El blog de Ramón Tamames

558. Diálogos estivales.- II. Sobre Feynman y la ciencia

23.07.08 | 09:15. Archivado en Artículos

De Estrelladigital, del 17 de julio de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

El pasado jueves 10 de julio, salió en Estrella Digital el artículo inicial de esta serie, Diálogos Estivales, en la que hoy avanzamos con una segunda entrega. Y si en la primera nos ocupábamos de la aventura de la vida, elevando a categoría de paradigma la novela de Hermann Hesse Narciso y Goldmundo, en ésta libranza de hoy nos veremos las caras con Richard Feynman (nuestra foto de hoy) –el sabio nuclear que contribuyó a la primera bomba atómica—, en cuanto al significado de la ciencia.

Una aclaración previa: que nadie nos diga que no nos preocupa la crisis económica y que por mucho verano que sea, tendríamos que ocuparnos de eso. Pero lo cierto es que en relación con lo que está pasando –la desaceleración acelerada que dice el alto exegeta cripticoide ZP— ya dijimos alguna cosa en otra serie publicada en Estrella Digital, en tres capítulos sucesivos, del 8 a 29 de mayo. Y naturalmente, volveremos al tema. Pero, manque a algunos les pese, seguiremos ahora con los diálogos estivales.

Así las cosas, y retomando el hilo de un tema suscitado por Salvador Paniker en el artículo anterior, en su idea de la no predestinación, uno de los asuntos que más debatimos en aquellos días de divagación mental en un ya lejano viaje por la costa catalana, se produjo el diálogo que sigue.

— Eso del libre albedrío, Ramón, está relacionado con el conocimiento de la Historia. Asunto que ahora se ve muy relegado en la educación convencional; y con no pocas secuelas, pues la ignorancia de los ancestros predispone a la definitiva colonización, sin paliativos. Recuerda lo de Arnold Toynbee en la percepción de su bifronte dios Jano: su cara posterior mirando al pasado, y su faz delantera vislumbrando el futuro; porque sin retrospectiva, no puede haber perspectiva. Y sin prospectiva, no puede asegurarse la libertad de elegir en la senda del futuro…

— Muy bien lo de la historia –comenté yo—, pero tan importante como ese conocimiento ex-ante y ex-post del ambiente general, lo es la forma en que cada uno vive su propia experiencia cotidiana. En lo que supone una lucha casi siempre ardua, a fin de que las aspiraciones personales no se diluyan en el mar de los deseos intemperantes de los demás. Por tanto, si queremos realizarnos, hay que asumir y metabolizar las propias vivencias, registrando en la memoria el presente como historia que vivimos cada día. Eso es lo que se explicita en los diarios personales, escritos a medida que van pasando las hojas del calendario. Pero que también tienen el grave peligro de conducir al ensimismamiento, como de Amiel decía el Dr. Gregorio Marañón…

— Eso –apostillé literariamente— lo evitó Pío Baroja en sus inolvidables Memorias, en cuatro densos y provocativos volúmenes, “Desde la última vuelta del camino”. De cuyo primer tomo te citaré un pasaje en el que relaciona su yo con el medio natural y la historia, de cuando vio la primera luz en San Sebastián; más concretamente:

El haber nacido junto al mar me gusta; me ha parecido siempre como un augurio de libertad y de cambio… El recuerdo más antiguo de mi vida es el intento de bombardeo de San Sebastián por los carlistas. Este recuerdo es muy borroso, y lo poco visto por mí se mezcla con lo oído.

— Ya sé que tú conociste a Don Pío –me cortó Salvador—, lo cual da todavía más fuerza a sus palabras… Pero además de cómo vive cada uno su historia personal, y de cómo lo registra o no, a mi me interesa sobremanera la relación con el entorno menos tangible, sobre todo con la ciencia.

