El blog de Ramón Tamames

513. Diez años sin Antonio Herrero. Y II.- Historia de un cuadro

07.05.08 | 09:44. Archivado en Artículos

De Estrelladigital, del 30 de abril de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

El pasado jueves 24 de abril, abríamos un recuerdo de Antonio Herrero, muerto hace diez años, para concluir hoy con un segundo artículo; que en expresión inspirada por José Luis Gutiérrez, subtitulamos “Historia de un cuadro”, por el lienzo que incluye a toda una serie de amigos y colegas que de hecho participamos en este in memoriam.

El óleo “La tertulia de Herrero” puede verse al final de este escrito, y constituye un escenario de mesa redonda, con toda una pequeña torre central de conexión de micrófonos y auriculares. Tras la cual, en el centro y de pie, destaca la figura de Antonio, en actitud de hablar, con la mirada perdida, haciendo al tiempo de divisoria pictórica de los doce contertulios. Que se sitúan en dos grupos de seis cada uno, tal vez evocación por parte del pintor, seguro que sin ninguna intención irreverente, de “la última cena”.

A la diestra de Antonio y sentados, de izquierda a derecha según los vemos nosotros, figuramos en el cuadro, el primero, el autor de estas líneas, mirando al público; en actitud que por el efecto visual hace posible que mis ojos puedan seguirse desde cualquier ángulo de observación. A continuación, aparece Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, que justo en el momento de cuajarse el lienzo estaba haciendo uso de la palabra. Dirigiéndose a otro colega, el sociólogo Amando de Miguel, en el lado opuesto de la mesa.

Seguidamente, entra en escena Manuel Martín Ferrand, uno de los más veteranos y versátiles de nuestros periodistas, en actitud de escuchar pacientemente a los dos citados interlocutores. Siendo el cuarto en ese primer recorrido Luis María Ansón, director de ABC, con semblante circunspecto y distante.

En el mismo lado derecho de Antonio, de pie, se ve primero a José Luis Gutiérrez, director que fue de Diario 16, que se mueve en gran número de medios, destacando actualmente en su papel de editor de la revista mensual Leer, que es Premio de Fomento de la Lectura. José Luis aparece leyendo unos papeles, aunque todo indica que tiene el oído puesto a lo que se habla. Y asimismo a su izquierda, haciendo uso de su móvil, se encuentra Justo Fernández, secretario que fue de la Federación de Banca de la UGT, activo tertuliano, y ahora residente en Canarias, su tierra natal.

El segundo bloque lo tiene Antonio Herrero a su izquierda, y en nuestro enfoque de espectadores vamos viendo sentados, sucesivamente, a Federico Jiménez Losantos –hoy conductor de la tertulia matutina de la COPE—, con un jersey deportivo y luciendo reloj en el antebrazo, que le sirve de apoyo para su actitud pensativa. Continúa Jaime Capmany, enjundioso escritor y poeta, muerto en 2005, y a quien seguimos echando de menos.

Y termina el recorrido Amando de Miguel, junto a Víctor Márquez Reviriego. Amando, como bien se sabe es uno de los sociólogos más notables de España. En tanto que Víctor, de larga carrera periodística –en su juventud en el semanario Triunfo–, dispone de un más que notable bagaje cultural y literario, apareciendo en la pintura muy reflexivo, como si intuyera que tiempo después estaría trabajando con el Defensor del Pueblo. Y para ir terminando, de pie, Pablo Sebastián, director que fue del semanario y luego diario El Independiente, y actualmente editor de nuestra Estrella Digital, el primer ciberperiódico español. Y a su lado, ya en el borde mismo del cuadro, el escritor y superdominante de los medios Fernando Sánchez Dragó, en el momento justo de quitarse o ponerse las gafas, y como si estuviera a punto de intervenir en el coloquio.

El cuadro, bien expresivo, lo pintó Álvaro de Toledo, por encargo del propio Antonio Herrero, en julio de 1996. Cuando la mayoría de los tertulianos eran considerados componentes del mal llamado Sindicato del crimen. Nombre que ciertos colegas pro–PSOE dieron al grupo de escritores y periodistas que se rebelaron contra los intentos dirigistas del gobierno de Felipe González, creando la AEPI (Asociación de Escritores y Periodistas Independientes). Aparte de que tanto los miembros de esa asociación como los que no lo éramos, no reparamos nunca –y la tertulia de Antonio fue una especie de continuo desfile de episodios—, en criticar al gobierno González, que acabó cayendo en 1996, como consecuencia de sus desmanes de todo tipo; y también por las aficiones cleptocráticas de numerosos adeptos al poder de entonces, de cualquier clase de pelaje.

El cuadro de nuestra historia recuerda la Tertulia de Pombo (1920), de José Gutiérrez Solana (incluido también al final de este artículo), en el cual la figura central –un poco al estilo de Antonio en el nuestro—, es Ramón Gómez de la Serna, dirigiéndose al conjunto de sus contertulianos, que rápidamente identificamos: Manuel Abril, poeta no demasiado conocido y crítico literario; Tomás Borrás, autor teatral; José Bergamín, escritor de amplio espectro, fundador de la revista Cruz y Raya; José Cabrero, dibujante y uno de los fundadores del célebre TBO, primer espécimen de la prensa española de tiras cómicas; Mauricio Bacarisse, poeta del ultraísmo; Pedro Emilio Coll, ensayista y novelista venezolano; Salvador Bartolozzi, director que fue de Editorial Calleja de cuentos; y el propio pintor. Con el curioso acompañamiento de una pareja que aparece reflejada en un espejo al fondo, inspiración sin duda de Felipe IV y su esposa en Las Meninas de Velásquez, pero de personalidad no registrada en ninguna parte.

No he pretendido hacer aquí, ni por asomo, lo que tenemos proyectado José Luis Gutiérrez y yo, de preparar un libro que podría titularse precisamente Historia de un cuadro. Pero esa labor tendrá que esperar seguramente a tiempos más placenteros, cuando el editor de Leer esté un poco más tranquilo en términos de actividades, y yo me mueva un poco menos por la Península Ibérica y sus aledaños hasta China e Hispanoamérica.

Por tanto, quede por ahora el lienzo como recuerdo de nuestro llorado amigo Antonio Herrero. A quien extrañamos especialmente en estos días en que se cumple un decenio de su grande y triste pérdida. Y para los que figuramos en el óleo que nos ha servido de bastidor de memoria histórica, el recuerdo del amigo seguirá siendo tan perdurable como nuestras propias vidas. Porque fue un compañero esforzado, un gran periodista, y un formidable luchador.

La parca se lo llevó cuando apenas había cumplido 42 años, en la mejor edad de la juvenil madurez, dejando un hueco –y la frase no es manida— imposible de ocupar por nadie con la lozanía, la inteligencia, y el impacto que siempre que tomaba el micrófono sabía imprimir a sus intervenciones.

“La tertulia del café Pombo”, José Gutiérrez Solana (1920)

“La tertulia de Antonio Herrero”, Álvaro Toledo (1996)

Ramón TAMAMES

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Comentarios
  • Comentario por Dino 08.05.08 | 09:24

    Fué un gran periodista, y creo que gran persona.Abnegado hasta el fín en su trabajo, y ávido de conocimientos.Luchador incansable y azote de ETA y su entorno fue valiente hasta cansar, lamentablemente nos dejó, y estos huecos no son fáciles de rellenar.Desde aquí mi admiración por una persona, por su personalidad y por su personaje.Un abrazo caariñoso a su familia y amigos.

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