Hoy publicamos un artículo de Luis Ramirez Benéytez, nuestro habitual comunicante, por el interés que pueda tener para quienes nos siguen. Un saludo muy cordial a todos.
Ramón TAMAMES
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Ha sido a los cuarenta años cuando los medios han sacado a relucir lo que ya se sabía y que se conoce como 'el mayo francés': los sucesos acaecidos en Francia durante los meses de mayo y junio de 1968. Todo empezó con una protesta estudiantil en la Universidad de Nanterre; de allí pasó a la Sorbona, al Barrio Latino, y se contagió al mundo del trabajo, con banderas rojas y huelgas obreras generalizadas en las fábricas. El conflicto se extendió por las calles de París, volaban los adoquines arrancados del suelo, intervinieron las fuerzas de seguridad, hubo detenidos y heridos, tomaron Nanterre y la Sorbona y el teatro Odeo, focos de reunión estudiantil y se fueron apagando los furores revolucionarios. El general De Gaulle convocó elecciones, asegurando que se marcharía si le eran adversas, pero obtuvo una mayoría absoluta de más del 60% y ese descalabro de la izquierda calmó los ánimos y se empezó a reflexionar. Un año después, abril 1969, De Gaulle dejaría el poder y Francia estaba ya metida en las reformas de la CEE. Como usted es ya mayor, igual que un servidor, recordará que los años sesenta marcan el inicio del éxodo de obreros españoles a Europa y en esa marcha los acompañamos no pocos,
tales como asistentes sociales, capellanes por libre, intérpretes La verdad es que en la Francia que pudimos conocer bastante bien, las bases populares no ofrecían barruntos de que fuese a acontecer el llamado 'mayo revolucionario francés'.
Pero parece obligado concretar fechas. A los mayores, 1945 nos dice mucho. Es el final de la II Guerra Mundial, la rendición alemana en la primavera y en agosto la rendición del Japón después de las dos bombas atómicas. Ese año es el de la reunión de Postdam, en Berlín, en la que Stalin es un veterano que ya estuvo en Yalta, pero los americanos han cambiado de Roosevelt a Truman y los ingleses del fiero Churchill a un insípido Atlee. El resultado es que la Unión Soviética se queda con media Europa incluida media Alemania, en la que dejan en Berlín un islote para los occidentales. Desde esa situación comienza la reconstrucción de Europa occidental y el dominio ruso comunista sobre la oriental, y la tensión casi inmediata, de 'la guerra fría'.
Volvamos, o mejor avancemos hasta el mayo francés de 1968. Han pasado 23 años desde 1945, lo cual nos indica que los jóvenes violentos que arrancan los adoquines (no hay más que ver las fotos) son jovencitos que no vivieron ni la guerra, ni la liberación, ni los comienzos de la reconstrucción. Diríamos que, al menos, habría que tener treinta años para poseer algún criterio propio de lo que entonces, ya pasados tantos años de la guerra, podía ser el futuro de Francia desde esta nueva situación.
En los primeros sesenta, en la Francia rural que conocimos (la vendimia del sur y los temporeros nuestros en los departamentos del norte), los franceses, curas, propietarios y obreros, poco simpáticos claro que eran, pero también hospitalarios, aunque siempre despectivos para el español. De revolución nada.
En los barrios de París estuvimos con los curas de 'misión obrera', curas vestidos de paisano, del 'Temoignage', pero que no trabajaban en nada, echando pestes de la Iglesia jerárquica, de Roma y de Franco, por supuesto. Los obreros eran proclives al comunismo como partido, pero de ganas de lanzarse a la calle para cambiar la sociedad, de eso nada. Sólo discutir y discutir y ahí quedaba todo. Vamos al mayo francés, al de los estudiantes revolucionarios. La primera pregunta que debemos hacernos sería: ¿Era un movimiento social o un movimiento ideológico? No intento tener razón en todo lo que voy a decir, pero habría que distinguir entre una protesta revolucionaria social y una protesta ideológica más o menos utópica. La protesta social busca cambiar unas estructuras de la sociedad que tienen al pueblo condenado al hambre, a la injusticia, a la humillación social. Ejemplo vivido por los mayores: la revolución del pueblo obrero en la guerra civil española. Esos milicianos populares luchaban contra la miseria.