— Bueno, a mí me interesan Baroja y otras cosas, y a ti la ciencia y otras amenidades a veces un poco incomprensibles…

— En este caso, créeme, no se trata de algo esotérico, pues como reflexionaba Richard Feynman, en un libro publicado en versión española por Alianza Editorial “¿Está Vd. de broma, Sr. Feynman?”, la ciencia es algo más sencillo de lo que generalmente se cree. Consiste en el estudio de cómo funciona la naturaleza en sus diversas manifestaciones… Ahí lo tienes, la Medicina es el análisis del cuerpo humano, y quizá sea más evidente aún la Botánica que a ti tanto te gusta: ese fantástico mundo de las plantas, con muchas de sus funciones todavía mal conocidas, empezando por la fotosíntesis…

— Muy bien, muy bien, pero aún puede inquietarnos más la Zoología…

— Sí, sí –corroboró Salvador— porque cuesta mucho trabajo saber qué son y qué piensan los demás animales… Porque, como sabes, ya se admite algo sobre lo que yo nunca tuve nunca la menor duda: que elaboran sus pensamientos. Como ya adelantó, hace tanto tiempo, ese apóstol de la Etología que fue Konrad Lorenz. Aparte, está la Astronomía, el conocimiento progresivo y la interpretación aún no plenamente lograda del cosmos, desde su big bang… “si es que lo hubo”, que diría Fred Hoyle…

— Gran personaje, Hoyle –interrumpí yo—, porque resulta gracioso que fuera él el más absoluto escéptico de la célebre explosión como presunto origen del universo, quien paradójicamente diera a esa hipótesis su nombre y su apellido, los de big bang. Con un indiscutible sentido onomatopéyico del pretendido inicio de espacio/tiempo… Por lo demás, y dejando a Hoyle en su particular Galaxia, aclararé que si bien comparto las tesis de Feynman, también creo que hay algo más que la naturaleza como objeto de investigación… Decía Platón que lo importante son las ideas, que están por encima de todo lo demás…

— No está mal que cites a Platón, no puede haber ni un solo debate sin recurrir a él, pero te recuerdo que fue Aristóteles quien pensó que Leucipo y Demócrito se equivocaban al pensar que todo es fruto del azar y la necesidad…

— De eso –precisé yo— tiempo tendremos de hablar largo y tendido. Lo que sí quiero, ahora, es confirmar mi anterior enunciado: hay que ir a un más allá de la ciencia, mirar lo que pasa con la naturaleza de creación evolutiva… pues aparte de Darwin y Wallace, hay otras cosas… Por eso me sitúo más bien en la línea de Teilhard de Chardin, en cuanto que la evolución tiene un sentido, una lógica inherente aún no descifrada… No creo que todo sea casual… Además, Salvador, te diré que lo de Feynman, en el fondo, tampoco es tan novedoso, pues algo parecido había dicho antes Don Santiago Ramón y Cajal en su libro Los tónicos de la voluntad, que deberían leer todos los jóvenes…

— Tienes razón, pues a la postre siempre hay un precedente y Feynman debe tenerlos por docenas… Aunque con menos precursores, es lo mismo que le pasó a Darwin, pues además de su coetáneo Wallace, su abuelo ya se refirió a la evolución, y el propio Goethe lo había hecho antes…

— Estoy de acuerdo –aseveré yo— todo tiene su antecedente. Pero volviendo a la aventura de la vida, hay una cuestión fundamental y no te sorprenderá que como economista me refiera a ella: es el espíritu de empresa. ¿Y qué es eso? Pues algo también muy sencillo: tomar en tus manos tu propio destino, para hacer efectivo el libre albedrío del que venimos hablando, y no caer en el nuevo esclavismo de una vida en la que opera implacable el trade off de cesión de libertades a cambio de la seguridad, de un sueldo o un salario. Actitud de entrega no reprochable erga omnes, pero tampoco encomiable para quienes se quejan de su suerte y ni siquiera intentan escapar a ella.

— Eso que dices es muy cierto, Ramón, porque quien nada arriesga, poco podrá puede conseguir…

La conversación quedó más o menos ahí, en los temas de la aventura de la vida y sus derivaciones sucesivas, y no olvidaré las últimas palabras de Salvador antes de despedirnos de los diálogos de nuestra particular Academia estival en la costa catalana:

— Y tan ocupados con tantas cosas, nos hemos dejado en el camino lo más importante: ¿por qué, cómo y para qué vivimos? Yo pienso que cada uno de nosotros somos una especie de terminal de ordenador, que se conecta con una unidad central que nos da vida a cada uno… eso sí –precisó muy sonriente con sus dientes blanquísimos sobre su tez de hindú catalán— sin perder nunca el libre albedrío.

— Quién los sabe, Salvador, todo sigue siendo un misterio…

Seguiremos el próximo jueves 24, con la tercera entrega de esta serie de Diálogos Estivales.

Ramón TAMAMES


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