El blog de Ramón Tamames

561. Diálogos estivales.- III. Sobre la buena educación

29.07.08 | 09:11. Archivado en Artículos

De Estrelladigital, del 24 de julio de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

Seguimos, para terminar hoy, con los Diálogos Estivales, y ya la semana próxima volveremos a conectar con los amigos lectores de Estrella Digital, dedicándonos a temas más perentorios. Pero no olviden que pensar en lo no inmediato, también es útil muchas veces.

Dejábamos la última entrega en los tiempos en que hablaba en la costa catalana con Salvador Paniker. Y no volví a los temas de educación hasta un congreso que organizó la Asociación de Centros Autónomos de Enseñanza, ACADE. Entidad que preside –de forma que parece perpetua— Jesús Núñez, y de la que es secretario, también perpetuo, Javier Hernández. En ese cónclave hablamos de los problemas de la juventud, y lo primero que salió al candelero fue el desinterés de muchos jóvenes por la política, así como lo que algunos estiman como falta de patriotismo.

— Desde luego –dijo Javier— esos dos temas no gozan, en general, de mayor predicamento hoy entre los más jóvenes. Lo cual se debe a la muy extendida idea de que lo que realmente buscan los políticos no son las aspiraciones generales, sino más bien sus fines propios, en permanente lucha por el poder y también en controversia inacabable, lo que conduce tantas veces a la esterilidad.

— Muy cierto, y seguramente sin haberlo consultado, acabas de formular la teoría del Public Choice de James Buchanan, un economista que es Premio Nobel y que viene a decir que los funcionarios acaban convirtiéndose en sectas para velar sobre todo por sus intereses y no por el de los administrados…

— Por ahí va la cosa más o menos, la gente no se fía de casi nadie: al final, todo político tiene algo que ocultar… Y en cuanto a patriotismo, es algo muy serio, y yo lo sintetizaría en el ejemplo del Almirante Nelson, quien antes de la batalla de Trafalgar, transmitió el más sencillo pero expresivo de los mensajes a su marinería: “Inglaterra espera que todos cumpláis con vuestro deber”. Ni más más, ni más menos…

— Está muy bien –repliqué yo— aunque ahora, la frase donde más se utiliza es en las escuelas de negocios para referirse al liderazgo. Por lo demás, no creo que todo sea tan negativo. La población está enverdeciéndose, con nuevos criterios ecológicos y de sostenibilidad, sobre todo entre la gente más joven. Hay un nuevo discurso, de temas de sostenibilidad, cambio climático, futuro probable del planeta en que vivimos, incluso hay un nuevo lenguaje.

— Es un proceso muy largo cambiante, desde luego –aseguró sentencioso Javier Hernández—. Por lo demás, nosotros los educadores no somos los únicos responsables de esa situación, porque la buena educación también es cosa de la familia: “todos somos hijos de nuestros padres” va más allá de una simple tautología, pues el entorno de nuestros progenitores es decisiva para luego andar por la vida

— En lo que estoy muy de acuerdo por mi propia experiencia personal: mi padre nos inculcó a sus cinco hijos el legado de sus propias aficiones de anglófilo para la política, germanófilo de cara a la ciencia, y francófilo (de Francia, no de Franco) en la senda de la cultura… lo que nos llevó a aprender los idiomas de esas tres querencias, algo que con el tiempo se revelaría como una auténtica caja de herramientas, de una utilidad extraordinaria…

— Por el contrario la mala educación proveniente de ciertos padres –señaló Javier Hernández— es lo predominante, y se manifiesta con las más graves consecuencias, como dramáticamente se lamentaba uno de los protagonistas de Casa de muñecas de Ibsen, refiriéndose a los sufrimientos que le ocasionaban las miserias de su propio cuerpo, resultado “de los alegres años de sargento” de su antecesor. Y no me refiero sólo a las enfermedades heredadas, sino también a las ignorancias no despejadas de los tiempos juveniles, que son difíciles de recuperar después… Sólo las sabias enseñanzas de los profesores pueden compensar esos desfases…

Otra circunstancia en la cual yo también me considero un privilegiado. Primero, por los docentes que tuve en la sección de bachillerato español del Liceo Francés de Madrid, entre 1943 y 1950, gran parte de ellos depurados de la clausurada Institución Libre de Enseñanza… y después en una Universidad que en mis años no estaba masificada, haciendo que para nosotros fuera normal que las clases no las dieran siempre los propios catedráticos, cosa que hoy parece un imposible…

