El blog de Ramón Tamames

516. ¿Memoria o patología histórica?

12.05.08 | 11:36. Archivado en Artículos

Del diario La Razón, del 6 de mayo de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

Dice el Diccionario de la Lengua, que memoria es “la facultad física por medio de la cual se retiene y se recuerda el pasado”, en una idea claramente aséptica de visión del tiempo atrás. En contra de lo que acaece actualmente en España, por la manifiesta tendencia de algunos de reconstruir lo pretérito; introduciendo versiones inexactas y partidistas, ya sea desde los nacionalismos al uso, o desde los nostálgicos en el poder que formulan las más extrañas proposiciones con ribetes ucrónicos.

En ese contexto, la reciente “Ley de la Memoria Histórica” (52/2007, de 26 de diciembre), va más allá de la retención y el recuerdo antes aludidos. Polarizándose en lo que sucedió durante la trágica guerra civil española y el franquismo autocrático, para de facto reavivar la polémica sobre la más desgraciada de nuestras confrontaciones fratricidas. Que en buena medida parecían ya superadas; para sobrevolar ahora la idea de que la Segunda República debería haber ganado aquella triste contienda, y que no habiendo ocurrido tal cosa, tiene a su favor una victoria moral.

En esa perspectiva, el hecho de que el gobierno de la Nación haya conseguido mayoría suficiente en las Cortes para promulgar una ley de esas características, resulta más que preocupante. Tanto por ir contra el espíritu de la transición (al que me referí en una tribuna publicada en La Razón el 18.IV.08), como por la doble circunstancia de que está conculcándose la Ley de Amnistía (46/1977, de 15 de octubre), y sobre todo la propia Constitución de 1978, en cuyo preámbulo se prioriza la convivencia democrática.

Legítimamente, nadie puede rechazar que se discutan los procesos históricos, incluso los ya muy alejados de nosotros. Como todavía sucede con las guerras del Peloponeso historiadas por Tucidides, o la reforma agraria de los Graco en la república romana, o la España de 1808. En este último caso, en términos de si tenían o no razón los afrancesados y, por consiguiente, si la Guerra de Independencia fue el origen de la Nación, o si por el contrario no supuso otra cosa que abrir la marcha atrás al absolutismo de Fernando VII. Todas esas dialécticas van a continuar, como parte de la Historia misma, a la que Arnold Toynbee se refirió como “maestra de la vida”, simbolizando su aserto en el bifronte dios Jano, con una faz mirando al pasado, y la otra al futuro.

Y precisamente por ser de gran relevancia el debate entre historiadores, resulta criticable que el Estado intervenga en las cuestiones que hic et nunc nos ocupan. Ejercitando, incluso, sus potestades legislativas y de otros órdenes, para sancionar qué fue lo correcto y qué resulta lo incorrecto. Lo cual, más que nada, exterioriza un dogmatismo próximo a lo patológico, al pretender decirle a la sociedad qué debe creer y pensar, y qué fue lo bueno y lo malo. Y todo ello, por obra y gracia de unos partidos políticos contaminados de sesgado historicismo y que no vacilan en manipular el pasado pro domo sua.

En esa distorsionante dirección, podría llegar a sucedernos por estos pagos aquello que en cierta ocasión dijo Winston C. Churchill: “el pasado de la URSS es impredecible”. En alusión a los rectificados oficiales de la historia rusa en la Enciclopedia Soviética, que de una edición a otra convertía a héroes en traidores; o que restauraba como líderes modélicos a quienes ya habían sido condenados y ejecutados por las nomenklaturas del momento.

A esa patética situación pueden contribuir quienes se empecinan en revolver las heridas del devenir de la Nación, con insanas fruiciones y revanchismos, desconociendo oficialmente, al tiempo, toda la historia que no les interesa. En ese sentido, en mi reciente libro “Ni Mussolini ni Franco: la dictadura de Primo de Rivera y su tiempo”, pongo de relieve que la Segunda República Española duró cinco años y tres meses. En tanto que la Dictadura de Primo de Rivera, se alargó por casi seis años y medio, pudiendo comprobarse que actualmente desde el oficialismo del poder se ensalza la República, con referencias, en cambio, casi nulas a periodos anteriores. Entre los cuales, el de los años 1923-1930, con todas las inconveniencias de una dictadura sui generis, significó, sin embargo, una importante modernización de España. En términos de infraestructuras, capacidades productivas, y también en el área de la cultura. Con el crecimiento del PIB más rápido de nuestra historia hasta entonces: 4,4 por 100 anual acumulativo. ¿Se debe ese olvido –cabe preguntar— a que el PSOE y la UGT apoyaron decididamente la dictadura, colaboraron con ella, y ahora prefieren no traerla al recuerdo?

En resumen, podemos estar entrando en una especie de ciénaga, en la que en vez de remansarse lo histórico, se corrompen sus componentes. Con la posible secuela adicional de que muchos ciudadanos acaben no sabiendo ni de dónde vienen, ni qué son, ni adónde van… Porque desde arriba se pretende dirigirlos sin necesidad de que piensen por cuenta propia.

Ramón TAMAMES

2 comentarios

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Comentarios
  • Comentario por Ramsés 19.05.08 | 18:49

    Hasta historiadores adeptos al Régimen como Hugh Thomas reconocieron en su día (antes de que se volvieran cómplices del poder), la labor del General Primo de Rivera en la modernización de nuestra Nación (baste con releer el capítulo que dedica a la dictadura en su archiconocida "La Guerra Civil Española") La Dictadura acabó con la pesadilla de la guerra de África y empezó un protocapitalismo creando CAMPSA y otras empresas, amén de un importante programa de la sobras públicas. La crisis del `29 se llevó todo eso, pero el balance de esos años no puede ser negativo. Entre tanta guerra civil y tanta república, se echa de menos un estudio riguroso sobre la figura del General Primo de Rivera. Creo que la merece. S2

  • Comentario por José Ramón 16.05.08 | 12:22

    Ramón Tamames: Eres un hombre ineligente al cual admiro. Con estas palabras, trato de darte mi opinión sobre el tema de la desprecible "Ley de la Recuperación de la Memoria"

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