De Estrelladigital, del 7 de mayo de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
Todo el mundo habla de crisis económica, excepto el gobierno, que prefiere seguir empleando el término desaceleración. Pero la inquietud ya es general, situación que me ha llevado a preparar un informe sobre la realidad que tenemos ante nosotros, que iremos dando en varias entregas en Estrella Digital. Empezando hoy mismo para destacar que realmente nunca es fácil hacer predicciones económicas a corto plazo, la coyuntura; o a largo, sobre cambios estructurales. Entre otras cosas, porque siempre estamos inmersos en el ciclo, o en procesos de cambios tecnológicos y sociales de mayor duración. Así lo puso de relieve Joseph A. Schumpeter en su libro “Business cycles” (1927), en el que analizó las diferentes clases de fluctuaciones de la economía; distinguiendo en la región evolutiva ascendente la recuperación de la fase anterior, la aceleración, el auge, la bonanza, y el boom. Para entrar después en la desaceleración y la crisis, pudiendo llegarse, de persistir las tendencias declinantes, a la recesión e incluso a la depresión.
Los ciclos no pueden erradicarse, ni con decretos leyes, ni a través de políticas económicas por muy bien que se diseñen e instrumenten. Lo cual se debe, obviamente, a que en una economía de mercado, hay cientos de miles de planes individuales de empresas y consumidores, que difícilmente pueden encajar en un equilibrio perfecto. De modo que acaban surgiendo fenómenos de sobredimensionamiento de la oferta y de saturación de la demanda, a partir de los cuales se generan escenarios de crisis. Y eso es lo que sucedió, con la máxima gravedad, en la depresión de los años 90 del siglo XIX, que J.M. Keynes apreció como los más dramáticos de la humanidad en su estadio ya industrial.
Pero más grave fue la depresión de los años 30 del siglo XX, que comenzó con el célebre crac bursátil de Nueva York de 1929, el mercado de valores más importante del mundo. Un episodio sobre el cual hubo toda clase de observaciones, algunas de ellas muy frívolas; como destacó Arthur Koestler en su “Autobiografía”, al referirse a cómo las primeras noticias de Wall Street apenas inquietaron en París, que vivía como ciudad luminosa alegre y confiada. De ahí que el colapso de las cotizaciones se considerara una nube pasajera, pasada la cual continuaría, felizmente, la belle epoque. Muy pocos se percataron entonces de que la crisis en la otra orilla del Atlántico afectaría a todo el mundo, promoviendo cambios profundos: exacerbación del fascismo como consecuencia del paro creciente en países como Alemania e Italia, llegándose a la postre a la propia génesis de la segunda guerra mundial.
Claro está que en este trabajo no vamos a referirnos a la Gran Depresión como referente de la crisis iniciada, también en EE.UU., durante el verano de 2007. Entre otras cosas, porque actualmente funcionan mejor las mallas de seguridad del sistema, en función de los bancos centrales que inyectan liquidez, y que en general están reduciendo el precio del dinero; cosa que no supieron hacer en 1929 y años sucesivos.
En cualquier caso, está claro que la crisis actual se inició con el pinchazo de la gran burbuja inmobiliaria en EE.UU., tras los abusos cometidos por la banca en la concesión de hipotecas (subprime); a tipos de interés muy bajos y con valoración insuficiente de la baja solvencia de clientes situados en los estratos inferiores de ingresos. Quienes a causa de las tendencias inflacionistas, y la consiguiente elevación de tipos de interés por el Sistema de la Reserva Federal (SRF), entraron en impagos generalizados. Creándose de esa manera situaciones difíciles para gran número de bancos, que no tardaron en contagiar al resto de la economía. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos paquetes de las hipotecas basura se habían utilizado como activos de garantía para conseguir nuevos recursos, con un brutal efecto bola de nieve. Algo que Alan Greenspan, como presidente de la SRF, anticipó en un momento como un brote de exuberancia irracional, pero sin que por entonces llegaran a introducirse frenos al proceso.
En ese contexto, el debate entre economistas y la opinión pública en general sobre los orígenes de la crisis, e incluso la búsqueda de los culpables de ella, será inacabable. Pudiendo decirse que con razón o sin ella, los observadores entienden que, efectivamente, en la última fase de su mandato, Alan Greenspan facilitó la difusión de dinero barato; con las consecuencias ya indicadas de fuerte expansión del crédito hipotecario. Imputación frente a lo cual, el Maestro se defiende casi cada día, entrando en los circuitos explicativos tanto en la prensa como en intervenciones audiovisuales. Exponiendo cuál fue su manera de proceder, e incluyendo factores exógenos; como las elevaciones internacionales de precios de la energía en función de la OPEP, y de las materias primas y los alimentos, con base en la demanda in crescendo de los países emergentes.
Todo lo que vamos viendo sobre génesis y evolución de la crisis, se complica, además, por la muy diferente actitud de los bancos centrales de las dos monedas más importantes del planeta, con las cuales se realizan más del 75 por 100 de las transacciones internacionales: el euro y el dólar, naturalmente. El SRF con una política de tipos de interés declinantes desde el verano de 2007, que del 5,75 por 100 cayó, el último día de abril al 2 por 100, un tipo claramente negativo en términos reales. En tanto que el Banco Central Europeo (BCE) ha venido obstinándose en el mantenimiento del precio del dinero a un nivel exactamente el doble, del 4 por 100, contribuyendo así a la sobrevaloración del euro, con serias consecuencias a efectos de exportaciones. Y también con dificultades para los hipotecados cuando tienen que hacer frente a sus obligaciones, en la circunstancia de que el euribor se separa ya abiertamente del tipo básico, en una previsión de que el BCE puede ir incluso a precios del dinero más altos al objeto de frenar la inflación.
Seguiremos la semana próxima con el resto del análisis sobre la globalidad de la crisis, refiriéndonos, naturalmente, a los aspectos característicos de la situación en España.
Ramón TAMAMES
Sr. Tamames, cómo se atreve usted a hablar de crisis inmobiliaria o de la conservación del planeta si usted ha destruido uno de los palacios más bonitos de Andalucía: la Casa Arizón en Sanlúcar de Barrameda. Así lo ha dejado:
http://picasaweb.google.com/sanlucarjmf/ArizN/photo#5036092379430423634
http://www.gerionsanlucar.com/SalvemosArizon/Manifiesto_Arizon_Ciberaccion.htm
¿No le da verguenza de esto al inmininte economista? ¿para eso le han servido sus conocimientos en economía? ¿Para especular?
Usted y sus socios de "Casa Grande Arizón, S.A." deben ser castigados por esta tropelía al Patrimonio de todos los ciudadanos.
Atrévase y de la cara. No se esconda más.
tiene toda la razon
Si ,la crisis es inmobiliaria , sobrevaloración de activos ,hasta que no demos el brazo a torcer no se va a arreglar nada
un saludo
Viernes, 25 de julio
Ramón Tamames
Invermanía
Grupo Cenyt
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Juan Carlos Ureta
Alfonso Agís
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero