Del suplemento Verde de La Razón, del 27 de abril de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
Es un poco como revisitar la historia de Herman Melville de Moby-Dick, porque se trata del más grande de todos los tiburones, y el mayor de los peces existentes. Nos lo dicen los pocos privilegiados que han podido acercarse a su realidad, una de las visiones más espectaculares de mares y océanos, por su gran tamaño (hasta 20 m y 12 Tm), y su enorme boca frontal que lo hace rápidamente reconocible. La longevidad también es extraordinaria: más de 100 años, con madurez sexual a partir de los 30.
El DNI zoológico nos dice que su especie se sitúa dentro del género Rhincodon, de la familia Rhincodontidae, en la subclase Elasmobranchii y clase Chondrichthyes... ahí queda eso. Con acta de nacimiento hace 60 millones de años, y siempre con una dieta muy frugal: plancton fundamentalmente, aunque también se nutre de bancos de peces pequeños y de calamares. Su mayor concentración se da en las costas de Filipinas, especialmente entre enero y mayo.
El primer tiburón ballena identificado en la historia, medía 4,6 metros de longitud y fue arponeado en las costas de Table Bay, en 1828, habiendo sido descrito al año siguiente por Andrew Smith, un médico militar vinculado al ejército británico, de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Quien más adelante, en 1849, publicó una descripción detallada, asignándole precisamente el nombre de "tiburón ballena", por ser de tamaño comparable a los cetáceos gigantes.
El tiburón ballena es objeto de pesca artesanal y de la industria pesquera en general, con una apetencia creciente. Hasta el punto de que si bien su población no se ha cuantificado, la UICN ya la tiene clasificada como “en estado vulnerable”. Por lo cual hay una serie de recomendaciones internacionales para su protección. En ese sentido una serie de países asiáticos ya se han ocupado de ello, aunque con muchas dudas sobre su efectividad. Es el caso de Filipinas, desde 1998 y de Taiwan a partir de mayo de 2007.
Con motivo de la presentación en Madrid de los actos con los que National Geographic Channel celebró el Día de la Tierra el pasado 22 de abril, el conservacionista marino, Brad Norman, lanzó una señal de alerta: "a menos que el ser humano haga algo, el pez más grande del mundo se perderá para siempre, porque se matan escualos a fin de conseguir algo tan pequeño como su aleta. Resulta absurdo, pero es la triste verdad”.
En definitiva, estamos ante un caso más, aunque sea muy relevante por la magnitud y características de la especie, de ser viviente amenazado por la acción depredatoria de los humanos, sin todavía medidas adecuadas para mantenerlo en el elenco de los vivos. Por eso, el tiburón ballena es un símbolo de la preocupación que debemos sentir por la biodiversidad, amenazada por doquier.
Ramón TAMAMES
Lunes, 9 de noviembre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
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Ramón Tamames
Luis C. Sánchez| Noviembre 2009 | ||||||
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