Del suplemento Verde de La Razón, del 4 de mayo de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
De la isla de Gomera, una de las más suroccidentales de Canarias, y último puerto de aguada en la ruta de las Indias desde 1492, guardo los recuerdos más vivos. Empezando por su configuración desde Tenerife, donde dicen que La Gomera brilla como una ostra perlera. Y ya dentro de tan hermosa ínsula, el Parque Nacional de Garajonay (de Gara y Jonay, dos príncipes güanches enamorados según la leyenda), y el Valle Gran Rey, despiertan la admiración del visitante.
Con esos recuerdos, experimenté la mayor inquietud por el incendio en la isla que a la hora de escribir estas líneas parece estar ya controlado. Una calamidad surgida de la tan frecuente quema de rastrojos, que si bien está prohibida por ley, todavía se practica como un fetichismo generador de destrucción. Lo cual nos hace evocar los incendios en Canarias del verano del 2007, que resultaron patéticos. Sin que haya vuelto a hablarse de quienes los provocaron, en un ambiente de sequedad y vientos que propagaron las llamas a una gran extensión. Por eso, resulta aún más lamentable que después de aquella experiencia, que las autoridades dijeron no se repetiría, nos encontremos ante un episodio así, provocado por negligencias inaceptables.
Los incendios forestales son una de las plagas de España, y ya desde 1968, con la motorización y las invasiones domingueras de visitantes en campos y espacios naturales, se trató de empezar a ponerle remedio, sin que hasta ahora el tema se haya resuelto razonablemente. Entre otras cosas, porque vivimos en un país de pirómanos, urdidores de venganzas, excursionistas temerarios, autoridades permisivas, sistemas preventivos insuficientes, justicia que no sanciona, y un largo etcétera de cuestiones.
Así las cosas, y cuando el verano ya está muy próximo, que el susto de poder haber visto Garajonay en llamas, sirva como revulsivo para prestar mayor atención contra el arboricidio hispano. En la idea de que como los druidas, deberíamos considerar nuestros bosques como lo más sagrado de la creación evolutiva.
Ramón TAMAMES
Lunes, 23 de noviembre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
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Ramón Tamames
Luis C. Sánchez| Noviembre 2009 | ||||||
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