Los diálogos que he reproducido, la obvia verdad es que no se produjeron en una secuencia sin solución de continuidad con todos los interlocutores mencionados presentes a la vez. Lo que hice, fue ir reuniéndolos en un espacio virtual y secuencial. Para culminar en el tema de la educación con mi amigo José Antonio Jáuregui, buen conocedor de los clásicos, profesor que fue en Oxford y California, para luego recalar otra vez en España.

— Estoy de acuerdo contigo, Ramón –me dijo José Antonio en cierta ocasión, paseando por Pamplona—, en que no se insistirá lo suficiente para subrayar que la educación es el principal factor de formación de capital humano… sobre todo si se sabe inculcar ciertos valores en la juventud. Porque la educación, y sé que ese aspecto del tema ya lo has tocado, es algo más que escuela. En otras palabras, nadie pueda inhibirse de sus deberes en los diversos enfoques del aprendizaje; padres en el hogar, expertos en el lugar de trabajo, iglesia o centros cívicos, prensa, cine, radio, televisión, internet, etc. ¿Y Ramón, tú crees que todos esos obligados cumplen con su deber?

— Lamentablemente no… porque vivimos en un mundo en que todos estamos muy ocupados, sin tiempo para educar a quienes en nuestro entorno están en edad de recibir nuestras enseñanzas. Casi se oye el grito de ¡que aprendan ellos!... pudiendo agregarse: “y por sus propios medios”. En condiciones tales, las capacidades mentales de los aprendices no se desarrollan en su potencial, de modo que la formación de capital humano queda muy por debajo de lo que sería posible.

— Eso mismo –apostilló Jáuregui— sucede también en los viajes y en el ocio. Los viajes se hacen muchas veces sin entender qué se ve, y los ingenios audiovisuales sólo sirven, con frecuencia, para crear situaciones de ocio más o menos estériles, con lo cual se eluden la lectura, la reflexión y el juicio propio. De modo que como dice ese incisivo italiano que es Giorgio Sartori, en la era de la sociedad teledirigida, la revolución multimedia va transformando al homo sapiens, que en una fase anterior de su experiencia era un producto de la cultura escrita, en homo videns, que se pasa una media de cuatro horas diarias pendiente del televisor. Así, la palabra es sustituida por la imagen, para acabar, en ocasiones, con el propio pensamiento reflexivo. Como también se menosprecian los grandes valores, de la educación cuya enunciación aristotélica-nicomaquea sigue siendo válida 2.300 años después de haberse emitido. Fueron los principios que el Estagirita inculcó al hijo de Filipo de Macedonia, que con el tiempo sería Alejandro Magno.

— ¿Y cuáles eran? Dímelo otra vez, que ya casi lo tengo olvidado.

— El primero de ellos, la valentía, que no cabe confundir con la temeridad, y que sirve para exigir conforme a justicia, propiciándose así, en términos de hoy, los derechos humanos.

— ¿Segundo principio?

— La liberalidad, la mejor manera de dar y recibir bienes de cualquier clase, en el punto justo entre la prodigalidad manirrota y la avaricia insolidaria.

— ¿El tercero?

— La magnificencia, la determinación para realizar proyectos de máximo alcance, merecedores de todo el esfuerzo que se ponga, aunque sea con riesgos a veces muy serios.

— ¿El cuarto principio?

— Se parece a la magnificencia, pero es algo distinto, la magnanimidad, que equivale a la grandeza y la elevación de ánimo, buscando al tiempo la solidaridad y la excelencia, en lenguaje actual.

— ¿Y para no alargarnos, el quinto?

— La ambición, esto es, el legítimo deseo de recibir honores, conforme a la justa aspiración a verse compensado por los servicios rendidos a la sociedad.

Con esos valores, no es extraño que el Estagirita siga siendo una de las grandes referencias 2.400 años después de haber vivido…

Final de los Diálogos Estivales, por lo menos de esta primera parte del verano. Y feliz puente de Santiago a todos los amigos lectores de esta columna en Estrella Digital.

Ramón TAMAMES


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