De Estrelladigital, del 19 de junio de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
Hace algunas semanas, pude leer en algún periódico que el Presidente de Brasil, Luiz Ignàcio Lula Da Silva, había aceptado la dimisión de su ministra de medio ambiente, la conocida luchadora ecologista Marina Silva. Una gran defensora de la conservación de la Amazonia, frente a tantos intereses que vorazmente aspiran a su explotación más irracional, lo que comportaría su destrucción como uno de los grandes ecosistemas mundiales todavía en gran parte en estado originario.
Lo de dimisión ha sido más bien un eufemismo, porque según fue transcendiendo ulteriormente, con algunas intuiciones previas, Lula, estaba cada vez más inquieto por las pretensiones de su ministra; siempre ojo avizor, para impedir que con grandes proyectos crecimentistas, el capitalismo salvaje entrara a saco en lo que es la mayor reserva ecológica del planeta. Hasta el punto de que por su biodiversidad se conoce, desde hace mucho tiempo, como “el arca de Noé”. Y por su forma de respirar recibe el nombre de “la fábrica de oxígeno”, al tiempo que es el sumidero de CO2 más formidable que se conoce.
Ahora, el nuevo ministro de medio ambiente, Roberto Mangabeira Unger, tiene carta blanca para cuadricular la Amazonia con carreteras, ferrocarriles y pistas de aeropuertos. Y aunque diga que no va a talar ni un árbol más, y sólo convertir territorios ganaderos en agricultura cada vez más intensiva, él es el primero en saber que eso no es cierto. Porque los grandes proyectos hidroeléctricos, madereros, ganaderos y agrícolas que se ciernen sobre la cuenca del río descubierto para los europeos por Francisco de Orellana en 1542, van a dejar irreconocible la zona. Un territorio tan extenso como Europa Occidental entera, y con las graves secuelas esperables de que los cambios de clima conducirían, en no tanto tiempo, a transformar ese inmenso espacio en un inacabable desierto.
En relación con esta Amazonia y sus aledaños que nos ocupa ahora, tengo mis propios recuerdos personales de hace ya bastante tiempo. Sucedió que yo ya había estado en Brasil un par de veces, y concretamente en el estado de Matto Grosso do Sul, visitando la fazenda de un amigo mío, hispanobrasileiro, Belarmino Fernández, que había emigrado a San Paolo desde su Galicia natal cuando tenía 19 años. Para allí forjar una importante estructura de negocios, fundamentalmente gastronómicos, en torno al nombre de Rubaiyat, que ya más recientemente incluso se instaló en Madrid.
En conversaciones con Belarmino, en uno de sus viajes a España, un grupo de amigos se mostró muy interesado por hacer una inversión en tierras del entorno de la cuenca amazónica. Considerando que los precios eran bajos, y las perspectivas buenas, resultando también interesante el tema como experiencia para conocer espacios todavía absolutamente vírgenes, en zonas de bosques húmedos tropicales.
Formamos un núcleo de emprendedores, que algunos llegaron a llamar bandeirantes, y convocamos a una treintena de amigos, para con una aportación de poco más de 30.000 pesetas cada uno, formar una sociedad civil (con un capital de un millón), a la que dimos el eufónico nombre de IberBras, destinada a emprender la búsqueda del célebre territorio a colonizar.
Debidamente documentados en nuestra base operativa de Sao Paulo, viajamos a Brasil los siguientes colegas: Dionisio Martín Sanz, un viejo falangista que fue el primer subsecretario de Agricultura que tuvo el Régimen de Franco, y uno de los creadores del Servicio Nacional del Trigo; José B. Terceiro, profesor de estructura económica en la UCM; Félix López Palomero, Dr. ingeniero agrónomo y economista; y un servidor de Vds., ya catedrático en aquel año de 1973.
Al llegar a Sao Paulo, Belarmino lo tenía ya todo muy organizado, y al día siguiente embarcamos en un avión privado fletado por nosotros mismos, y con capacidad para ocho personas, incluida la tripulación que componían dos jóvenes naisas (japoneses de segunda o tercera generación en Brasil). Pusimos rumbo a las inmensidades de las cuencas del Paraná y del Amazonas.
Nuestra primera escala fue en Corumbá, en Matto Grosso do Sul, donde planificamos una serie de visitas, a base de la información de fincas en venta que ya tenía Belarmino; allí tuvimos una cena de trabajo a orillas del río del mismo nombre, por el que remontaban los españoles cuando aquella parte de Brasil no había caído aún en manos de los voraces hermanos lusos, que se metían por cualquier lado. Y nuestros lejanos compatriotas al no descubrir oro en cantidades significativas, abandonaron el territorio para los bandeirantes, que llegaban falando portugués desde la costa del hoy estado de San Paulo. Desde el puerto de Santos, fundado por un jesuita español, Anchieta, en la ruta hacia las reducciones jesuitas de las actuales repúblicas de Paraguay, Bolivia y Argentina.
En días sucesivos estuvimos visitando, con escala en los aeródromos de tierra batida, el área de El Pantanal, seguramente la más extensa zona húmeda del planeta, formada por los ríos que luego desembocan en el inmenso Paraná. Esa área era ya claramente ganadera, con precios más altos, y por eso seguimos nuestro largo viaje por los estados de Rondonia y Acre, que entonces eran virtualmente una sucesión de Edenes, donde la presencia del hombre blanco en muchas áreas aún no había calado.
Estuvimos en varias fincas en venta, a precios verdaderamente irrisorios, de algo así como 50 dólares la hectárea; unas 6.000 pesetas al cambio de hoy, y con un equivalente a no más de 200 euros en términos constantes. Por 200.000 euros, con los cuales no se puede comprar en Madrid ni siquiera un piso pequeño, en aquellos tiempos se hacía uno con una finca de mil hectáreas en Brasil.
A lo largo de nuestra expedición pudimos ver muchas cosas y hablar entre nosotros, inquietos por lo que íbamos viendo. Por todas partes había ofertas de tierras, casi siempre mal deslindadas, sin títulos de propiedad, y en general relacionadas con generales del Ejército brasileño, en lo que entonces era una dictadura. Además, se hablaba de la competencia que había entre ocupar esas fincas rápidamente, o descartarlas para siempre en caso de que se crearan reservas para las poblaciones amerindias locales, generalmente del tronco tupí guaraní.
Y como la historia ya se ha alargado lo suficiente para hoy, amigos de Estrelladigital, la continuaremos el próximo jueves 26.
Ramón TAMAMES
Viernes, 29 de agosto
Ramón Tamames
Invermanía
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis Llopis Herbas
Ramón Tamames
Alfonso Agís
Luis C. Sánchez
Juan Otero