De Estrelladigital, del 10 de julio de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
Empezado que fue el verano hace ya semanas, y cuando la canícula ya aprieta, hete aquí que parece conveniente otorgar a nuestros lectores en Estrella Digital, materiales de lectura más relajantes y adecuados a la cálida estación. En ese sentido, en la entrega de hoy y en algunas otras próximas, nos dedicaremos a meditaciones compartidas sobre algunos problemas que no son inmediatos, pero que tienen la impronta de su largo debate. En diálogos, servata distantia, que tienen sus antecedentes en aquellos tiempos en que Platón reunía a sus discípulos en la Academia, para conversar con los Alcibíades, los Sócrates, y otros sabios del momento.
Mi primera entrega de los diálogos estivales, arranca de algunas reflexiones que fueron madurando progresivamente, con ocasión de un viaje a la Costa Brava, en el que coincidí con Salvador Paniker (en nuestra foto de hoy), con tiempo suficiente para hablar de la mar y los peces. Fue por entonces cuando llegamos a la conclusión de que hay relaciones comparativas muy interesantes entre el cerebro humano y la informática; esto es, en términos de hardware y software. Debiendo apreciar yo ahora (2008) que tal vez esos símiles resultan en este momento más que manidos, pudiendo encontrarse en cualquier manual. Pero lo cierto es que a esa dicotomía nos referíamos en nuestras conversaciones muy a principios de la década de 1980.
— Todos al nacer –dijo Paniker— pasamos a disponer de un hardware: la quincalla, literalmente del inglés. Un dispositivo meramente mecánico por complejo que sea, el cerebro, y del que se nos dotó por la naturaleza vía nuestros padres. Siendo cierto que al nacer, enteramente está por desarrollar, en un proceso complejo, sobre todo en los primeros años de la vida, merced a los influjos del entorno (alimentación, cuidados personales, enseñanzas paternas, etc.), sin los cuales el simple hardware no sería nada…
— En ese proceso de crear un stock de primeros conocimientos –prosiguió Salvador—, los centros cerebrales cognoscitivos y de elaboración mental (memoria, los cinco sentidos, las sensaciones del arte, del amor, etc.), van alimentándose progresivamente con las experiencias propias: es el software que se recibe, en forma de lo que comúnmente se llamaba antes materia gris; para así ir alimentando de sabiduría las neuronas. De tal manera que al final, la combinación de máquina de pensar –insisto, quincalla, hardware—, y la programación de conocimientos y aprendizajes, generan la mente humana. Una máquina poderosa, gobernada con mayor o menor capacidad, por su único poseedor, el ser humano.
— Bueno, Salvador, sigue, que eres un pozo de ciencia –le animé yo.
— La alimentación del hardware con el software puede resultar más o menos aprovechada por los distintos individuos para su ulterior funcionamiento. De modo que cada uno tendrá su propia experiencia vital más o menos interesante; en función de una serie de elementos genotípicos –el ordenador recibido— o fenotípicos, esto es, de origen exógeno en función de cuál sea el entorno parental…
En esas estábamos, cuando interrumpí a Paniker, claro está que para llevar el agua a mi molino, encauzando el caudal hacia un tema para mí de máximo interés:
— En esa interacción geno/fenotípica a que te refieres creo que hay algo de gran interés a considerar: el planteamiento de la aventura de la vida, la forma de entender el devenir personal, la andadura vital que es emprende en un momento dado, y que nadie sabe cuándo va a terminar. Si somos conscientes de esa aventura, entonces podremos llegar a tener un cierto sentido de nuestra propia existencia. Al tomar conciencia de que efectivamente –y en medio de un marco de circunstancias a veces coercitivo—, contamos con nuestro libre albedrío, con capacidad para decidir sobre nuestro propio devenir.
— Bueno, bueno, Ramón, no me decepciones, porque estás diciendo algo muy directo: sólo se tiene una vida y los más decididos aspiran a vivirla sin perder tiempo, entrando en los recovecos más convencionales con decisión para superar toda suerte de dificultades…
— Me parece –volví a interrumpir yo— que un paradigma literario de todo eso es lo que yo encontré hace bastantes años en una novela de Herman Hesse. Narciso y Goldmundo, en cuyas páginas, al leerlas, vi cómo prevalece el manifiesto deseo de buscar nuevos conocimientos, contactar a gentes muy diversas, disfrutar de paisajes cambiantes, y todo ello en un itinerario que cabe asimilar a una road movie, o si se prefiere en el típico Wanderung (marcha con entusiasmo) al decir de los alemanes…
— Y cómo fue, Ramón que leíste esa novela, que en España sólo conocen los más fans de Hesse…
— Bueno, porque yo lo soy también… Pero además, hubo algunas circunstancias ocasiones que me llevaron a ello. Sobre todo porque en Hesse, como años antes en Baroja, encontré muchas explicaciones sobre la traída y llevada aventura de la vida, y especialmente en torno a la cuestión de si todo está predeterminado y realmente existe eso que llamamos el libre albedrío.
Seguiremos el próximo jueves, y para entonces, convendría que echaran un vistazo a la novela que acabo de citar. No se la pierdan, y me lo agradecerán eternamente.
Ramón TAMAMES
Los comentarios para este post están cerrados.
A Mazulo:
Gracias por sus palabras.
El Diccionario a que Vd. se refiere creo que es el de Roque Barcia, Diccionario Etimológico de la Lengua Española editado por Bosch en Barcelona en 1985. Sólo se encuentra en librerías de bibliófilos.
Saludos cordiales,
Ramón TAMAMES
muy interesante la conversación. En mi opinión, las influencias hacen tanto o más que lo recibido via padres, a su vez abuelos, etc. Una cosa lleva a la otra, sin claramente poder distinguirse..
Por cierto sr. Tamames¡ cual es el diccionario de Español, que con tanto entusiasmo hace ya muchos años hablo vd. en una revista, dándole en ella un valor extraordinario?
Domingo, 19 de febrero
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Juan Carlos Ureta
Jaime Noguera
ClickTrade
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames| Febrero 2012 | ||||||
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| << < | > >> | |||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | ||||