VIDEOJIEGO / Paradojas de una sociedad escandalizada
Matar a inocentes
Por David Llort Saura
Zona Libre
Jueves, 14 de julio 2005
Una de las paradojas que se dan en las múltiples críticas a los
videojuegos, es que la sociedad parece escandalizarse cada vez que en
un juego se pueden matar inocentes (entendiendo como inocentes unos
polígonos dibujados por ordenador que representan a una persona
inocente), sobretodo si es un objetivo del juego. Pero sólo si son
inocentes con los que la sociedad se puede ver representada.
La primera polémica sobre
videojuegos que me consta al respecto es el
Viernes 13, de Atari, en 1983. El objetivo era, llevando como
protagonista a Leatherface, el asesino de la saga, ir matando
jovencitas con su sierra mecánica, esquivando cráneos voladores o
sillas de ruedas. Verídico. Cráneos voladores y sillas de ruedas.
Estamos hablando de una época en la que los gráficos de los juegos
eran cuatro cuadrados mal hechos, y nosotros nos creíamos dicho
argumento más porque lo indicaba el manual de instrucciones que por
los amasijos de gráficos deformes que veíamos en pantalla.
Cada vez que nuestro objetivo era matar a inocentes (recordemos los
casos del Carmaggedom, o del GTA), ha saltado la polémica. De hecho, a
las compañías les importa bien poco. Los tres juegos más vendidos de
la historia en PlayStation 2, en los USA, han sido precisamente los
tres juegos de la saga GTA que han aparecido para dicha consola. En un
mundo tan marginado de los medios de comunicación como los
videojuegos, es bueno (y económicamente rentable) que hablen mal de
ti, aunque sea mal.
En cambio, a la sociedad le parece perfecto la muerte de los "no
inocentes". El GTA es criticado porque, en una misión, el objetivo es
matar a un periodista que chantajea a un policía corrupto. Pero
parecen obviar que en el juego, basado en la guerra de bandas, tenemos
que matar a muchos pandilleros, aún sin provocación previa. Y,
francamente, dichos pandilleros también tienen sus derechos
constitucionales. En la vida real, uno no puede ir a matar a un
pandillero sin que el peso de la ley caiga sobre él. Y nadie se
preocupa que nuestros pobres niños puedan decidir, por culpa de los
juegos (que los carga el demonio) dedicarse a matar pandilleros y
maleantes cuando salgan del colegio.
Claro está que en la mayoría de juegos podríamos abogar por la
legítima defensa. Pero en muchos juegos, como Splinter Cell o Metal
Gear Solid, podemos atacar a nuestros enemigos por la espalda, en vez
de, simplementente dejarlos inconscientes. Si, claro, son malos,
terroristas, mafiosos, delincuentes o soldados enemigos. Pero también
tienen derechos, oiga. El pobre guardaespaldas de Vinnie Pommodore no
tiene ninguna culpa que su jefe sea un mafioso...
Si pasamos a los juegos bélicos o de estrategia, veremos que en todos
podemos saltarnos a la torera la Convención de Ginebra. Utilización de
tanques y artillería pesada contra infantería. No cuidar de los
enemigos heridos. O no cuidar de nuestros propios heridos, que
continuarán luchando hasta morir. Utilización de munición por encima
del calibre reglamentario. Y así un gran etcétera.
¿Donde está la sociedad, alarmada por la muerte de inocentes
virtuales, en estos otros casos fragrantes? No sabe, no contesta.
Marca una línea entre el nosotros, los buenos, y los demás, los malos.
La gente entiende que en un juego se puedan matar a los maleantes, sin
siquiera darles el "alto" de rigor. Claro, es un juego. Pero cuando se
cruza la línea autoimpuesta (no se bien mediante que base moral) entre
buenos y malos, la herida escuece.
Yo, francamente, seguiré sin tomarme en serio estas críticas sobre la
violencia hasta que estas mismas voces defiendan a los pobres
pandilleros del GTA, a la pobre infantería del Command & Conquer,
indefensa frente a los tanques, o a los pobres marcianitos que son
erradicados por el simple placer expansionista de las naves del
planeta Tierra.