Pero, ¿qué fondo social profundo tenían las huelgas obreras del mayo francés, que comenzaron por simpatía con las estudiantiles? Lo sucedido en realidad lo aclara todo: Antes de acabar el mes de mayo, las centrales obreras volvieron al trabajo después de conseguir unas reivindicaciones que se concretaban en porcentajes de subidas salariales y en derechos de representación obrera en las fábricas y en otras concesiones sociales. No había el menor interés en cambiar la sociedad, y eso que eran mayoría comunista, con el PCUS como guía y el modelo ruso como ideal. Pero hay motivos para dudar que los obreros franceses quisiesen de verdad vivir al nivel económico que ya se conocía de la Europa del Este. Pero es que los estudiantes no tenían como modelo el comunismo ruso, sino el de Mao y su 'librito rojo' (¿se acuerda usted?), el de China, junto con la protesta contra la guerra de Vietnam, y el rechazo contra los americanos (que los habían liberado de los nazis) y ese odio al sistema capitalista que se compaginaba con vivir en el estado de bienestar económico que ya se disfrutaba en 'los Seis' que formaban la CEE desde 1957.
La revolución estudiantil era utópica: era una revolución de la juventud de la clase media, que estaba disfrutando de las ventajas de la clase media, pero que protestaba contra 'la tiranía política' de los gobiernos democráticos que tanto dolor había costado conseguir en Europa. Se hablaba de cosas tan poco concretas como «atmósfera de liberación», o de que «la revolución es posible aún en el bienestar de la sociedad capitalista», o de «movilizarse para otro modelo de sociedad» ¿De verdad los jovencitos que tiraban adoquines a los guardias tenían claro lo que podía ser cambiar la sociedad, liberada del «yugo capitalista»? Creo que no: eran ideales falsos que ni ellos los hubieran soportado si se hubieran llegado a realizar.
Había consignas claras que se expresaban insistentes en las pintadas que emborronaban las paredes de París: «Sed realistas: pedid lo imposible», «Mis deseos son la realidad». Tal vez esto lo aclara todo. ¿Qué era lo que entonces podía parecer «imposible»? Sencillamente, conseguir unas cotas de libertad en la Universidad que permitiesen cambiarlo todo, desde la exigencia de los exámenes, las formas vigentes de respeto, el posible autoritarismo , y desde ahí a cuestionarlo todo: la autoridad política, la sumisión familiar, la religión, la moral. «Mis deseos son la realidad», no se olvide el eslogan repetido en
los grafittis: todo lo que me gusta, todo lo que me conviene hay que hacerlo realidad, la sociedad tiene que estar estructurada al servicio de mis gustos y de mi conveniencia.
¿Por supuesto: también en lo sexual!, lo habíamos dejado atrás cuando eso fue lo primero y por lo que empezaron los conflictos, por un problema de «convivencia» masculina-femenina en una residencia estudiantil de Nanterre. La liberación llegaba a la primacía de lo erótico: la estampida de la libertad sexual era de las cosas «imposibles» que había que hacer realidad. ¿Pasó el mayo francés o nos ha dejado algo? Hace muchos años oíamos decir al inspirado Padre Llanos que las revoluciones, si son verdaderas, sólo dejan o lo peor de ellas si son malas, o lo mejor, si son buenas.
Tal vez el mayo francés nos ha dejado lo peor: la falta de esfuerzo en la juventud, la pérdida de autoridad, el descenso del interés en la enseñanza, incluso en la Universidad, la libertad usada para lo inútil y no para esforzarse por la utilidad social y la estampida sexual, que de momento gusta mucho, pero a la larga, ¿qué porvenir en la edad adulta va a traer para los 'liberados' y para la sociedad? Huir del esfuerzo y de todo ideal de superación: «lo verdadero es lo que me gusta, lo que me conviene» puede ser el aparente fruto dulce de aquel mayo de hace cuarenta años.
¿Pesimista? No, porque ni toda la sociedad ni toda la juventud es así. Pero lo temible es que no se ve claro si lo ven claro nuestros gobiernos.
Domingo, 23 de noviembre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Luis Llopis Herbas
Alfonso Agís
Juan Carlos Ureta
Invermanía
Ramón Tamames
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero