Del suplemento Verde de La Razón, del 20 de julio de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
Se veía venir: con el calentamiento global y su progresiva descongelación, la mayor isla del mundo (2,17 millones de km2) acabará siendo, dentro de un plazo todavía considerable, un extenso territorio no solamente habitado en sus costas para la explotación pesquera, sino también el escenario de masivas extracciones de hidrocarburos y otros recursos mineros; y las zonas más meridionales verían surgir actividades hidroeléctricas, forestales, agrícolas, ganaderas, etc.
Groenlandia –literalmente “Tierra verde”—, se convirtió en posesión danesa a finales del siglo X. Cuando el navegante vikingo Eric el Rojo sentó allí un jalón más en el rumbo a lo que luego sería América, pero que simplemente se quedó en la Vinland (tierra de viñedos) de las sagas, rápidamente olvidada.
Ahora, Groenlandia (su nombre oficial en lengua esquimal es el que figura en el epígrafe), desde su status de territorio autónomo del Reino Unido de Dinamarca, aspira a la independencia, a través de un referéndum que con toda seguridad ganarían los innuits. Esto es, los esquimales, una población de 60.000 habitantes, el 25 por 100 de ellos concentrados en la capital, Godthadb.
Estuve en Groenlandia en una expedición paracientífica en 1975, y mis ojos se llenaron con la luz del sol de medianoche y de los horizontes del inmenso glaciar, que rompía con la marea alta, emitiendo grandes icebergs. Desde entonces, el hielo que cubría casi toda la gran isla está en proceso de fusión, y si en un momento dado dejara de existir tan inmensa corteza, el nivel de los mares en el planeta se elevaría nada menos que en siete metros.
Y si Groenlandia deviene independiente, ¿quién va a mandar allí? Recordemos al respecto que desde 1953, EE.UU. tiene en el lejano nordeste la gran base militar de Thule. La “última Tule” legendaria de los romanos, y también la de Cervantes en Persiles y Segismunda. A partir de la eventual emancipación de una demografía microscópica, puede uno imaginarse qué podría suceder: “Bye, bye, Denmark, welcome American corporations!”.
Ramón TAMAMES
Miércoles, 3 de diciembre
Ramón Tamames
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Ramón Tamames
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