alentó la libertad contractual sin ningún miramiento hacia la desigualdad de las partes contractuales. Los juristas dieron la máxima protección a la propiedad privada y redujeron al mínimo la responsabilidad de los hombres de negocios por los perjuicios que causaban a otros en el curso de sus operaciones. Esta la tesis que defiende Windscheid en su Pandektenrecht (1862-1870).

La consecuencia ha sido fatal: el Derecho privado de propiedad ha prevalecido sobre el Derecho fundamental a la igualdad en dignidad y derechos entre todos los seres humanos. Hoy hay personas y movimientos ciudadanos que trabajan por el logro de una mayor igualdad. Pero la tarea es difícil y larga. Porque viene de siglos atrás la idea de la desigualdad como algo esencial entre los humanos. En 1878, el papa León XIII, en su encíclica Quod Apostolici, afirmaba que "la desigualdad en drecho y en poderes dimana del mismo Autor de la naturaleza". Por eso el papa se lamentaba de quienes van propalando que "todos los hombres son por naturaleza iguales" (ASS, 1878, p, 372). Este criterio sigue introyectado hasta tal punto en la mayoría de la gente, que eso explica por qué las legislaciones actuales de los modernos Estados permiten las desigualdades más agresivas en materia de economía. Y por qué los ciudadanos ven eso como algo irremediable, incluso necesario. Así hemos llegado a la espantosa situación en la que ya nadie tendría que dudar que, en la práctica diaria de la vida, asegurar la propiedad del dinero importa más que la dignidad y la vida de las personas.


Sábado, 21 de noviembre

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  • José Mª Castillo José Mª Castillo

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