El blog de Ramón Tamames

557. La tesis doctoral de Patricia Lamo de Espinosa.- I. En la Escuela de Agrónomos: defensa de la competencia en el sector agrario

22.07.08 | 11:59. Archivado en Artículos

De Agrocope, del 15 de julio de 2008, reproducimos la segunda parte del artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

El pasado miércoles 9 de julio de 2008, asistí en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos (ETSIA) de Madrid, a un acto académico a cuyo término Patricia Lamo de Espinosa Rocamora quedó investida del grado de Doctor; tras defender su tesis sobre un tema de largo título, “La defensa de la competencia en la legislación de la Unión Europea y en España, e investigación sobre las resoluciones dictadas por el Tribunal de Defensa de la Competencia —hoy Consejo Nacional de la Competencia— en el sector agroalimentario”.

La tesis doctoral en cuestión, dirigida por el Prof. José Luis Sáinz Velez, Catedrático de Derecho Agrario de la ETSIA (su escudo en nuestro icono de hoy), fue juzgada por el tribunal que integramos el Prof. Ramón Alonso como presidente, la profesora Enedina Calatayud como secretaria, y como vocales, los catedráticos Antonio Jiménez Blanco, Juan Iranzo, y servidor de Vds. Todo ello en la grande y hermosa Sala de Topografía de la Escuela, rodeados de antiguos armarios con toda clase de teodolitos y otros instrumentos de agrimensura, y con nutrida asistencia de estudiantes, profesores, colegas de la doctoranda, y el director y el subdirector de la ETSIA. Estando presentes asimismo los padres de la candidata al máximo grado académico: él, Jaime Lamo de Espinosa, y ella, Carmen Rocamora.

Al llegarme el turno de intervención en la ronda de opiniones del tribunal sobre lo dicho por Doña Patricia, me permití hacer lo que llamé “Memento de vivos y difuntos”, con algunas autocitas por las que pedí las indispensables excusas. Así, me referí a mi primera tesis doctoral, leída en la primavera de 1958 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, con el título “Legislación antimonopolio”, que me fue dirigida por el Prof. Girón, Catedrático de Derecho de Mercantil, de la Universidad de Valladolid. Defendí mi trabajo ante un tribunal cuyo presidente fue el Prof. José María Naharro, Catedrático de Hacienda Pública, con quien trabajé varios años, y que en 1960 contribuyó a que saliera adelante la edición número 1 de mi “Estructura Económica de España” (hoy en la 25), a través de la Sociedad de Estudios y Publicaciones del Banco Urquijo, cuyo servicio de análisis económico conducía José María Naharro.

Ese trabajo lo cité, porque de hecho fue el precedente de la preparación de la Ley de Represión de Prácticas Comerciales Restrictivas de 1963, cuyo anteproyecto elaboramos mi compañero del cuerpo de técnicos comerciales del Estado José Ramón Bustelo y García del Real (que nos dejó hace ya bastantes años) y yo mismo, en contacto permanente con el Subsecretario de Comercio, Prof. José Luis Villar Palasí.

El anteproyecto de ley lo basamos en las disposiciones del entorno del artículo 81 del Tratado de Roma, luego varias veces renumerado en las modificaciones de los convenios originarios de la CEE. Y pasado ese texto por varios trámites y convertido en proyecto de ley, el Ministro de Comercio Alberto Ullastres lo explicó muy bien en el Palacio de las Cortes de la Carrera de San Jerónimo, en una sesión que tuve ocasión de seguir desde la tribuna de invitados.

Esa Ley de 1963 no fue otras cosa que uno de los múltiples aspectos del Plan de Estabilización iniciado en 1959, que con tanto éxito marcó el aggiornamiento de la economía española. Como también dentro del mismo Plan elaboramos por aquellos tiempos la nueva tarifa aduanera, que con plena justicia histórica pasó a convertirse en “Arancel Ullastres”. Cuya homologación en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, el GAAT por su sigla inglesa, llevamos a cabo un pequeño grupo de técnicos comerciales del Estado en una larga negociación en Ginebra. Temas, todos los cuales, tengo muy remozados mentalmente, por haberlos revivido en las Memorias que tengo en curso de escribir en estos últimos meses.

Volviendo a la sesión académica que estoy relatando, una vez que hice mi “Memento de vivos y difuntos”, pasé a consideraciones de fondo sobre la tesis doctoral. De la que subrayé su gran calidad como cuerpo de cuestiones jurídicas del Derecho de la de competencia, tanto a efectos del escenario global de la CEE, como para el de España. Poniendo de relieve que garantizar la competencia del sistema fue una cuestión absolutamente indispensable a lo largo de toda la creación del mercado común europeo (MCE), que se logró en 1962; por lo menos a efectos de una primera fase de circulación de mercancías entre los seis países primigenios: Alemania, Francia, Italia, y los tres del Benelux. Aunque aún llevaría mucho tiempo perfeccionar ese MCE hasta alcanzar, en 1993, el definitivo Mercado Interior Único, que hoy funciona a escala de una Unión Europea de 27 países.

En paralelo al proceso que hemos esquematizado, el Tribunal de Justicia de las Comunidades, con sede en Luxemburgo, desarrolló una importante tarea para hacer efectiva la defensa de las reglas de la competencia. Con no pocas manifestaciones de ello en el sector agrario, precisamente el tema principal de la tesis doctoral de doña Patricia. Quien puntualizó muy bien cómo la Política Agrícola Común (PAC) en su conjunto cabe considerarla como una amplia excepción al principio de la libre concurrencia, al permitirse dentro de la misma, una serie de acuerdos que normalmente se considerarían restrictivos. Ese “hecho diferencial” frente al resto de la economía, podríamos decir que es la madre del cordero, debiéndose a que la agricultura es una “industria a la intemperie”, con tres leyes básicas, que explicaremos en la próxima entrega de esta miniserie.

Creo que los amigos de Agrocope sabrán disculparme por un artículo tan especial dentro de nuestras exposiciones de cada martes. Pero estoy seguro de que todos convendrán en que una tesis doctoral como la de Patricia Lamo de Espinosa, merecía el espacio que le estamos dedicando, e incluso mucho más: habría producido la delicia de dos personas que de esto sabían mucho: Ramón J. Sender (La tesis de Nancy) y Humberto Eco (Cómo se hace una tesis). Un abrazo muy cordial a todos y hasta la semana próxima.

Ramón TAMAMES


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 18 de noviembre

    BUSCAR

    Editado por

    • Ramón Tamames Ramón Tamames

    Síguenos

    Hemeroteca

    Noviembre 2017
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930