De Agrocope, del 6 de mayo de 2008, reproducimos la segunda parte del artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
El pasado 25 de abril se cumplieron diez años del desastre provocado por la rotura de la balsa de residuos fangosos de la mina de Aznalcóllar (en la foto de hoy). Un desastre ecológico bien conocido, pero que también tuvo sus víctimas en el sector rural, con 300 agricultores y ganaderos que perdieron sus tierras para siempre, como de forma muy precisa nos recuerda el último número de la revista “Tierra y vida” de ASAJA-Sevilla.
De aquel episodio, ha de rescatarse el recuerdo de la participación muy activa de la mentada organización, para combatir los efectos de tan grande calamidad. Empezando por el hecho de que los técnicos de la asociación, ante la inacción de la Junta desde Sevilla, recorrieron de inmediato las casi 6.000 hectáreas anegadas por los detritus, altamente tóxicos de la mina, que arrastraron las aguas por los cauces del río Agrio, primero, y después del Guadiamar. Sólo así pudieron medirse los daños en cultivos y cosechas, en contra de la tendencia general, desde el primer momento, tanto de las administraciones como de la opinión pública, que enfocaron el naturicidio exclusivamente desde una óptica medioambiental; pasando la gente del campo a un lamentable segundo plano.
Otra medida que promovió ASAJA, ante la disparidad de cifras que se barajaban, consistió en la realización de un estudio fotográfico aéreo para conocer con todo detalle el área afectada, que sirvió de base para negociar con Boliden hasta lograr que la empresa pagara las indemnizaciones por el daño causado en los cultivos. Como también hubo que luchar en Bruselas con los representantes de la Comisión Europea, hasta conseguir que los afectados pudieran percibir las obligadas ayudas de la PAC.
Adicionalmente, se contrató, vía el gabinete jurídico de Don Manuel Clavero Arévalo, a un equipo de edafólogos dirigido por Manuel Roca, para valorar económicamente las pérdidas estructurales de la contaminación del suelo. Y, por último, señalemos, que ante la propuesta de la Junta de Andalucía de materializar la idea de un Corredor Verde para unir Sierra Morena con el Parque Nacional de Doñana, sobre las tierras afectadas por el vertido, ASAJA hizo propuestas alternativas al trazado inicial, al objeto de evitar, en la medida de lo posible, la pérdida de suelo agrario.
Sin embargo, diez años después, todavía quedan daños por reparar.: una veintena de afectados no han resuelto aún su situación, por no haber llegado a acuerdos en la expropiación; o por no haber podido cobrar hasta este momento el justiprecio fijado, debido a trámites burocráticos (herencias, escrituras públicas, etc); sin olvidar a los arrendatarios y propietarios, que no firmaron ningún acuerdo en el expediente expropiatorio, y que siguen a la espera de la decisión de la sala de lo contencioso administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
En resumen, que además de enaltecer la labor recuperadora del medioambiente que se ha llevado a cabo (aunque quedan muchas dudas sobre contaminaciones aún efluentes), es de justicia reivindicar la importancia de los trabajos de una organización agraria que estuvo al quite aquel día de la desgracia. Y que persistió en la defensa de los más débiles, los agricultores y ganaderos afectados hasta culminar la justa obtención de sus derechos.
Ramón TAMAMES
Viernes, 25 de julio
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero